Diario Vasco
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CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (AMPLIACIÓN)
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Juan Carlos Hernández | 04-09-2017 | 12:58

Carl Lewis 30 pies

 

Cuenta la leyenda que un lejano día de 1982 Carl Lewis saltó 30 pies (9.14 metros). La leyenda asegura que no dejó ninguna marca en la plastilina pero que un meticuloso juez de batidas apreció que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea y lo consideró nulo. La leyenda afirma que mientras Carl Lewis debatía con el juez borraron la huella en la arena, la huella que pudo haber cambiado para siempre el salto de longitud y la carrera deportiva de Carl Lewis. Porque si algún fantasma persiguió a Carl Lewis durante los lustros que duró su reinado fue la sombra de Bob Beamon y su “Ocho Noventa”…

 

 

¿Y qué hay de verdad en la leyenda del salto de 30 pies? Aún digo más: ¿cuántas veces saltó Carl Lewis más que Bob Beamon sin que la medición lo reflejara? Sí, me estoy refiriendo a esos nulos gigantescos no medidos de los que hablé hace poco en el post “Iván Pedroso más allá de los 9 metros”, y también me estoy refiriendo a ese “atletismo ficción” en el que los saltos podrían medirse desde donde salta el atleta y no desde una línea fija, un tema que ya traté en el post “Batir o no batir”.

 

Así que antes de adentrarnos en las leyendas y en la ficción repasemos la historia. Abróchense los cinturones, que la cosa va de vuelos.

 

 

El 18 de octubre de 1968, en la primera ronda de la final del salto de longitud de los Juegos Olímpicos de México, el atleta estadounidense Bob Beamon hizo papilla el récord mundial de la especialidad con un vuelo de 8.90 metros. La plusmarca recién vapuleada pertenecía, con 8.35 m., al también estadounidense Ralph Boston y al soviético Igor Ter Ovanesian. Ambos estaban en la final de México y ambos fueron testigos directos de la proeza de Beamon. Boston fue quien tradujo el registro al sistema métrico anglosajón: “¡¡Has saltado más de 29 pies!!”. Ter Ovanesian entendió lo que acababa de suceder: “Comparado con este salto los demás somos niños”. El británico Lynn Davies, campeón olímpico en Tokio’1964, también presente en la final, también lo tuvo claro: “Has destrozado esta prueba”.

 

Esos 55 centímetros de mejora súbita en el salto de longitud eran casi dos pies en el mundo anglosajón. El récord mundial pasó en un suspiro de 27 pies 4 ¾ pulgadas a los 29 pies 2 ½ pulgadas, por lo que Bob Beamon fue el primer atleta que superó los 28 pies (8.53) y los 29 pies (8.84). El mundo asistió atónito a lo que hoy se sigue considerando el mayor o uno de los mayores logros deportivos de la historia.

 

 

Uno de los miles o millones de niños que dibujaron dos rayas en el suelo separadas 8.90 metros o 29 pies 2 ½ pulgadas se llamaba Carl Lewis. Como cualquier niño o adulto que lo hiciera o lo haga hoy en día quedó maravillado con la distancia. Lo que nadie podía prever era lo ligada que llegó a estar la hazaña de Beamon a la gigantesca trayectoria atlética de Carl Lewis.

 

Carl Lewis fue (casi) todo lo que se puede ser en el salto de longitud. Fue cuatro veces campeón olímpico (1984, 88, 92, 96), dos veces campeón del mundo cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años (1983, 87), más la plata de 1991 que ganó con un ventoso 8.91 (+2.9) en el primer concurso que perdía tras los diez años y siete meses que permaneció invicto en la prueba, concurso en el que Bob Beamon también perdió el récord mundial a manos de Mike Powell y sus 8.95 metros. También fue tres veces plusmarquista mundial indoor: 8.49 en 1981, 8.56 en 1982 y 8.79 en 1984; de hecho lo sigue siendo actualmente con esos 8.79 de 1984. También sigue teniendo todavía la mejor marca mundial para menores de 20 años con 8.62 m. (1981) y la mejor marca mundial de mayores de 35 años con 8.50 m. (1996) igualado con Larry Myricks. Estadísticamente se puede añadir que veinte años después de su último concurso sigue siendo, con diferencia, el atleta con más saltos legales por encima de 8.80, de 8.70, de 8.60 o de 8.50. Teniendo en cuenta que durante buena parte de su carrera el salto de longitud no fue su prioridad… ¡¡¡NO ESTÁ MAL!!! Podéis repasar algunos números en el post “Carl Lewis volador”.

 

 

Pero con todas estas medallas olímpicas, mundialistas, récords mundiales indoor, plusmarcas y estadísticas abrumadoras… ¿qué le faltó a Carl Lewis en el salto de longitud? Pues ya lo he dicho al principio y creo que lo sabemos todos: Carl Lewis no consiguió nunca el récord mundial al aire libre. No pudo con los 8.90 de Bob Beamon ni con los 8.95 de Mike Powell.

 

Y ya retomo la cuestión inicial: ¿no pudo o sí pudo?

 

Una opinión bastante generalizada, quizá unánime, con la que yo estoy de acuerdo, es que si Carl Lewis no consiguió el récord mundial fue por haber compaginado el salto de longitud con otras pruebas. Aparte de combinar entrenamientos multidisciplinares al más alto nivel, echando un vistazo a los calendarios de las grandes competiciones vemos, por ejemplo, que en los Mundiales de Helsinki’1983 la final de la longitud le coincidió con dos carreras de 4×100, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y en los de Seúl’88 con dos carreras de 200; lo mismo que el día que saltó 8.79 m., la que fue su mejor marca desde 1983 hasta 1991. Y más o menos lo mismo en Trials de selección y en campeonatos de los Estados Unidos.

 

El gran heredero Iván Pedroso lo resume muy bien en esta entrevista:

 

 

Y tras estos rodeos llego al día del salto de los 30 pies, el día en que si la leyenda fuera cierta, Carl Lewis, que ya era desde 1981 “el nuevo Jesse Owens”, pudo haber sido “el nuevo Bob Beamon”, algo que nunca sabremos cómo habría afectado a sus siguientes años como atleta.

 

El 24 de julio de 1982, en el National Sports Festival disputado en Indianápolis, Carl Lewis simultaneó dos pruebas: el salto de longitud y el relevo 4×100. Tras dos saltos nulos que las crónicas de la época ya estimaban cercanos a los nueve metros (otras fuentes dicen que tras el primer nulo pero yo me sumo a la versión de los dos nulos), fue a correr su posta del relevo junto a Michael Miller, Calvin Smith y Stanley Floyd. Volvió al pasillo de saltos. Otro nulo, esta vez chapucero. De ahí fue requerido para la ceremonia de entrega de medallas del 4×100.

 

El día anterior un periodista le había preguntado si era posible verle saltar 30 pies. La respuesta fue prudente: “Eso es impredecible, todavía no he saltado 29”. Presente en el concurso, el saltador Jason Grimes se acercó a Dwight Stones, leyenda del salto de altura con dos bronces olímpicos y ex plusmarquista mundial, locutor para la ABC Olympics y le dijo: “¿Quieres ver un salto de 30 pies? Vente a ver esto ya”.

 

Y en el cuarto intento Carl Lewis voló. Y voló. Él y todos los presentes supieron que había sucedido algo grande. Pero para disgusto de todos, el juez levantó la bandera roja. Carl Lewis estaba convencido de haber llegado muy lejos, sin duda más allá de los 8.90, quizá 30 pies, y también estaba convencido de que el salto NO había sido nulo. Los testigos, incluidos Dwight Stones y Jason Grimes, afirman que no había ninguna marca en la plastilina. Lewis, enfadado, pidió que se la mostraran, pero ya daba igual, ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron la huella de caída en la arena.

 

El palmarés de Carl Lewis acabó siendo tan grande y repleto de medallas que esto quedó en una anécdota de sus inicios. Solo conozco una entrevista de 1991 en la que le preguntaran por aquello, aunque sí lo he visto reflejado en algún artículo de 1982. Sin embargo, en su autobiografía “Carl Lewis en pista” (1992) lo deja caer al hablar de los Pan Americanos de 1987 que se disputaron en la misma pista de Indianápolis:

 

 

El salto circula por Internet hace tiempo en un documental. Lo he recortado y subido a YouTube. Se puede ver el salto y el cabreo/disgusto de Lewis.

 

 

La batida no se aprecia y el aterrizaje es difuso. Es un acto de fe en los testimonios creer que el aterrizaje se produjo tan lejos, y en la cuestión de la batida nula el juez tuvo la primera y la última palabra, lógicamente.

 

Los fotogramas de la batida nos muestran una pisada ajustadísima, pero la calidad de la imagen está muy lejos de aclarar la controversia

 

Carl Lewis 30 pies batida

 

Nunca se sabrá si el exceso de celo por parte de un juez nos privó de la mayor proeza Lewisiana en lo que a récords se refiere, pero en su descarga aporto este fotograma del segundo intento de aquel día en el que no podrá decirse que no prestaba atención:

 

 

Y este ha sido el relato de la parte histórica de la leyenda del salto de los 30 pies, si se me permite la expresión. Sin embargo, pasaron tan solo unos minutos para que Carl Lewis escribiera su siguiente gran renglón deportivo.

 

En 1981 Carl Lewis se convirtió en el segundo atleta, tras Bob Beamon, en superar la barrera de los 8.60 metros, con el salto de 8.62 m. que he citado como plusmarca de atleta menor de veinte años (más datos en el post “Carl Lewis en el anuncio del coche”). Esa era su marca personal, la marca con la que se presentó en el National Sports Festival el 24 de julio de 1982.

 

Y a pesar de todo lo expuesto hasta ahora, la prensa del 25/26 de julio no habló del hipotético nulo de los 30 pies, la prensa de ese día habló del quinto intento del concurso: un 8.76 (+1.0) con el que Carl Lewis volvió a dar un mordisco de 14 centímetros en la pelea por acercarse al “Ocho Noventa” de Bob Beamon. Ese salto sí fue noticia mundial, incluida la prensa española:

 

 

 

Ha quedado dicho que antes del nulo de los 30 pies hizo otros dos nulos que rondaron los nueve metros. No conozco ninguna imagen que quite o dé validez al dato. Lo que sí ha llegado recientemente a mis manos es el vídeo del 8.76 (+1.0). Aquí lo tenéis, atentos que tiene sorpresa:

 

 

¿Alguien ha visto lo mismo que yo? Intentando evitar un quinto salto nulo casi no pisó la tabla de batida, por lo que el salto “real” de Carl Lewis fue OBJETIVAMENTE más largo que el 8.90 de Beamon; fue un salto de 8.92, quizás 8.94 metros. Os dejo tres fotogramas para que no haya dudas. Pinchad en la imagen si queréis ampliarla:

 

 

Así que yo no sé si el cuarto intento de aquel día fue considerado justa o injustamente como nulo, ni si fue de 9.14 metros o menos. Pero sí sé que el quinto intento, medido REGLAMENTARIAMENTE en 8.76 m., fue un salto más largo que el de Bob Beamon. Por supuesto, sé que no estoy hablando de Atletismo sino de “atletismo ficción”, eso sí, basado en este caso en hechos reales y objetivos.

 

Tras ver este vídeo tengo muy claro que el “Ocho Noventa” de Bob Beamon siguió “vivo de milagro” después de aquel concurso del 24 de julio de 1982. Carl Lewis tenía 21 años recién cumplidos y yo estoy seguro de que jamás imaginó que el récord de Beamon se le atragantaría tanto.

 

El caso es que a partir de 1982 Carl Lewis y su entorno tuvieron que tomar algunas decisiones importantes, y la primera fue que si querían afrontar el reto de los CUATRO OROS OLÍMPICOS en 1984 tenían que empezar a trabajar en ello desde entonces. Las pruebas de fuego de 1983 fueron los campeonatos de Estados Unidos, donde ganó el 100, el 200 y la longitud, y el mundial de Helsinki, donde ganó el 100, la longitud y el relevo 4×100.

 

Volviendo a la longitud, en esos campeonatos de los Estados Unidos Lewis consiguió, con 8.79 (+1.9), la que fue su mejor marca hasta los mundiales de Tokio’91.

 

 

Dos días antes había participado en un 100, en un 200 y había saltado 8.73 (+3.2) en la calificación de la longitud. La víspera había corrido y ganado la semifinal y la final de los 100 metros, y ese día, 19 de junio, solo pensaba hacer un salto porque había corrido un 200 por la mañana y le quedaba la final tres horas más tarde. A la vista del 8.79 m. Lewis se salió del guion y probó un segundo salto: 8.71 (+0.6). Y lo dejó ahí, otro concurso en el que, quién sabe, quizá desperdició alguna bala para acercarse o superar a Beamon. Como apunte, en la final de 200 hizo 19”75 (+1.5) dejándose ir los últimos quince metros, a tres centésimas del récord mundial de Pietro Mennea. 19”75, registro al que se acercó varias veces pero que nunca mejoró.

 

 

1984, año olímpico. En febrero saltó, como también se ha dicho ya, 8.79 m. en pista cubierta (“objetivamente más valioso que el 8.90 de Beamon” dijeron las crónicas durante años), igualando su registro al aire libre y plusmarca mundial indoor todavía hoy, en 2017. Lo hizo en el sexto intento, al que llegó en segunda posición tras Larry Myricks.

 

 

El 13 de mayo, en Los Ángeles, saltó 8.71 (-0.3) en un concurso con cuatro nulos. Según las crónicas uno de ellos debió rondar los 9 metros. Os dejo el dato y la opinión de Lewis sobre los nulos (“Puedes saltar 50 pies, pero si te pasas de la línea no cuenta”)

 

 

 

En los Trials olímpicos, tras saltar 8.71 (+0.1) a la primera y un segundo intento fallido (5.73) guardó fuerzas para dos carreras de 200 del día siguiente.

 

 

Carl Lewis salvó con éxito el enorme desafío de igualar en Los Ángeles’84 las mismas cuatro medallas de oro que Jesse Owens había ganado en Berlín’36: 100 y 200 metros, salto de longitud y relevos 4×100. Durante la final de la longitud fue silbado por parte del público que no vio con buenos ojos que tras un primer intento ganador de 8.54 (-1.6) y un nulo, dejara de competir para reservar fuerzas para el 200 y el 4×100.

 

Tras la paliza olímpica no creo que Lewis tuviera en mente los récords mundiales (quizá el de 100), pero al hilo de la opinión de Iván Pedroso que he compartido antes, resulta destacable que durante la gira post olímpica Lewis participó en tres carreras de 100, dos de 4×100, una de 200, otra de 300 y solamente un concurso de longitud (8.65 m., +0.2).

 

 

Con los cuatro oros en el bolsillo Carl Lewis ya se había ganado para siempre su lugar entre los dioses del Olimpo, pero él mismo era consciente de que a su palmarés le faltaba un doble reto: el récord mundial de los 100 metros (Calvin Smith, 9”93) y el “Ocho Noventa” de Beamon en la longitud. Triple reto si contamos el de 200 (Pietro Mennea, 19”72).

 

Y 1985, sin grandes campeonatos, era el año perfecto para agrandar, si eso era posible, el mito Lewis.

 

Tras una pista cubierta aceptable, en su segunda carrera al aire libre ya se supo que en 1985 Lewis no iba a defraudar: el 28 de abril corrió un 100 ventoso en 9”90 (+2.5), el récord mundial parecía estar cerca. Y en salto de longitud el día elegido fue el 18 de mayo. Quizá por primera vez en su carrera se llegó a publicitar en la televisión nacional estadounidense el intento de Carl Lewis por superar el récord mundial de Bob Beamon

 

 

Pero nada salió bien. En un día ventoso Lewis llegó a saltar 8.77 (+3.9) en el cuarto intento. Y en el quinto se lesionó.

 

 

 

Lo que parecía una pequeña lesión debió ser algo más porque tras un mes sin competir se presentó a la prueba de los 100 metros del campeonato de los Estados Unidos… ¡y no pasó la primera ronda!

 

Tras otro mes en el dique seco, alguien debió pagarle muy bien para que corriera el 100 del mitin de Zúrich el 21 de agosto. Otro fiasco. Cuarto con la misma marca que el quinto (10”31, -0.6) y primera derrota ante el hombre que iba a marcar los siguientes tres años del Atletismo y de la propia trayectoria de Carl Lewis: Ben Johnson.

 

Como en este artículo pretendo centrarme en el salto de longitud diré que, aunque fue remontando, incluso en un estado de forma tan flojo Lewis fue capaz de saltar 8.62 (+0.0) en el único concurso serio de la temporada de 1985. Y se dejó un buen trozo en la batida, el salto “real” quizá fue de 8.75/8.79 metros

 

 

Así que sí, 1985 fue el “año de los récords”, pero no por los que consiguió Carl Lewis, que no logró ninguno, sino por los de 1500 (dos veces), milla, 2000, 5000, maratón, salto de altura (dos veces), salto con pértiga, triple salto y lanzamiento de peso. Y hablo solo de la categoría masculina. Tras cuatro años consecutivos siendo la gran estrella del Atletismo, el balance de 1985 fue muy pobre.

 

Y si 1985 fue un mal año en términos generales, 1986 fue mucho peor. Planteado de transición, Carl Lewis solo brilló vagamente en su campeonato nacional, donde ganó el 100 con 9”91 (+4.5), y la longitud, con un salto de 8.67 (+3.3) con el que superó en el sexto intento a Mike Conley que había saltado 8.63 (+3.9). El resto del año, además de mediocre, destacó por ver cómo se agigantaban sus rivales: Ben Johnson hizo 9”95 en el 100 y Robert Emmiyan fue el mejor del año en longitud con un salto de 8.61 (-0.3).

 

Quizá espoleado por su ambición, quizá espoleado por la mejora de sus rivales, en 1987 Carl Lewis volvió a mostrar sus mejores armas. Tras una pista cubierta dedicada a las carreras cortas, en su primer concurso al aire libre hizo lo que nadie había hecho antes ni nadie ha vuelto a repetir después: 6 saltos (tres ventosos, eso sí) por encima de los 8.60 metros: 8.64 (+2.4), 8.66 (+2.3), 8.63 (+0.8), 8.77 (+3.4), 8.66 (+0.8), 8.66 (-0.5). [El 21 de julio de 1992 Mike Powell hizo un concurso aún mejor pero con todos los saltos ventosos y en altitud: 8.65 (+3.7), 8.75 (+3.4), 8.80 (+3.0), 8.85 (+3.8), 8.99 (+4.4), 8.84 (+4.0)].

 

 

En este artículo estoy intentando centrarme en los asaltos reales de Carl Lewis al “Ocho Noventa” de Bob Beamon, y aunque este concurso es único estadísticamente hablando, Lewis se quedó bastante lejos. Aún así he querido destacarlo por su componente de “resurrección” y porque en el quinto intento, 8.66 (+0.8), Lewis no pisó la tabla, es decir que fue un salto “real” de 8.85/8.86, que pudo haber sido su mejor marca de siempre y su primer salto oficial de más de 29 pies (8.84 m.)

 

 

Y sin embargo un mes más tarde, el 22 de mayo, no fue Lewis sino Robert Emmiyan el segundo atleta que superaba los 29 pies: 8.86 (+1.9) en la altitud de Tsakhkadzor. Sobre este salto no sé qué pensar, hay quienes lo ponen en cuestión y lo consideran una herramienta más de la guerra fría que aún dividía el mundo en 1987. En cualquier caso el dato está ahí, en los listados y estadísticas, y Lewis también tuvo que lidiar con un rival con una marca oficial de 8.86 m., mejor que sus 8.79 de 1983.

 

 

El 16 de agosto, en la pista talismán de Indianápolis, con motivo de los Juegos Panamericanos, Lewis disputó otro concurso de altas expectativas.

 

Un día de vientos fuertes y cambiantes le hicieron rendir a un altísimo nivel,  con dos intentos de 8.75 m., uno de ellos válido (+1.7) y otro ventoso por un pelo (+2.1): 6.89 (-2.6), 8.75 (+2.1), 8.53 (+1.0), 8.75 (+1.7), 8.68 (+3.7), 8.68 (+4.1)

 

 

Y tengo que poner el foco en ese salto válido de 8.75 (+1.7) del cuarto intento porque estamos, sin ningún género de dudas, ante uno de los saltos “reales” más largos de Carl Lewis, si no el más largo de toda su vida. Atención a los detalles.

 

Para empezar, y por culpa de ese viento que variaba de -3 a +4, Lewis se dejó sin medir los 20 centímetros de la tabla, centímetro arriba, centímetro abajo. La toma no es todo lo precisa que yo quisiera pero está bastante claro que no tocó la tabla:

 

Lewis Panamericanos 1987 batida

 

Creo que queda patente que desde el punto de batida a la marca en la arena hubo aproximadamente 895 centímetros, pero hay un segundo detalle que hace que este salto sea aún más relevante. En un error nada frecuente en Carl Lewis, en vez de dejar la huella en la arena con los talones o con los glúteos, se le quedó atrás la mano derecha, lo que le hizo perder no menos de diez o quince centímetros:

 

Lewis Panamericanos 1987 mano Lewis Panamericanos 1987 huella

 

Es decir, estamos ante un salto medido en 8.75 (+1.7), con un desajuste en la batida de unos 20 centímetros, lo que pudo haber supuesto una medición de 8.95 aproximadamente, más un error absurdo en el aterrizaje que le hizo perder otros 10/15 centímetros, por lo que el vuelo real alcanzó los 9.05/9.10 metros.

 

En vez de mantenerse aislado y concentrado en la longitud, tras este salto Lewis se fue a correr la última posta del relevo 4×100. Y ganado el 4×100 volvió al pasillo de saltos para rematar el concurso con dos intentos ventosos de 8.68 metros. Así las gastaba Carl Lewis.

 

Llegó el mundial de Roma’87 y más de lo mismo. En el 100 mejoró su marca personal (9”93, récord mundial igualado tras la anulación posterior de las marcas de Ben Johnson) y en el salto de longitud hizo un concurso magnífico pero lejos de Beamon: 8.67 (+0.4), 8.65 (+0.6), 8.67 (-0.1), 8.43 (+1.6), nulo, 8.60 (+0.2). La presencia de Emmiyan, segundo con 8.53 m., tampoco le dejaba margen de error.

 

 

Traigo este concurso a este trabajo porque circula por Internet el dato erróneo de que en el primer intento (8.67) Lewis se dejó 17 centímetros en la batida, lo que supondría un salto “real” de 8.84 (29 pies). Y demuestro que es erróneo con la imagen de las cinco batidas válidas de Lewis en Roma’87.

 

 

En la gira post mundialista de 1987 ya no volvió a saltar.

 

1988, de nuevo año olímpico y, como todos sabemos, con la carrera más famosa de todos los tiempos en el horizonte. Sin duda esa carrera de 100 metros condicionó toda su preparación, pero yo sigo con la longitud.

 

En el salto de longitud de las pruebas de selección olímpicas, una vez más en Indianápolis, y de nuevo coincidiendo ese día con dos carreras de 200 metros, sucedieron algunas cosas interesantes. Las dos primeras rondas se disputaron bajo un tremendo aguacero. Lewis dominaba con 8.59 (+3.2) cuando se aplazó el concurso. Pasada la tormenta Larry Myricks hizo el mejor salto de su vida, 8.74 (+1.4), que puso a Lewis contra las cuerdas, pero la respuesta fue inmediata y contundente: 8.76 (+0.8).

 

 

Y hablo de este concurso para destacar de nuevo la capacidad competitiva de Lewis cuando le achuchaban y porque según el libro “The History of the United States Olympic Trials – Track & Field” el siguiente salto de Carl Lewis fue un nulo de nueve metros. No tengo imágenes del salto, solo el dato del libro

 

 

Bob Beamon era la sombra de Carl Lewis y Carl Lewis era la sombra de Bob Beamon

 

 

En los Juegos Olímpicos de Seúl’88, tras el follón de los 100 metros lisos (corrió en 9″92, récord mundial tras la anulación de los resultados de Ben Johnson) llegó la longitud. La final, como otras veces, se disputó el mismo día que dos carreras de 200 metros pero esta vez no se reservó como cuatro años atrás y realizó los seis intentos. Y en aquella final hubo un salto muy interesante, probablemente otra “bala perdida”: Lewis ganó el oro con un salto de 8.72 (-0.2) en el cuarto intento… sin casi pisar la tabla. Es decir, con este salto –ojo, con viento en contra– Lewis pudo haber igualado tanto el récord mundial como el récord olímpico (vigente en 2016) de Bob Beamon. No conozco una imagen directa de la batida pero se ve bastante bien en las capturas de los vídeos

 

Lewis Seúl 88 batida 8.72

 

 

1989 y 1990 fueron años flojos, de transición. Nada destacable para este repaso.

 

Y en 1991 todos lo que estáis leyendo esto sabéis que se disputó el mundial de Tokio y todos sabemos que allí sucedieron muchas cosas, algunas de ellas ya han sido comentadas.

 

Carl Lewis comenzó ese mundial ganando los 100 metros con un nuevo récord del mundo (9”86), lo que puso a flor de piel la idea de que, por fin, el récord de Bob Beamon podía ser superado. Lo que no había logrado el Lewis veinteañero parecía estar más cerca que nunca de un Carl Lewis que ya había cumplido los treinta años

 

 

Y llegó la final de la longitud y pasaron cosas inesperadas e inesperables. Lewis perdió por primera vez en casi once años y Bob Beamon perdió el récord mundial porque en el quinto intento Mike Powell llegó a 8.95 (+0.3), mejorando su marca personal en 29 centímetros y en 41 su mejor salto legal de la tarde.

 

 

Pero sobre el concurso de Carl Lewis de aquel histórico 30 de agosto de 1991 hay varias cosas que decir:

 

En primer lugar se puede destacar que fue, con diferencia, el mejor concurso de todos los tiempos con una serie brutal: 8.68 (0.0), nulo, 8.83 (+2.3), 8.91 (+2.9), 8,87 (-0.2), 8.84 (+1.7). Una media de 8.826 metros para los cinco saltos válidos. Y por comentar, el nulo del segundo intento también fue de 8.80 aproximadamente.

 

En el 8.68 m. de la primera ronda se dejó 12 centímetros en la tabla. El salto “real” fue de 8.80 metros.

 

 

El 8.91 (+2.9) del cuarto intento fue el primer salto medido más largo que el de Bob Beamon.

 

 

La batida fue perfecta

 

 

Y tras el 8.95 de Mike Powell, Lewis dispuso de dos intentos en los que vendió realmente caro su pellejo con los dos saltos legales más largos de toda su vida, ambos por encima de los 29 pies. Ambos saltos, que no impidieron su derrota, tienen detalles reseñables:

 

El 8.87 m., finalmente el mejor salto legal de su vida, lo hizo con un viento en contra de -0.2 (¡¡!!). Y el aterrizaje fue una “culada en bomba” en la que con los talones alcanzó una distancia gigantesca. Todo anecdótico, por supuesto

 

 

Y en el último llegó a 8.84 (+1.7) mientras Mike Powell rezaba a todos sus dioses para que no se repitiera ese sexto salto milagroso con el que Lewis había conseguido tantas victorias; la última diez semanas atrás, en los campeonatos de los Estados Unidos, donde Lewis ganó por un solo centímetro a Powell (8.64 contra 8.63) en su último intento.

 

En Tokio Carl Lewis se jugaba mucho antes de ese último salto y si algo tendría claro antes de lanzarse por el pasillo es que el salto tenía que ser obligatoriamente válido. Y lo fue. No existe, que yo sepa, la toma directa de la batida, debe de estar durmiendo en algún archivo japonés; pero hace poco he conseguido un fotograma suficientemente bueno y me he llevado una gran sorpresa: Carl Lewis se dejó al menos media tabla, su salto “real” fue de 8.94-8.96 metros. Fijaos:

 

 

Sé que estoy hilando fino con trazo grueso pero yo diría que fue una batida casi idéntica a la del 8.68 del primer intento. Estos son los mejores fotogramas que he encontrado

 

 

Parece mentira pero Lewis estuvo mucho más cerca de lo que imaginaba de darle la vuelta al concurso.

 

Carl Lewis ha declarado alguna vez que si hubiera batido el récord de salto de longitud ese día en Tokio se habría retirado; quizá no del Atletismo pero sí del salto de longitud y de los dolores de espalda que le provocaba. Pero no fue así y eso nos llevó a los aficionados a disfrutar de sus saltos (y carreras) algunos años más. Grandes victorias le aguardaban aún pero ciertamente no volvió a alcanzar los niveles de marcas de los once años anteriores.

 

Como últimas reseñas destaco un 8.72 (+2.2) el 24 de mayo de 1992 y el 8.68 (+1.0) de la ronda de calificación en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, con el que dejó boquiabiertos a todos los presentes incluido el plusmarquista mundial (ver vídeo). Es el mejor salto legal de la historia en una calificación (él mismo tiene dos calificaciones de 8.73 m. pero ventosas en 1981 y 1983).

 

 

Al día siguiente ganó su tercer oro olímpico consecutivo con un mejor salto de 8.67 (-0.7) en un difícil concurso con vientos contrarios en el que Mike Powell llegó a 8.64 (-0.5) en su sexto intento. En 1993 no saltó ni una vez, y en 1994 en tan solo dos competiciones de longitud llegó a un ventoso 8.72 (+3.9) en el primer concurso en altitud de su vida.

 

Quizá su novena medalla de oro olímpica, la cuarta consecutiva en longitud, conseguida en Atlanta’96, sea algún día estímulo para escribir otro post Lewisiano, pero eso ya se verá. Hoy cierro este trabajo sobre los grandes saltos visibles e “invisibles” de Carl Lewis. He disfrutado mucho desarrollándolo y espero que alguien haya disfrutado leyéndolo entero.

 

Mi conclusión se parece a lo dicho por Iván Pedroso: es sorprendente que Carl Lewis no consiguiera superar legalmente los 8.90 metros de Bob Beamon. Parece bastante claro, a la vista de las imágenes y los números, que no fueron pocas las ocasiones perdidas o las ocasiones “desperdiciadas”, sobre todo en el período 1982-84. Probablemente fue víctima de su propia versatilidad, de la prudencia pre-olímpica, de tener que saltar casi siempre con más pruebas en las piernas y, por qué no decirlo, de su falta de interés por competir en altitud. En mi modesta opinión una pena y un duro castigo deportivo sobre los hombros del mejor atleta de todos los tiempos. Pero la justicia poética escribe poemas, canciones y artículos en blogs pero no escribe la historia, que es la que es.

 

Y acabo el artículo con este vídeo de los ocho mejores saltos legales de Carl Lewis.