Y la historia encierra un vino raro, raro, raro como pocos de los que he podido probar este año.
Efectivamente es rosado pero, como bien avisó el lector, nada que ver con lo que cualquiera piensa.
Por encima de todo ves el año en la etiqueta y ves 2000 (que es lo que han sacado al mercado este año) y sabes que no hay vino joven (y se supone que los rosados son jóvenes) que aguante ese tiempo en botella. Así que raro. Sigues por el color que tira a tonos naranjas pálidos, ocres ligeros, se diría que en la copa tienes un ron, nada de los tonos rosados de otros vinos. Así que más raro. Luego son aromas que van de flores a miel (JuanMari gritó “hinojo”) nada de fruta roja ni de piruletas de fresa que encuentras en otros vinos, este es maduro y elegante. Más raro aún. Y en la boca es un vino graso, más cerca de un licor con algo de piña y coco pero cargado de frutos secos al final.
Pedazo de vino, oiga. No se me ocurre nada mejor. Además, va evolucinando en cada trago y eso que lo decantamos desde el minuto uno porque estaba claro que era un rosado que exigía decantación. Ya sé que les debemos mucho a los franceses por presentar estos vinos al bisabuelo López de Heredia y que fueran su inspiración para hacer estas joyas que se hacen en los mejores años de la cosecha y con cuatro (4) años de barrica. Pero hay más que agradecerle y es que supiera transmitir a sus herederos y estos a los suyos, el valor de seguir haciendo estos grandes grandes vinos para que unos cuantos locales (y los americanos) puedan disfrutar de ellos. Por cierto la experiencia de este vino no pasa de 10 euros.
Blog escrito escuchando: Gong – Shamal