Diario Vasco

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FLORENCE GRIFFITH Y EL VENDAVAL DEL 10″49
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Juan Carlos Hernández | 15-10-2014 | 10:09| 2

 

 

I.     INTRODUCCIÓN

Este post pretende ser la recopilación definitiva que demuestre que el récord mundial femenino de los 100 metros lisos, los 10”49 de Florence Griffith-Joyner en 1988, fueron conseguidos con un vendaval a favor de la carrera, y bajo ningún concepto con una medición del viento de 0.0 m/s, tal y como fue homologada la marca.

 

Ya hablé de esta misma cuestión en este otro post: “Yoshihide Kiryu 0, Florence Griffith 1, IAAF 2″; pero en las últimas semanas he encontrado datos y evidencias que no conocía hace año y medio y que voy a ir desarrollando hoy.

 

Lo malo del trabajo que me voy a tomar es que no va a servir para nada aparte de entretenerme y entreteneros a algunos; es decir, a mí me gustaría que la IAAF reconociera el error de haber dado validez a un registro absurdo, borrase el 10”49 de la tabla de récords y que considerase el 10”61 de la misma Florence Griffith como récord mundial. Pero sé que esto no va a ocurrir, es más, soy perfectamente consciente de que la IAAF sabe que aquella carrera fue ventosísima, que tiene todos los datos en su poder y, sin embargo, prefiere mantener un récord esperpéntico a dar marcha atrás. Y veintiséis años después de la carrera mucho menos, supongo.

 

 

II.     HECHOS Y DATOS

Recapitulemos los hechos: el 16 de julio de 1988, en los cuartos de final de las pruebas de selección olímpicas (Trials), la estadounidense Florence Griffith trituró el récord mundial de los 100 metros con un registro de 10”49, al que OMEGA, empresa encargada de las mediciones, atribuyó un viento de 0.0 m/s.

 

Hasta ese momento el récord pertenecía a la también estadounidense Evelyn Ashford con una marca de 10”76. La marca personal de Griffith era de 10”89 (-0.1) conseguida tres semanas antes, y sus siguientes mejores registros eran un 10”96 (0.0) de 1987 y un 10”99 (-0.1) de 1984.

 

La de Griffith fue la primera de tres carreras de cuartos de final. Curiosamente, el viento de la segunda también fue medido en 0.0, en una carrera ganada con 10”83 por Sheila Echols, una atleta cuyas siguientes mejores marcas son 10”99 (+1.3) y 11”00 (+1.2), hechas al día siguiente en la semifinal y en la final de aquellos Trials. Y “sorprendentemente”, al igual que muchas mediciones de esa tarde, la tercera y última carrera tuvo un viento de +5.0.

 

 

Si habéis leído mi artículo del año pasado ya sabéis que a la vez que estas tres carreras, y a pocos metros en paralelo, se disputaba la final de triple salto. Hoy puedo añadir que de los 46 saltos válidos solo 3 fueron legales en cuanto al viento. La media de las 46 mediciones fue de 3.98 m/s y una medición alcanzó los +7.0 m/s.

 

Las ganas de querer volver a bucear en este tema me surgieron tras encontrar en YouTube un nuevo vídeo en el que se llega a apreciar la medición del anemómetro del triple salto DURANTE la carrera de Florence Griffith: +4.3 m/s.

 

 

Comprobado, Robert Cannon acababa de saltar 17,63m (+4.3) en la segunda ronda del triple salto aproximadamente dos minutos –como mucho tres– antes de que se diera la salida a la carrera de Florence Griffith. Y mientras Griffith destroza el récord mundial Johnny Washington está preparado en el pasillo para el que sería su mejor salto de la tarde: 16,10 (+4.5)

 

 

No sé cuántos saltos hubo hasta que se disputó la segunda carrera de los cuartos de final, pero las siguientes mediciones de viento en el triple salto fueron +2.8, +4.8, +2.0 y +4.2.

 

 

El principal hallazgo de estas semanas, y del que han salido algunos de los datos ya expuestos, ha sido este espectacular informe para la IAAF del biomecánico deportivo Nicholas P. Linthorne: “The 100m World Record by Florence Griffith-Joyner at the 1988 U.S. Olympic Trials” de junio de 1995.  Demoledor desde el primer párrafo. El informe empieza por la conclusión, desarrollada luego en decenas de páginas, de que durante la carrera del 10”49 de Florence Griffith el viento debía soplar con una intensidad de entre +5 y +7 metros por segundo. Y durante la segunda carrera de cuartos de final, a la que también “regalaron” un 0.0, debió haber un viento a favor de entre +3 y +4 metros por segundo.

 

El principal argumento de Nicholas P. Linthorne se basa en un detalladísimo trabajo estadístico en el que estudia con precisión científica la influencia del viento sobre los atletas en docenas de carreras, desde los Mundiales de Helsinki’83 hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.

 

El estudio detalla que las seis atletas que pasaron ronda en la carrera del 10”49 (0.0) corrieron una media de 0”28 más lento en las semifinales del día siguiente (vientos de +1.3 y +1.6). Las cinco atletas que pasaron ronda en los cuartos de final ganados por Echols con 10”83 (0.0) corrieron en las semifinales 0”09 más lentas de media. Y las cinco atletas que pasaron ronda en la tercera carrera de cuartos de final (+5 de viento) corrieron las semifinales 0”14 más lento de media.

 

Aplicando la estadística a esos empeoramientos de las marcas se obtienen las velocidades teóricas del viento en las dos carreras a las que OMEGA atribuyó 0.0 m/s. Como ya se ha dicho, entre +5 y +7 para los 10”49 de Griffith y entre +3 y +4 para los 10”83 de Echols.

 

En el informe hay otro dato esclarecedor, dato que yo creo que cualquier aficionado familiarizado con estas cuestiones entenderá como concluyente: resulta que doce de las catorce atletas (las seis primeras de las dos carreras sospechosas) hicieron su marca personal del año 88, y en varios casos su marca personal de siempre, precisamente en esos CUARTOS DE FINAL con 0.0 de viento oficial.

 

 

Con todos estos datos encima de la mesa, y sumando un mínimo de sentido común, es lógico pensar que en esas dos carreras de cuartos de final falló estrepitosamente el anemómetro. Dos mediciones de 0.0 en dos carreras consecutivas en las que una docena de atletas mejora su marca, mientras a dos metros las mediciones en el triple salto arrojan una media de +4.0 m/s no son improbables: SON IMPOSIBLES (en mi opinión).

 

 

III.     EL NÚMERO DE ZANCADAS

Los datos de este apartado quizá no sean tan relevantes como los expuestos anteriormente, pero a un nivel de observación pueden ser significativos.

 

Que yo sepa, circulan por YouTube seis de las ocho carreras de 100 metros que Florence Griffith disputó en los Trials y los Juegos Olímpicos de 1988, las cuatro de los Juegos más los cuartos de final y la final de los Trials. Nunca he visto la primera ronda ni la semifinal de las pruebas de selección.

 

Lo que resulta curioso observar en estas seis grabaciones es que, partiendo de la certeza de que en la carrera del 10”49 el viento era muy superior a +2 m/s, y con la única excepción de la final de los Trials, descubrimos una curiosa relación entre el viento a favor y el número de zancadas: a más viento menos zancadas.

 

Este sería el cuadro:

 

 

IV.     LA TEORÍA DEL VIENTO CRUZADO

Resulta tan obvio comprobar que durante las dos carreras del 0.0 sí había viento que los responsables de OMEGA  se agarraron a la única explicación que les evitaba el sonrojo: había viento, sí, en concreto un viento de +2.8 m/s, sí, pero… incidiendo en el anemómetro de forma transversal a 91º, por lo que la medición de 0.0 sería la correcta. Olé sus huevos.

 

Ignoro si aportaron alguna prueba que avalara este nuevo despropósito o si se quedaron tan anchos sin más. Estas semanas he encontrado en un foro alguien que defendía esta teoría mostrando este fotograma como la prueba de que el viento soplaba en transversal a la carrera de Florence Griffith:

 

 

Este crédulo forero está obviando –o no se ha dado cuenta– de que si la bandera está cruzada no es por el viento sino porque el juez está sujetando la tela con su mano derecha. Aquí os muestro otro fotograma parecido pero más claro que pertenece a la final masculina disputada 50 minutos más tarde

 

 

Además del fotograma también podéis ver el vídeo. Cuando el juez suelta la bandera sí puede llegar a parecer que el viento azota en transversal. Pero muy transversal no sería porque la medición del anemómetro marcó nada menos que +5.2 en esta carrera. Pinchad aquí, en el minuto 6’10”

 

 

*Una segunda teoría que especula con el viento cruzado plantea la posibilidad de que durante las dos carreras de 0.0 el anemómetro estuviera mal colocado, con una desviación de 30º respecto a la línea recta de la pista, por lo que si el viento azotaba en diagonal a 60º la medición final sería 0.0.

 

De esta teoría, que no es mala como veremos más adelante, no voy a opinar nada porque si esto fue lo que ocurrió estaríamos ante un error de los jueces que anularía directamente cualquier validez de las carreras.

 

V.     EL VIENTO EN IMÁGENES

Antes de ir a la carrera de Florence Griffth quiero empezar este análisis del viento en imágenes con este vídeo de Willie Banks. Pertenece al primer salto de la primera ronda de la final de triple salto, unos 75 minutos antes que el récord de Griffith. Aunque ventoso, es el primer salto de la historia –legal o ilegal- por encima de los 18 metros: 18,06 (+4.9). Fijaos en la camiseta y el pantalón de Banks al principio del vídeo y veréis el efecto que tiene sobre un atleta un viento de +4.9 m/s.

 

 

Aparte de la imagen de la ropa destaco dos fotogramas de la carpa en la que los triplistas aguardan su turno. En este os señalo la bajera de la carpa; luego veremos desde el otro lado cómo se agita el “faldón” durante la carrera del 10”49

 

 

Y en este os muestro una cinta colgante que, obviamente, durante un salto de +4.9 está agitadísima

 

 

Vamos, ahora sí, con los elementos móviles durante la carrera del 10”49. Me sorprende que no circule por Internet ninguna grabación en HD (alta definición) de la carrera, por lo que hay que conformarse con YouTube y, en mi caso, con las grabaciones de vídeo que hice en su momento directamente de la televisión y que son, al visualizarlas a través del DVD en un televisor de 37 pulgadas, mi mejor herramienta de trabajo.

 

En el capítulo IV ya hemos visto la bandera del juez situado detrás de las corredoras. La bandera se agita con fuerza cuando la suelta, al igual que en la final masculina que ya hemos visualizado antes y que tuvo un viento de +5.2 m/s.

 

 

En esta fotografía previa a la carrera vemos la melena de Florence Griffith tapándole la barbilla. El viento viene del lado izquierdo a las atletas, pero la teoría del viento cruzado ya ha quedado al descubierto en el capítulo anterior

 

 

Cuando las atletas se están colocando en los tacos de salida, la cámara se centra en la de la calle 6, Carlette Guidry; junto a ella, en la calle 5, también se ve en parte a Florence Griffith. Fijándonos bien llegan a percibirse trazas de viento en todos los elementos con posibilidad de moverse: el dorsal, la ropa y el flequillo de Guidry, y en el adhesivo del muslo de Griffith y en su dorsal.

 

 

Casi imperceptible en YouTube es el movimiento de la melena de Florence Griffith en la posición de “listos”, que se agita notablemente. En estas capturas se llega a apreciar cómo su pelo permite ver (2 y 4) o no ver (1 y 3) trozos de pista detrás de la atleta.

 

 

Otro elemento móvil difícil de apreciar en YouTube es la chaqueta azul de este juez, que es zarandeada por el viento. También es cierto que la chaqueta evidencia la presencia de viento pero no la dirección del mismo.

 

 

Llego a la carpa de los triplistas que también hemos visto antes. Algún día veremos la carrera en HD y aparecerá ante nuestros ojos la cinta colgante agitada por el viento a favor, ahora casi invisible. Mientras tanto este es el fotograma “menos malo” que puedo ofrecer

 

 

Y ahora la falda de la carpa. Antes os he mostrado la parte de atrás. En el vídeo del 10”49 se ve una gran agitación. Os pongo unos fotogramas…

 

 

…Y el vídeo (minuto 1’15”)

 

 

Por si no lo veis claro vuelvo a recurrir al vídeo de la final masculina, donde ya no hay triplistas bajo la carpa y se ve mucho mejor que eso que se mueve agitado por el vendaval es el faldón de la carpa (minuto 5’44”)

 

 

Nos vamos al otro lado de la pista, más allá de la calle 9, donde tenemos, quizá, las dos mejores evidencias visuales del viento.

 

En primer lugar vemos a este voluntario (o lo que sea) de camiseta roja

 

 

Ojo, que en un momento algo se mueve. En el “a sus puestos” de las atletas el chico tiene su acreditación sobre su hombro izquierdo

 

 

Se gira hacia su derecha para colocarse bien la acreditación

 

 

El viento vuelve a hacer volar la acreditación y vuelve a caer

 

 

Durante la posición de “listos” se gira hacia su izquierda

 

 

Y en las primeras zancadas el vendaval vuelve a colocarle la tarjeta sobre el hombro

 

 

Son pocos segundos pero se ve muy bien en el vídeo a velocidad normal. Pinchad aquí

 

 

Por último, la que en mi opinión es la prueba visual más concluyente que podemos apreciar en el vídeo del 10”49: la camiseta verde de este juez

 

 

Este juez está en pantalla los cuatro primeros segundos de la carrera (muchos más a cámara lenta, claro). En YouTube se ve, con dificultad y concentración, pero se ve. Tengo que reconocer que es con el DVD y el televisor cuando la evidencia es indiscutible. Pinchad en el vídeo (minuto 1’08″) y prestad atención a la camiseta verde del juez

 

 

VI.     CONCLUSIÓN

Mi conclusión es redundante, lo he repetido varias veces a lo largo de este trabajo: durante la carrera de 100 metros en la que Florence Griffith detuvo el cronómetro en 10”49 y los encargados del anemómetro dieron por válida una medición de 0.0 m/s hubo un calamitoso error en esta medición.

 

Banderas, flequillos, camisetas, acreditaciones, chaquetas, carpas, cintas colgantes… todo lo que podía agitar el viento durante la carrera de Florence Griffith aparece agitado ante nuestros ojos. ¿Cuántos metros por segundo de viento ayudaron a que Florence Griffith corriera 100 metros en 10”49? Yo no puedo saberlo. El biomecánico Nicholas P. Linthorne calcula que entre +5 y +7 m/s. Sin duda se acerca más a la verdad que el 0.0 oficial, aunque si me baso en mis propias observaciones yo estimo que el viento pudo soplar entre +4 y +5 m/s, algo parecido al viento que ayudó a los triplistas justo antes y justo después de la carrera.

 

Y me remito, para terminar, a la introducción. Lamento mucho que la IAAF no borre de sus listas este récord absurdo sabiendo como sabe que durante la carrera soplaba un vendaval a favor de Florence Griffith-Joyner (Q.E.P.D.)

 

 

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ASÍ NO, GREG RUTHERFORD, ASÍ NO
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Juan Carlos Hernández | 27-08-2014 | 17:34| 5

 

En este siglo de Atletismo alejado de los medios, el nombre de Greg Rutherford solo nos sonará a los muy apasionados por el tema o, incluso, a los muy implicados en el salto de longitud.

 

Greg Rutherford, británico él, es el actual campeón olímpico de salto de longitud, campeón de la Commonwealth y campeón de Europa, medallas secundarias aparte. Este palmarés, que convertiría a cualquier atleta en una “vaca sagrada” genera una curiosa controversia en el caso de nuestro pelirrojo saltador. Al menos en mi opinión.

 

Para empezar, los registros con los que ha ganado alguno de sus títulos están entre los más pobres de los últimos cuarenta años. No sé si esto quita brillo a sus medallas pero, sin duda, no se lo añade.

 

Y luego está su propia marca personal, que es precisamente donde llegan las dudas y la polémica.

 

Hasta el 25 de abril de este año, Greg Rutherford compartía el récord británico con Chris Tomlinson, con una marca de 8.35m. Registro muy noble pero no extraordinario. Casi todos los que estáis leyendo esto sabéis que la barrera GORDA del salto de longitud es el 8.50 (o 28 pies, 8.53, en el mundo anglosajón). Pues bien, el pasado 25 de abril, en la localidad estadounidense de Chula Vista (California) nuestro amigo Greg Rutherford llegó a ese estatus superior, y con un salto de 8.51 (+1.7) pulverizó su registro y el récord de Gran Bretaña.

 

Y llegó el lío. Os pongo el vídeo para que podáis verlo.

 

 

Inmediatamente saltaron algunas alarmas. En las repeticiones a cámara lenta parece bastante claro que el salto ES NULO. Uno de los que alzó la voz fue Chris Tomlinson, el hombre que perdía su condición de co-plusmarquista nacional. Pero para mi sorpresa y la de muchos más el 8.51 de Greg Rutherford ha sido ratificado como salto legal a todos los efectos.

 

En su momento yo también di mi opinión en Twitter y en algún foro. Hoy aprovecho mi blog para explayarme y regalaros un rato de entretenimiento atlético freak.

 

Y es que, vamos a ver, aunque el salto no fuera nulo (que yo creo que sí, como trataré de demostrar), este salto jamás debería ser aceptado porque incumple varios puntos del reglamento.

 

En el todavía cercano Campeonato de Europa hemos visto la descalificación del “ganador” de los 3000 metros obstáculos por quitarse la camiseta a falta de 100 metros para la meta. Se le aplica el reglamento, se le descalifica con todas las de la ley y punto. Hace trece meses publiqué un post titulado “Yoshihide Kiryu 0, Florence Griffith 1, IAAF 2” en el que hablaba de cómo, en ocasiones, la Federación Internacional reparte “justicia” según le salga de una parte o de otra, porque a Kiryu no le homologaron un récord mundial júnior porque el anemómetro utilizado no fue el que tenía que ser, y en cambio a Florence Griffith le mantienen desde hace veintiséis años un infame récord mundial de los 100 metros con un evidente huracán de viento a favor que el anemómetro midió como 0.0 m/s.

 

Y así seguimos. Volviendo al 8.51 de Rutherford paso a desgranar los motivos por los que considero que este salto no debería ser el récord de ningún sitio ni la marca personal de nadie.

 

Lo primero, repasemos el reglamento. Esto es lo que dice exactamente sobre la tabla de batida. Subrayo en rojo algunos detalles que luego habrá que observar con detenimiento. Podéis usar las opciones del botón derecho del ratón para ver más grande cualquier foto del post.

 

 

Este sería el croquis oficial de una tabla de batida

 

 

Para verlo más claro pongo esta imagen de una tabla normal. Que quede claro: la tabla debe medir 20 centímetros de ancho y la tabla con plastilina debe estar elevada unos 7 milímetros y tener un corte a unos 45º donde se juntan ambas tablas

 

 

Y ahora veamos cómo era el saltadero de Chula Vista del que se benefició Greg Rutherford:

 

 

Si os fijáis, salvo que Rutherford tenga el pie de un niño de diez años la tabla de batida no mide 20 centímetros sino 30 aproximadamente.

 

Para no parecer un tiquismiquis, más peliaguda me parece la evidente irregularidad de la plastilina. ¿He dicho plastilina? ¿Dónde está la plastilina? Como veis, ni hay plastilina ni la tabla que hace las veces de la plastilina está elevada 7 milímetros (ni medio milímetro) ni hay un corte a 45º (porque no hay donde hacerlo) ni nada de nada que se parezca a una tabla de batida reglamentaria.

 

 

Resumiendo: estamos ante una tabla de batida que incumple al menos 3 puntos del reglamento. Solo por esto yo ya considero que el salto no debería homologarse y que la IAAF haría bien en dar un toque a los jueces de Chula Vista y/o a los responsables que corresponda.

 

Pero vamos a lo más sangrante, ¿el salto fue nulo o no? Yo ya he opinado que creo que sí y os muestro mis “pruebas”. La cámara que nos ofrece las imágenes no está justo en la línea por lo que quienes defiendan la legalidad del salto (si es que hay alguno) tienen donde agarrarse.

 

Os muestro esta imagen en la que, casualmente, sale disparada en vertical la arena que había en la línea de unión entre la tabla de batida (blanca) y la tabla de “plastilina” (amarilla). Mirad el círculo

 

 

Ese “géiser” de arena voladora es el que nos muestra dónde estaba exactamente la línea de nulo. Más allá de esa línea el salto deja de ser válido. Debería quedar marca en la plastilina pero como no hay…

 

¿Nos engaña algún efecto óptico? Avanzo algunos fotogramas y la arena voladora se va disipando

 

 

La arena se disipa del todo y se ve dónde está el pie de Greg Rutherford. Yo diría que, incluso, la punta del pie está aún más metida en la “plastilina” que lo que se aprecia en la foto.

 

 

¿A alguien le quedan dudas? A mí me parece obvio que es un NULAZO como una catedral. Y me parece penoso que la propia IAAF cierre los ojos cuando le da la gana y dañe de esta manera su pretendida credibilidad. En algunas cosas vamos de culo.

 

Cierro el post con mis mejores deseos para que Greg Rutherford salte algún día más de 8.50m. (ya puestos que salte 28 pies o más), eso sí, en condiciones incuestionables. Que yo seré el primero en disfrutarlo y aplaudirlo.

 

Qué a gusto “mequedao”.

 

 

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21 DE AGOSTO DE 1985 (+1)
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Juan Carlos Hernández | 21-08-2014 | 19:34| 0

 

Hace cuatro años, el 21 de agosto de 2010, escribí este post titulado «21 de agosto de 1985» en el que contaba cómo llegué a mi primer día en una pista de Atletismo y el entrenamiento con el que me estrené.

 

Nunca llegué a escribir lo que hubiera sido algo así como la segunda parte del post: qué pasó en las siguientes horas de aquella primera tarde en las pistas de Anoeta.

 

Resulta que aquel 21 de agosto de 1985 se disputó el mitin de Zúrich, que por aquellos años ya era el gran día del Atletismo mundial. En 1985 se disputaba por primera vez el «Grand Prix», lo que tras sucesivas mutaciones ha llegado a ser la «Diamond League» actual. Y en 1985, al menos en España, eran tardes de gloria televisiva al servicio del Atletismo. Como ya decía en el post de 2010 «no todo ha evolucionado favorablemente».

 

Destrozado por el cansancio de decenas de multisaltos me tumbé en la cama para disfrutar del mejor Atletismo en la pequeña tele de mi cuarto.

 

En lo que a Atletismo se refiere el momentazo del día lo protagonizó Mary Decker -foto de cabecera- al batir el récord mundial de la milla (4’16”71) derrotando a sus archirrivales Maricica Puica, que hizo récord de Europa, y Zola Budd, que hizo récord de la Commonwealth.

 

 

En la milla masculina Said Aouita se quedó a 61 centésimas del récord mundial de Steve Cram; y Steve Cram, con un marcón de 1’42”88 venció en el 800 al campeón olímpico Joaquim Cruz. En longitud femenina Heike Drechsler, con 7.39m, venció a Jackie Joyner con 7.24m. O en 800, Jarmila Kratochvilova perdió por una centésima ante Fita Lovin (1’56”71). Etc, etc.

 

Así era Zúrich y así sigue siendo. Imaginaos cómo me lo pasaba yo a los dieciséis años viendo estas cosas.

 

En una pausa quise ir a la cocina a beber agua y comprobé, al querer levantarme de la cama, que los tobillos se me habían petrificado en ángulo recto y casi me caigo de cabeza. Así entendí que la palabra Atletismo estaría unida para siempre a las palabras esfuerzo y sacrificio. Y supongo que me enamoré aún más de mi deporte favorito.

 

Pero al igual que sucede ahora con Bolt, más allá del Atletismo, los focos del espectáculo se los llevaba Carl Lewis. Se lo había ganado con cuatro años de fábula, de 1981 a 1984, y un inicio de 1985 que llegó a parecer que los récords mundiales iban a caer a pares. Pero no. Una lesión seria, quizá la primera de su vida, echó al traste el gran colofón de los mejores años de Carl Lewis.

 

Tras varias semanas sin correr (en un intento desesperado no llegó ni a la final del Campeonato USA de los 100 metros) alguien puso muchísimo dinero sobre la mesa para que «la estrella» estuviera en Zúrich para correr el 100 y el 200. Y así, un Carl Lewis totalmente fuera de forma acabó cuarto con la misma marca que el quinto en un 100 ganado por un tal Ben Johnson, hasta entonces un segundón (bronce en Los Ángeles’84, eso sí). Nadie lo sabía en ese momento, pero esa victoria de Johnson y esa clamorosa derrota de Lewis fue el primer gran capítulo de una de las rivalidades más intensas que ha conocido el Atletismo. Por supuesto, la humillada estrella no corrió el 200.

 

 

Y todo aquello sucedió ante mis tobillos de madera y mis ojos adolescentes. Nadie duda de que el enfrentamiento Lewis-Johnson de 1985 a 1988 cambió la historia del Atletismo, lo mismo que yo sé que aquellos multisaltos y todo lo que vino después marcaron mi biografía para siempre.

 

Por cierto, sé que alguno ya habrá caído, justo un año más tarde, el 21 de agosto de 1986, cuando yo celebraba mi primer cumpleaños como atleta, nacía en Jamaica un niño que se llamó Usain Bolt. Para que veáis la importancia que tiene para el Atletismo el día que yo pisé por primera vez una pista. ¡ JA !

 

 

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EL TESORO DE TONY DUFFY
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Juan Carlos Hernández | 11-08-2014 | 19:35| 0

 

En este blog se ha hablado largo y tendido de Bob Beamon y su Ocho Noventa. Es mi debilidad, ya lo sabéis.

 

El 15 de enero de 2012 publiqué un artículo titulado “La foto del cofre del tesoro” para mostrar al mundo el hallazgo de una fotografía en color de aquel salto hecha desde la grada por Jorge González Amo, nuestro plusmarquista nacional de los 1500 metros en 1968.

 

En el artículo hacía referencia, entre otras, a la foto más famosa del Ocho Noventa, la del británico Tony Duffy:

 

 

Lo que yo no sabía entonces es que Tony Duffy tampoco era un fotógrafo profesional. Duffy era en 1968 un contable de 31 años, aficionado a la fotografía, que fue a los Juegos Olímpicos de México’68 como un espectador más.

 

Cuando iba a comenzar la final del salto de longitud se colocó en la primera fila de la grada, en línea del pasillo de saltos, con su Nikon Nikkormat y una lente de 300 milímetros. Cuando Bob Beamon inició su vuelo Duffy disparó instintivamente con una velocidad de obturación de 1/500 y una apertura de diafragma de f/4.5… y consiguió la foto de su vida y una de las fotografías icónicas del siglo XX.

 

Pero no lo supo inmediatamente. Tony Duffy siguió disfrutando de los Juegos y estuvo dos días con el carrete en el bolsillo. Finalmente lo llevó a una tienda de ‘revelado en una hora’ y comprobó al día siguiente el acierto de su disparo beamoniano.

 

Tras su regreso a Londres supo que escaseaban las fotos del Ocho Noventa y se animó a enviar la suya a la agencia AP. Fue publicada por primera vez el 4 de diciembre de 1968, y a partir de entonces el teléfono de Duffy no paró de sonar.

 

La fotografía cambió por completo la vida de Tony Duffy. Dejó su empleo de contable y, junto a su amigo John Starr, fundó la agencia fotográfica ALLSPORT, que rápidamente se convirtió en una de las más importantes y prósperas agencias fotográficas deportivas del mundo. En 1998 el imperio fotográfico Getty compró Allsport por 29,4 millones de libras.

 

Y todo había comenzado con la asombrosa foto del asombroso salto de Bob Beamon.

 

Hoy en día Tony Duffy vive, jubilado y rico, en California (EEUU).

 

 

El motivo por el que he contado la historia de la fotografía de Duffy es porque esta semana ha empezado a circular por Internet otro de esos “tesoros beamonianos” que llaman mi atención: el NEGATIVO ORIGINAL de Tony Duffy con el que inició la andadura de Allsport:

 

 

A la emoción que me produce este hallazgo se le suma (o resta en este caso) un pequeño chasco: por pura deducción yo estaba casi convencido de que el encuadre original de la foto tenía que ser apaisado, es decir, con la base del rectángulo mayor que la altura, y por tanto las agencias llevaban toda la vida escamoteando un buen trozo de la foto original. Algo parecido a esta otra imagen del Ocho Noventa hecha por Douglas Miller, que durante años la conocimos así:

 

 

…Para finalmente, hace un par de años, descubrir que el encuadre original era mucho más amplio:

 

 

Yo esperaba lo mismo de la foto de Tony Duffy pero la aparición del negativo original (con 100% de credibilidad en la fuente) echa por tierra mi teoría. Eso sí, aunque mi teoría fuera errónea siempre me da mucho gusto resolver enigmas beamonianos y, por supuesto, ha sido un placer compartirlo con vosotros.

 

 

 

 

 

 

 

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LOS MILAGROS DEL DOCTOR… EN EBOOK
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Juan Carlos Hernández | 13-07-2014 | 23:01| 0

 

Los viejos seguidores de este blog quizá recordaréis el relato que fui publicando por capítulos en la primavera de 2010: “LOS MILAGROS DEL DOCTOR MARTÍNEZ LAGUNA”, una historia algo alucinógena sobre viajes en el tiempo, cataclismos, saltos de longitud, Bob Beamon y su Ocho Noventa, Borges y su El Aleph y Prince y su concierto/aftershow Small Club. Un aparente revoltijo del que creo que salió algo curioso y entretenido.

 

Cuatro años más tarde me he animado a darle una salida comercial y he publicado el relato, con algunas correcciones y añadidos, en “casadellibro.com”. Por ejemplo, aunque haya sido la noticia más triste del año atlético, y como homenaje tras su fallecimiento, estoy contento de haber podido añadir al texto definitivo un recuerdo al gran Yago Lamela.

 

Así que si queréis pasar un buen rato leyendo, por el módico precio de 4 euros podéis descargar el relato en formato digital y llevarlo a vuestro eBook, tablet, smartphone, ordenador o aparato tecnológico equivalente. Para la playa, el tren, el avión o las vacaciones en general.

 

Si os lo perdisteis en su día espero que os guste.

 

Te lo puedes descargar ==> AQUÍ (Casa del Libro) o AQUÍ (El Corte Inglés)

 

 

 

 

 

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NOTHING COMPARES TO YAGO LAMELA
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Juan Carlos Hernández | 09-05-2014 | 12:05| 0

Ayer, o quizá fue antes de ayer, que se me ha revuelto todo dentro de la cabeza, me despertó la radio a las 10 am. Sí, vaya horas, cosas de la salud. Para mi sorpresa empezó el programa de Gemma Nierga (en la SER) haciendo sonar la extraña versión de Jimmy Scott del “Nothing Compares 2U”, esa canción compuesta y escondida por Prince en 1985 y que en 1989 Sinéad O’Connor llevó al Cielo y a la eternidad musical.

 

Triste preludio de la tarde.

 

Hacia las siete y media, haciendo zapping, la noticia de la muerte de Yago Lamela me cayó como un mazo en la cabeza. Nunca, hasta ayer, me había afectado tanto la muerte de un artista admirado, es mucho lo que Yago Lamela hizo para quienes amamos el Atletismo.

 

Entré en Twitter y Twitter ardía como mis sesos.

 

Hoy sigue siendo un día triste pero un día para seguir disfrutando del talento precoz de Yago o del más mágico momento del Atletismo español en muchos años, momento que yo tuve la suerte de ver y disfrutar en directo por la televisión.

 

Mañana será el día de “Irresistible Bitch”, “Housequake” o “Sexy MF”, pero hoy mi amor por el Atletismo se ha muerto un poco. Hoy es el día de “Nothing Compares 2U”.

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INSULTANDO, QUE ES GERUNDIO Y ES GRATIS
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Juan Carlos Hernández | 08-05-2014 | 11:26| 1

 

Yo me considero un tipo con temple y bastante paciencia, aunque, como cualquiera, tengo mis cosquillas y mis líneas rojas que no me gusta ver cruzadas.

 

A estas alturas, y hablando de “atletismo”, ya casi ni pestañeo con los últimos sainetes de la senadora y Urco ladrando impunemente; siento repelús por lo mucho o poco que sabemos de las operaciones Puerto, Galgo, Jimbo o las que queden por llegar, aunque lo sigo de lejos con cierto espíritu masoquista. Sí me alarma saber que una chica joven murió indefensa en un retrete acribillada por los disparos de un ¿atleta?, pero me recrimino a mí mismo que no se me revuelvan más las tripas cuando veo al pistolero y pienso (ojalá me equivoque) que se va a ir de rositas tras semejante drama.

 

Me resulta más pueril y risible que ofensivo (que algo tiene) la matraca que son capaces de darnos los medios con las ¿¿comparaciones?? entre una aceptable corretaina de un gran futbolista detrás de un balón y los records del mundo de Usain Bolt. Con dos cojones, oiga.

 

Y, en fin, me parece estomagante que las noticias de “atletismo” estén casi reducidas a todas estas mierdas y otras parecidas, aderezadas últimamente –qué menos– con algo de maratones y running.

 

Pero al principio he hablado de líneas rojas y he conjugado el verbo insultar. Y es que lo que ha conseguido tocarme la txorra ha sido leer (cosas que le llegan a uno vía twitter) este texto aparecido hace unos días en el diario [pretendidamente] deportivo AS. Por favor, léanlo detenidamente. Yo me imagino al autor rebuznando carcajadas de satisfacción y sintiéndose el periodista más agudo y ocurrente de su silla.

 

 

No sé quién es el juntaletras, ni me apetece saberlo, al que el diario AS ha concedido ese espacio para decir eso. No sé si un periódico debe permitirse semejante aborto periodístico. ¿O acaso alguien revisó el texto y le dio el visto bueno? Capaces.

Que un periódico teóricamente especializado en la materia se permita esas gracietas, exabruptos, insultos, basura intelectual e ignorancia ME JODE, me encuentra las cosquillas malas y traspasa mis líneas rojas.

Demostrar en tan poco espacio tanta incultura, tanta grosería, tanto desprecio hacia la disciplina olímpica que más éxitos ha conseguido para España me repatea los hígados. Una disciplina, la marcha atlética, sacrificada como pocas, vocacional como ninguna.

Señores del AS, si tanto se divierten con sus chanzas, si tanto les gusta su propia mierda… CÓMANSELA, coño.

 

Y para los demás, si alguien está interesado en leer artículos inteligentes y dignos puede empezar por estos:

 

COPA DEL MUNDO DE MARCHA TAICANG 2014, por Coral Aja Pérez.

¡QUEREMOS MARCHA, MARCHA!, por Fran Aguilera Moreno.

CON TODO LO QUE LA MARCHA NOS HA DADO, por Coral Aja Pérez.

 

 

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MIKE POWELL VUELVE A ACERCARSE A BOB BEAMON
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Juan Carlos Hernández | 30-08-2014 | 13:41| 3

 

El 30 de agosto de 1991, en Tokio, Mike Powell batió el récord mundial de salto de longitud con un vuelo de 8.95 metros. La plusmarca pertenecía a Bob Beamon con sus míticos “Ocho Noventa” conseguidos en la final olímpica de México’68 casi veintitrés años antes. Este récord, por tanto, reinó durante 8351 días.

 

Actualmente hay varios récords atléticos que están envejeciendo aún más pero en aquel momento la longevidad del récord de Beamon solo estaba superada, también en salto de longitud, por los 8.13 que Jesse Owens saltó en 1935 y que fue récord mundial durante más de un cuarto de siglo hasta que Ralph Boston saltó 8.21 en 1960. Cabe añadir que en este momento el récord que más tiempo lleva vigente es el 8.79 indoor de Carl Lewis, que el pasado 27 de enero llegó a los 30 años (¡¡¡!!!).

 

Volviendo a Mike Powell, y adelantándome un trimestre a la efeméride, si nadie lo evita será el próximo 11 de julio el día en que iguale los 8351 días de Bob Beamon; 8352 el 12 de julio. Y suma y sigue, supongo.

 

En este blog ya se ha hablado de Mike Powell y también de lo que ocurrió aquel apoteósico 30 de agosto de 1991, que fue mucho. Y es que, resumiendo una vez más, un atleta –Carl Lewis– saltó 8.91 ventosos, 8.87 con viento en contra, hizo una media de 8.826 en sus cinco saltos válidos (más un nulo que rondaba los 8.80)… ¡¡¡y perdió!!! En su vuelo de 8.95 Mike Powell asestó un golpe de gracia al récord de Beamon y a los diez años de imbatibilidad de Lewis.

 

 

Sin duda aquel día se vivió en Tokio una de las páginas más brillantes de la historia del Atletismo. Yo quiero aportar algo a esta historia y lo voy a hacer vía YouTube. Cualquier sencilla búsqueda en google permite ver los saltos de Powell y Lewis en Tokio’91. Afinando más pueden verse los doce saltos, aunque para ello hay que visualizar reportajes completos y hay bastante batiburrillo.

 

En un intento de facilitar la tarea he echado mano de mis propias grabaciones de la época y he subido los doce saltos del duelo Powell-Lewis en un triple formato:

 

  1. Los seis saltos de Mike Powell
  2. Los seis saltos de Carl Lewis
  3. Los doce saltos en orden cronológico

 

La grabación pertenece a TVE y, desde mi punto de vista, el audio resulta decepcionante: José Ángel de la Casa, más soso imposible, cualquiera pondría más pasión para retransmitir una reunión de vecinos. Y Gregorio Parra, quizá algo contagiado, no tiene su mejor jornada. Así que el disfrute de estos vídeos, que yo entiendo para freaks del Atletismo, está en los saltos, en el éxtasis de un concurso épico e histórico, en el talento desplegado en el pasillo de saltos de la pista de Tokio aquel 30 de agosto de 1991.

 

A lo ya expuesto otras veces añado dos detalles que me siguen sorprendiendo:

 

Por un lado, parece mentira que un atleta que atesora en las piernas un salto de casi nueve metros haga un intento tan torpe como el primero de la serie de Mike Powell. Es increíble lo mucho que se puede perder cuando fallan pequeños ajustes.

 

Por otro, tras el récord de Powell, Lewis tuvo dos intentos para ganar el concurso. Hizo los dos saltos válidos y legales más largos de toda su vida, 8.87 y 8.84, que no fueron suficiente, pero la imagen que me queda en la retina del 8.87 es la de sus talones. Porque en su afán por llegar a nueve metros hizo una caída “de culo”; y si el culo dejó la huella en 8.87… ¿¿¿dónde puso Carl Lewis los talones???

 

 

Estos son los vídeos que he subido a YouTube. Buen provecho:

 

 

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BUBKA, TODOS CREEMOS QUE SÍ PERO NO SÉ, NO SÉ…
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Juan Carlos Hernández | 15-04-2014 | 11:00| 4

Tras el maravilloso 6.16 de Renaud Lavillenie los aficionados hemos leído un buen número de artículos dedicados al salto con pértiga, a Serguéi Bubka y/o sobre todo, al propio Lavillenie.

De los que han caído en mis manos este es, probablemente, el más interesante y completo:“Nueva época en el salto con pértiga gracias a Renaud Lavillenie”, de Joan Pelayo. Al final del artículo podemos leer algo sobre lo que estamos de acuerdo cuantos vivimos de cerca la “era Bubka”: Serguéi Bubka pudo haber dejado sus récords mundiales mucho más arriba.

Textualmente, en palabras del artículo:

“Gracias a Angel Sáinz (profesor de la asignatura de pértiga en los diversos cursos que imparte la Escuela de Entrenadores) hemos conseguido los datos del récord de Serguéi de 6,13 realizado en 1992. Una pértiga de 5,20 de longitud, 5,10 de agarre para una  10”8 (equivalente a 99 kilos y medio). Pero lo realmente espectacular es que ha llegado a utilizar una 10”0.

En palabras de Sáinz, “queda claro que el récord de Bubka quedó un poco barato”. Matizó sus palabras. El ucraniano podía haber saltado 6,25 ó 6,30, ya que los valía, pero prefirió hacerlo centímetro a centímetro por motivos económicos.”

En una prueba tan técnica como el salto con pértiga podemos considerar estas palabras de un especialista como “datos objetivables” sobre la percepción que a todos nos quedó de Bubka.

Pero el último párrafo del artículo esconde una joya, la recopilación del italiano Pino Mappa con TODOS LOS SALTOS que Serguéi Bubka realizó en su vida. Una pasada para los que nos gustan estos numeritos. Y resulta que analizando estos números se me diluye un poco esa percepción tan arraigada en mí y en todos de que Bubka pudo haber saltado mucho más.

Aunque los números son fríos no mienten y quizá Bubka tuvo el potencial físico y mental para saltar tanto como creemos, pero en pista cubierta, tras saltar 6.15 el 21 de febrero de 1993, intentó saltar 6.16 dos veces en 1993 (6 nulos), una vez en 1994 (3 nulos), dos veces en 1996 (6 nulos) y dos veces en 1998 (4 nulos).

Es decir, en cuatro temporadas de pista cubierta intentó 6.16 en siete concursos (participó en 18) con 18 saltos nulos en sus 18 intentos.

Y al aire libre, tras saltar 6.14 el 31 de julio de 1994, acumuló en los años 1994, 95, 96 y 97 hasta 40 nulos sobre 6.15 en 17 concursos (participó en 52). Más otra vez que ya lo había intentado en 1993, sumó 43 nulos en la altura.

Yo creo que estos datos son bastante concluyentes. Quizá surge la duda de si derrochó su potencial los años previos, cuando el récord estaba más abajo. En mi opinión hay números que también lo desmienten.

Todos “sabemos” que el primer 6.10/20 pies de Serguéi Bubka lo hizo en la pista cubierta de San Sebastián, ante mis ojos y los ojos de algunos de los que estáis leyendo esto. Eso sucedió el 15 de marzo de 1991. Pues bien, resulta que la primera vez que Bubka intentó esa altura fue al aire libre el 9 de junio de 1988, tras haber batido el récord del mundo con 6.05 (el récord indoor estaba entonces en 5.97). En 1989 lo intentó otras tres veces al aire libre (9 nulos). En 1991 Bubka metió el turbo con la plusmarca indoor tras la incursión de Rodion Gataullin (6.00 y 6.02 como récords de pista cubierta) y se fue al 6.10 de San Sebastián (más 6.11 y 6.12 en cuestión de días) y al 6.10 al aire libre el 5 de agosto de ese mismo año.

Y a partir de ahí, tras poner “en su sitio” a Gataullin, Bubka se quedó solo en esas alturas y aplicó férreamente la política de subir de centímetro en centímetro. A todos nos quedó la sensación de que Bubka valía mucho más, aunque ahora que Lavillenie ha humanizado un poquito al coloso Bubka y tras escrutar los intentos de todos sus concursos me entran las dudas. Quizá Bubka sí llegó a su techo. No sé, no sé…

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EL MURO DE RENAUD LAVILLENIE
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Juan Carlos Hernández | 15-04-2014 | 11:00| 4

 

Quienes me conocen o siguen mi página atlética de Facebook saben que yo soy un fan acérrimo de Renaud Lavillenie, y que tras varios “avisos” pocos nos hemos sorprendido realmente de que el francés haya saltado 6.16m., un centímetro más que lo más alto que llegó a saltar Serguéi Bubka en cualquier condición.

Y digo cualquier condición porque algunos puristas (yo me incluyo) no estaremos tranquilos del todo hasta que Lavillenie –u otro atleta­– supere el récord mundial (6.14) que tiene Bubka al aire libre. Y es que a los puristas no nos terminan de convencer estos súpersaltos de pértiga, altura, longitud o triple que, aunque sean reglamentarios, se consiguen en un pasillo elevado con un efecto rebote en cada zancada al que algunos saltadores le sacan un rendimiento magnífico.

Eso sí, esos pasillos flotantes –reglamentarios, insisto– están ahí para todos, y estuvieron ahí para Bubka, y Bubka se quedó en 6.15 y Lavillenie ya ha ido un centímetro más arriba (¡¡¡¡¡e intentó –accidentadamente– 6.21!!!!!).

Pero Serguéi Bubka era mucho más que un récord, era UN MURO forjado en quince años de competiciones legendarias y otros quince en los que los pertiguistas que parecían tener el potencial se quedaban a “años luz atléticos” de los listones que él superó.

Desde el 26 de mayo de 1984 en el que Bubka batió su primer récord mundial al aire libre (5.85) solo un atleta había tenido la osadía de subir más alto que él: el francés Thierry Vigneron saltó 5.91 el 31 de agosto de 1984. Cuatro minutos más tarde Bubka saltó 5.94 y desde ese día hace casi treinta años hasta el salto de ayer de Lavillenie nadie había estado más alto que él. Porque las contadas veces que le habían quitado el récord mundial indoor (la última en enero de 1989) también le había costado horas o días recuperar la plusmarca, que por otro lado siempre estuvo por debajo del récord mundial al aire libre. En total 35 veces batió Bubka el récord mundial, 17 al aire libre y 18 en pista cubierta.

Así que lo conseguido ayer por Renaud Lavillenie es gigantesco, enorme, monumental: ¡¡¡6.16 dando la sensación de que puede seguir subiendo!!! Lavillenie ya es campeón olímpico y dos veces campeón de Europa. Le falta ser campeón del mundo (yo no dudo de que lo será varias veces), y roto el muro de Bubka es el atleta llamado a forjar su propio muro y su propia leyenda. Espero que lo consiga todo, el Atletismo necesita joyas como Lavillenie, pero a la vista de lo mucho que ya ha logrado yo confío y deseo verle saltar 6.15 o más como el nombre de mi blog: AL AIRE LIBRE. No sé qué opinará él pero yo creo que ese es ahora su verdadero reto para que crezca EL MURO DE RENAUD LAVILLENIE.

 

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