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Ainhoa Cilveti

El trampolín de tu vida

Poco a poco vamos volviendo a la normalidad, al menos hasta donde nos lo permiten, y debemos aprender a vivir en esta nueva realidad. La nueva situación se diferencia de nuestra vida anterior al Coronavid19 básicamente en dos aspectos fundamentales en la vida de las personas, la libertad y el miedo. 

Por una parte, hemos podido observar y experimentar la falta total de libertad en nuestras vidas, incluso para lo que pensábamos que era algo fundamental como disfrutar de nuestros seres queridos. No quiero meterme en polémicas, pero lo que está claro es que durante dos meses otros han decidido por nosotros qué debíamos hacer, cuándo podíamos salir o a quién podíamos ver. Nos han dicho que era por nuestro bien y para proteger a nuestros mayores, y en su gran mayoría nos hemos comportado de manera heroica y mostrando muchísima paciencia. Pero ahora, volvemos poco a poco a esa nueva normalidad de la que hablan, y debemos aprender otra vez a gestionar bien esa libertad, y a no permitir que en el camino hacia esa situación nos corten ningún derecho que nos pertenece como individuos. Debemos ser conscientes de nuestros derechos y de saber gestionarlos correctamente para no volver a encontrarnos otra vez en una situación como esta, sabiendo que cada uno tiene su parte de responsabilidad, y que no se puede cargar en otros la que nos corresponde.

El miedo es libre, frase típica pero no por ello menos cierta, y hay quien durante este tiempo no ha sentido en ningún momento miedo ante esta enfermedad, y sin embargo, quien se ha paralizado y sigue en este estado, a pesar de los buenos datos y de que se nos permita volver a salir. Oigo en muchos medios de comunicación que el problema de que no se respete adecuadamente el nuevo distanciamiento social es debido a que no se ha enseñado lo suficiente lo devastador que ha sido esta epidemia y lo que ha supuesto para muchas personas, pero no creo que por ello quienes no tienen miedo, fueran a tenerlo más, sin omitir que para los que sí lo han padecido hubiera sido aún más angustioso. La mayoría tenemos ganas de volvernos a reunir y de estar juntos, pero si tenemos cerca personas a las que les cuesta por no poder afrontar ese miedo, démosles su tiempo para que puedan gestionarlo a su ritmo, porque ellos ya tienen bastante con sentirlo y pasarlo mal.

 

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