Este año se cumplen 100 años del comienzo de la jornada laboral de 8 horas, siendo el 3 de abril cuando se aprobó el Decreto de Gobierno que estipulaba un máximo de 40 horas semanales laborales. España fue la pionera en poner en marcha esta ley que ahora rige en casi todos los países, al menos los llamados desarrollados, y que de manera tan natural vivimos en la actualidad, pero que en su momento supuso una revolución. Se presume, que si el día tiene 24 horas, 8 las empleamos para descansar, otras 8 horas para trabajar y que aún nos quedan libres otras 8 horas para nosotros, pero la realidad nos demuestra que tristemente no es tan simple y que en la práctica disponemos de muy poco tiempo para nosotros.
Durante muchos años se ha estado hablando de la reducción de jornada por varias razones, una importante ha sido el problema del paro y de esta forma poder ofertar más puestos al rebajar la jornada laboral, y otra que la sociedad cada vez demanda más poder conciliar vida familiar y laboral, por lo que convendría que los trabajadore/as tuvieran más tiempo para su vida personal, sobre todo teniendo en cuenta la baja tasa de natalidad y los problemas que esto nos va a traer en un futuro cercano.
Pero ¿es posible realizar estos cambios y que realmente sean realistas con la situación económica actual? Porque en un mundo utópico todo es posible, pero en nuestra sociedad es necesario que también los cambios los avalen los números. Se habla de reducir la jornada a 6 horas, defendiendo la idea de que en ese tiempo se puede realizar el trabajo de una jornada, siempre que no sea una cadena de montaje, si el trabajador está contento y motivado. Pero entonces, ¿ahora que trabaja 8 horas quiere decir que todos los días engaña a la empresa dos horas? O ¿que se realizaría menos trabajo entre más personal? ¿Es esto asumible para el empresario? No tengo las respuestas a estas y otras preguntas que me plantea este cambio, pero creo que de una forma u otra es importante que a quien le corresponda se siente a pensar y a negociar soluciones para la situación actual, ya que es importante que la conciliación sea mejor y que las empresas puedan asumir este reto sin desaparecer en el intento.