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CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA
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Juan Carlos Hernández | 05-04-2016 | 15:28| 2

 

Cuenta la leyenda que un lejano día de 1982 Carl Lewis saltó 30 pies (9.14 metros). La leyenda asegura que no dejó ninguna marca en la plastilina pero que un meticuloso juez de batidas apreció que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea y lo consideró nulo. La leyenda afirma que mientras Carl Lewis debatía con el juez borraron la huella en la arena, la huella que pudo haber cambiado para siempre el salto de longitud y la carrera deportiva de Carl Lewis. Porque si algún fantasma persiguió a Carl Lewis durante los lustros que duró su reinado fue la sombra de Bob Beamon y su “Ocho Noventa”…

 

 

¿Y qué hay de verdad en la leyenda del salto de 30 pies? Aún digo más: ¿cuántas veces saltó Carl Lewis más que Bob Beamon sin que la medición lo reflejara? Sí, me estoy refiriendo a esos nulos gigantescos no medidos de los que hablé hace poco en el post “Iván Pedroso más allá de los 9 metros”, y también me estoy refiriendo a ese “atletismo ficción” en el que los saltos podrían medirse desde donde salta el atleta y no desde una línea fija, un tema que ya traté en el post “Batir o no batir”.

 

Así que antes de adentrarnos en las leyendas y en la ficción repasemos la historia. Abróchense los cinturones, que la cosa va de vuelos.

 

 

El 18 de octubre de 1968, en la primera ronda de la final del salto de longitud de los Juegos Olímpicos de México, el atleta estadounidense Bob Beamon hizo papilla el récord mundial de la especialidad con un vuelo de 8.90 metros. La plusmarca recién vapuleada pertenecía, con 8.35 m., al también estadounidense Ralph Boston y al soviético Igor Ter Ovanesian. Ambos estaban en la final de México y ambos fueron testigos directos de la proeza de Beamon. Boston fue quien tradujo el registro al sistema métrico anglosajón: “¡¡Has saltado más de 29 pies!!”. Ter Ovanesian entendió lo que acababa de suceder: “Comparado con este salto los demás somos niños”. El británico Lynn Davies, campeón olímpico en Tokio’1964, también presente en la final, también lo tuvo claro: “Has destrozado esta prueba”.

 

Esos 55 centímetros de mejora súbita en el salto de longitud eran casi dos pies en el mundo anglosajón. El récord mundial pasó en un suspiro de 27 pies 4 ¾ pulgadas a los 29 pies 2 ½ pulgadas, por lo que Bob Beamon fue el primer atleta que superó los 28 pies (8.53) y los 29 pies (8.84). El mundo asistió atónito a lo que hoy se sigue considerando el mayor o uno de los mayores logros deportivos de la historia.

 

 

Uno de los miles o millones de niños que dibujaron dos rayas en el suelo separadas 8.90 metros o 29 pies 2 ½ pulgadas se llamaba Carl Lewis. Como cualquier niño o adulto que lo hiciera o lo haga hoy en día quedó maravillado con la distancia. Lo que nadie podía prever era lo ligada que llegó a estar la hazaña de Beamon a la gigantesca trayectoria atlética de Carl Lewis.

 

Carl Lewis fue (casi) todo lo que se puede ser en el salto de longitud. Fue cuatro veces campeón olímpico (1984, 88, 92, 96), dos veces campeón del mundo cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años (1983, 87), más la plata de 1991 que ganó con un ventoso 8.91 (+2.9) en el primer concurso que perdía tras los diez años y siete meses que permaneció invicto en la prueba, concurso en el que Bob Beamon también perdió el récord mundial a manos de Mike Powell y sus 8.95 metros. También fue tres veces plusmarquista mundial indoor: 8.49 en 1981, 8.56 en 1982 y 8.79 en 1984; de hecho lo sigue siendo actualmente con esos 8.79 de 1984. También sigue teniendo todavía la mejor marca mundial para menores de 20 años con 8.62 m. (1981) y la mejor marca mundial de mayores de 35 años con 8.50 m. (1996) igualado con Larry Myricks. Estadísticamente se puede añadir que veinte años después de su último concurso sigue siendo, con diferencia, el atleta con más saltos legales por encima de 8.80, de 8.70, de 8.60 o de 8.50. Teniendo en cuenta que durante buena parte de su carrera el salto de longitud no fue su prioridad… ¡¡¡NO ESTÁ MAL!!! Podéis repasar algunos números en el post “Carl Lewis volador”.

 

 

Pero con todas estas medallas olímpicas, mundialistas, récords mundiales indoor, plusmarcas y estadísticas abrumadoras… ¿qué le faltó a Carl Lewis en el salto de longitud? Pues ya lo he dicho al principio y creo que lo sabemos todos: Carl Lewis no consiguió nunca el récord mundial al aire libre. No pudo con los 8.90 de Bob Beamon ni con los 8.95 de Mike Powell.

 

Y ya retomo la cuestión inicial: ¿no pudo o sí pudo?

 

Una opinión bastante generalizada, quizá unánime, con la que yo estoy de acuerdo, es que si Carl Lewis no consiguió el récord mundial fue por haber compaginado el salto de longitud con otras pruebas. Aparte de combinar entrenamientos multidisciplinares al más alto nivel, echando un vistazo a los calendarios de las grandes competiciones vemos, por ejemplo, que en los Mundiales de Helsinki’1983 la final de la longitud le coincidió con dos carreras de 4×100, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y en los de Seúl’88 con dos carreras de 200; lo mismo que el día que saltó 8.79 m., la que fue su mejor marca desde 1983 hasta 1991. Y más o menos lo mismo en Trials de selección y en campeonatos de los Estados Unidos.

 

El gran heredero Iván Pedroso lo resume muy bien en esta entrevista:

 

 

Y tras estos rodeos llego al día del salto de los 30 pies, el día en que si la leyenda fuera cierta, Carl Lewis, que ya era desde 1981 “el nuevo Jesse Owens”, pudo haber sido “el nuevo Bob Beamon”, algo que nunca sabremos cómo habría afectado a sus siguientes años como atleta.

 

El 24 de julio de 1982, en el National Sports Festival disputado en Indianápolis, Carl Lewis simultaneó dos pruebas: el salto de longitud y el relevo 4×100. Tras dos saltos nulos que las crónicas de la época ya estimaban cercanos a los nueve metros (otras fuentes dicen que tras el primer nulo pero yo me sumo a la versión de los dos nulos), fue a correr su posta del relevo junto a Michael Miller, Calvin Smith y Stanley Floyd. Volvió al pasillo de saltos. Otro nulo, esta vez chapucero. De ahí fue requerido para la ceremonia de entrega de medallas del 4×100.

 

El día anterior un periodista le había preguntado si era posible verle saltar 30 pies. La respuesta fue prudente: “Eso es impredecible, todavía no he saltado 29”. Presente en el concurso, el saltador Jason Grimes se acercó a Dwight Stones, leyenda del salto de altura con dos bronces olímpicos y ex plusmarquista mundial, locutor para la ABC Olympics y le dijo: “¿Quieres ver un salto de 30 pies? Vente a ver esto ya”.

 

Y en el cuarto intento Carl Lewis voló. Y voló. Él y todos los presentes supieron que había sucedido algo grande. Pero para disgusto de todos, el juez levantó la bandera roja. Carl Lewis estaba convencido de haber llegado muy lejos, sin duda más allá de los 8.90, quizá 30 pies, y también estaba convencido de que el salto NO había sido nulo. Los testigos, incluidos Dwight Stones y Jason Grimes, afirman que no había ninguna marca en la plastilina. Lewis, enfadado, pidió que se la mostraran, pero ya daba igual, ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron la huella de caída en la arena.

 

El palmarés de Carl Lewis acabó siendo tan grande y repleto de medallas que esto quedó en una anécdota de sus inicios. Solo conozco una entrevista de 1991 en la que le preguntaran por aquello, aunque sí lo he visto reflejado en algún artículo de 1982. Sin embargo, en su autobiografía “Carl Lewis en pista” (1992) lo deja caer al hablar de los Pan Americanos de 1987 que se disputaron en la misma pista de Indianápolis:

 

 

El salto circula por Internet hace tiempo en un documental. Lo he recortado y subido a YouTube. Se puede ver el salto y el cabreo/disgusto de Lewis.

 

 

La batida no se aprecia y el aterrizaje es difuso. Es un acto de fe en los testimonios creer que el aterrizaje se produjo tan lejos, y en la cuestión de la batida nula el juez tuvo la primera y la última palabra, lógicamente. Nunca se sabrá si el exceso de celo por parte de un juez nos privó de la mayor proeza Lewisiana en lo que a récords se refiere, pero en su descarga aporto este fotograma del segundo intento de aquel día en el que no podrá decirse que no prestaba atención:

 

 

Y este ha sido el relato de la parte histórica de la leyenda del salto de los 30 pies, si se me permite la expresión. Sin embargo, pasaron tan solo unos minutos para que Carl Lewis escribiera su siguiente gran renglón deportivo.

 

En 1981 Carl Lewis se convirtió en el segundo atleta, tras Bob Beamon, en superar la barrera de los 8.60 metros, con el salto de 8.62 m. que he citado como plusmarca de atleta menor de veinte años (más datos en el post “Carl Lewis en el anuncio del coche”). Esa era su marca personal, la marca con la que se presentó en el National Sports Festival el 24 de julio de 1982.

 

Y a pesar de todo lo expuesto hasta ahora, la prensa del 25/26 de julio no habló del hipotético nulo de los 30 pies, la prensa de ese día habló del quinto intento del concurso: un 8.76 (+1.0) con el que Carl Lewis volvió a dar un mordisco de 14 centímetros en la pelea por acercarse al “Ocho Noventa” de Bob Beamon. Ese salto sí fue noticia mundial, incluida la prensa española:

 

 

 

Ha quedado dicho que antes del nulo de los 30 pies hizo otros dos nulos que rondaron los nueve metros. No conozco ninguna imagen que quite o dé validez al dato. Lo que sí ha llegado recientemente a mis manos es el vídeo del 8.76 (+1.0). Aquí lo tenéis, atentos que tiene sorpresa:

 

 

¿Alguien ha visto lo mismo que yo? Intentando evitar un quinto salto nulo casi no pisó la tabla de batida, por lo que el salto “real” de Carl Lewis fue OBJETIVAMENTE más largo que el 8.90 de Beamon; fue un salto de 8.92, quizás 8.94 metros. Os dejo tres fotogramas para que no haya dudas. Pinchad en la imagen si queréis ampliarla:

 

 

Así que yo no sé si el cuarto intento de aquel día fue considerado justa o injustamente como nulo, ni si fue de 9.14 metros o menos. Pero sí sé que el quinto intento, medido REGLAMENTARIAMENTE en 8.76 m., fue un salto más largo que el de Bob Beamon. Por supuesto, sé que no estoy hablando de Atletismo sino de “atletismo ficción”, eso sí, basado en este caso en hechos reales y objetivos.

 

Tras ver este vídeo tengo muy claro que el “Ocho Noventa” de Bob Beamon siguió “vivo de milagro” después de aquel concurso del 24 de julio de 1982. Carl Lewis tenía 21 años recién cumplidos y yo estoy seguro de que jamás imaginó que el récord de Beamon se le atragantaría tanto.

 

El caso es que a partir de 1982 Carl Lewis y su entorno tuvieron que tomar algunas decisiones importantes, y la primera fue que si querían afrontar el reto de los CUATRO OROS OLÍMPICOS en 1984 tenían que empezar a trabajar en ello desde entonces. Las pruebas de fuego de 1983 fueron los campeonatos de Estados Unidos, donde ganó el 100, el 200 y la longitud, y el mundial de Helsinki, donde ganó el 100, la longitud y el relevo 4×100.

 

Volviendo a la longitud, en esos campeonatos de los Estados Unidos Lewis consiguió, con 8.79 (+1.9), la que fue su mejor marca hasta los mundiales de Tokio’91.

 

 

Dos días antes había participado en un 100, en un 200 y había saltado 8.73 (+3.2) en la calificación de la longitud. La víspera había corrido y ganado la semifinal y la final de los 100 metros, y ese día, 19 de junio, solo pensaba hacer un salto porque había corrido un 200 por la mañana y le quedaba la final tres horas más tarde. A la vista del 8.79 m. Lewis se salió del guion y probó un segundo salto: 8.71 (+0.6). Y lo dejó ahí, otro concurso en el que, quién sabe, quizá desperdició alguna bala para acercarse o superar a Beamon. Como apunte, en la final de 200 hizo 19”75 (+1.5) dejándose ir los últimos quince metros, a tres centésimas del récord mundial de Pietro Mennea. 19”75, registro al que se acercó varias veces pero que nunca mejoró.

 

 

1984, año olímpico. En febrero saltó, como también se ha dicho ya, 8.79 m. en pista cubierta (“objetivamente más valioso que el 8.90 de Beamon” dijeron las crónicas durante años), igualando su registro al aire libre y plusmarca mundial indoor todavía hoy, en 2016. Lo hizo en el sexto intento, al que llegó en segunda posición tras Larry Myricks.

 

 

El 13 de mayo, en Los Ángeles, saltó 8.71 (-0.3) en un concurso con cuatro nulos. Según las crónicas uno de ellos debió rondar los 9 metros. Os dejo el dato y la opinión de Lewis sobre los nulos (“Puedes saltar 50 pies, pero si te pasas de la línea no cuenta”)

 

 

 

En los Trials olímpicos, tras saltar 8.71 (+0.1) a la primera y un segundo intento fallido (5.73) guardó fuerzas para dos carreras de 200 del día siguiente.

 

 

Carl Lewis salvó con éxito el enorme desafío de igualar en Los Ángeles’84 las mismas cuatro medallas de oro que Jesse Owens había ganado en Berlín’36: 100 y 200 metros, salto de longitud y relevos 4×100. Durante la final de la longitud fue silbado por parte del público que no vio con buenos ojos que tras un primer intento ganador de 8.54 (-1.6) y un nulo, dejara de competir para reservar fuerzas para el 200 y el 4×100.

 

Tras la paliza olímpica no creo que Lewis tuviera en mente los récords mundiales (quizá el de 100), pero al hilo de la opinión de Iván Pedroso que he compartido antes, resulta destacable que durante la gira post olímpica Lewis participó en tres carreras de 100, dos de 4×100, una de 200, otra de 300 y solamente un concurso de longitud (8.65 m., +0.2).

 

 

Con los cuatro oros en el bolsillo Carl Lewis ya se había ganado para siempre su lugar entre los dioses del Olimpo, pero él mismo era consciente de que a su palmarés le faltaba un doble reto: el récord mundial de los 100 metros (Calvin Smith, 9”93) y el “Ocho Noventa” de Beamon en la longitud. Triple reto si contamos el de 200 (Pietro Mennea, 19”72).

 

Y 1985, sin grandes campeonatos, era el año perfecto para agrandar, si eso era posible, el mito Lewis.

 

Tras una pista cubierta aceptable, en su segunda carrera al aire libre ya se supo que en 1985 Lewis no iba a defraudar: el 28 de abril corrió un 100 ventoso en 9”90 (+2.5), el récord mundial parecía estar cerca. Y en salto de longitud el día elegido fue el 18 de mayo. Quizá por primera vez en su carrera se llegó a publicitar en la televisión nacional estadounidense el intento de Carl Lewis por superar el récord mundial de Bob Beamon

 

 

Pero nada salió bien. En un día ventoso Lewis llegó a saltar 8.77 (+3.9) en el cuarto intento. Y en el quinto se lesionó.

 

 

 

Lo que parecía una pequeña lesión debió ser algo más porque tras un mes sin competir se presentó a la prueba de los 100 metros del campeonato de los Estados Unidos… ¡y no pasó la primera ronda!

 

Tras otro mes en el dique seco, alguien debió pagarle muy bien para que corriera el 100 del mitin de Zúrich el 21 de agosto. Otro fiasco. Cuarto con la misma marca que el quinto (10”31, -0.6) y primera derrota ante el hombre que iba a marcar los siguientes tres años del Atletismo y de la propia trayectoria de Carl Lewis: Ben Johnson.

 

Como en este artículo pretendo centrarme en el salto de longitud diré que, aunque fue remontando, incluso en un estado de forma tan flojo Lewis fue capaz de saltar 8.62 (+0.0) en el único concurso serio de la temporada de 1985. Y se dejó un buen trozo en la batida, el salto “real” quizá fue de 8.75/8.79 metros

 

 

Así que sí, 1985 fue el “año de los récords”, pero no por los que consiguió Carl Lewis, que no logró ninguno, sino por los de 1500 (dos veces), milla, 2000, 5000, maratón, salto de altura (dos veces), salto con pértiga, triple salto y lanzamiento de peso. Y hablo solo de la categoría masculina. Tras cuatro años consecutivos siendo la gran estrella del Atletismo, el balance de 1985 fue muy pobre.

 

Y si 1985 fue un mal año en términos generales, 1986 fue mucho peor. Planteado de transición, Carl Lewis solo brilló vagamente en su campeonato nacional, donde ganó el 100 con 9”91 (+4.5), y la longitud, con un salto de 8.67 (+3.3) con el que superó en el sexto intento a Mike Conley que había saltado 8.63 (+3.9). El resto del año, además de mediocre, destacó por ver cómo se agigantaban sus rivales: Ben Johnson hizo 9”95 en el 100 y Robert Emmiyan fue el mejor del año en longitud con un salto de 8.61 (-0.3).

 

Quizá espoleado por su ambición, quizá espoleado por la mejora de sus rivales, en 1987 Carl Lewis volvió a mostrar sus mejores armas. Tras una pista cubierta dedicada a las carreras cortas, en su primer concurso al aire libre hizo lo que nadie había hecho antes ni nadie ha vuelto a repetir después: 6 saltos (tres ventosos, eso sí) por encima de los 8.60 metros: 8.64 (+2.4), 8.66 (+2.3), 8.63 (+0.8), 8.77 (+3.4), 8.66 (+0.8), 8.66 (-0.5). [El 21 de julio de 1992 Mike Powell hizo un concurso aún mejor pero con todos los saltos ventosos y en altitud: 8.65 (+3.7), 8.75 (+3.4), 8.80 (+3.0), 8.85 (+3.8), 8.99 (+4.4), 8.84 (+4.0)].

 

 

En este artículo estoy intentando centrarme en los asaltos reales de Carl Lewis al “Ocho Noventa” de Bob Beamon, y aunque este concurso es único estadísticamente hablando, Lewis se quedó bastante lejos. Aún así he querido destacarlo por su componente de “resurrección” y porque en el quinto intento, 8.66 (+0.8), Lewis no pisó la tabla, es decir que fue un salto “real” de 8.85/8.86, que pudo haber sido su mejor marca de siempre y su primer salto oficial de más de 29 pies (8.84 m.)

 

 

Y sin embargo un mes más tarde, el 22 de mayo, no fue Lewis sino Robert Emmiyan el segundo atleta que superaba los 29 pies: 8.86 (+1.9) en la altitud de Tsakhkadzor. Sobre este salto no sé qué pensar, hay quienes lo ponen en cuestión y lo consideran una herramienta más de la guerra fría que aún dividía el mundo en 1987. En cualquier caso el dato está ahí, en los listados y estadísticas, y Lewis también tuvo que lidiar con un rival con una marca oficial de 8.86 m., mejor que sus 8.79 de 1983.

 

 

El 16 de agosto, en la pista talismán de Indianápolis, con motivo de los Juegos Panamericanos, Lewis disputó otro concurso de altas expectativas. Otro día de vientos fuertes y cambiantes le hicieron rendir a un altísimo nivel pero alejado de Beamon: 6.89 (-2.6), 8.75 (+2.1), 8.53 (+1.0), 8.75 (+1.7), 8.68 (+3.7), 8.68 (+4.1)

 

 

Llegó el mundial de Roma’87 y más de lo mismo. En el 100 mejoró su marca personal (9”93, récord mundial igualado tras la anulación posterior de las marcas de Ben Johnson) y en el salto de longitud hizo un concurso magnífico pero lejos de Beamon: 8.67 (+0.4), 8.65 (+0.6), 8.67 (-0.1), 8.43 (+1.6), nulo, 8.60 (+0.2). La presencia de Emmiyan, segundo con 8.53 m., tampoco le dejaba margen de error.

 

 

Traigo este concurso a este trabajo porque circula por Internet el dato erróneo de que en el primer intento (8.67) Lewis se dejó 17 centímetros en la batida, lo que supondría un salto “real” de 8.84 (29 pies). Y demuestro que es erróneo con la imagen de las cinco batidas válidas de Lewis en Roma’87.

 

 

En la gira post mundialista de 1987 ya no volvió a saltar.

 

1988, de nuevo año olímpico y, como todos sabemos, con la carrera más famosa de todos los tiempos en el horizonte. Sin duda esa carrera de 100 metros condicionó toda su preparación, pero yo sigo con la longitud.

 

En el salto de longitud de las pruebas de selección olímpicas, una vez más en Indianápolis, y de nuevo coincidiendo ese día con dos carreras de 200 metros, sucedieron algunas cosas interesantes. Las dos primeras rondas se disputaron bajo un tremendo aguacero. Lewis dominaba con 8.59 (+3.2) cuando se aplazó el concurso. Pasada la tormenta Larry Myricks hizo el mejor salto de su vida, 8.74 (+1.4), que puso a Lewis contra las cuerdas, pero la respuesta fue inmediata y contundente: 8.76 (+0.8).

 

 

Y hablo de este concurso para destacar de nuevo la capacidad competitiva de Lewis cuando le achuchaban y porque según el libro “The History of the United States Olympic Trials – Track & Field” el siguiente salto de Carl Lewis fue un nulo de nueve metros. No tengo imágenes del salto, solo el dato del libro

 

 

Bob Beamon era la sombra de Carl Lewis y Carl Lewis era la sombra de Bob Beamon

 

 

En los Juegos Olímpicos de Seúl’88, tras el follón de los 100 metros lisos (corrió en 9″92, récord mundial tras la anulación de los resultados de Ben Johnson) llegó la longitud. La final, como otras veces, se disputó el mismo día que dos carreras de 200 metros pero esta vez no se reservó como cuatro años atrás y realizó los seis intentos. Y en aquella final hubo un salto muy interesante, probablemente otra “bala perdida”: Lewis ganó el oro con un salto de 8.72 (-0.2) en el cuarto intento… sin casi pisar la tabla. Es decir, con este salto –ojo, con viento en contra– Lewis pudo haber igualado tanto el récord mundial como el récord olímpico (vigente en 2016) de Bob Beamon. No conozco una imagen directa de la batida pero se ve bastante bien en la captura del vídeo

 

 

1989 y 1990 fueron años flojos, de transición. Nada destacable para este repaso.

 

Y en 1991 todos lo que estáis leyendo esto sabéis que se disputó el mundial de Tokio y todos sabemos que allí sucedieron muchas cosas, algunas de ellas ya han sido comentadas.

 

Carl Lewis comenzó ese mundial ganando los 100 metros con un nuevo récord del mundo (9”86), lo que puso a flor de piel la idea de que, por fin, el récord de Bob Beamon podía ser superado. Lo que no había logrado el Lewis veinteañero parecía estar más cerca que nunca de un Carl Lewis que ya había cumplido los treinta años

 

 

Y llegó la final de la longitud y pasaron cosas inesperadas e inesperables. Lewis perdió por primera vez en casi once años y Bob Beamon perdió el récord mundial porque en el quinto intento Mike Powell llegó a 8.95 (+0.3), mejorando su marca personal en 29 centímetros y en 41 su mejor salto legal de la tarde.

 

 

Pero sobre el concurso de Carl Lewis de aquel histórico 30 de agosto de 1991 hay varias cosas que decir:

 

En primer lugar se puede destacar que fue, con diferencia, el mejor concurso de todos los tiempos con una serie brutal: 8.68 (0.0), nulo, 8.83 (+2.3), 8.91 (+2.9), 8,87 (-0.2), 8.84 (+1.7). Una media de 8.826 metros para los cinco saltos válidos. Y por comentar, el nulo del segundo intento también fue de 8.80 aproximadamente.

 

En el 8.68 m. de la primera ronda se dejó 12 centímetros en la tabla. El salto “real” fue de 8.80 metros.

 

 

El 8.91 (+2.9) del cuarto intento fue el primer salto medido más largo que el de Bob Beamon.

 

 

La batida fue perfecta

 

 

Y tras el 8.95 de Mike Powell, Lewis dispuso de dos intentos en los que vendió realmente caro su pellejo con los dos saltos legales más largos de toda su vida, ambos por encima de los 29 pies. Ambos saltos, que no impidieron su derrota, tienen detalles reseñables:

 

El 8.87 m., finalmente el mejor salto legal de su vida, lo hizo con un viento en contra de -0.2 (¡¡!!). Y el aterrizaje fue una “culada en bomba” en la que con los talones alcanzó una distancia gigantesca. Todo anecdótico, por supuesto

 

 

Y en el último llegó a 8.84 (+1.7) mientras Mike Powell rezaba a todos sus dioses para que no se repitiera ese sexto salto milagroso con el que Lewis había conseguido tantas victorias; la última diez semanas atrás, en los campeonatos de los Estados Unidos, donde Lewis ganó por un solo centímetro a Powell (8.64 contra 8.63) en su último intento.

 

En Tokio Carl Lewis se jugaba mucho antes de ese último salto y si algo tendría claro antes de lanzarse por el pasillo es que el salto tenía que ser obligatoriamente válido. Y lo fue. No existe, que yo sepa, la toma directa de la batida, debe de estar durmiendo en algún archivo japonés; pero hace poco he conseguido un fotograma suficientemente bueno y me he llevado una gran sorpresa: Carl Lewis se dejó al menos media tabla, su salto “real” fue de 8.94-8.96 metros. Fijaos:

 

 

Sé que estoy hilando fino con trazo grueso pero yo diría que fue una batida casi idéntica a la del 8.68 del primer intento. Estos son los mejores fotogramas que he encontrado

 

 

Parece mentira pero Lewis estuvo mucho más cerca de lo que imaginaba de darle la vuelta al concurso.

 

Carl Lewis ha declarado alguna vez que si hubiera batido el récord de salto de longitud ese día en Tokio se habría retirado; quizá no del Atletismo pero sí del salto de longitud y de los dolores de espalda que le provocaba. Pero no fue así y eso nos llevó a los aficionados a disfrutar de sus saltos (y carreras) algunos años más. Grandes victorias le aguardaban aún pero ciertamente no volvió a alcanzar los niveles de marcas de los once años anteriores.

 

Como últimas reseñas destaco un 8.72 (+2.2) el 24 de mayo de 1992 y el 8.68 (+1.0) de la ronda de calificación en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, con el que dejó boquiabiertos a todos los presentes incluido el plusmarquista mundial (ver vídeo). Es el mejor salto legal de la historia en una calificación (él mismo tiene dos calificaciones de 8.73 m. pero ventosas en 1981 y 1983).

 

 

Al día siguiente ganó su tercer oro olímpico consecutivo con un mejor salto de 8.67 (-0.7) en un difícil concurso con vientos contrarios en el que Mike Powell llegó a 8.64 (-0.5) en su sexto intento. En 1993 no saltó ni una vez, y en 1994 en tan solo dos competiciones de longitud llegó a un ventoso 8.72 (+3.9) en el primer concurso en altitud de su vida.

 

Quizá su novena medalla de oro olímpica, la cuarta consecutiva en longitud, conseguida en Atlanta’96, sea algún día estímulo para escribir otro post Lewisiano, pero eso ya se verá. Hoy cierro este trabajo sobre los grandes saltos visibles e “invisibles” de Carl Lewis. He disfrutado mucho desarrollándolo y espero que alguien haya disfrutado leyéndolo entero.

 

Mi conclusión se parece a lo dicho por Iván Pedroso: es sorprendente que Carl Lewis no consiguiera superar legalmente los 8.90 metros de Bob Beamon. Parece bastante claro, a la vista de las imágenes y los números, que no fueron pocas las ocasiones perdidas o las ocasiones “desperdiciadas”, sobre todo en el período 1982-84. Probablemente fue víctima de su propia versatilidad, de la prudencia pre-olímpica, de tener que saltar casi siempre con más pruebas en las piernas y, por qué no decirlo, de su falta de interés por competir en altitud. En mi modesta opinión una pena y un duro castigo deportivo sobre los hombros del mejor atleta de todos los tiempos. Pero la justicia poética escribe poemas, canciones y artículos en blogs pero no escribe la historia, que es la que es.

 

Acabo el artículo con este vídeo de los seis mejores saltos legales de Carl Lewis.

 

 

 

Ver Post >
CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (Capítulo 4)
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Juan Carlos Hernández | 03-04-2016 | 12:56| 0

CAPÍTULO 1 => AQUÍ

 

CAPÍTULO 2 => AQUÍ

 

CAPÍTULO 3 => AQUÍ

 

Quizá espoleado por su ambición, quizá espoleado por la mejora de sus rivales, en 1987 Carl Lewis volvió a mostrar sus mejores armas. Tras una pista cubierta dedicada a las carreras cortas, en su primer concurso al aire libre hizo lo que nadie había hecho antes ni nadie ha vuelto a repetir después: 6 saltos (tres ventosos, eso sí) por encima de los 8.60 metros: 8.64 (+2.4), 8.66 (+2.3), 8.63 (+0.8), 8.77 (+3.4), 8.66 (+0.8), 8.66 (-0.5). [El 21 de julio de 1992 Mike Powell hizo un concurso aún mejor pero con todos los saltos ventosos y en altitud: 8.65 (+3.7), 8.75 (+3.4), 8.80 (+3.0), 8.85 (+3.8), 8.99 (+4.4), 8.84 (+4.0)].

 

 

En este artículo estoy intentando centrarme en los asaltos reales de Carl Lewis al “Ocho Noventa” de Bob Beamon, y aunque este concurso es único estadísticamente hablando, Lewis se quedó bastante lejos. Aún así he querido destacarlo por su componente de “resurrección” y porque en el quinto intento, 8.66 (+0.8), Lewis no pisó la tabla, es decir que fue un salto “real” de 8.85/8.86, que pudo haber sido su mejor marca de siempre y su primer salto oficial de más de 29 pies (8.84 m.)

 

 

Y sin embargo un mes más tarde, el 22 de mayo, no fue Lewis sino Robert Emmiyan el segundo atleta que superaba los 29 pies: 8.86 (+1.9) en la altitud de Tsakhkadzor. Sobre este salto no sé qué pensar, hay quienes lo ponen en cuestión y lo consideran una herramienta más de la guerra fría que aún dividía el mundo en 1987. En cualquier caso el dato está ahí, en los listados y estadísticas, y Lewis también tuvo que lidiar con un rival con una marca oficial de 8.86 m., mejor que sus 8.79 de 1983.

 

 

El 16 de agosto, en la pista talismán de Indianápolis, con motivo de los Juegos Panamericanos, Lewis disputó otro concurso de altas expectativas. Otro día de vientos fuertes y cambiantes le hicieron rendir a un altísimo nivel pero alejado de Beamon: 6.89 (-2.6), 8.75 (+2.1), 8.53 (+1.0), 8.75 (+1.7), 8.68 (+3.7), 8.68 (+4.1)

 

 

Llegó el mundial de Roma’87 y más de lo mismo. En el 100 mejoró su marca personal (9”93, récord mundial igualado tras la anulación posterior de las marcas de Ben Johnson) y en el salto de longitud hizo un concurso magnífico pero lejos de Beamon: 8.67 (+0.4), 8.65 (+0.6), 8.67 (-0.1), 8.43 (+1.6), nulo, 8.60 (+0.2). La presencia de Emmiyan, segundo con 8.53 m., tampoco le dejaba margen de error.

 

 

Traigo este concurso a este trabajo porque circula por Internet el dato erróneo de que en el primer intento (8.67) Lewis se dejó 17 centímetros en la batida, lo que supondría un salto “real” de 8.84 (29 pies). Y demuestro que es erróneo con la imagen de las cinco batidas válidas de Lewis en Roma’87.

 

 

En la gira post mundialista de 1987 ya no volvió a saltar.

 

1988, de nuevo año olímpico y, como todos sabemos, con la carrera más famosa de todos los tiempos en el horizonte. Sin duda esa carrera de 100 metros condicionó toda su preparación, pero yo sigo con la longitud.

 

En el salto de longitud de las pruebas de selección olímpicas, una vez más en Indianápolis, y de nuevo coincidiendo ese día con dos carreras de 200 metros, sucedieron algunas cosas interesantes. Las dos primeras rondas se disputaron bajo un tremendo aguacero. Lewis dominaba con 8.59 (+3.2) cuando se aplazó el concurso. Pasada la tormenta Larry Myricks hizo el mejor salto de su vida, 8.74 (+1.4), que puso a Lewis contra las cuerdas, pero la respuesta fue inmediata y contundente: 8.76 (+0.8).

 

 

Y hablo de este concurso para destacar de nuevo la capacidad competitiva de Lewis cuando le achuchaban y porque según el libro “The History of the United States Olympic Trials – Track & Field” el siguiente salto de Carl Lewis fue un nulo de nueve metros. No tengo imágenes del salto, solo el dato del libro

 

 

Bob Beamon era la sombra de Carl Lewis y Carl Lewis era la sombra de Bob Beamon

 

 

En los Juegos Olímpicos de Seúl’88, tras el follón de los 100 metros lisos (corrió en 9″92, récord mundial tras la anulación de los resultados de Ben Johnson) llegó la longitud. La final, como otras veces, se disputó el mismo día que dos carreras de 200 metros pero esta vez no se reservó como cuatro años atrás y realizó los seis intentos. Y en aquella final hubo un salto muy interesante, probablemente otra “bala perdida”: Lewis ganó el oro con un salto de 8.72 (-0.2) en el cuarto intento… sin casi pisar la tabla. Es decir, con este salto –ojo, con viento en contra– Lewis pudo haber igualado tanto el récord mundial como el récord olímpico (vigente en 2016) de Bob Beamon. No conozco una imagen directa de la batida pero se ve bastante bien en la captura del vídeo

 

 

1989 y 1990 fueron años flojos, de transición. Nada destacable para este repaso.

 

(TERMINARÁ)

 

 

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CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (Capítulo 3)
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Juan Carlos Hernández | 03-04-2016 | 12:57| 1

CAPÍTULO 1 => AQUÍ

 

CAPÍTULO 2 => AQUÍ

 

1984, año olímpico. En febrero saltó, como también se ha dicho ya, 8.79 m. en pista cubierta (“objetivamente más valioso que el 8.90 de Beamon” dijeron las crónicas durante años), igualando su registro al aire libre y plusmarca mundial indoor todavía hoy, en 2016. Lo hizo en el sexto intento, al que llegó en segunda posición tras Larry Myricks.

 

 

El 13 de mayo, en Los Ángeles, saltó 8.71 (-0.3) en un concurso con cuatro nulos. Según las crónicas uno de ellos debió rondar los 9 metros. Os dejo el dato y la opinión de Lewis sobre los nulos (“Puedes saltar 50 pies, pero si te pasas de la línea no cuenta”)

 

 

 

En los Trials olímpicos, tras saltar 8.71 (+0.1) a la primera y un segundo intento fallido (5.73) guardó fuerzas para dos carreras de 200 del día siguiente.

 

 

Carl Lewis salvó con éxito el enorme desafío de igualar en Los Ángeles’84 las mismas cuatro medallas de oro que Jesse Owens había ganado en Berlín’36: 100 y 200 metros, salto de longitud y relevos 4×100. Durante la final de la longitud fue silbado por parte del público que no vio con buenos ojos que tras un primer intento ganador de 8.54 (-1.6) y un nulo, dejara de competir para reservar fuerzas para el 200 y el 4×100.

 

Tras la paliza olímpica no creo que Lewis tuviera en mente los récords mundiales (quizá el de 100), pero al hilo de la opinión de Iván Pedroso que he compartido antes, resulta destacable que durante la gira post olímpica Lewis participó en tres carreras de 100, dos de 4×100, una de 200, otra de 300 y solamente un concurso de longitud (8.65 m., +0.2).

 

 

Con los cuatro oros en el bolsillo Carl Lewis ya se había ganado para siempre su lugar entre los dioses del Olimpo, pero él mismo era consciente de que a su palmarés le faltaba un doble reto: el récord mundial de los 100 metros (Calvin Smith, 9”93) y el “Ocho Noventa” de Beamon en la longitud. Triple reto si contamos el de 200 (Pietro Mennea, 19”72).

 

Y 1985, sin grandes campeonatos, era el año perfecto para agrandar, si eso era posible, el mito Lewis.

 

Tras una pista cubierta aceptable, en su segunda carrera al aire libre ya se supo que en 1985 Lewis no iba a defraudar: el 28 de abril corrió un 100 ventoso en 9”90 (+2.5), el récord mundial parecía estar cerca. Y en salto de longitud el día elegido fue el 18 de mayo. Quizá por primera vez en su carrera se llegó a publicitar en la televisión nacional estadounidense el intento de Carl Lewis por superar el récord mundial de Bob Beamon

 

 

Pero nada salió bien. En un día ventoso Lewis llegó a saltar 8.77 (+3.9) en el cuarto intento. Y en el quinto se lesionó.

 

 

 

Lo que parecía una pequeña lesión debió ser algo más porque tras un mes sin competir se presentó a la prueba de los 100 metros del campeonato de los Estados Unidos… ¡y no pasó la primera ronda!

 

Tras otro mes en el dique seco, alguien debió pagarle muy bien para que corriera el 100 del mitin de Zúrich el 21 de agosto. Otro fiasco. Cuarto con la misma marca que el quinto (10”31, -0.6) y primera derrota ante el hombre que iba a marcar los siguientes tres años del Atletismo y de la propia trayectoria de Carl Lewis: Ben Johnson.

 

Como en este artículo pretendo centrarme en el salto de longitud diré que, aunque fue remontando, incluso en un estado de forma tan flojo Lewis fue capaz de saltar 8.62 (+0.0) en el único concurso serio de la temporada de 1985. Y se dejó un buen trozo en la batida, el salto “real” quizá fue de 8.75/8.79 metros

 

 

Así que sí, 1985 fue el “año de los récords”, pero no por los que consiguió Carl Lewis, que no logró ninguno, sino por los de 1500 (dos veces), milla, 2000, 5000, maratón, salto de altura (dos veces), salto con pértiga, triple salto y lanzamiento de peso. Y hablo solo de la categoría masculina. Tras cuatro años consecutivos siendo la gran estrella del Atletismo, el balance de 1985 fue muy pobre.

 

Y si 1985 fue un mal año en términos generales, 1986 fue mucho peor. Planteado de transición, Carl Lewis solo brilló vagamente en su campeonato nacional, donde ganó el 100 con 9”91 (+4.5), y la longitud, con un salto de 8.67 (+3.3) con el que superó en el sexto intento a Mike Conley que había saltado 8.63 (+3.9).  El resto del año, además de mediocre, destacó por ver cómo se agigantaban sus rivales: Ben Johnson hizo 9”95 en el 100 y Robert Emmiyan fue el mejor del año en longitud con un salto de 8.61 (-0.3).

 

(CONTINUARÁ)

 

 

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CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (Capítulo 2)
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Juan Carlos Hernández | 03-04-2016 | 11:11| 2

Capítulo 1 => AQUÍ

 

En 1981 Carl Lewis se convirtió en el segundo atleta, tras Bob Beamon, en superar la barrera de los 8.60 metros, con el salto de 8.62 m. que he citado como plusmarca de atleta menor de veinte años (más datos en el post “Carl Lewis en el anuncio del coche”). Esa era su marca personal, la marca con la que se presentó en el National Sports Festival el 24 de julio de 1982.

 

Y a pesar de todo lo expuesto hasta ahora, la prensa del 25/26 de julio no habló del hipotético nulo de los 30 pies, la prensa de ese día habló del quinto intento del concurso: un 8.76 (+1.0) con el que Carl Lewis volvió a dar un mordisco de 14 centímetros en la pelea por acercarse al “Ocho Noventa” de Bob Beamon. Ese salto sí fue noticia mundial, incluida la prensa española:

 

 

 

Ha quedado dicho que antes del nulo de los 30 pies hizo otros dos nulos que rondaron los nueve metros. No conozco ninguna imagen que quite o dé validez al dato. Lo que sí ha llegado recientemente a mis manos es el vídeo del 8.76 (+1.0). Aquí lo tenéis, atentos que tiene sorpresa:

 

 

¿Alguien ha visto lo mismo que yo? Intentando evitar un quinto salto nulo casi no pisó la tabla de batida, por lo que el salto “real” de Carl Lewis fue OBJETIVAMENTE más largo que el 8.90 de Beamon; fue un salto de 8.92, quizás 8.94 metros. Os dejo tres fotogramas para que no haya dudas. Pinchad en la imagen si queréis ampliarla:

 

 

Así que yo no sé si el cuarto intento de aquel día fue considerado justa o injustamente como nulo, ni si fue de 9.14 metros o menos. Pero sí sé que el quinto intento, medido REGLAMENTARIAMENTE en 8.76 m., fue un salto más largo que el de Bob Beamon. Por supuesto, sé que no estoy hablando de Atletismo sino de “atletismo ficción”, eso sí, basado en este caso en hechos reales y objetivos.

 

Tras ver este vídeo tengo muy claro que el “Ocho Noventa” de Bob Beamon siguió “vivo de milagro” después de aquel concurso del 24 de julio de 1982. Carl Lewis tenía 21 años recién cumplidos y yo estoy seguro de que jamás imaginó que el récord de Beamon se le atragantaría tanto.

 

El caso es que a partir de 1982 Carl Lewis y su entorno tuvieron que tomar algunas decisiones importantes, y la primera fue que si querían afrontar el reto de los CUATRO OROS OLÍMPICOS en 1984 tenían que empezar a trabajar en ello desde entonces. Las pruebas de fuego de 1983 fueron los campeonatos de Estados Unidos, donde ganó el 100, el 200 y la longitud, y el mundial de Helsinki, donde ganó el 100, la longitud y el relevo 4×100.

 

Volviendo a la longitud, en esos campeonatos de los Estados Unidos Lewis consiguió, con 8.79 (+1.9), la que fue su mejor marca hasta los mundiales de Tokio’91.

 

 

Dos días antes había participado en un 100, en un 200 y había saltado 8.73 (+3.2) en la calificación de la longitud. La víspera había corrido y ganado la semifinal y la final de los 100 metros, y ese día, 19 de junio, solo pensaba hacer un salto porque había corrido un 200 por la mañana y le quedaba la final tres horas más tarde. A la vista del 8.79 m. Lewis se salió del guion y probó un segundo salto: 8.71 (+0.6). Y lo dejó ahí, otro concurso en el que, quién sabe, quizá desperdició alguna bala para acercarse o superar a Beamon. Como apunte, en la final de 200 hizo 19”75 (+1.5) dejándose ir los últimos quince metros, a tres centésimas del récord mundial de Pietro Mennea. 19”75, registro al que se acercó varias veces pero que nunca mejoró.

 

 

(CONTINUARÁ)

 

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CARL LEWIS Y LOS 30 PIES, CARL LEWIS Y EL OCHO NOVENTA (Capítulo 1)
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Juan Carlos Hernández | 03-04-2016 | 11:07| 0

 

Cuenta la leyenda que un lejano día de 1982 Carl Lewis saltó 30 pies (9.14 metros). La leyenda asegura que no dejó ninguna marca en la plastilina pero que un meticuloso juez de batidas apreció que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea y lo consideró nulo. La leyenda afirma que mientras Carl Lewis debatía con el juez borraron la huella en la arena, la huella que pudo haber cambiado para siempre el salto de longitud y la carrera deportiva de Carl Lewis. Porque si algún fantasma persiguió a Carl Lewis durante los lustros que duró su reinado fue la sombra de Bob Beamon y su “Ocho Noventa”…

 

 

¿Y qué hay de verdad en la leyenda del salto de 30 pies? Aún digo más: ¿cuántas veces saltó Carl Lewis más que Bob Beamon sin que la medición lo reflejara? Sí, me estoy refiriendo a esos nulos gigantescos no medidos de los que hablé hace poco en el post “Iván Pedroso más allá de los 9 metros”, y también me estoy refiriendo a ese “atletismo ficción” en el que los saltos podrían medirse desde donde salta el atleta y no desde una línea fija, un tema que ya traté en el post “Batir o no batir”.

 

Así que antes de adentrarnos en las leyendas y en la ficción repasemos la historia. Abróchense los cinturones, que la cosa va de vuelos.

 

 

El 18 de octubre de 1968, en la primera ronda de la final del salto de longitud de los Juegos Olímpicos de México, el atleta estadounidense Bob Beamon hizo papilla el récord mundial de la especialidad con un vuelo de 8.90 metros. La plusmarca recién vapuleada pertenecía, con 8.35 m., al también estadounidense Ralph Boston y al soviético Igor Ter Ovanesian. Ambos estaban en la final de México y ambos fueron testigos directos de la proeza de Beamon. Boston fue quien tradujo el registro al sistema métrico anglosajón: “¡¡Has saltado más de 29 pies!!”. Ter Ovanesian entendió lo que acababa de suceder: “Comparado con este salto los demás somos niños”. El británico Lynn Davies, campeón olímpico en Tokio’1964, también presente en la final, también lo tuvo claro: “Has destrozado esta prueba”.

 

Esos 55 centímetros de mejora súbita en el salto de longitud eran casi dos pies en el mundo anglosajón. El récord mundial pasó en un suspiro de 27 pies 4 ¾ pulgadas a los 29 pies 2 ½ pulgadas, por lo que Bob Beamon fue el primer atleta que superó los 28 pies (8.53) y los 29 pies (8.84). El mundo asistió atónito a lo que hoy se sigue considerando el mayor o uno de los mayores logros deportivos de la historia.

 

 

Uno de los miles o millones de niños que dibujaron dos rayas en el suelo separadas 8.90 metros o 29 pies 2 ½ pulgadas se llamaba Carl Lewis. Como cualquier niño o adulto que lo hiciera o lo haga hoy en día quedó maravillado con la distancia. Lo que nadie podía prever era lo ligada que llegó a estar la hazaña de Beamon a la gigantesca trayectoria atlética de Carl Lewis.

 

Carl Lewis fue (casi) todo lo que se puede ser en el salto de longitud. Fue cuatro veces campeón olímpico (1984, 88, 92, 96), dos veces campeón del mundo cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años (1983, 87), más la plata de 1991 que ganó con un ventoso 8.91 (+2.9) en el primer concurso que perdía tras los diez años y siete meses que permaneció invicto en la prueba, concurso en el que Bob Beamon también perdió el récord mundial a manos de Mike Powell y sus 8.95 metros. También fue tres veces plusmarquista mundial indoor: 8.49 en 1981, 8.56 en 1982 y 8.79 en 1984; de hecho lo sigue siendo actualmente con esos 8.79 de 1984. También sigue teniendo todavía la mejor marca mundial para menores de 20 años con 8.62 m. (1981) y la mejor marca mundial de mayores de 35 años con 8.50 m. (1996) igualado con Larry Myricks. Estadísticamente se puede añadir que veinte años después de su último concurso sigue siendo, con diferencia, el atleta con más saltos legales por encima de 8.80, de 8.70, de 8.60 o de 8.50. Teniendo en cuenta que durante buena parte de su carrera el salto de longitud no fue su prioridad… ¡¡¡NO ESTÁ MAL!!! Podéis repasar algunos números en el post “Carl Lewis volador”.

 

 

Pero con todas estas medallas olímpicas, mundialistas, récords mundiales indoor, plusmarcas y estadísticas abrumadoras… ¿qué le faltó a Carl Lewis en el salto de longitud? Pues ya lo he dicho al principio y creo que lo sabemos todos: Carl Lewis no consiguió nunca el récord mundial al aire libre. No pudo con los 8.90 de Bob Beamon ni con los 8.95 de Mike Powell.

 

Y ya retomo la cuestión inicial: ¿no pudo o sí pudo?

 

Una opinión bastante generalizada, quizá unánime, con la que yo estoy de acuerdo, es que si Carl Lewis no consiguió el récord mundial fue por haber compaginado el salto de longitud con otras pruebas. Aparte de combinar entrenamientos multidisciplinares al más alto nivel, echando un vistazo a los calendarios de las grandes competiciones vemos, por ejemplo, que en los Mundiales de Helsinki’1983 la final de la longitud le coincidió con dos carreras de 4×100, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y en los de Seúl’88 con dos carreras de 200; lo mismo que el día que saltó 8.79 m., la que fue su mejor marca desde 1983 hasta 1991. Y más o menos lo mismo en Trials de selección y en campeonatos de los Estados Unidos.

 

El gran heredero Iván Pedroso lo resume muy bien en esta entrevista:

 

 

Y tras estos rodeos llego al día del salto de los 30 pies, el día en que si la leyenda fuera cierta, Carl Lewis, que ya era desde 1981 “el nuevo Jesse Owens”, pudo haber sido “el nuevo Bob Beamon”, algo que nunca sabremos cómo habría afectado a sus siguientes años como atleta.

 

El 24 de julio de 1982, en el National Sports Festival disputado en Indianápolis, Carl Lewis simultaneó dos pruebas: el salto de longitud y el relevo 4×100. Tras dos saltos nulos que las crónicas de la época ya estimaban cercanos a los nueve metros (otras fuentes dicen que tras el primer nulo pero yo me sumo a la versión de los dos nulos), fue a correr su posta del relevo junto a Michael Miller, Calvin Smith y Stanley Floyd. Volvió al pasillo de saltos. Otro nulo, esta vez chapucero. De ahí fue requerido para la ceremonia de entrega de medallas del 4×100.

 

El día anterior un periodista le había preguntado si era posible verle saltar 30 pies. La respuesta fue prudente: “Eso es impredecible, todavía no he saltado 29”. Presente en el concurso, el saltador Jason Grimes se acercó a Dwight Stones, leyenda del salto de altura con dos bronces olímpicos y ex plusmarquista mundial, locutor para la ABC Olympics y le dijo: “¿Quieres ver un salto de 30 pies? Vente a ver esto ya”.

 

Y en el cuarto intento Carl Lewis voló. Y voló. Él y todos los presentes supieron que había sucedido algo grande. Pero para disgusto de todos, el juez levantó la bandera roja. Carl Lewis estaba convencido de haber llegado muy lejos, sin duda más allá de los 8.90, quizá 30 pies, y también estaba convencido de que el salto NO había sido nulo. Los testigos, incluidos Dwight Stones y Jason Grimes, afirman que no había ninguna marca en la plastilina. Lewis, enfadado, pidió que se la mostraran, pero ya daba igual, ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron la huella de caída en la arena.

 

El palmarés de Carl Lewis acabó siendo tan grande y repleto de medallas que esto quedó en una anécdota de sus inicios. Solo conozco una entrevista de 1991 en la que le preguntaran por aquello, aunque sí lo he visto reflejado en algún artículo de 1982. Sin embargo, en su autobiografía “Carl Lewis en pista” (1992) lo deja caer al hablar de los Pan Americanos de 1987 que se disputaron en la misma pista de Indianápolis:

 

 

El salto circula por Internet hace tiempo en un documental. Lo he recortado y subido a YouTube. Se puede ver el salto y el cabreo/disgusto de Lewis.

 

 

La batida no se aprecia y el aterrizaje es difuso. Es un acto de fe en los testimonios creer que el aterrizaje se produjo tan lejos, y en la cuestión de la batida nula el juez tuvo la primera y la última palabra, lógicamente. Nunca se sabrá si el exceso de celo por parte de un juez nos privó de la mayor proeza Lewisiana en lo que a récords se refiere, pero en su descarga aporto este fotograma del segundo intento de aquel día en el que no podrá decirse que no prestaba atención:

 

 

Y este ha sido el relato de la parte histórica de la leyenda del salto de los 30 pies, si se me permite la expresión. Sin embargo, pasaron tan solo unos minutos para que Carl Lewis escribiera su siguiente gran renglón deportivo.

 

(CONTINUARÁ)

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IVÁN PEDROSO: MÁS ALLÁ DE LOS 9 METROS
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Juan Carlos Hernández | 26-01-2016 | 23:28| 5

 

Para un enamorado del salto de longitud como yo era una asignatura pendiente desde hace tiempo desarrollar un post protagonizado por IVÁN PEDROSO.

 

Sin contar a Bob Beamon y su anómalo “Ocho Noventa”, Iván Pedroso es, en mi modesta opinión de aficionado, uno de los tres GIGANTES del salto de longitud contemporáneo, junto a Carl Lewis y Mike Powell. A Larry Myricks, Robert Emmiyan, Dwight Phillips o Irving Saladino, enormes los cuatro, yo los coloco en otro peldaño.

 

Son muchos los méritos de Iván Pedroso: campeón olímpico en Sídney’2000, cuatro veces campeón del mundo al aire libre (1995/97/99/2001) y cinco en pista cubierta (1993/95/97/99/2001). Un palmarés abrumador.

 

Títulos aparte, Pedroso también fue el perjudicado protagonista de un récord del mundo (8.96) que finalmente le fue arrebatado por irregularidades en la medición del viento.

 

Pero la chispa que me ha apetecido agrandar en este post se me ha encendido tras ver, por enésima vez, este famoso vídeo de “Iván Pedroso más allá de los 9 metros”, que os invito a ver o a volver a ver:

 

 

Durante sus mejores años Pedroso fue, como hemos visto, un ganador de medallas de oro, un verdadero killer en la gran competición; y, por otro lado, sabiéndose el heredero natural de Beamon, Lewis, y Powell, intentó muchísimas veces ese salto perfecto que le diera la inmortalidad en las listas de grandes marcas.

 

Para ello Pedroso repitió a menudo este esquema: tras un primer o segundo salto “ganador” se dedicaba a hacer saltos “en bomba” en busca del infinito. Esto sobrecargó su estadística invisible de saltos nulos larguísimos y la visible de saltos mediocres cuando la bomba arruinaba su depuradísima técnica.

 

Al repasar sus concursos principales, sorprende a quienes le vimos saltar tan y tan lejos que su mejor marca oficial sea solamente 8.71 (+1.9), marca hecha en Salamanca el 18 de julio de 1995, con un 8.70 (+1.6) de segundo mejor registro, y un 8.68 (+1.6) y un 8.66 (+0.3) de tercero y cuarto. Ventosos y en altitud sí tiene el 8.96 del récord anulado y un 8.89 del mismo concurso.

 

En este extracto de entrevista está clara la pregunta y aún más clara la respuesta:

 

 

1995 fue el año de las grandes marcas de Pedroso. En 1995, del 17 de junio al 22 de agosto, hizo todos los saltos que he citado hasta ahora. En las crónicas de la época mencionan un nulo MEDIDO (¿?) de 9.03 metros durante los Pan Americanos de Mar de Plata (Argentina) realizado el 19 de marzo, cuyas condiciones de viento o del propio nulo ignoro. Ese día venció con 8.50 (+0.9)

 

En 1996 sufrió una lesión grave en el músculo membranoso que le hizo pasar por el quirófano, le impidió participar en condiciones en los Juegos Olímpicos de Atlanta’96 (12º en la Final con 7.75, a la que llegó con un salto de 8.05 en la calificación) y truncó su progresión.

 

 

Una vez recuperado Pedroso volvió a ser el gran killer vencedor, pero las estadísticas nos indican que ya no voló tan lejos. Eso sí, lo siguió intentando; en los Mundiales de Atenas’97, tras su primer salto ganador (8.42) encadenó cuatro nulos y un 7.60  final siguiendo su esquema a la caza de los nueve metros. Aquí su declaración posterior al concurso:

 

 

Y aquí uno de esos nulos (viento imperceptible) en el que aterriza en torno a los 8.90 que he subido a YouTube:

 

 

Pero volvamos a la chispa inicial, volvamos a 1995 y al vídeo del más allá de los 9 metros. Vuelvo a ponerlo:

 

 

El salto en cuestión está hecho en el estadio ‘La Peineta’ de Madrid el 20 de junio de 1995. Pedroso había saltado 8.68 (+1.6) tres días antes en Lisboa, y para ese mitin en Madrid estaba anunciado un duelo entre Pedroso y el plusmarquista mundial Mike Powell, que el fin de semana anterior había ganado los Trials de su país para acudir a los Mundiales de Gotemburgo con una marca ventosa de 8.55 (+3.6)

 

En ‘La Peineta’ el concurso de Pedroso volvió a ajustarse al esquema mencionado: un primer vuelo de 8.73 (+4.8), nulo, 7.23 (+3.2), 7.79 (+5.4), nulo, nulo.

 

Me sorprende que la prensa española destacara más que al final Mike Powell no viajó desde los Estados Unidos por un problema de espalda que el gran estado de forma o el sorprendente concurso que realizó Iván Pedroso a pesar de los nulos. Yo creo que Pedroso, que tenía veintidós años y medio, estaba más que consolidado en el panorama internacional, y sus registros previos le colocaban ya muy por delante de un Mike Powell alejado de su mejor momento (de hecho acabó 5º en el Mundial)

 

 

 

 

Repasando los recortes, sobre los que podéis pinchar para agrandarlos, se descubre inmediatamente cuál fue el gran aliado de Pedroso aquella tarde madrileña: EL VIENTO. Durante todo el mitin se estuvieron midiendo ráfagas de viento de 4 a 10 metros por segundo. El huracán fue el titular de prensa y Pedroso no fue ni el atleta más destacado, honor que recayó sobre el triplista Yoelbi Quesada, que “igualó” el récord mundial de triple salto con una marca de 17.97 metros, eso sí, empujado por un viento de +7.5.

 

Circula por Internet una entrevista a Pedroso en la que le muestran el vídeo del más allá de los 9 metros… y se le encienden los ojos y una enorme sonrisa ilumina su rostro. Su comentario:

 

“Oooh… (se ríe), fue un día formidable para mí. Aunque era un día de viento pero el salto fue, prfff, un salto nulo de más de nueve metros. Creo que todo el que vea ese salto se asombra, ¡hasta yo que fui quien lo hizo! Uno de los saltos más… mejores de mi carrera deportiva”.

 

Es una pena que la calidad del vídeo sea tan baja. Eso nos priva de dos cosas:

 

1.- Apreciar si el nulo fue por mucho o por poco. Tras el salto Pedroso se acerca a la tabla de batida y el juez le muestra la marca del nulo. Pero se ve de pena

 

 

2.- Ver con claridad si la huella de caída está realmente más allá de los 9 metros. Cualquier aficionado sabe que el ojo engaña mucho casi siempre, y a veces muchísimo.

 

 

Llegado a este punto debo reconocer que yo siempre he preferido los vídeos de los saltos legales de Pedroso que este de los nueve metros cuya calidad nunca me ha mostrado ni la huella de despegue ni la de aterrizaje. Y más sabiendo que soplaba un vendaval a favor.

 

Pero repasando la crónica del mitin publicada en la revista “Atletismo Español” me he llevado una doble sorpresa:

 

1.- Según el relato de José Luis Hernández, Pedroso no hizo un salto nulo por encima de los nueve metros sino DOS

 

 

2.- Publican una foto (de Polavieja o Marquina, ¡que se manifiesten, por favor!) que confirma que la huella está indiscutiblemente por encima de los nueve metros; e indirectamente confirma el punto anterior: el juez sentado entre el 8 y el 9 no aparece en el vídeo, por lo que no es el mismo salto.

 

 

Resumiendo: el 20 de junio de 1995, en una ventosa tarde madrileña, Iván Pedroso aterrizó dos veces más allá de los nueve metros. Como fueron nulos y no sabemos desde dónde fue el despegue en la batida nunca sabremos la magnitud de los saltos. Por eso este vídeo solo sirve para el disfrute visual de los aficionados, y para lamentar, por qué no, que si alguno de ellos hubiera sido válido en la batida quizá los amantes de los números y del salto de longitud tendríamos un salto medido de más de nueve metros. Pero no pudo ser, ese “récord oficioso” lo sigue teniendo Mike Powell con 8.99 A (+4.4).

 

Cierro este post con un lamento y dos peticiones: parece mentira pero en Internet NO CIRCULA el vídeo del mejor salto legal de Iván Pedroso, el 8.71 conseguido en Salamanca el 18 de julio de 1995. Así que si alguien lo tiene grabado, por favor, que lo haga circular. O que se ponga en contacto conmigo a través de este blog.

 

Y lo mismo digo del concurso del 20 de julio de 1995 en Madrid que ha sido mi motivación para este artículo. Si alguien tiene grabados más saltos de Pedroso aquel día o en mejor calidad, que me escriba, por favor. Gracias.

 

 

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FLORENCE GRIFFITH Y EL VENDAVAL DEL 10″49 (NUEVA AMPLIACIÓN)
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Juan Carlos Hernández | 27-09-2015 | 16:19| 2

(Casi todas las fotos de este trabajo se amplían si se pincha sobre ellas)

 

 

I. INTRODUCCIÓN

Este post pretende ser la recopilación definitiva que demuestre que el récord mundial femenino de los 100 metros lisos, los 10”49 de Florence Griffith-Joyner en 1988, fueron conseguidos con un vendaval a favor de la carrera, y bajo ningún concepto con una medición del viento de 0.0 m/s, tal y como fue homologada la marca.

 

Ya hablé de esta misma cuestión en este otro post: “Yoshihide Kiryu 0, Florence Griffith 1, IAAF 2″; pero en las últimas semanas he encontrado datos y evidencias que no conocía hace año y medio y que voy a ir desarrollando hoy.

 

Lo malo del trabajo que me voy a tomar es que no va a servir para nada aparte de entretenerme y entreteneros a algunos; es decir, a mí me gustaría que la IAAF reconociera el error de haber dado validez a un registro absurdo, borrase el 10”49 de la tabla de récords y que considerase el 10”61 de la misma Florence Griffith como récord mundial. Pero sé que esto no va a ocurrir, es más, soy perfectamente consciente de que la IAAF sabe que aquella carrera fue ventosísima, que tiene todos los datos en su poder y, sin embargo, prefiere mantener un récord esperpéntico a dar marcha atrás. Y veintiséis años después de la carrera mucho menos, supongo.

 

 

II. HECHOS Y DATOS

Recapitulemos los hechos: el 16 de julio de 1988, en los cuartos de final de las pruebas de selección olímpicas (Trials), la estadounidense Florence Griffith trituró el récord mundial de los 100 metros con un registro de 10”49, al que OMEGA, empresa encargada de las mediciones, atribuyó un viento de 0.0 m/s.

 

Hasta ese momento el récord pertenecía a la también estadounidense Evelyn Ashford con una marca de 10”76. La marca personal de Griffith era de 10”89 (-0.1) conseguida tres semanas antes, y sus siguientes mejores registros eran un 10”96 (0.0) de 1987 y un 10”99 (-0.1) de 1984.

 

La de Griffith fue la primera de tres carreras de cuartos de final. Curiosamente, el viento de la segunda también fue medido en 0.0, en una carrera ganada con 10”83 por Sheila Echols, una atleta cuyas siguientes mejores marcas son 10”99 (+1.3) y 11”00 (+1.2), hechas al día siguiente en la semifinal y en la final de aquellos Trials. Y “sorprendentemente”, al igual que muchas mediciones de esa tarde, la tercera y última carrera tuvo un viento de +5.0.

 

 

Si habéis leído mi artículo del año pasado ya sabéis que a la vez que estas tres carreras, y a pocos metros en paralelo, se disputaba la final de triple salto. Hoy puedo añadir que de los 46 saltos válidos solo 3 fueron legales en cuanto al viento. La media de las 46 mediciones fue de 3.98 m/s y una medición alcanzó los +7.0 m/s.

 

Las ganas de querer volver a bucear en este tema me surgieron tras encontrar en YouTube un nuevo vídeo en el que se llega a apreciar la medición del anemómetro del triple salto DURANTE la carrera de Florence Griffith: +4.3 m/s.

 

 

Comprobado, Robert Cannon acababa de saltar 17,63m (+4.3) en la segunda ronda del triple salto aproximadamente dos minutos –como mucho tres– antes de que se diera la salida a la carrera de Florence Griffith. Y mientras Griffith destroza el récord mundial Johnny Washington está preparado en el pasillo para el que sería su mejor salto de la tarde: 16,10 (+4.5)

 

 

No sé cuántos saltos hubo hasta que se disputó la segunda carrera de los cuartos de final, pero las siguientes mediciones de viento en el triple salto fueron +2.8, +4.8, +2.0 y +4.2.

 

 

El principal hallazgo de estas semanas, y del que han salido algunos de los datos ya expuestos, ha sido este espectacular informe para la IAAF del biomecánico deportivo Nicholas P. Linthorne: “The 100m World Record by Florence Griffith-Joyner at the 1988 U.S. Olympic Trials” de junio de 1995. Demoledor desde el primer párrafo. El informe empieza por la conclusión, desarrollada luego en decenas de páginas, de que durante la carrera del 10”49 de Florence Griffith el viento debía soplar con una intensidad de entre +5 y +7 metros por segundo. Y durante la segunda carrera de cuartos de final, a la que también “regalaron” un 0.0, debió haber un viento a favor de entre +3 y +4 metros por segundo.

 

El principal argumento de Nicholas P. Linthorne se basa en un detalladísimo trabajo estadístico en el que estudia con precisión científica la influencia del viento sobre los atletas en docenas de carreras, desde los Mundiales de Helsinki’83 hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.

 

El estudio detalla que las seis atletas que pasaron ronda en la carrera del 10”49 (0.0) corrieron una media de 0”28 más lento en las semifinales del día siguiente (vientos de +1.3 y +1.6). Las cinco atletas que pasaron ronda en los cuartos de final ganados por Echols con 10”83 (0.0) corrieron en las semifinales 0”09 más lentas de media. Y las cinco atletas que pasaron ronda en la tercera carrera de cuartos de final (+5 de viento) corrieron las semifinales 0”14 más lento de media.

 

Aplicando la estadística a esos empeoramientos de las marcas se obtienen las velocidades teóricas del viento en las dos carreras a las que OMEGA atribuyó 0.0 m/s. Como ya se ha dicho, entre +5 y +7 para los 10”49 de Griffith y entre +3 y +4 para los 10”83 de Echols.

 

En el informe hay otro dato esclarecedor, dato que yo creo que cualquier aficionado familiarizado con estas cuestiones entenderá como concluyente: resulta que doce de las catorce atletas (las seis primeras de las dos carreras sospechosas) hicieron su marca personal del año 88, y en varios casos su marca personal de siempre, precisamente en esos CUARTOS DE FINAL con 0.0 de viento oficial.

 

 

Con todos estos datos encima de la mesa, y sumando un mínimo de sentido común, es lógico pensar que en esas dos carreras de cuartos de final falló estrepitosamente el anemómetro. Dos mediciones de 0.0 en dos carreras consecutivas en las que una docena de atletas mejora su marca, mientras a dos metros las mediciones en el triple salto arrojan una media de +4.0 m/s no son improbables: SON IMPOSIBLES (en mi opinión).

 

Lógicamente no soy el único que piensa así. Con mucho más peso que yo tenemos a la “Asociación de estadísticos de Atletismo” (The Association of Track and Field Statisticians), que desde 1997 incluye la siguiente acotación para referirse al 10″49 de Florence Griffith: “@ Probably strongly wind-assisted, but recognised as a US and world record“. Clarito hasta en inglés.

 

 

 

III. EL NÚMERO DE ZANCADAS

 

 

Los datos de este apartado quizá no sean tan relevantes como los expuestos anteriormente, pero a un nivel de observación pueden ser significativos.

 

Que yo sepa, circulan por YouTube seis de las ocho carreras de 100 metros que Florence Griffith disputó en los Trials y los Juegos Olímpicos de 1988, las cuatro de los Juegos más los cuartos de final y la final de los Trials. Nunca he visto la primera ronda ni la semifinal de las pruebas de selección, aunque unas fotografías me ofrecen el dato de esta última carrera.

 

Lo que resulta curioso observar en estas seis grabaciones (más las fotos de la semifinal) es que, partiendo de la certeza de que en la carrera del 10”49 el viento era muy superior a +2 m/s, y con la única excepción de los cuartos de final olímpicos, descubrimos una curiosa relación entre el viento a favor y el número de zancadas: a más viento menos zancadas.

 

Este sería el cuadro:

 

 

IV. LA TEORÍA DEL VIENTO CRUZADO

Resulta tan obvio comprobar que durante las dos carreras del 0.0 sí había viento que los responsables de OMEGA se agarraron a la única explicación que les evitaba el sonrojo: había viento, sí, en concreto un viento de +2.8 m/s, sí, pero… incidiendo en el anemómetro de forma transversal a 91º, por lo que la medición de 0.0 sería la correcta. Olé sus huevos.

 

Ignoro si aportaron alguna prueba que avalara este nuevo despropósito o si se quedaron tan anchos sin más. Estas semanas he encontrado en un foro alguien que defendía esta teoría mostrando este fotograma como la prueba de que el viento soplaba en transversal a la carrera de Florence Griffith:

 

 

Este crédulo forero está obviando –o no se ha dado cuenta– de que si la bandera está cruzada no es por el viento sino porque el juez está sujetando la tela con su mano derecha. Aquí os muestro otro fotograma parecido pero más claro que pertenece a la final masculina disputada 50 minutos más tarde

 

 

Además del fotograma también podéis ver el vídeo. Cuando el juez suelta la bandera sí puede llegar a parecer que el viento azota en transversal. Pero muy transversal no sería porque la medición del anemómetro marcó nada menos que +5.2 en esta carrera. Pinchad aquí, en el minuto 6’10”

 

 

Por muy cruzado que fuera el viento de aquel día, tenemos otra evidencia que nos muestra que ese viento sí quedaba registrado en el anemómetro. En estas fotos de la primera ronda (10″60, +3.2), dos horas y treinta y cinco minutos antes que la carrera del 10″49, vemos cómo el viento agita la melena de Florence Griffith prácticamente de la misma forma en ambas carreras. Con body morado el 10″49 (0.0), con body verde el 10″60 (+3.2)

 

 

*Una segunda teoría que especula con el viento cruzado plantea la posibilidad de que durante las dos carreras de 0.0 el anemómetro estuviera mal colocado, con una desviación de 30º respecto a la línea recta de la pista, por lo que si el viento azotaba en diagonal a 60º la medición final sería 0.0.

 

De esta teoría, que no es mala como veremos más adelante, no voy a opinar nada porque si esto fue lo que ocurrió estaríamos ante un error de los jueces que anularía directamente cualquier validez de las carreras.

 

V. EL VIENTO EN IMÁGENES

Antes de ir a la carrera de Florence Griffth quiero empezar este análisis del viento en imágenes con este vídeo de Willie Banks. Pertenece al primer salto de la primera ronda de la final de triple salto, unos 75 minutos antes que el récord de Griffith. Aunque ventoso, es el primer salto de la historia –legal o ilegal- por encima de los 18 metros: 18,06 (+4.9). Fijaos en la camiseta y el pantalón de Banks al principio del vídeo y veréis el efecto que tiene sobre un atleta un viento de +4.9 m/s.

 

 

Aparte de la imagen de la ropa destaco dos fotogramas de la carpa en la que los triplistas aguardan su turno. En este os señalo la bajera de la carpa; luego veremos desde el otro lado cómo se agita el “faldón” durante la carrera del 10”49

 

 

Y en este os muestro una cinta colgante que, obviamente, durante un salto de +4.9 está agitadísima

 

 

Vamos, ahora sí, con los elementos móviles durante la carrera del 10”49. Me sorprende que no circule por Internet ninguna grabación en HD (alta definición) de la carrera, por lo que hay que conformarse con YouTube y, en mi caso, con las grabaciones de vídeo que hice en su momento directamente de la televisión y que son, al visualizarlas a través del DVD en un televisor de 37 pulgadas, mi mejor herramienta de trabajo.

 

Faltan un par de minutos para la carrera. Florence Griffith (círculo rojo) hace un último trote. El triplista Johnny Washington (círculo azul) ya está en el pasillo de saltos. Y las carpas exteriores del estadio (círculo amarillo) se agitan con fuerza. Esta es la foto…

 

 

…Y este es el vídeo

 

 

Este es el viento que quieren hacernos creer que se detuvo milagrosamente durante dos carreras de 100 metros -mientras seguía soplando en el triple salto- o que, más milagrosamente todavía, sopló de manera perfectamente perpendicular al anemómetro durante esas dos carreras.

 

En esta fotografía previa a la salida vemos la melena de Florence Griffith tapándole la barbilla. El viento viene del lado izquierdo a las atletas, pero la teoría del viento cruzado ya ha quedado al descubierto en el capítulo anterior

 

 

Cuando las atletas se están colocando en los tacos de salida, la cámara se centra en la de la calle 6, Carlette Guidry; junto a ella, en la calle 5, también se ve en parte a Florence Griffith. Fijándonos bien llegan a percibirse trazas de viento en todos los elementos con posibilidad de moverse: el dorsal, la ropa y el flequillo de Guidry, y en el adhesivo del muslo de Griffith y en su dorsal.

 

 

En este vídeo de 13 segundos se puede apreciar perfectamente (en pantalla completa) el movimiento de la melena de Florence Griffith en la posición de “listos”:

 

 

En el capítulo IV ya hemos visto la bandera del juez situado detrás de las corredoras. La bandera se agita con fuerza cuando la suelta, al igual que en la final masculina que ya hemos visualizado antes y que tuvo un viento de +5.2 m/s, dejando en evidencia, insisto una vez más, la teoría del viento cruzado.

 

 

Otro elemento móvil difícil de apreciar en YouTube es la chaqueta azul de este juez, que es zarandeada por el viento. También es cierto que la chaqueta evidencia la presencia de viento pero no la dirección del mismo.

 

 

Llego a la carpa de los triplistas que también hemos visto antes. Algún día veremos la carrera en HD y aparecerá ante nuestros ojos la cinta colgante agitada por el viento a favor, ahora casi invisible. Mientras tanto este es el fotograma “menos malo” que puedo ofrecer

 

 

Y ahora la falda de la carpa. Antes os he mostrado la parte de atrás. En el vídeo del 10”49 se ve una gran agitación. Os pongo unos fotogramas…

 

 

…Y el vídeo (minuto 1’15”)

 

 

Por si no lo veis claro vuelvo a recurrir al vídeo de la final masculina, donde ya no hay triplistas bajo la carpa y se ve mucho mejor que eso que se mueve agitado por el vendaval es el faldón de la carpa (minuto 5’44”)

 

 

Nos vamos al otro lado de la pista, más allá de la calle 9, donde tenemos, quizá, las dos mejores evidencias visuales del viento.

 

En primer lugar vemos a este voluntario (o lo que sea) de camiseta roja

 

 

Ojo, que en un momento algo se mueve. En el “a sus puestos” de las atletas el chico tiene su acreditación sobre su hombro izquierdo

 

 

Se gira hacia su derecha para colocarse bien la acreditación

 

 

El viento vuelve a hacer volar la acreditación y vuelve a caer

 

 

Durante la posición de “listos” se gira hacia su izquierda

 

 

Y en las primeras zancadas el vendaval vuelve a colocarle la tarjeta sobre el hombro

 

 

Son pocos segundos pero se ve muy bien en el vídeo a velocidad normal. Pinchad aquí

 

 

Por último, la que en mi opinión es la prueba visual más concluyente que podemos apreciar en el vídeo del 10”49: la camiseta verde de este juez

 

 

Este juez está en pantalla los cuatro primeros segundos de la carrera (muchos más a cámara lenta, claro). En YouTube se ve, con dificultad y concentración, pero se ve. Tengo que reconocer que es con el DVD y el televisor cuando la evidencia es indiscutible. Pinchad en el vídeo (minuto 1’08″) y prestad atención a la camiseta verde del juez

 

 

VI. CONCLUSIÓN

Mi conclusión es redundante, lo he repetido varias veces a lo largo de este trabajo: durante la carrera de 100 metros en la que Florence Griffith detuvo el cronómetro en 10”49 y los encargados del anemómetro dieron por válida una medición de 0.0 m/s hubo un calamitoso error en esta medición.

 

Banderas, flequillos, camisetas, acreditaciones, chaquetas, carpas, cintas colgantes… todo lo que podía agitar el viento durante la carrera de Florence Griffith aparece agitado ante nuestros ojos. ¿Cuántos metros por segundo de viento ayudaron a que Florence Griffith corriera 100 metros en 10”49? Yo no puedo saberlo. El biomecánico Nicholas P. Linthorne calcula que entre +5 y +7 m/s. Sin duda se acerca más a la verdad que el 0.0 oficial, aunque si me baso en mis propias observaciones yo estimo que el viento pudo soplar entre +4 y +5 m/s, algo parecido al viento que ayudó a los triplistas justo antes y justo después de la carrera.

 

Y me remito, para terminar, a la introducción. Lamento mucho que la IAAF no borre de sus listas este récord absurdo sabiendo como sabe que durante la carrera soplaba un vendaval a favor de Florence Griffith-Joyner (Q.E.P.D.)

 

 

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LA CONVERSACIÓN IMPOSIBLE
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Juan Carlos Hernández | 25-08-2015 | 13:29| 0

 

He visto en Twitter esta foto de un puesto de prensa holandés, con todas las portadas dedicadas a su compatriota Dafne Schippers, que ayer quedó segunda en los 100 metros del Mundial de Pekín tras el cohete jamaicano Shelly-Ann Fraser-Pryce. En Twitter hablan de la envidia sana que provoca la cultura deportiva de otros países.

 

No tengo capacidad ni mundo recorrido para saber hasta dónde llega en realidad esa cultura deportiva en otros países, aunque sí quiero decir que padezco y a veces sufro con la futbolitis de los informativos españoles, futbolitis que normalmente se estrecha a los dos equipos principales o a sus respectivas estrellas hasta niveles “informativamente” asfixiantes. Gran invento el mando a distancia, aunque a veces ni aún así.

 

Pero volviendo a la foto de Schippers y la cultura deportiva me ha venido a la memoria una anécdota que en estos días de excitación atlética me apetece compartir en mi blog.

 

Hace nueve años (con 37) me apunté a un curso de inglés nivel 1, aquí, en San Sebastián, para quien no sepa desde dónde escribo. Me dieron clase varios profesores, todos estupendos, entre ellos una holandesa de unos treinta años (doy el dato porque ahora me voy a remontar a 1948). Aquella mañana de 2006 tuvimos clase “de hablar” la profesora holandesa y yo, mano a mano, face to face.

 

No recuerdo bien cómo transcurría la clase, chapurreando en inglés de 1º sobre banderas, estados… no estoy seguro. De repente, en los ejercicios que ella traía preparados apareció un comentario sobre los Juegos Olímpicos de Londres’1948. Ella no sabía aún que yo era un aficionado al Atletismo, pero cuando salió en los papeles la referencia a los Juegos del 48 se le iluminaron los ojos, hizo una pausa y comenzó nuestra “conversación imposible” (¡¡en inglés!!)

 

Ella decía: “Estos Juegos fueron muy importantes porque fueron los primeros después de la II Guerra Mundial”. Yo asentía: “Oh yeah, oh yeah”. Y entonces no sé cuál de los dos se sorprendió más, supongo que ella, porque tras decirme: “Y además en aquellos Juegos una atleta holandesa…”, y yo la interrumpí para fardar de conocimientos: “Oh yeah, Fanny Blankers-Koen”. Mi profesora se quedó de piedra y me miró fijamente sin dar crédito a lo que oía.

 

- ¿Pero tú sabes quién es Fanny Blankers-Koen?

 

- Pues claro, la mejor atleta femenina del siglo XX.

 

Y nos reíamos. Los ojos le seguían dando vueltas dentro de las órbitas y exclamaba cosas parecidas a “¡¡¡Estoy en San Sebastián y estoy con alguien que conoce a Fanny Blankers-Koen!!!” Y ahí estuvimos un rato, intentando encadenar frases sobre las medallas de Fanny Blankers-Koen en inglés de 1º, una profesora holandesa y yo. Una escena bastante kafkiana, ahora que la recuerdo.

 

El Atletismo español no ha dado mitos del Atletismo del calado de Fanny Blankers-Koen y menos en tiempos tan trascendentales para la memoria colectiva como la posguerra mundial, pero ver en los ojos de una holandesa de treinta años la admiración que le evocaba el nombre de Fanny Blankers-Koen, una leyenda de los años 40, me dio mucha envidia.

 

 

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B.O.L.T. JUNTA LAS LETRAS ADECUADAS
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Juan Carlos Hernández | 24-08-2015 | 21:22| 0
Bolt 100 metros Mundial 2015

 

“Junta las letras adecuadas y haz un día mejor” reza una de mis canciones favoritas. Me he resistido durante varias horas a escribir algo sobre la victoria de Usain Bolt en los 100 metros del Mundial de Pekín, pero aquí estoy, juntando letras en homenaje a un atleta que ha hecho que hoy me sienta realmente bien, que ha conseguido que mi día fuera emocionalmente brillante.

 

Antes de hablar de Bolt quiero dedicar unas líneas a Miguel Ángel López, el marchador español que la pasada madrugada ganó los 20 kilómetros marcha. Yo fui uno de los que trasnocharon delante del televisor y el ordenador para no perder ripio. Para un amante declarado de la velocidad y los saltos como yo es difícil explicar la emoción y belleza que atesoran las pruebas largas del Atletismo. Hay que estar ahí y zambullirse en el sacrificio, en la resistencia mental y física. Desde este humilde blog GRACIAS y ENHORABUENA, volveré a trasnochar cuando haga falta, ojalá más gente supiera apreciar vuestro esfuerzo.

 

 

Volviendo a Bolt, qué decir. He leído varios artículos brillantes, como el de Carlos Arribas en El País o el de Fernando Miñana en El Diario Vasco, que no estoy capacitado para emular. Pero esto no es un artículo, es un blog, así que intentaré explicar con mi propia música lo que ha hecho hoy Usain Bolt.

 

En mi último post me posicioné a favor de Gatlin con la esperanza de que Bolt corrigiera algunos detalles en los primeros apoyos de la carrera, corrección que le permitiría, al menos, estar en condiciones de ganar al “atleta” de las dos sanciones por dóping en su historial.

 

Desde aquella carrera de Londres a la que se refería el post Bolt no ha vuelto a competir hasta el Mundial, algo arriesgado en mi opinión por la falta de chispa competitiva. En la ronda de ayer volvió a tener algunos problemas con los primeros apoyos pero cuando se puso a correr de verdad ya se apreció que Bolt venía muy rápido. La semifinal de esta tarde ha sido un terremoto. Bolt casi se cae en los primeros apoyos en un error de principiante, nunca el desastre estuvo tan cerca. Solo un Bolt fenomenal ha podido ser capaz de recuperar la zancada e imponerse, incluso, a los demás corredores. Inusuales caras serias en el rostro de Bolt y susto gordo. No era para menos.

 

Minutos después, en su semifinal, Justin Gatlin seguía quemando pólvora con un 9”77 capaz de asustar a cualquiera. A cualquiera que no se llame Usain Bolt.

 

Quedaba más claro que nunca que en los primeros apoyos de Bolt estaría una de las principales claves de la Final. Y la final ha sido… APOTEÓSICA. Es la grandeza de un gran campeonato, cuando los registros pasan a un segundo plano y cruzar la meta el primero es lo único que cuenta. Y ahí es donde Usain Bolt lleva ya siete años demostrando ser EL MEJOR. Al hilo de lo que decía antes sobre los marchadores, Usain Bolt ha vuelto a demostrar que es el mejor física y mentalmente.

 

Porque la carrera de hoy se ha ganado y se ha perdido en la pista y fuera de la pista, la confianza de Bolt en sí mismo es ya un monumento al Atletismo. Cuando a falta de quince metros el mundo contenía la respiración, Bolt ha mantenido su fe en sí mismo y el robot Gatlin ha dudado, ha intentado correr más rápido que su sombra y ha perdido la carrera. O la ha ganado Bolt, ya me entendéis.

 

Porque hablando de la carrera pura y dura, hay que decir que Bolt ha hecho bien lo que tenía que hacer bien, es decir, ha conseguido ejecutar bien los primeros apoyos. Aunque tampoco ha sido un arranque para tirar cohetes ha hecho justo lo que necesitaba para alcanzar su velocidad punta. Mientras, Gatlin, también hacía su trabajo, supongo que sorprendido de ver a Bolt a su altura desde el principio. Hasta llegar, como decía antes, a ese metro 85 aproximadamente, donde sus respectivas cabezas han empezado a trabajar de distinta manera: Bolt corriendo exclusivamente para ganar la carrera y Gatlin improvisando recursos a más de 40 kms/hora para no perderla.

 

Las marcas, 9”79 vs. 9”80, no han estado entre los 9”70 y 9”75 que pronostiqué, aunque el viento ha sido de -0.5, o sea que no me equivoqué demasiado. Tendría que revisarlo pero de memoria no recuerdo ninguna final gorda de 100 metros con una sola centésima entre el primero y el segundo. En definitiva, una final espectacular, emocionante como pocas.

 

Luego Bolt ha iniciado su celebración particular, incluido el momentazo “Red blood, no more” (o eso parece decir), y a Justin Gatlin se le ha quedado más cara de loser (perdedor) que nunca.

 

Que no se me olvide, otro de los detalles a destacar de esta final de los 100 metros creo que ha sido el tercer puesto compartido por los jovencísimos Trayvon Bromell y Andre De Grasse. Ellos son el futuro, espero que sepan escoger su camino para llegar a la cima. También me entendéis.

 

Para ir terminando, Usain Bolt agranda su leyenda, como él mismo se encarga de recordar siempre que puede, y ahora quedamos a la espera de la revancha en el 200 (la final es el jueves a las 14h 55). Por las redes sociales yo llevaba días apostando por Bolt en el 100 y por Gatlin en el 200, ya ves tú. Yo no quiero que gane Gatlin pero ahí lo dejo, por escrito, unos días antes.

 

Mientras tanto sigue el Mundial, toca trasnochar y hacer encaje de bolillos con los horarios del trabajo. U.S.A.I.N.  B.O.L.T., qué grande eres, tus zancadas son como la música en mis oídos. Hazme perder la porra del 200 y sigue haciendo mejores los días de tantísima gente. Ya nos encargaremos de juntar las letras adecuadas.

 

 

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USAIN BOLT CONTRA SÍ MISMO Y CONTRA JUSTIN GATLIN
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Juan Carlos Hernández | 25-07-2015 | 13:02| 0

 

Usain Bolt ha vuelto. Nunca se fue del todo pero hoy sabemos que está aquí y está dispuesto a dar guerra. Tras sembrar dudas en los corazones de sus fans, que llegamos a especular con una espantada, ayer corrió los 100 metros de la Diamond League de Londres en 9”87, con 13 grados de temperatura, la pista mojada y viento en contra. Lo hizo dos veces, en la semifinal y en la final, con vientos contrarios de -1.2 y -0.8 respectivamente. Usain Bolt ha vuelto.

 

Tras la semifinal Twitter fue un hervidero; aceptable salida, aceptable aceleración, últimos metros relajados dejándose llevar… y ver esos números en la pantalla, ese 9”87 (-1.2) a mí me levantó del asiento. Todas las dudas al carajo.

 

En la final paró el cronómetro en la misma cifra pero las sensaciones fueron peores. Reaccionó peor (153 milésimas en la semi contra 173 en la final), aceleró peor, con un tercer apoyo bastante mediocre, y tuvo que apretar los engranajes y los dientes para ganar a sus rivales, que no eran los primerísimos espadas pero no eran cojos.

 

No conozco el calendario de pruebas de Bolt pero todos los ojos ya se han puesto en el Mundial de Pekín de dentro de un mes. Y aunque me duele decirlo, a fecha de hoy creo que el favorito para ganar el 100 de Pekín sigue siendo Justin Gatlin, que este año ya ha corrido cuatro veces por debajo de 9”80, en mayo (9”74), en junio (9”75) y en julio (9”75 y 9”78 con viento en contra), con ese correr robótico, mecánico y perfectamente efectivo.

 

Todo el mundo tiene su público y digo yo que Gatlin tendrá seguidores, fans y defensores, pero si me preguntan a mí, yo tengo que decir que es el personaje que más me desagrada ver en una pista de Atletismo. Un tipo que tras haber dado positivo DOS VECES aún no entiendo muy bien por qué no fue sancionado a perpetuidad. Un tipo que a los 33 años está corriendo en 100 y en 200 repetidamente más rápido que cuando a los 22 fue campeón olímpico y plusmarquista mundial en las dudosas condiciones de que inmediatamente después fue cazado con su segundo positivo por drogas.

 

No todo el mundo conoce la anécdota de que en el mitin de Zagreb en 2011, en una de sus primeras carreras tras la segunda suspensión, Gatlin escupió un enorme lapo en la calle de Usain Bolt con intenciones intimidatorias. Ese es Gatlin, así se las gastan los tipos como él.

 

El desagrado general que produce ver al tipo de los dos positivos arrasar en las pistas a los 33 años creo que es un clamor en su contra, pero mientras los controles antidopaje no digan lo contrario Gatlin puede campar a sus anchas.

 

Volviendo al Mundial, yo creo que en condiciones normales de viento y temperatura, la final se va a jugar en la franja del 9”70-9”75. Tengo claro que Justin Gatlin va a estar ahí (sería el colmo que bajara de 9”70) y, desde ayer, parece factible que Usain Bolt también sea capaz de rondar esas marcas, aunque tiene muchísimas cosas que corregir y mejorar en el próximo mes. También creo que cualquier otro rival, Tyson Gay, Asafa Powell o cualquier otro, quedan descartados en esa pelea.

 

Tendremos la respuesta el domingo 23 de agosto a las 15.15 hora española.

 

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