Curioso que me preguntes por este vino. Curioso que te parezca tan especial. A ti que te gusta tanto lo francés y te cuesta tanto hablar de lo que se hace por aquí. Curioso que te hayas fijado en este vino antes de haber visto su etiqueta, me alegro, porque así se conoce mejor a los vinos. Primero te ponen una copa, pruebas lo que lleva, te gusta y todo lo demás te da igual, incluso cuando te enseñan la botella todo lo demás te da igual.
Te da igual que este vino lo haya hecho Raúl Pérez y sólo ese nombre debería ser razón suficiente para probar una copa del vino. Raúl es único, sabe hacer vinos allá donde se lo piden, pero no es un mercenario, yo diría que es completamente al revés, juega a caballo ganador porque sólo hace vinos allá donde sabe que va a tener éxito, sabe lo que le gusta, conoce los terrenos que pisa, conoce a los que cuidan de la viña y sabe cuándo puede hacer los grandes vinos que hace. Y todos le salen bien.
Este vino es de Ribeira Sacra y se hace con la mencía que tan bien conoce Raúl. Ribeira Sacara es un sitio imposible para hacer vinos y, sin embargo, se hacen, y cuando se hacen bien salen como este. Que a ti te pareció un Chateauneuf de Pape francés es normal porque hay aromas y sabores que están muy presentes. Toda esa maldita violeta tan presente, que tanto divierte y que tanto engancha, es imposible que pase esa querencia del creador del vino por lo francés, cuánto aprendió y cuánto ha sabido transmitir. Se ha dado cuenta de que no copia, simplemente persigue un sueño, que es hacer el mejor vino posible. Por eso es fácil que te guste.
Blog escrito escuchando: The Byrds – So You Want To Be A Rock & Roll Star