Hay días en los que, para hablar de un vino, sólo te apetece decir: “no se puede decir nada más que PRUEBALO, porque es perfecto.”
La mayoría de las veces ocurre con los vinos que presenta Jesús Madrazo, salvo ese blanco que motivos empresariales le obligarom a sacar sin estar del todo refinado y que ahora ya está perfeccionando, por lo demás tu ves Contino en una etiqueta y te lo llevas con los ojos cerrados.
Aquí está su Garnacha, esa uva que fue la que dio a la Rioja su esplendor, al fin y al cabo garnachas llevan todas esas añadas míticas, todas esas botellas que se guardan como oro en paño en la bodega de Rekondo y que, poco a poco, se van bebiendo a medida que se pueda y el tiempo y la autoridad lo permitan. Se arrancaron la inmensa mayoría pero, afortunadamente, quedan algunas cepas con las que personas como Madrazo hacen vinos de excepción.
Esta garnacha es más atlántica donde otras son claramente mediterráneas, esta es más frutal donde otras son muy florales, esta es más recia donde otras son más sutiles, esta garnacha hace vinos serios muy minerales que expresan a las claras cada centímetro cuadrado de terreno. Este vino es de los que merece la pena sentarse a disfrutarlo, si te lo vas a tomar comiendo allá tu, también lo disfrutarás, pero habrá algo que dejes atrás y será la reflexión, la solemnidad, el silencio tras cada trago que hará que este vino termine por transformarse en un momento único que recordarás.
El precio ronda los 20 euros y merece la pena cada céntimo.
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