Como se sabe de las novenas salen muchas reflexiones y de esta me salió una que quiero compartir y es la importancia de crear, encontrar, montar un grupo de cata con unos amigos.
Una gente de 6 a 15 personas con la que te reunes al menos una vez al mes y con los que puedes probar unos cuantos vinos que de ninguna otra manera podrías hacer como simple mortal.
De ninguna otra manera hubiera podido tomar nueve diferentes champagnes de una sola sentada. En primer lugar porque nadie aguantaría de pie. Se sirve muy poco en cada copa, lo justo para probar cada vino y para hablar de él. De ninguna otra manera hubiera podido probar vinos tan diferentes entre sí y reconocer sus diferencias probándolos uno frente a otro, desde mandarinas propias de una zona concreta (Pierre Peters de Le Mesnil), hasta hongos y trufas de otra zona (Jacquess Lassaigne de Montgueux), el silex y las notas ahumadas de Mont Aimé donde produce Pascal Doquet o la característica mineralidad del Gatinois en Ay. De ninguna otra manera hubiera podido probar productores con formas de hacer tan diferentes, desde el que te hace un vino con tres añadas diferentes (Lenoble Les Aventures), las barricas y fudres de Jacques Selosse o los 14 años de rima que tiene el Pascal Doquet del 95. Y, por supuesto, de ninguna otra manera hubiera podido probar vinos tan exclusivos que se llegan a hacer sólo 6000 botellas para tod el mundo con un cupo reducido para Gipuzkoa como el Jacquesson Champ Cain.
Muchas ventajas en torno a un grupo de cata pero, sobre todo, que llegas a aprender más que en ningún otro sitio porque se escucha y se habla y se hace amigos en trono al vino y, que yo sepa, es el único motivo por el que merece la pena estar en este mundo del vino.
Blog escrito escuchando: Joss Stone – Mind, Body & Soul