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MIKE POWELL VUELVE A ACERCARSE A BOB BEAMON

2014 abril 6

El 30 de agosto de 1991, en Tokio, Mike Powell batió el récord mundial de salto de longitud con un vuelo de 8.95 metros. La plusmarca pertenecía a Bob Beamon con sus míticos “Ocho Noventa” conseguidos en la final olímpica de México’68 casi veintitrés años antes. Este récord, por tanto, reinó durante 8351 días.

Actualmente hay varios récords atléticos que están envejeciendo aún más pero en aquel momento la longevidad del récord de Beamon solo estaba superada, también en salto de longitud, por los 8.13 que Jesse Owens saltó en 1935 y que fue récord mundial durante más de un cuarto de siglo hasta que Ralph Boston saltó 8.21 en 1960. Cabe añadir que en este momento el récord que más tiempo lleva vigente es el 8.79 indoor de Carl Lewis, que el pasado 27 de enero llegó a los 30 años (¡¡¡!!!).

Volviendo a Mike Powell, y adelantándome un trimestre a la efeméride, si nadie lo evita será el próximo 12 de julio el día en que iguale los 8351 días de Bob Beamon; 8352 el 13 de julio. Y suma y sigue, supongo.

En este blog ya se ha hablado de Mike Powell y también de lo que ocurrió aquel apoteósico 30 de agosto de 1991, que fue mucho. Y es que, resumiendo una vez más, un atleta –Carl Lewis– saltó 8.91 ventosos, 8.87 con viento en contra, hizo una media de 8.826 en sus cinco saltos válidos (más un nulo que rondaba los 8.80)… ¡¡¡y perdió!!! En su vuelo de 8.95 Mike Powell asestó un golpe de gracia al récord de Beamon y a los diez años de imbatibilidad de Lewis.

Sin duda aquel día se vivió en Tokio una de las páginas más brillantes de la historia del Atletismo. Yo quiero aportar algo a esta historia y lo voy a hacer vía YouTube. Cualquier sencilla búsqueda en google permite ver los saltos de Powell y Lewis en Tokio’91. Afinando más pueden verse los doce saltos, aunque para ello hay que visualizar reportajes completos y hay bastante batiburrillo.

En un intento de facilitar la tarea he echado mano de mis propias grabaciones de la época y he subido los doce saltos del duelo Powell-Lewis en un triple formato:

  1. Los seis saltos de Mike Powell
  2. Los seis saltos de Carl Lewis
  3. Los doce saltos en orden cronológico

La grabación pertenece a TVE y, desde mi punto de vista, el audio resulta decepcionante: José Ángel de la Casa, más soso imposible, cualquiera pondría más pasión para retransmitir una reunión de vecinos. Y Gregorio Parra, quizá algo contagiado, no tiene su mejor jornada. Así que el disfrute de estos vídeos, que yo entiendo para freaks del Atletismo, está en los saltos, en el éxtasis de un concurso épico e histórico, en el talento desplegado en el pasillo de saltos de la pista de Tokio aquel 30 de agosto de 1991.

A lo ya expuesto otras veces añado dos detalles que me siguen sorprendiendo:

Por un lado, parece mentira que un atleta que atesora en las piernas un salto de casi nueve metros haga un intento tan torpe como el primero de la serie de Mike Powell. Es increíble lo mucho que se puede perder cuando fallan pequeños ajustes.

Por otro, tras el récord de Powell, Lewis tuvo dos intentos para ganar el concurso. Hizo los dos saltos válidos y legales más largos de toda su vida, 8.87 y 8.84, que no fueron suficiente, pero la imagen que me queda en la retina del 8.87 es la de sus talones. Porque en su afán por llegar a nueve metros hizo una caída “de culo”; y si el culo dejó la huella en 8.87… ¿¿¿dónde puso Carl Lewis los talones???

Estos son los vídeos que he subido a YouTube. Buen provecho:

 

BUBKA, TODOS CREEMOS QUE SÍ PERO NO SÉ, NO SÉ…

2014 marzo 3
por Juan Carlos Hernández

Tras el maravilloso 6.16 de Renaud Lavillenie los aficionados hemos leído un buen número de artículos dedicados al salto con pértiga, a Serguéi Bubka y/o sobre todo, al propio Lavillenie.

De los que han caído en mis manos este es, probablemente, el más interesante y completo:“Nueva época en el salto con pértiga gracias a Renaud Lavillenie”, de Joan Pelayo. Al final del artículo podemos leer algo sobre lo que estamos de acuerdo cuantos vivimos de cerca la “era Bubka”: Serguéi Bubka pudo haber dejado sus récords mundiales mucho más arriba.

Textualmente, en palabras del artículo:

“Gracias a Angel Sáinz (profesor de la asignatura de pértiga en los diversos cursos que imparte la Escuela de Entrenadores) hemos conseguido los datos del récord de Serguéi de 6,13 realizado en 1992. Una pértiga de 5,20 de longitud, 5,10 de agarre para una  10”8 (equivalente a 99 kilos y medio). Pero lo realmente espectacular es que ha llegado a utilizar una 10”0.

En palabras de Sáinz, “queda claro que el récord de Bubka quedó un poco barato”. Matizó sus palabras. El ucraniano podía haber saltado 6,25 ó 6,30, ya que los valía, pero prefirió hacerlo centímetro a centímetro por motivos económicos.”

En una prueba tan técnica como el salto con pértiga podemos considerar estas palabras de un especialista como “datos objetivables” sobre la percepción que a todos nos quedó de Bubka.

Pero el último párrafo del artículo esconde una joya, la recopilación del italiano Pino Mappa con TODOS LOS SALTOS que Serguéi Bubka realizó en su vida. Una pasada para los que nos gustan estos numeritos. Y resulta que analizando estos números se me diluye un poco esa percepción tan arraigada en mí y en todos de que Bubka pudo haber saltado mucho más.

Aunque los números son fríos no mienten y quizá Bubka tuvo el potencial físico y mental para saltar tanto como creemos, pero en pista cubierta, tras saltar 6.15 el 21 de febrero de 1993, intentó saltar 6.16 dos veces en 1993 (6 nulos), una vez en 1994 (3 nulos), dos veces en 1996 (6 nulos) y dos veces en 1998 (4 nulos).

Es decir, en cuatro temporadas de pista cubierta intentó 6.16 en siete concursos (participó en 18) con 18 saltos nulos en sus 18 intentos.

Y al aire libre, tras saltar 6.14 el 31 de julio de 1994, acumuló en los años 1994, 95, 96 y 97 hasta 40 nulos sobre 6.15 en 17 concursos (participó en 52). Más otra vez que ya lo había intentado en 1993, sumó 43 nulos en la altura.

Yo creo que estos datos son bastante concluyentes. Quizá surge la duda de si derrochó su potencial los años previos, cuando el récord estaba más abajo. En mi opinión hay números que también lo desmienten.

Todos “sabemos” que el primer 6.10/20 pies de Serguéi Bubka lo hizo en la pista cubierta de San Sebastián, ante mis ojos y los ojos de algunos de los que estáis leyendo esto. Eso sucedió el 15 de marzo de 1991. Pues bien, resulta que la primera vez que Bubka intentó esa altura fue al aire libre el 9 de junio de 1988, tras haber batido el récord del mundo con 6.05 (el récord indoor estaba entonces en 5.97). En 1989 lo intentó otras tres veces al aire libre (9 nulos). En 1991 Bubka metió el turbo con la plusmarca indoor tras la incursión de Rodion Gataullin (6.00 y 6.02 como récords de pista cubierta) y se fue al 6.10 de San Sebastián (más 6.11 y 6.12 en cuestión de días) y al 6.10 al aire libre el 5 de agosto de ese mismo año.

Y a partir de ahí, tras poner “en su sitio” a Gataullin, Bubka se quedó solo en esas alturas y aplicó férreamente la política de subir de centímetro en centímetro. A todos nos quedó la sensación de que Bubka valía mucho más, aunque ahora que Lavillenie ha humanizado un poquito al coloso Bubka y tras escrutar los intentos de todos sus concursos me entran las dudas. Quizá Bubka sí llegó a su techo. No sé, no sé…

EL MURO DE RENAUD LAVILLENIE

2014 febrero 16

 

Quienes me conocen o siguen mi página atlética de Facebook saben que yo soy un fan acérrimo de Renaud Lavillenie, y que tras varios “avisos” pocos nos hemos sorprendido realmente de que el francés haya saltado 6.16m., un centímetro más que lo más alto que llegó a saltar Serguéi Bubka en cualquier condición.

Y digo cualquier condición porque algunos puristas (yo me incluyo) no estaremos tranquilos del todo hasta que Lavillenie –u otro atleta­– supere el récord mundial (6.14) que tiene Bubka al aire libre. Y es que a los puristas no nos terminan de convencer estos súpersaltos de pértiga, altura, longitud o triple que, aunque sean reglamentarios, se consiguen en un pasillo elevado con un efecto rebote en cada zancada al que algunos saltadores le sacan un rendimiento magnífico.

Eso sí, esos pasillos flotantes –reglamentarios, insisto– están ahí para todos, y estuvieron ahí para Bubka, y Bubka se quedó en 6.15 y Lavillenie ya ha ido un centímetro más arriba (¡¡¡¡¡e intentó –accidentadamente– 6.21!!!!!).

Pero Serguéi Bubka era mucho más que un récord, era UN MURO forjado en quince años de competiciones legendarias y otros quince en los que los pertiguistas que parecían tener el potencial se quedaban a “años luz atléticos” de los listones que él superó.

Desde el 26 de mayo de 1984 en el que Bubka batió su primer récord mundial al aire libre (5.85) solo un atleta había tenido la osadía de subir más alto que él: el francés Thierry Vigneron saltó 5.91 el 31 de agosto de 1984. Cuatro minutos más tarde Bubka saltó 5.94 y desde ese día hace casi treinta años hasta el salto de ayer de Lavillenie nadie había estado más alto que él. Porque las contadas veces que le habían quitado el récord mundial indoor (la última en enero de 1989) también le había costado horas o días recuperar la plusmarca, que por otro lado siempre estuvo por debajo del récord mundial al aire libre. En total 35 veces batió Bubka el récord mundial, 17 al aire libre y 18 en pista cubierta.

Así que lo conseguido ayer por Renaud Lavillenie es gigantesco, enorme, monumental: ¡¡¡6.16 dando la sensación de que puede seguir subiendo!!! Lavillenie ya es campeón olímpico y dos veces campeón de Europa. Le falta ser campeón del mundo (yo no dudo de que lo será varias veces), y roto el muro de Bubka es el atleta llamado a forjar su propio muro y su propia leyenda. Espero que lo consiga todo, el Atletismo necesita joyas como Lavillenie, pero a la vista de lo mucho que ya ha logrado yo confío y deseo verle saltar 6.15 o más como el nombre de mi blog: AL AIRE LIBRE. No sé qué opinará él pero yo creo que ese es ahora su verdadero reto para que crezca EL MURO DE RENAUD LAVILLENIE.

 

“ATLETICO-ZALE”, AMIGOS DEL ATLÉTICO SAN SEBASTIÁN AL RESCATE

2014 febrero 12
por Juan Carlos Hernández

Todos tenemos frescas en la retina las imágenes del reciente temporal que ha azotado la costa y ha dejado incontables destrozos. Muchos de esos destrozos se ven pero otros no son tan evidentes y quizá son peores en algunos casos.

Como sabéis la mayoría de los que estáis leyendo esto, y quienes no lo sepan ahora os vais a enterar, a la sede central de las actividades deportivo-sociales del Club Atlético San Sebastián el “maremoto” le sacudió de lleno.

Fotografía del mar embistiendo contra los ventanales del Club:

Fotografías de cómo quedó la instalación:

El Club Atlético San Sebastián, como entidad, aún no está repuesto económicamente de los gastos y derramas que ya ocasionó el último temporal de 2008, la “otra tormenta perfecta” que no se padecía desde los años 60, y que también hizo papilla las instalaciones.

El post de hoy no es mi típica historieta o trabajo de documentación sobre Atletismo; mi post de hoy es un humilde SOS más amplio, más cercano. El Club Atlético San Sebastián, y con él todas sus secciones deportivas, necesita echar mano al corazón y al bolsillo de los amigos. O de los amigos de los amigos, qué demonios.

La idea del “amigo del Atlético”, ATLETICO-ZALE, lleva tiempo rondando las cabezas de la sección de Atletismo como una fórmula para acercar el Club a aquellos ex atletas y ex socios que dejaron de serlo por el motivo que fuera pero que les pueda interesar hacer una donación (a cambio de algunas prestaciones, claro) que ayude a la sección y a las nuevas generaciones a tirar p’alante en estos tiempos tan convulsos económicamente.

Con la idea sobre la mesa y tras esta indeseable nueva fase de necesidad añadida, la tarjeta ATLETICO-ZALE se pone por fin en marcha para esos ex atletas y, por qué no, para cualquiera que le interese colaborar, tenga vínculos previos o no.

En este enlace -> ATLETICO-ZALE podéis informaros algo mejor de los detalles. Básicamente es una aportación/inversión/donativo de 80 euros anuales a cambio de algunos accesos a las instalaciones o descuentos en cursos y prestaciones del Club.

Yo os invito a compartir y a no perder de vista esta idea. Lo poco o mucho que se recaude a través de esta iniciativa será un ladrillo más y un esfuerzo menos en la futura buena salud del Club Atlético San Sebastián. Gracias.

Y CARL LEWIS LLEGÓ A SAN SEBASTIÁN (HACE 25 AÑOS)

2014 febrero 8
por Juan Carlos Hernández

 

Un 8 de febrero de hace un cuarto de siglo Carl Lewis aterrizó en el aeropuerto de Hondarribia. Era un atleta y era una estrella mundial. En su palmarés brillaban entonces seis oros olímpicos (y una plata) y seis oros en campeonatos mundiales cuatrienales. Habían pasado solo cinco meses desde que perdiera y ganara a la vez la carrera más célebre y mediatizada de todos los tiempos, y, curiosamente, una sola semana desde que su sancionado rival de aquella carrera estuviera también en San Sebastián.

 

No se pierdan el vídeo…

 

Dos días más tarde Carl Lewis corrió en San Sebastián una prueba de 60 metros. Pero esa es otra historia.

 

 

EL HOMBRE DEL MAZO

2014 enero 28
por Juan Carlos Hernández

 

Hoy rindo homenaje a un viejo compañero de fatigas: el hombre del mazo, conocido personaje en el mundillo del Atletismo. Ataca por igual a hombres y mujeres, y las secuelas iniciales de quienes se cruzan con él son tan obvias como cotidianas; por eso, aunque nadie lo ha visto no hay quien dude de su existencia. Tiene algo de vampiro, o al menos parece que se alimenta de la sangre y el alma del atleta que atraviesa sus dominios. Ese hábitat natural, que nada tiene que envidiar a los bosques de los cuentos infantiles, está en la salida de la segunda curva en la prueba de los 400 metros lisos. Ha dejado huellas en otros lugares y distancias, pero es ahí, al final de los 400 metros, donde su presencia es casi segura.

 

Cuando el atleta afronta esa última recta lleva sobre sus espaldas un esfuerzo considerable y aspira a que el hombre del mazo se apiade de él, que no le vea, que no le salga al encuentro. Es en vano. Salvo contadísimas ocasiones éste acecha y golpea al invasor.

 

Yo siempre he sospechado que el hombre del mazo tiene un cómplice, otro ser invisible con fuerza colosal que, al paso por su territorio, sujeta al cuatrocentista por unos tirantes también invisibles. Sólo así se explica el súbito frenazo, por qué la zancada siguiente siempre es más corta que la anterior o por qué al hombre del mazo le resulta aparentemente tan sencillo embestir a atletas que han entrenado a conciencia.

 

En mis años mozos el hombre del mazo me sacudió unas cuantas veces. Al principio es horrible. Pero cuando consigues que el cuerpo y la mente vuelvan a su sitio te sientes un titán, sientes que el hombre del mazo no podrá volver a golpearte, que a partir de ese momento serás más grande y fuerte que él. Vana ilusión, aunque una de las más bellas ilusiones que recuerdo de mis tiempos de atleta.

 

He dicho al principio que ataca por igual a hombres y mujeres. También ataca por igual a atletas mediocres y súper estrellas. Os invito a ver este vídeo que he subido a YouTube. En él vemos a Valerie Brisco-Hooks, triple campeona olímpica en Los Ángeles’84 (200, 400 y 4×400) en los Trials para los Campeonatos del Mundo de Roma’87, en un inolvidable encontronazo con el hombre del mazo. En este caso ella se lo puso fácil, ojo al audio, que van dando parciales.

 

 

JESSE OWENS, MEDALLAS A GOGÓ

2013 diciembre 16
por Juan Carlos Hernández

 

Ron Burkle (foto de arriba) es el multimillonario estadounidense que ha pagado 1.466.574 dólares, más de un millón de euros, por la medalla de oro de Jesse Owens que se ha subastado hace unos días. Este tal Burkle, entre otras cosas, es co-propietario de los Pittsburg Penguins, equipo de la liga nacional de hockey sobre hielo; y, que se sepa, ya usó su pasta gansa para adquirir el premio Nobel de Literatura concedido a William Faulkner en 1949.

Haciendo buena la última frase de mi post anterior, y aunque la información sigue siendo casi nula, parece ser que Burkle no tendrá la medalla en un cajón. Aunque esa medalla ya sepa lo que es estar más de setenta años en un domicilio particular.

En ese último post ya comentaba que hay cierto lío a la hora de seguir la pista a las medallas que Jesse Owens se trajo de los Juegos Olímpicos de Berlín’36. Lo que aún no sabía al publicarlo es que una voz muy cualificada ha puesto en duda la autenticidad de la medalla en venta.

 

El prestigioso historiador deportivo alemán Volker Kluge, autor de unos sesudísimos tochos sobre la historia de los Juegos Olímpicos, levantaba la voz y recordaba el dato que él publicó en el tomo Olympische Sommerspiele (1997): en 1960 fueron robadas las cuatro medallas de una exposición. Y aporta datos tan concretos como que en catorce días el Comité Olímpico alemán, a requerimiento del Comité estadounidense, hizo entrega a Owens de una réplica de las cuatro medallas hechas por un orfebre de Pforzheim. Y añade que el entonces presidente del Comité, Karl Ritter von Halt, pronunció las palabras: “Hago esto para acallar las críticas malintencionadas; Jesse Owens fue tratado mal en el estadio en 1936 por ser de color. Sobre esto no hay más palabras que decir” (Süddeutsche Zeitung, 2 de junio de 1960).

Así que a juicio de Volker Kluge la medalla que se subastaba, incluso suponiendo que realmente fuera entregada en Berlín’36, sin pruebas de ADN o huellas dactilares de Owens puede ser cualquiera de las más de 300 medallas idénticas que se otorgaron allí excepto las de Jesse Owens.

Tras las aportaciones de Kluge yo he seguido indagando por Internet y, aparte de la opinión que luego daré sobre lo dicho por el historiador, ha habido algo en mis pesquisas que me ha llamado poderosamente la atención: en los últimos días he visto varios miles de fotografías de Jesse Owens. Gracias a Internet he tenido acceso a docenas de archivos, insisto, miles de fotos –y unos cuantos vídeos– han pasado ante mis ojos. He visto a Owens de mil y una maneras desde los años 30 hasta 1980 cuando murió; recibiendo y entregando premios, posando en su casa con innumerables trofeos, presidiendo todo tipo de actos, entrevistas en televisión; con políticos, con señoras y señores, con niños y niñas… Pues bien, igual es cosa mía, pero a mí me ha sorprendido el hecho de haber visto solamente UNA IMAGEN de Jesse Owens con sus cuatro medallas.

 

Esta foto ya la puse en el último post y di por buena la datación de 1951, pero tengo que añadir que  arrastra un sorprendente baile de fechas en las galerías, que la llevan desde 1951 hasta 1973 pasando por fecha desconocida. Es una fotografía muy repetida en prensa y casi todos los archivos la ubican en la década de los 50, aunque viendo otras imágenes de Owens yo no podría descartar que fuera de principios de los 60 (desde luego no es de los 70). Si esta foto fuera de 1960 podríamos estar ante una prueba más o menos aceptable de lo expuesto por Volker Kluge, y estaríamos –quizás– ante una imagen de Jesse Owens posando con las cuatro réplicas regaladas por el Comité Olímpico alemán.

 

Pero si la fecha fuera anterior a 1960 el argumento pierde bastante fuelle porque tengo que decir que, después de rastrear Internet de cabo a rabo en cuatro idiomas, no he encontrado ni el más mínimo rastro que avale lo publicado por Kluge. Ni siquiera mencionan el robo en las biografías que he visto sobre Owens.

Ignoro por completo en qué datos se basa Kluge para estar tan convencido de que las medallas fueron robadas y replicadas en 1960, aunque reconozco que me cuesta entender su seguridad si no tuviera una certeza absoluta.

Marlene Owens Rankin, hija menor de Jesse Owens que en 1960 tenía 21 años, interrogada sobre la cuestión en las últimas semanas, tampoco tiene claro este asunto “porque mis padres nunca hablaron de ello en detalle; una historia familiar dice que algunas fueron robadas, aunque es posible que una acabara en manos de Robinson”.

Según interpreto yo estas palabras algo encaja en la teoría de Volker Kluge y algo falla. Por un lado quedaría más o menos avalada la idea del robo pero, por otro, Kluge podría estar en un error sobre Bill Robinson y, por tanto, sobre el número de medallas desaparecidas.

Vamos al repaso fotográfico. Como decía antes las fotos de Jesse Owens con sus medallas son escasísimas. Expongo todas las que tengo, quitando alguna de las mismas sesiones.

Viajamos a Berlín, al 5 de agosto de 1936. Owens ya ha ganado sus tres medallas individuales (aún no sabe que también correrá y ganará la prueba de relevos). Contesta correspondencia y posa con sus tres medallas. Ojo, que  habrá que esperar 36 años para ver una foto parecida:

 

Pasan los años 30, los años 40 y, descontando la desubicada imagen de las cuatro medallas, los años 50. Llegamos a 1962 para ver una foto de Owens mostrando alguna de sus medallas de Berlín. Si Volker Kluge está en lo cierto ya estaríamos ante alguna de las réplicas. Según los datos que acompañan a la imagen, Owens envió esta medalla a Kingston, Jamaica, para que fuera expuesta en el Salón de la Fama del Deporte durante los Juegos del Caribe (¡¡¡menudo riesgo con el precedente de 1960!!!)

 

Seguimos en los 60 (fecha indeterminada) y Jesse Owens acude a un encuentro de fumadores –Owens murió de cáncer de pulmón– con DOS de sus medallas. Viendo fotos así, me resulta aún más incomprensible que no existan docenas de imágenes parecidas.

 

Otra foto de los años 60 (yo diría que posterior a las anteriores) luciendo medalla

 

Pero atención, el diseño de esta última coincide con las medallas de 1936, aunque tanto las originales como las réplicas no tenían cadena para colgar en el cuello. ¿Medalla falsa en el cuello de Owens? Quién sabe. Una posible respuesta nos la da esta foto de Harrison Dillard, el otro atleta de Cleveland con cuatro oros olímpicos (1948 y 1952)

 

Tal y como describe Dillard, fue su mujer quien hizo poner la cadena en una de las cuatro medallas. Quizá Owens hizo lo propio.

Y las fotos de Owens con medallas se van acabando. Llegamos a 1972 y encontramos esta foto sin más datos.

 

Y seguimos en 1972 y aquí se termina la recopilación. Una foto (junto a otras parecidas) para la revista Paris Match. Desde 1936 no veíamos a Owens con TRES medallas en la mano. Si os fijáis la del medio tiene una cadena, quizá sea la misma que ya hemos visto arriba en su cuello. Quién sabe.

 

A estas alturas del trabajo espero haber contagiado mi extrañeza por la ausencia de fotografías de Owens con sus famosísimas medallas y la ausencia de datos concretos y contrastados sobre el robo. Volviendo al catálogo de la Universidad de Ohio, en él nos cuentan que las medallas se perdieron, sin entrar en datos precisos.

 

Y aún hay más. Para mayor confusión, y lo que me hace sospechar que por ahí circulan más medallas de Jesse Owens de las que imaginamos, al parecer en la vitrina de la Universidad de Ohio están expuestas TRES de las réplicas que le regalaron a Owens (¿en 1960?) más UNA COPIA de una de las réplicas. Otra cosa clara es que ninguna de ellas tiene cadena, vaya lío. Pinchad en las dos primeras para verlas más grandes:

 

El decolorado de las medallas expuestas en Ohio sugiere, en mi opinión, que las réplicas no tenían la calidad de las medallas originales. Pero tenemos con qué comparar. Aquí tenéis (pinchad en las fotos para ampliarlas) algunas medallas de oro de Berlín’36:

Medalla de Glen Morris, campeón olímpico de decatlón:

 

Medalla de John Woodruff, campeón olímpico de 800 metros:

 

Y esta es la medalla que se ha comprado Ron Burkle:

 

Viendo estas fotografías yo tengo muy claro que la medalla que se ha vendido en la subasta es una genuina medalla de oro entregada en los Juegos Olímpicos de Berlín’36. Ahora habría que confirmar –y para ello desmentir a Volker Kluge– que la medalla que durante siete décadas ha estado en poder de ‘Bojangles’ Robinson & Familia es una de las cuatro que Jesse Owens se trajo de allí.

A falta de las pruebas imposibles como ADN o huellas dactilares de Owens que irónicamente pedía Kluge, estos son los documentos que exhibía la casa de subastas para avalar la autenticidad de la medalla:

Carta del hijo de la viuda de ‘Bojangles’ Robinson poniéndose en contacto con la casa de subastas:

Certificado del peritaje sobre la autenticidad/procedencia de la medalla:

Carta de N. R. Mitgang, coautor en 1980 de la biografía de Bill Robinson, confirmando que a finales de los 70 su viuda, Elaine Plaines, le había enseñado la medalla de Owens que éste había regalado a ‘Bojangles’ en “señal de amistad y gratitud”…

 

Sobre la estrecha amistad que unió a Owens y Bojangles hay testimonios, fotos y vídeos suficientes. Tirando del hilo a través de Internet vemos a Bojangles junto a Owens a punto de atracar en Nueva York tras los Juegos de Berlín.

 

Incluso le vemos en la recepción que hizo el alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, a los medallistas olímpicos

 

Y buscando información sobre esa llegada de Owens a Nueva York y la recepción con el alcalde, un dato sorprendente sacude toda esta historia: David Kenneth Wiggins, en su libro “Out of The Shadows: A Biographical History of African American Athletes” (2006) afirma que tras las amables palabras que el alcalde La Guardia dijo sobre Owens, Jesse Owens tomó la palabra y dijo para entregar la medalla a su amigo: “Una medalla olímpica es el más alto honor que puede ganar un atleta y yo atesoro las mías por encima de todas mis otras posesiones, pero quiero hacer una entrega a Bill Robinson, el alcalde de Harlem, por todo lo que ha hecho por mí, por todos nosotros”.

 

Profundizando, llego a que esta cita ya aparecía en el trabajo de Mark Dyreson “Critical Reflections on Olympic Ideology” (1994).

Y con estos hallazgos sobre la mesa llegamos al desenlace (casi) irrefutable: el vídeo de la escena descrita en el libro. Pinchad en la foto para verlo (el de la flecha es Bojangles):

 

Las palabras de Jesse Owens: “Por supuesto que hay mucho que decir, un montón de cosas que decir antes, pero hay una entrega que a mí me gustaría hacer, y esa es al alcalde de Harlem Bill Robinson”.

Como veis, el vídeo se corta justo en el momento en el que Owens se echa mano al bolsillo, pero creo que no hace falta mucho más para dar por buena la historia de la viuda de Bill Robinson o el peritaje de la casa de subastas.

Mark Dyreson llega a decir en su trabajo que la medalla regalada es la primera que ganó Owens en Berlín –sería entonces la de los 100 metros– aunque me atrevo a opinar que ni Jesse Owens podía saber ya en ese momento del 7 de septiembre de 1936 qué medalla estaba regalando.

Me deja casi sin palabras la idea de que Jesse Owens regalara una de sus medallas nada más pisar los Estados Unidos, antes de saber cómo iban a ser sus siguientes pasos profesionales. Pero quién soy yo para intentar entender ese gesto.

Así que, finalmente, si la medalla subastada es una de las cuatro que Jesse Owens ganó en Berlín algo sigue sin encajar y algunas dudas siguen planeando sobre mi cabeza: robadas, perdidas, regaladas, empeñadas o vendidas, si en 1960 –o cuando fuera– desaparecieron cuatro medallas y el comité alemán regaló otras cuatro mientras Bill ‘Bojangles’ Robinson tenía una en su casa… ¿qué exponía Jesse Owens: una medalla falsa y tres genuinas? ¿Tendrá alguien consciente o inconscientemente tres medallas de Jesse Owens ganadas en Berlín’36? Si la respuesta fuera , ¿saldrán algún día a la luz? Quién sabe.

 

JESSE OWENS A SUBASTA

2013 noviembre 18
por Juan Carlos Hernández

 

La noticia lleva algún tiempo dando vueltas en prensa y algunos días dando vueltas en mi cabeza. La casa de subastas SCP va a poner a la venta una de las cuatro medallas de oro que ganó Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín’36. Se habla de cifras por encima del millón de dólares, no sé si para ir preparando las billeteras de los compradores potenciales reales o si es un precio “lógico” del mercado deportivo.

 

En las noticias sobre la subasta aportan un dato que me llama la atención: se ignora el paradero de las otras tres medallas. Mi primera reacción es dudar: ¿es posible que Jesse Owens perdiera tres de sus medallas?

 

Se supone, o eso cuenta la casa de subastas, que Owens regaló esta medalla al actor Bill “Bojangles” Robinson (fallecido en 1949), en agradecimiento a la ayuda que éste le brindó en aquellos procelosos años en los que ser cuádruple campeón olímpico y teórico héroe nacional e internacional no te aseguraba el sustento. Una foto de aquella amistad:

 

 

 

No conozco en detalle las vicisitudes económicas de Owens tras los Juegos del 36, pero intuyo que no tuvo suerte en los negocios que montó. Aunque a priori dinero no le faltaba, porque aparte de lo que pudiera ganar como deportista profesional, yo he escuchado de su propia boca (en un reportaje, claro) que un anónimo le regaló 10000 dólares durante el desfile de campeones al llegar a Nueva York tras su hazaña olímpica.

 

 

 

Pero volvamos a las medallas. Esta foto de 1951 de Owens exhibiendo sus cuatro medallas me hacía dudar de la información de la prensa:

 

 

 

Sigo indagando por Internet y encuentro que la Universidad de Ohio –en la que estudió Owens– tiene una gigantesca colección de documentos y material diverso sobre Jesse Owens, y en la Thompson Library tienen este expositor con objetos tan interesantes como el diario de Owens en Berlín, el telegrama que su mujer le mandó a Berlín… y las cuatro medallas de Berlín:

 

 

 

Pero leyendo en detalle el propio catálogo empieza a desenredarse el enigma. Sin especificar la fecha el catálogo aclara que se perdieron hace años las medallas originales y que el gobierno alemán las había reemplazado. Es decir, las medallas expuestas en la Universidad de Ohio son las réplicas que el gobierno alemán regaló a Owens tras haberlas perdido, y, por deducción, la medalla que se pone a la venta sería una de las cuatro ORIGINALES que Jesse Owens recibió en el podio de los Juegos de Berlín’36. Se ignora a qué prueba corresponde la medalla porque en 1936 no se especificaba en el trofeo. He aquí la pieza:

 

 

 

Son los herederos de la viuda de Bill Robinson quienes han puesto esta medalla en circulación, y, siempre según las noticias que nos dan, la familia Owens avala su autenticidad. Para un romántico del Atletismo y del Olimpismo como yo este objeto tiene un valor infinitito, tiene algo de historia, de honor y de alma. Ignoro qué precio tiene, qué cifra alcanzará en la subasta. Solo deseo que acabe en manos de alguien que además de tener el dinero sepa apreciar, valorar y entender lo que para muchos es un tesoro.

 

BEN JOHNSON, PRINCIPIO Y FIN

2013 septiembre 23
por Juan Carlos Hernández

Han pasado 25 años. Esta madrugada del martes 24 de septiembre, a las 5.30 a.m., se cumplen veinticinco años de la “Carrera del Siglo” que sacudió los cimientos del Atletismo. Todos la hemos visto, hemos oído hablar de ella, o, quienes ya vamos para arriba, la vivimos con pasión e intensidad.

 

En la más esperada Final Olímpica de los Juegos de Seúl’88 Ben Johnson trituró a Carl Lewis, trituró el cronómetro y trituró la prueba de los 100 metros lisos. Tres días más tarde explotó una bomba aún mayor: Ben Johnson había dado positivo por anabolizantes en el control antidoping… y el Atletismo, tal y como lo conocíamos entonces, se derrumbó.

 

El trabajo que vais a leer quienes queráis dedicarle una hora de vuestro tiempo no es actual. Lo hice en la primavera de 1996 –antes de los Juegos de Atlanta–, cuando los 9”79 que hizo Ben Johnson aquel 24 de septiembre de 1988 seguían estando muy lejos para los velocistas.

 

Las marcas a las que nos han acostumbrado los sprinters de la última generación parecen ensombrecer los registros que aparecen aquí. Os pido el esfuerzo de volver a situaros en aquellos asombrosos años a quienes los vivisteis, y el esfuerzo de intentarlo a quienes sois más jóvenes. Parte del Atletismo contemporáneo sigue sustentado en aquellas cenizas; el Atletismo tenía mucha más presencia que ahora y una rivalidad como la de los duelos Johnson-Lewis no ha vuelto a verse ni de lejos en las pistas.

 

La mayoría de los textos no son míos; se trata de un mega-trabajo de recopilación y documentación, ordenado y aderezado por mí en aquellos tiempos del bolígrafo y la máquina de escribir, las fotos recortadas a tijera y pegadas al folio con pegamento de barra. En 2007 lo modernicé en la era de Internet y lo colgué en el Foro de “Elatleta.com” añadiendo fotografías y enlaces digitales.

 

Un cambio en el servidor del foro lo ha dejado algo traspuesto, y como no tengo tiempo para rehacerlo entero recurro a una de las páginas que se hizo eco del trabajo y lo re-publicó conservando las fotografías y enlaces (en letras ROJAS, no hagáis caso a las letras verdes).

 

Probablemente estos días se hablará de Ben Johnson y de lo que ocurrió en Seúl hace un cuarto de siglo, pero pocos artículos se parecerán a este. Espero que lo disfrutéis:

 

“BEN JOHNSON: EL INQUEBRANTABLE TECHO DE LOS 100 METROS LISOS”

 

 

MADRID 2020, DE LA PASIÓN TURCA AL HARA-KIRI

2013 septiembre 8
por Juan Carlos Hernández

 

Yo soy uno de esos que veía en la elección de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2020 ese clavo ardiendo al que agarrarse para salvar de la quema el deporte no profesional español.

 

A lo largo de los últimos meses no he seguido como me gustaría la evolución de las candidaturas, pero ayer me di una buena panzada televisiva siguiendo el desarrollo de lo que ocurrió en Buenos Aires. El desenlace ya lo sabemos: Madrid empata por la cola con Estambul en la primera votación, y en el desempate no pasa el corte. En el mano a mano final el CIO se decanta por Tokio y allí se disputarán los Juegos Olímpicos de 2020.

 

Hoy todos opinamos y especulamos. Algunos se rasgan las vestiduras patrias, hemos visto titulares de prensa deleznables a los que no haré publicidad.

 

Así que voy a aprovechar esta humilde tribuna para dejar caer alguno de mis pensamientos al respecto, que son míos y de quienes quieran estar de acuerdo.

 

Ahora que visto lo visto todos somos listos creo que el principal error, el error de origen, ha sido precisamente aquello de lo que presumía la candidatura: unos Juegos austeros, económicamente racionales con el mundo en el que vivimos estos tiempos convulsos; “Madrid tiene sentido” clamaba el eslogan.

 

Supongo que la idea de fondo parecía estupenda (a mí me lo parecía, que conste), pero claro, era una idea estupenda de cara a la galería, de cara al pueblo que reclama un reparto equitativo de los recursos, de cara a una ciudadanía –la española- que ha visto lo que ha visto en estos últimos años, y que está sufriendo lo que está sufriendo. ¿Cómo justificar un gasto -¿inversión?- de miles de millones de euros en unos Juegos Olímpicos cuando se está yendo de las manos la sanidad o la educación? Pues eso, que no se puede justificar salvo que se enfatice lo del 91% de aceptación de la población (para quien se lo quiera creer), lo del 80% ya construido o lo de no echar en saco roto todo lo que ya se ha gastado en los anteriores intentos de ser sede olímpica.

 

Pero una cosa es hablar para la masa española y otra convencer a los casi 100 votantes del CIO, cuyos estómagos y cuentas corrientes no imagino vacíos, con el cuento de la austeridad. Para esos señores (y algunas señoras) los Juegos en ningún caso pueden ser de Pin y Pon; ande o no ande caballo grande. Hablamos de unos Juegos Olímpicos, ¿qué mierda es esa de unos Juegos de baratillo?

 

Y qué decir del trasfondo político de esos votos, o la política de bloques. Pues bien, no sé a ustedes, pero a mí me da que haber pasado todo el mes de agosto tocándole las pelotas al Reino Unido con el temita de Gibraltar no ha sido una buena idea… salvo que las mentes pensantes quisieran que la candidatura de Madrid perdiese. Que yo sepa los votos se consiguen HACIENDO AMIGOS, no metiendo el dedo en el ojo ajeno. ¡¡Ni que el bloque anglosajón/Commonwealth no tuviera peso!!

 

Vuelvo a Buenos Aires. ¿Qué coño hacía allí la actriz Amaia Salamanca? ¿A partir de qué línea roja de gasto lógico se convierten en mamoneo estas expediciones? ¿A quién o a qué representaba allí Florentino Pérez? ¿Qué ha hecho el fútbol profesional por el Olimpismo o el deporte de base? Seguro que el bueno de Florentino ha sabido aprovechar este viaje entre tanto pez gordo.

 

Y finalmente, la presentación de la candidatura. Pocos votos –o ninguno- se decidirían en esos minutos finales, pero no deja de ser lo que la gente llana pudimos ver (a pesar del apagón). Y bien, para mi sorpresa el príncipe Felipe estuvo brillante, con Alejandro Blanco, Pau Gasol y Theresa Zabell defendiendo bien sus papeles. Samaranch me gustó pero creo que solo vendió obviedades y humo, al igual que el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que también supo estar a la altura. Y capítulo aparte para Ana Botella y Mariano Rajoy. Vaya par.

 

La alcaldesa de Madrid, con su traje, su sonrisa y su tono de anuncio de compresas flower power se echó al ruedo cual torero y, eso sí, con un par, lidió un toro que le vino gigante. Señora Botella, usted no vale para estos menesteres, es lo que tiene estar a dedo en un cargo tan importante.

 

Y el presidente del Gobierno tuvo una actuación impresentable, paradiña incluida para no meter la pata con el año del evento. Se notó que sus problemas son otros y están en otra parte, y que no había ensayado como todos los demás su leído discurso. ¿A quién quería convencer con ese tono de estar echando la bronca a todos los presentes? Cielo santo, se me abrieron los ojos como sartenes. Mal, mal, mal, requetemal. Con todo lo que tiene encima este hombre me pareció que, al contrario que a Botella, a él todo esto de los Juegos Olímpicos le venía pequeño, que le importaba un carajo.

 

En la ronda de preguntas nadie habló de la crisis o la solvencia económica (los discursos ya habían taponado esas grietas) pero se colaron dos preguntas sobre dopaje y la Operación Puerto. En mi opinión Alejandro Blanco estuvo contundente pero no convincente. Hubo que esperar a la rueda de prensa posterior y a que le volvieran a preguntar por lo mismo para que dijera que están haciendo todo lo posible por saber los nombres que esconden las bolsas de sangre que la jueza ha mandado destruir para sonrojo del deporte mundial. Yo no le creí, y eso que quiero creerle.

 

Resumiendo: un proyecto seguramente bueno y solvente pero excesivamente austero y humilde, el pésimo trabajo visible a la hora de hacer amigos (el invisible está claro que tampoco ha funcionado) y la herida no cerrada del ridículo judicial de la Operación Puerto y sus bolsas de sangre nos han llevado al hara-kiri.