Estamos con la resaca de la Behobia-San Sebastián, comentando lo que ha dado de sí este año esta carrera, que ha transcendido del ámbito deportivo para convertirse en un acto social. Este año ha sido una prueba especial, por la cantidad de deportistas que han tomado parte, y por lo acontecido durante la jornada, ya que el calor fue uno de los protagonistas de la jornada. Era de esperar, se sabía desde hacía varios días antes, que el domingo iba a ser el día más caluroso de la semana, y que esto iba a causar problemas a los participantes, y sin embargo, todos nos echábamos las manos a la cabeza con sorpresa según iban llegando las fatídicas noticias sobre el fallecimiento de un corredor y el ingreso en la UCI de otros cuatro más.
Como he dicho, esta carrera se ha convertido en un acontecimiento social, llenando las calles de público dispuesto a animar a los atletas, porque si de algo se siente orgullosa la ciudad, es de que nos digan que es una carrera especial por el calor del público que anima durante todo el recorrido. Por supuesto, y para continuar con las tradiciones, hay comidas de amigos organizadas por toda la ciudad, no hay sociedad que tenga una mesa libre para ese día, y los bares y restaurantes hacen su agosto. Este año, el tema principal en estas reuniones ha sido el debate suscitado por lo ocurrido y de quien es la responsabilidad, si de la organización o del corredor. A lo largo del día, y desde entonces, hemos podido oír y leer en las redes sociales, todo tipo de opiniones. Parto de la base, de que estoy convencida que nadie quiere terminar en urgencias cuando comienza una carrera, y mucho menos sufriendo un paro cardiaco, y que el problema puede deberse a que no somos conscientes de nuestros límites y de saber parar y decir “basta” ante un reto, que precisamente este es el mayor reto, ser capaz de “dejar” la carrera.
Pensando en qué le puede llevar a una persona a continuar corriendo hasta la extenuación, me he acordado de un estudio realizado por la universidad de Granada en la que se han dado cuenta que el corredor sufre el síndrome de Flow mientras corre, en el cual, “el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unos a otros sin pausa…La persona que lo experimenta se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción”. Quizá, el sumergirse en este estado es lo que puede resultar peligroso y llevar a una persona a no saber parar.