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Ainhoa Cilveti

El trampolín de tu vida

Coronavirus y el síndrome “Torquemada”

Continuamos encerrados y por lo que puedo observar a mi alrededor, cada vez más hartos de esta situación. Cada nueva noticia que recibimos primero llega en modo rumor, luego como una probabilidad esperando a que se confirme, para después de ser ratificada tenga que desmentirse para tener que rectificarla. Vamos, que estamos hasta la coronilla de la mala gestión informativa, que no me quiero meter con otro tipo de gestiones porque puedo entender que la situación no es fácil de afrontar, pero al menos se puede ser un poco más profesional a la hora de comunicar algo que lleva todo el país una semana esperando. Y en este sentido, finalmente el sábado supimos como tenían que salir los niños de casa después de cinco semanas encerrados, y aunque luego he podido escuchar diferentes opiniones al respecto, tengo que reconocer que me emocioné cuando vi los primeros niños paseando debajo de mi balcón.

Salí a verles y escucharles como si se trataran de una especie rara, pero me alegré mucho de poder escuchar sus voces y de verles disfrutar al menos por un rato, ya que volvía a ver vida en la calle. Tengo que dejar claro que, aunque ese mismo día me llegaron fotos en las que parecía que las personas que habían salido se habían comportado de forma incívica y que no habían respetado la distancia de seguridad, todos lo que yo vi lo hicieron de la forma adecuada. No quiero decir que no haya quien se haya comportado de forma insegura, pero me cuesta entender a los “Torquemada” que insisten en mostrar lo mal que lo hacen otros, creyéndose mejor que nadie y mostrando muy poca empatía a la hora de mostrar los fallos ajenos. Creo que ya nos sentimos bastante vigilados por toda la policía que nos rodea, y por todos los bulos que intentan colarnos para que también haya personas que pretendan demostrar lo mal que otros actúan.

Entiendo que todos queremos salir cuanto antes, y que la normalidad vuelva a restablecerse, pero de verdad lo vamos a lograr criticándonos entre nosotros y mandándonos fotos que muestran cosas que no han sucedido. Y aunque fuera así, creo que antes de acusar a nadie deberíamos mirarnos a nosotros y pensar si somos tan perfectos en todos nuestros actos antes de acusar a los demás. Pero mi pregunta es, ¿Qué se pretende mandando un mensaje que si no es falso sí es exagerado?

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