Yo ya he hablado muchas veces sobre los nombres extraños de los vinos y este va a ser otro momento. También es verdad que si este vino no hubiera llevado ese nombre tan curioso a lo mejor no me lo hubiera llevado de la estantería a casa. Y tengo la suerte de haberlo hecho y por eso he podido disfrutar.
No podía ser otro el que pusiera ese nombre más que el bueno de Quim Vila y su proyecto de Uvas Felices. Afortunadamente un proyecto que le permite pasear entre bodegas y viñedos para elegir los mejores vinos posibles en toda una geografía amplia que puede ir por toda España y Portugal y, si tenemos suerte, incluso puede que le lleve más allá. La cosa es que siga pudiendo presentarnos estas maravillas.
En este caso concreto se ha ido a la Ribera del Duero, pero nada que ver con millas de oro ni historias de ese estilo, aquí se trata de la Bodega Vizcarra en Burgos (al límite con Valladolid), una de las bodegas con más fiabilidad de toda la Ribera, una de las bodegas que ya hacía vinos bebibles cuando otros se empeñaban en hacer tintas chinas que se te pegaban a la boca. Son los responsables de ese vino único y del que se habla tan poco el Celia (ahora completado con Inés, la otra hija), un vino que es la representación de lo que es la elegancia y la solemnidad en Ribera del Duero.
Y como de esa bodega no puede salir nada malo, hasta ahí se ha ido el proyecto de Uvas Felices para haces este Venta de las Vacas y este 2011 es un vino muy al estilo de lo que es Burdeos en su momento más álgido. Con la fruta madura presente pero perfectamente delimitada por la madera que a penas es perceptible, que sabes que está porque no deja que la fruta se desmande. De esos vinos ricos con los que sólo puedes decir: “Vinazo”. Y que no llega a los 12 euros (Lukas San Sebastián).
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