Mis amigos vinícolas ya saben lo que opino del tema y ya no es algo que se discute, sólo sé que en las dos últimas catas con un total de 16 botellas, 3 salieron mal, y en uno de los casos se trata de una bodega reincidente. Con otro tipo de tapones no hubiera ocurrido (aunque hay quien sostiene que sí, porque el error no está en el tapón sino en la bodega).
En cualquier caso, las bodegas admiten el corcho y sus errores porque saben que no todo el mundo es capaz de reconocer el corchazo en el vino y menos aún es capaz de devolver una botella por ese error. Es que si te compras una botella en Madrid y te lo llevas a tu casita en San Sebastián y la abres dos meses después y te llega el pesatzo a TCA (que son las siglas del nombre del aroma a “corcho”) ¿qué vas a hacer? Pues eso, a la bodega le da exactamente igual. Quizás, si se devolvieran el total de las botellas en mal estado en el mundo entero entonces sí empezarían a tomárselo en serio. Se calcula que se devolverían la friolera de 125 millones de botellas.
Bueno pues la industria corchera se gastará este año la cantidad de 22 millones de dólares en campañas de publicidad a favor de la utilización del corcho para cerrar las botellas de vino y no se les ha ocurrido nada mejor que ESTA CAMPAÑA: Resulta que si abres una botella con corcho tienes más posibilidades de meterle a la chica en la cama que si la abres con un tapón de silicona o de rosca. Desde luego sólo por la campaña merece la pena lanzarse a abrir botellas con tapón de rosca. No se puede ser más zafio con los argumentos de venta en pleno siglo XXI.
Por cierto, una curiosidad: Cuentan desde el Mirador de Ulía que les devuelven más vinos ahora que tienen una estrella, en fin. Con los tapones de rosca o de silicona también evitaríamos a los listos.
Blog escrito escuchando: Luis Eduardo Aute – Intemperie (deja vu)