Diario Vasco

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El efecto psicológico del clima en la compra de coches
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Asier Minondo | 21-04-2015 | 05:28| 0

El coche es un claro ejemplo de un bien que utilizamos (consumimos) durante un largo periodo de tiempo. Como los coches no son baratos, dedicamos bastante tiempo a pensar, una vez determinado nuestro presupuesto,  qué modelo de coche responde mejor a nuestras necesidades y gustos. Es decir, realizamos una compra racional.

Pues no. En un estudio realizado por los profesores Busse, Pope, Pope y Silva-Risso, y publicado recientemente en el Quarterly Journal of Economics, se analiza la relación entre la climatología en el día en el que se compra el coche y el modelo de coche que se compra. Su muestra cuenta con más de 40 millones de transacciones de compra de coches, tanto nuevos como de segunda mano, que se realizaron en los Estados Unidos entre el 1 de enero de 2001 y el 31 de diciembre de 2008. Los autores concluyen que si el día de la compra la temperatura es alrededor de 6 grados superior a la media de esa época del año, se produce un incremento del 2,7% en la compra de coches descapotables. Por contra, si se ha producido una tormenta de nieve que ha dejado un espesor de al menos 25 cm., la venta de coches con tracción a las cuatro ruedas se incrementa en un 6% durante las siguientes tres semanas.

¿Cómo se explica este comportamiento irracional? ¿Si el coche lo vamos a utilizar durante mucho tiempo, por qué influye la climatología en el día de la compra a la hora de elegir el modelo? Los psicólogos nos ofrecen dos explicaciones. La primera es el sesgo en la proyección. Si hoy, un día en el que hace más calor de lo normal, valoro mucho tener un coche descapotable, tenderé a sobrevalorar la satisfacción que obtendré de un coche descapotable en el futuro, incluso en condiciones climatológicas peores. La segunda explicación es la de prominencia o rasgo sobresaliente. En un día de calor nos fijamos mucho más en aquellas características del coche que nos permiten reducir la sensación de calor que en otras características que son importantes en otras climatologías. Así, debido al sesgo de proyección como a la prominencia, tenderemos a elegir coches descapotables cuando sube la temperatura y coches con tracción a las cuatro ruedas cuando ha nevado.

Moraleja: si vas a comprar un coche, no te acerques al concesionario si ha subido mucho la temperatura o si ha nevado. Si no, quizá te arrepientas (en el futuro).

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Un ranking de las universidades españolas en 2015
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Iñaki Erauskin | 14-04-2015 | 07:24| 4

@InakiErauskin

 

Recientemente se ha publicado la III edición de los “Rankings ISSUE” (ISSUE se refiere a “Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español”), que lo elaboran la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) bajo la dirección de Francisco Pérez y Joaquín Aldás (pincha aquí para acceder a su página web). La novedad de esta edición es que incluye a 11 universidades privadas (hay 33 en total), entre las cuáles están la Universidad de Deusto, Mondragon Unibertsitatea, y la Universidad de Navarra.

Este ranking, como señalamos en un post anterior hace tiempo (pincha aquí), analiza los resultados obtenidos por las universidades en tres grandes áreas, la docencia, la investigación y la innovación y el desarrollo tecnológico. Los pesos que recibe cada área (basado en el juicio de expertos) para elaborar el ranking son los siguientes:

  • Docencia: 56%,
  • Investigación: 34%, e
  • Innovación y Desarrollo Tecnológico: 10%.

En cada una de las áreas se miden los recursos utilizados, la producción obtenida, la calidad (de los resultados, procesos, etc.) y la internacionalización. En el caso de la docencia, por ejemplo, se valoran:

  • Recursos: Profesores doctores por alumno, presupuesto por alumno y el porcentaje de profesores doctores dentro del profesorado.
  • Producción: Tasa de éxito (número de créditos aprobados sobre el total de evaluados), tasa de evaluación (número de créditos evaluados sobre el total de matriculados) y tasa de abandono (alumnos matriculados que abandonan la titulación 2 años después de empezar, sobre el total de alumnos).
  • Calidad: Índice de capacidad de atracción, el porcentaje de alumnos de postgrado, y las notas de corte.
  • Internacionalización: Porcentaje de alumnos en programas de intercambio, el porcentaje de alumno matriculados en programas en idiomas no oficiales y el porcentaje de alumnos extranjeros.

En los apartados de investigación e innovación y desarrollo tecnológico los indicadores analizados son, por ejemplo, la financiación lograda en proyectos competitivos, los artículos publicados con referencia ISI (que engloba a las revistas de mayor prestigio), etc. En suma, se incluyen 25 variables en estas tres facetas. El trabajo realizado es, sin duda, muy valioso.

Sin embargo, sorprendentemente, no hay indicadores relacionados con la incorporación de los alumnos al mercado de trabajo. Por ejemplo, ¿qué porcentaje de alumnos trabaja en una actividad relacionada con sus estudios al año de finalizar los estudios? ¿Cuál es el sueldo inicial? Tampoco se hace mención alguna, justificando su ausencia por falta de datos, por ejemplo. Entre otras razones, ¿no es para eso para lo que estudian los alumnos? ¿no es eso justamente lo que hay que pedirles a las universidades? De hecho, uno de los objetivos del proyecto es elaborar rankings personalizados para “servir de orientación a los estudiantes, sus familias y los orientadores vocacionales a la hora de elegir la universidad en la que cursar estudios” (p. 9). La falta de indicadores en este apartado es una falla fundamental en este ranking, en mi opinión.

Los resultados del ranking se muestran de dos maneras, por el volumen de los resultados y por la productividad, ajustando los resultados obtenidos por el tamaño. El Cuadro 1 muestra el ranking de productividad a partir del índice sintético que engloba los 25 indicadores (ISSUE-P). La primera universidad del ranking es la Universitat Pompeu Fabra, seguida por la Universidad Carlos III, la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat Politècnica de Catalunya y la Universitat Politècnica de València. La Universidad de Navarra se halla muy cerca. En la parte baja del primer cuartil se halla la Universidad Pública de Navarra. En el segundo cuartil de las universidades se sitúan la Universidad de Deusto y Mondragon Unibertsitatea, y en el tercer cuartil Euskal Herriko Unibertsitatea-Universidad del País Vasco.

 

Cuadro 1. Ranking de productividad (ISSUE-P)

 

 

Fuente: “Proyecto U-Ranking”.

 

La aportación más valiosa se halla en el Gráfico 1, que relaciona el ranking de volumen de resultados  (ISSUE-V, en el eje de ordenadas) con el ranking de productividad (ISSUE-P, en el eje de abscisas). Es importante tener en cuenta que los resultados del Gráfico 1 son ordinales, lo que, a veces, puede inducir a confusión. Es evidente que la situación de las universidades españolas es muy desigual. En la parte superior derecha se encuentran en la zona sombreada las universidades con mejores resultados en volumen de resultados-productividad: Universidad Complutense de Madrid (UCM), Universitat de Barcelona (UB), Universitat de València (UV), Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Universitat Politècnica de València (UPV), Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Universidad de Granada (UGR), Universidad de Sevilla (US), Universidad Carlos III (UC3M) y Universitat Pompeu Fabra (UPF). Desde la primera edición del ranking apenas ha cambiado esta configuración. Arriba e izquierda se hallan las universidades con gran volumen de resultados pero reducido grado de productividad, UPV-EHU entre ellas. Abajo y derecha se encuentran las universidades con menor volumen de resultados pero mayor grado de productividad. El resto de universidades vascas y navarras se hallan cerca de esta zona con productividad media-alta.

 

Gráfico 1. Ranking de volumen de resultados (ISSUE-V) y ranking de productividades (ISSUE-P).

 

Fuente: “Proyecto U-Ranking”.

 

Finalmente, como señalan en el propio informe (p. 58), “El interés por los rankings se centra en la docencia más claramente cuando los estudiantes quieren consultarlos para elegir la universidad en la que cursar sus titulaciones. En ese caso es probable que el estudiante esté interesado sobre todo en la calidad de determinados estudios, más que en la investigación o en la calidad general de la docencia en una universidad.” El Cuadro 2 muestra el ranking ISSUE-P para la docencia. “Barriendo para casa”, las primeras universidades del ranking son mi universidad, Deusto, y Navarra. Además, se observa que las universidades privadas se colocan en las primeras posiciones del ranking.

 

Cuadro 2. Índice ISSUE-P para docencia.

Fuente: “Proyecto U-Ranking”.

 

En general, los resultados obtenidos confirman buena parte de mis propias percepciones sobre las universidades. No obstante, los rankings ni son perfectos ni son únicos. Por ejemplo, existe el más conocido de Shanghai, el elaborado por Times Higher Education (THE), el QS-Rankingo el más reciente de U-Multirank (apoyado éste por la Comisión Europea).

Creo que los rankings son herramientas útiles que deben servirnos para mejorar, y tenemos camino para recorrer …

 

@InakiErauskin

 

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El poder económico del Flower Power
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Jon Mikel Zabala | 23-03-2015 | 09:02| 0

@jonmizabala

Este pasado fin de semana, con permiso de los Dioses Zeus, Tritón y Ra, hemos entrado oficialmente en la primavera. Esta estación nos viene a decir que llegan los primeros (del latín primer) verdores (ver) del año, o lo que en los últimos meses se ha venido conociendo como “el caloret”. Uno de los elementos que caracteriza la llegada de la primavera es el comienzo de los procesos de ‘vernalización’, gracias a los cuales se produce la floración.

Las flores no sólo sirven como elemento decorativo, sino que también pueden tener efectos económicos positivos. Por un lado proporcionan olor y color. Por otro lado, el hecho de tener que cuidar de ellas genera efectos positivos sobre la psicología de las personas. Este tipo de factores están haciendo que cada vez sean más las empresas que busquen crear entornos laborales que no sólo sean agradables, sino también saludables.

El equipo liderado por Marlon Nieuwenhuis de la Universidad de Cardiff (Reino Unido) y que incluía científicos de las universidades de Exeter (Reino Unido), Groningen (Países Bajos) y Queensland (Australia), investigó si el hecho de tener plantas en la oficina aumentaba significativamente la satisfacción laboral, los niveles de concentración de los trabajadores y la calidad del aire percibido.

A pesar de la creciente tendencia a crear entornos laborales más agradables y saludables, la mayor parte de las organizaciones cuentan aún con entornos muy sobrios y poso conducentes a la innovación. La filosofía subyacente a las oficinas sobrias tiene una larga historia. De hecho, la idea de que un trabajo productivo requiere un espacio de trabajo libre de cualquier interferencia fue formalmente implementada por primera vez por Josiah Wedgwood en el siglo XVIII, lo cual posteriormente inspiró a Frederick Taylor. Defendiendo estos argumentos, aún hay una gran cantidad de lugares de trabajo en los que se considera que éstos deben estar libres de plantas, imágenes, recuerdos, comida y todo aquello que no se requiera directamente para la ejecución directa del trabajo, a fin de agilizar las actividades profesionales y maximizar la productividad. La creencia de que los espacios minimalistas son más productivos resulta intuitivamente atractiva, pero sin embargo no hay apenas evidencias que apoyen científicamente su validez. Los resultados de la investigación de Nieuwenhuis y sus colegas, publicados en el “Journal of Experimental Psychology” (puedes encontrar el resumen del artículo aquí), revelan que las “oficinas verdes” hacen más feliz a las personas y generan un entorno más productivo que aquellas oficinas que cuentan con diseños minimalistas, despojado de vegetación e impersonales.

Los investigadores llevaron a cabo tres experimentos. El primero consistió en analizar los efectos a corto plazo que el diseño de la oficina tenía sobre la satisfacción percibida por los trabajadores en relación a la calidad del aire, los niveles de concentración y la satisfacción laboral. Éste se llevó a cabo en las oficinas de una consultora internacional en Londres en la que participaron 153 personas. El segundo examinó los efectos a largo plazo del diseño de la oficina sobre los niveles de productividad subjetivamente percibidos por los trabajadores. Este estudio se realizó en una compañía de seguros de salud en Zwolle (Países Bajos) en la que participaron 172 personas. Finalmente, el tercer estudio examinó los efectos del diseño de las oficinas en los niveles reales de productividad en la consultora anteriormente mencionada en Londres.

Los resultados de los tres experimentos revelaron la emergencia de un patrón consistente por el que los trabajadores ubicados en las áreas de trabajo verdes tenían una orientación más positiva respecto a su entorno laboral que aquellos ubicados en oficinas más sobrias. El hecho de aderezar una oficina previamente magra con plantas sirvió para aumentar significativamente la satisfacción del lugar de trabajo, los niveles de concentración y la calidad del aire percibidos. En este sentido, los autores del artículo apuntan a que enriquecer un espacio previamente impersonal con plantas sirvió para aumentar la productividad hasta un 15%.

Estos resultados apoyan la tesis de que las iniciativas orientadas a la mejora del entorno laboral, creando un entorno más amigable y medioambientalmente sostenible, no sólo contribuyen al bienestar de los empleados sino también a la productividad conjunta de la organización. Algunas de las razones que apuntan los investigadores para explicar por qué las plantas son beneficiosas sugieren que las oficinas verdes aumentan la participación e implicación de los empleados, haciéndolos más física, cognitiva y emocionalmente involucrados en su trabajo.

Moraleja: “El dinero es un poderoso afrodisíaco. Pero las flores logran casi el mismo resultado” (Robert A. Heinlein).

PD: En otro post, esperamos poder responder a las dudas que este post haya podido despertar en aquellas personas que padecen alergia al polen.

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La influencia de los científicos estrella sobre la productividad de sus compañeros
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Asier Minondo | 17-03-2015 | 06:26| 0

Hace algunas semanas escribía un post sobre la influencia que tenían los demás en nuestras decisiones de compra. En este post voy a hablar sobre otro tipo de influencia: la que ejercen los compañeros sobre nuestra productividad en el trabajo. Y lo voy a hacer ciñéndome a un campo muy específico: el de la ciencia.

La pregunta sería la siguiente: ¿en qué medida los científicos más brillantes hacen más brillantes a los científicos que trabajan con ellos? La respuesta a esta pregunta no es baladí. Actualmente, la competitividad de los países y de las regiones depende cada vez más de sus logros en ciencia y en tecnología. Si los científicos estrella aumentaran de forma notable la productividad de los demás científicos, una política sensata para impulsar los logros científicos y tecnológicos de una región podría consistir en “fichar” a científicos brillantes. Por ejemplo, en la Comunidad Autónoma de Euskadi, Ikerbasque tiene como objetivo atraer científicos de talento, con el objetivo de que trabajen con otros científicos de universidades y centros de investigación vascos.

La intuición nos dice que el efecto de los científicos estrella sobre la productividad de los demás científicos debe ser importante. La idea principal es que estando cerca de un científico estrella se aprende mucho más que no estando a su lado. Y eso se debe a que el conocimiento no viaja bien. Por ejemplo, yo puedo leer el último trabajo de un gran científico y entenderlo. Sin embargo, si quiero conocer en profundidad la implicación de las ideas que se desarrollan en ese trabajo o quiero identificar cómo se pueden aplicar esas nuevas ideas en otras áreas del conocimiento, será necesario que discuta dichas ideas. Y nada mejor que discutirlas con el propio creador de esas ideas. Estar cerca de los científicos estrella favorece esta discusión; además, una interacción constante genera un clima de confianza que facilita la transmisión del conocimiento. Por otra parte, trabajar al lado de científicos estrella nos da acceso a otras áreas de conocimiento, de carácter más tácito, como metodologías de trabajo más avanzadas, que nos pueden permitir ser más productivos. Finalmente, los científicos estrella pueden favorecer la productividad de los demás sugiriendo áreas de investigación con posibilidades de éxito, identificando mejoras en el trabajo que están realizando otros investigadores, atrayendo más fondos de investigación y facilitando el contacto con otros científicos que nos pueden ayudar en nuestro trabajo.

Sin embargo, cuantificar el efecto que los científicos estrella tienen sobre la productividad de sus compañeros no es nada fácil. La dificultad principal reside en identificar qué porcentaje de la productividad de un científico se debe a su propio talento y qué porcentaje al efecto de los demás. Esta dificultad es todavía mayor en ciencia, ya que los científicos más brillantes suelen trabajar junto a otros científicos brillantes. Además, pueden existir otros factores que favorezcan tanto la productividad de los científicos estrella como la de sus compañeros (por ejemplo, tener un buen laboratorio). Con estas características, la estrategia idónea es encontrar algún suceso histórico, que no sea del todo esperado, que provoque cambios en la composición de los grupos de científicos. Fabian Waldinger, profesor de la Universidad de Warwick, encontró este acontecimiento histórico en una de las políticas que puso en vigor el nazismo: la expulsión de los científicos judíos de las universidades alemanas.

Apenas pasados dos meses de haber llegado al poder, el 7 de abril de 1933, el gobierno nazi introdujo una ley para expulsar del servicio civil alemán a los judíos y otras personas “políticamente poco confiables”. Los profesores de universidad, al ser miembros del servicio civil, estaban directamente afectados por esta ley. Más de 1000 académicos fueron expulsados de las universidades alemanas; entre ellos, Albert Einstein. La mayor parte de estos académicos emigraron a otros países y consiguieron una plaza de profesor en universidades extranjeras. El profesor Waldinger recopiló datos de los miembros de los departamentos de física, matemáticas y química de las universidades alemanas, y de los profesores que fueron expulsados. Para medir la productividad de los profesores que permanecieron en las universidades alemanas utilizó el número de artículos publicados en las revistas científicas de mayor prestigio en cada campo y la calidad de los artículos, medida mediante el número de veces que estos artículos fueron citados en otros artículos. Con estos datos, el profesor Waldinger pudo comparar si la productividad de los profesores que no fueron expulsados se redujo más en aquellos departamentos que habían perdido más profesores brillantes. El estudio, publicado en Review of Economic Studies, concluye que no se produjo ningún cambio en la productividad de los profesores que se quedaron en Alemania. Esta sorprendente conclusión sugiere que los científicos estrella no estaban elevando la productividad de sus colegas.

¿Cómo se explica este extraño resultado? Waldinger sugiere algunas respuestas. En primer lugar, el estudio analiza el efecto sobre la productividad durante los cinco años posteriores a la expulsión, ya que después estalla la Segunda Guerra Mundial; quizá los efectos negativos de la expulsión se percibieran a más largo plazo. En segundo lugar, los profesores que no fueron expulsados ya tenían una trayectoria científica y, por tanto, el efecto de la expulsión de otros científicos de calidad fue menor para ellos. Esto parece sugerir que el efecto de los científicos estrella es mayor sobre los científicos que apenas comienzan su trayectoria. De hecho, en otra investigación Waldinger muestra que la expulsión de los profesores de matemáticas tuvo un efecto muy negativo sobre sus estudiantes de doctorado. Por último, es posible que en las primeras décadas del siglo XX la comunidad de científicos en Alemania estuviese muy integrada. Los científicos visitaban otras universidades y había muchos congresos, lo cual facilitaba el intercambio de ideas entre científicos y reducía el valor de compartir departamento en la misma universidad.

Waldinger, junto a los profesores Moser y Voena, también ha analizado el efecto de los profesores alemanes expulsados, en concreto de los químicos, sobre la productividad de sus colegas en las universidades que les acogieron en Estados Unidos. El estudio muestra que se produjo un aumento muy importante de las patentes de química en las áreas que trabajaban los profesores alemanes emigrados. Este aumento se produjo no por la mayor productividad de los químicos estadounidenses que trabajaban en esas áreas, sino por la atracción de científicos a las áreas en las que trabajaban los químicos alemanes emigrados.

¿Qué lecciones podemos extraer de estos trabajos para la política científica? Por una parte, con el avance de las tecnologías de la información es más fácil acceder al conocimiento. Sin embargo, la generación del conocimiento todavía necesita del intercambio y de la discusión de ideas; y esta discusión será más enriquecedora cuanto más talento tengan nuestros interlocutores. Una línea de investigación sobre la que estoy trabajando, y sobre la que os hablaré con más detalle en un post en el futuro, muestra que la transmisión de las ideas es más fácil si el investigador pertenece a una red. Generar esa red no es fácil: requiere de una interacción constante entre investigadores que genere la confianza que facilite esa transmisión. Por ello es importante que nuestros investigadores jóvenes se formen con los mejores científicos, y generen una red con dichos investigadores que les permita acceder a ese conocimiento. Por otra parte, si captamos científicos estrella, parece que el efecto positivo sobre la productividad de sus colegas se produce particularmente sobre los científicos que comienzan su carrera, por lo que es importante asegurarnos de que los científicos jóvenes tienen la posibilidad de trabajar con estos científicos estrella.

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Ekonomia 2014tik 2015era
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Iñaki Erauskin | 10-03-2015 | 06:47| 0

@InakiErauskin

 

2014 urteari buruzko azken datu ekonomikoak duela gutxi atera dira bai Espainian eta bai Euskal Autonomi Erkidegoan (EAE). Zer diote? Espainiakoari buruz duela gutxi azterketa interesgarria egin du Angel Labordak El País egunkarian (ikus hemen).

Espainian Barne Produktu Gordina (BPG) %1,4 hazi zen 2014. urtean eta %1,2 EAEn. Hiruhileko batetik bestera izan diren hazkunde-tasak begiratuz, Espainiak azken 6 hiruhilabetetan izan ditu bilakaera positiboak; EAEk azken 5 hiruhilabetetan. Are gehiago, albiste ona da hazkunde-tasak gorantz doazela, 1go Irudian ikus daitekeenez, bai Espainian bai EAEn. Baina, noski, oraindik krisia aurretik baino okerrago gaude BPGari dagokionez, 6 puntu portzentual beherago gutxi gorabehera.

 

 Iturria: INE, Eustat eta neronek landua.

 

Hazkunde-datu positibo horiek dakarten albiste ona enplegu-sorrera da. Espainian dedikazio osoko baliokidetzako lanpostuen kopurua %1,2 hasi zen 2014. urtean, BPGrena baino pixka bat gutxiago (%1,4); EAEn, aldiz, %0,3 izan da soilik, BPGren hazkundearen oso atzetik (%1,2). Desberdintasuna nabarmena da EAEn. Zergatik? Sektoreei begiratzen badiegu, zerbitzu sektorean BPG %1,5 hazi zen eta enplegua %1,1 EAEn. Aldiz, industria eta energiaren sektorearen portaera oso bestelakoa izan da. BPG %1 igo zen 2014an, baina dedikazio osoko baliokidetzako lanpostuen kopurua %1,8 jaitsi zen! Hori aztertu beharra dago, bereziki industriak EAEn duen garrantzia kontuan izanda. Aldiz, Espainian industriaren BPGren hazkundea %1,5ekoa izan zen eta dedikazio osoko baliokidetzako lanpostuen kopurua %0,4. Orokorrean, Espainiaren kasuan hazkundea balio erantsi eta ekoizkortasun txikiko jardueretan oinarritu da, aurreko datuak dioten bezala; horrek, noski, lan prekarioa eta soldata txikiak dakar. EAEn ere ziurrenik hori gertatzen ari da zerbitzuen sektorean. Epe laburrean agian beharrezkoa da hau horrela izatea, baina epe ertain eta luzean aldatu beharra dago. Gure energiak orain hor jarri behar dira …

 

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¿Cuánto nos gusta la creatividad?
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Jon Mikel Zabala | 25-02-2015 | 11:24| 0

@jonmizabala

Estamos en mitad de un temporal de cambio e impredecibilidad, en el que el mundo a menudo cambia mucho más rápido de lo que somos capaces de digerir. La innovación y la creatividad a menudo se nos presentan como los medios para romper con el pasado y poder adaptarnos a estos nuevos tiempos. La mayor parte de nosotros pensamos que nos gusta la creatividad. Nos gusta proponer nuevas ideas, debatir sobre qué es y no es posible, probar nuevos productos y disfrutar de los beneficios que nos ofrece la tecnología.

Los tiempos convulsos de cambio vienen normalmente acompañados de una incapacidad de poder hacer predicciones sobre el futuro. Famosas son las afirmaciones de expertos de la talla de Harry Warner, uno de los fundadores de Warner Bros, quien en 1927 se preguntaba quién podría estar interesado en ir a ver películas en las que los actores hablaran. En 1932 el mismo Albert Einstein dijo que no había la mínima esperanza de que se obtuviera energía nuclear, ya que ello implicaría la manipulación del átomo a voluntad. Finalmente, Thomas Watson, presidente de IBM, en 1943 dijo que el mercado global de ordenadores sería como máximo de 5 PCs.

En 1997, Clayton Christensen, catedrático de la Universidad de Harvard, acuñó el término “Dilema del Innovador”, según el cual los expertos a menudo están cegados por su propio conocimiento, el cual les impide contemplar la posibilidad de algo radicalmente nuevo. Este dilema no es solo observable en los expertos científicos o tecnológicos, sino también en las empresas, ya que éstas optan principalmente por la mejora incremental de sus negocios en lugar de invertir en nuevas ideas disruptivas que aunque podrían poner “patas arriba” su negocio actual, también les permitiría abrir nuevos mercados. ¿Es por lo tanto posible que el dilema del innovador constituya un sesgo innato del ser humano contra la novedad?

Para responder esta pregunta, el equipo de investigadores liderado por el profesor Kevin J. Boudreau, reclutó a 142 investigadores (expertos en medicina) a quienes pidieron que evaluaran una serie de solicitudes de proyectos de investigación de manera aleatoria. En algunas ocasiones, los científicos contactados eran expertos en el tema del proyecto que evaluaban, mientras que en otras ocasiones, eran expertos en otros campos. El experimento garantizaba que los evaluadores no supieran quiénes eran los solicitantes, éstos a su vez desconocieran quiénes eran los evaluadores, y finalmente los evaluadores no se conocieran entre sí.

Los resultados de su investigación (puedes descargarte el artículo aquí) revelan que los proyectos más innovadores eran penalizados por la mayor parte de los evaluadores contactados. Sin embargo, esta penalización era especialmente remarcable en aquellos casos en los que los proyectos, siendo innovadores, eran evaluados por personas expertas en la materia del proyecto. Los autores del artículo consideran que el conocimiento experto no conlleva un pensamiento crítico, sino más bien un exceso de crítica y de defensa de los conocimientos establecidos.

Como se puede observar en la siguiente figura, Boudreau y sus colegas observaron que el grado de innovación o disrupción de las propuestas y las calificaciones de la evaluación realizada estaban inversamente relacionadas. Sin embargo, no todas las ideas innovadoras son susceptibles de ser sometidas a prejuicios. Como el lector podrá observar la curva que relaciona el grado de novedad de las propuestas y la puntuación obtenida tras su evaluación tiene una forma de U-invertida. Es decir, el “punto óptimo” de la innovación sería aquel en el que las ideas, aun siendo creativas, no son tan creativas como para romper los paradigmas establecidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Boudreau et al. (2014, p. 40)

A menudo se piensa que las nuevas ideas, siempre y cuando mejoren las prestaciones de los productos existentes en el mercado, se venden solas, independientemente de cuál sea su grado de innovación (incremental o radical), ignorando así el valor de las actividades de marketing y comercialización. Tal vez merezca la pena recordar que tanto si es usted un académico, empresario, emprendedor, actor o diseñador, una idea mediocre pero con un marketing excelente resulta a menudo mucho más efectiva que una idea brillante pero con una mala comercialización.

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La influencia del pasajero de al lado en los aviones
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Asier Minondo | 24-02-2015 | 06:29| 0

Que los demás influyen en nuestras decisiones de compra no es ninguna novedad. Por ejemplo, todos habremos visto una película por la recomendación de un amigo o habremos comido unas croquetas en un bar perdido de un pueblo remoto porque nuestro primo nos dijo que eran las mejores del mundo.

Pero como ocurre muchas veces en economía, y en otras ciencias sociales, la dificultad no reside tanto en estar de acuerdo en que los demás tienen influencia sobre nuestras decisiones de compra, sino en cuantificar dicho efecto. ¿En qué porcentaje mis decisiones de compra se deben a lo que hayan hecho los demás? Un estudio reciente, realizado por Pedro M. Gardete, profesor de Marketing de la Universidad de Stanford, utiliza un caso muy curioso para responder esta pregunta: las compras que se realizan en los aviones.

La situación es la siguiente: imaginemos que estás volando y un pasajero que va sentado en tu misma fila, al que no conoces de nada, compra algo para comer. ¿En qué medida esta acción hará que nosotros también compremos algo? Para responder esta pregunta el estudio utiliza una metodología ingeniosa. Una vez que se produce una compra, el autor compara la probabilidad de compra de la persona que está sentada al lado de la persona que ha realizado la compra, con la probabilidad de compra de la persona que está sentada justo delante de la persona que ha realizado la compra. La diferencia entre los dos pasajeros es que el primero, el que está sentado al lado, sí ha observado la compra, mientras que el segundo, el que está sentado adelante, no. Por tanto, la diferencia en la probabilidad de compra del pasajero que está sentado al lado y del pasajero que está sentado adelante puede identificar correctamente la influencia de los demás sobre nuestra compra.

El autor recogió datos del comportamiento de compra de 257.047 pasajeros en 1.966 vuelos que se realizaron en Estados Unidos entre los meses de enero y febrero de 2012. En estos vuelos los pasajeros realizaban su compra a través de una pantalla que tenían en sus asientos y la pagaban con su tarjeta de crédito. El autor tenía información sobre el lugar en el que iba sentado cada pasajero, si había realizado una compra o no, y a qué hora había realizado la compra. Con estos datos el autor podía identificar quién había sido el primero en comprar en una fila, y observar el comportamiento posterior del pasajero que estaba a su lado y del pasajero que viajaba delante de él. Además, el autor tenía información sobre las reservas de vuelo, con lo que podía excluir del estudio a las personas que viajaban juntas. ¿Cuál es el resultado del estudio? La conclusión es que los demás, aunque sean completamente desconocidos, influyen notablemente en nuestras decisiones de compra. En concreto, la probabilidad de que un pasajero realice una compra aumenta en un 30% si el pasajero de al lado ha comprado algo.

Yo ya he sacado mi lección de este estudio. En el próximo vuelo le voy a pedir a la compañía aérea que haga un sorteo con mucha fanfarria para regalar una comida a bordo, pero con el compromiso de que me toque a mí. Cuando me pregunten por qué les hablaré de este post.

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Impuestos, ¿con IVA o sin IVA?
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Iñaki Erauskin | 17-02-2015 | 08:36| 0

@InakiErauskin

“En este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos.”

Benjamin Franklin

“Los impuestos son el precio de la civilización.”

Oliver Wendell Holmes

“El arte de la tributación consiste en desplumar al ganso para obtener la mayor cantidad de plumas con el menor número posible de graznidos.”

Jean Baptiste Colbert

 

Últimamente no hay día en que no se hable de personas o instituciones  que, presuntamente, han podido evadir impuestos. Medir la economía sumergida y el fraude fiscal asociado es difícil. Una manera interesante de abordar esta cuestión es comparar la situación fiscal de España con otros países o, también, analizar la evolución fiscal de España a lo largo del tiempo.

Esto es lo que hace Francisco de la Torre Díaz, Inspector de Hacienda del Estado, en su magnífico libro “¿Hacienda somos todos?”. Para ello sugiere estudiar las bases imponibles declaradas de los impuestos más importantes: el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el Impuesto de Sociedades (IS), el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y los impuestos especiales. Según datos de la Agencia Tributaria, en 1995 las bases de estos 4 impuestos sumaban 490.348 millones de euros, lo que equivalía a que esos 4 impuestos gravaban el 106,75% del Producto Interior Bruto (PIB) de dicho año. Justo antes de la crisis, en 2007, las bases sumaban 1.303.745 millones de euros, esto es, el 123,21% del PIB. En 2013 las bases suman 1.071.782 millones de euros, un 102,15% del PIB. Desde el punto álgido de la crisis las bases se han reducido en más de 20 puntos porcentuales.

El Gráfico 1 muestra las bases de los impuestos directos (IRPF e IS) sobre el PIB para el período 1995-2013. Se observa que tras un largo período de aumento gradual de las bases respecto al PIB, éstas alcanzan su máximo en 2006, para caer rápidamente hasta el año 2012 y repuntar un poco en 2013. Las cifras de 2013 son muy similares a las de 1995, en torno al 60%. Las bases han caído en términos absolutos desde 2007 hasta 2013, pero, además, la caída relativa que muestra el Gráfico 1 desde 2006 a 2012 implica que la reducción de las bases ha sido mayor que la reducción el PIB. Ello estaría relacionado, según De la Torre, con una estructura fiscal inadecuada y un aumento del fraude fiscal. En el año 2013 se aprecia un leve repunte de las bases en términos relativos, rompiendo la tendencia de años anteriores.

Fuente: Agencia Tributaria, INE, De la Torre Díaz (2014) y elaboración propia.  

 

El Gráfico 2 exhibe las bases de los impuestos indirectos (IVA e impuestos especiales) sobre el PIB. Aquí se observa un fenómeno similar, pero con una evolución más suave. Llama la atención que en 2013 el porcentaje de las bases sobre el PIB se ha reducido en 4 puntos porcentuales respecto a 1995. Ello ha podido deberse en parte a la menor venta de primeras viviendas, que tributan el IVA. A pesar de las reducciones de las bases, la recaudación del IVA ha ido subiendo desde 2009, por las subidas del tipo impositivo del IVA en 2010 (Rodríguez Zapatero) y 2012 (Rajoy).

 

Fuente: Agencia Tributaria, INE, De la Torre Díaz (2014) y elaboración propia. 

 

Relacionado con todo lo anterior, conviene señalar que la presión fiscal en España, el País Vasco o Navarra es bastante más baja que la media de la Unión Europea (UE)-28 o que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Hay mayor presión por la parte de las cotizaciones sociales, pero menor por la parte de los impuestos (IRPF, IVA, etc.). Como se puede observar en el Cuadro 1, tomado del “Informe sobre la fiscalidad de Hego Euskal Herria en 2013” elaborado por el sindicato ELA (pincha aquí), sólo algunos países del Este de Europa e Irlanda tienen una presión fiscal menor.  Además, la brecha respecto al resto de los países parece que ha aumentado con la crisis.

 

Cuadro 1. Presión fiscal en la Unión Europea (tributos y cotizaciones sociales), 2008-2011 (%PIB).

Fuente: ELA sindikatua. “Informe sobre la fiscalidad de Hego Euskal Herria en 2013”, basado en datos de Eurostat, Tesorería General de la Seguridad Social, Gobierno de Navarra, Instituto Estadístico de Navarra, Eustat y Gobierno Vasco.

 

Así, la próxima vez que te encuentres ante el dilema de “¿con IVA o sin IVA?”, ten en cuenta lo anterior…

 

Twitter: @InakiErauskin

 

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¿Por qué todas las canciones tienen la misma duración?
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Jon Mikel Zabala | 05-02-2015 | 16:42| 0

@jonmizabala

El temporal de la semana pasada nos deleitó con un manto blanco que produjo unas imágenes que probablemente permanezcan durante algún tiempo en nuestras retinas. Debido a las condiciones meteorológicas de los últimos días, es probable que much@s de nuestr@s lector@s hayan pasado una parte importante de este pasado fin de semana en casa. La compañía de un buen libro, una película, algún que otro té o una buena canción constituyen en cualquier caso un placer al que no resulta fácil resistirse de vez en cuando.

Podríamos citar un millar de características que hacen que cada libro, película, canción, etc. sea algo único. Sin embargo, como amante de la música que soy, este fin de semana me he preguntado algo que tal vez algun@s de nuestr@s lector@s se hayan preguntado también en alguna ocasión. ¿Por qué la mayoría de las canciones tienen la misma duración?

Y es que la mayoría de las canciones duran aproximadamente tres minutos. De hecho, como bien sabrán los amantes de Eurovisión, las canciones de dicho certamen no pueden exceder los tres minutos. En el primer festival, en 1956, las canciones podían tener cualquier duración. Sin embargo, en 1957 se sugirió que las canciones duraran tres minutos y medio, y en 1962 se redujo a los tres minutos con carácter obligatorio, un criterio que se ha mantenido hasta la actualidad.

Los entusiastas y coleccionistas de vinilo sabrán que entre 1858 y finales de 1950 los discos eran conocidos como los “78”. Se llamaban así porque el disco giraba a 78 revoluciones por minuto (rpm). “Los 78” venían en dos tamaños: uno de 10 pulgadas que tenía una duración de tres minutos de música y uno de 12 pulgadas que tenía cuatro minutos de duración. En 1949 se introdujeron los discos de 45 rpm que eran más duraderos, fáciles de transportar y más baratos debido a los materiales empleados en su fabricación. A pesar de que “el 45” sustituyera rápidamente “al 78”, también tenía una duración de unos tres minutos.

Estas tecnologías derivaron en la introducción del concepto “single”, que se mantiene hasta nuestros días, y que hacía referencia a que una unidad de disco contenía una única canción (o ‘single’). Los grupos, para poder hacer sonar sus canciones en la radio y darle así una mayor difusión a su música, tuvieron que adaptarse a las tecnologías existentes, por lo que se veían limitados a grabar canciones de tres minutos de duración. Tal vez algún lector conserve aún alguno de los 45 de Elvis, de los Beatles o de los Rolling Stones.

Debido a la evolución del cambio tecnológico, parecería lógico suponer que en la medida en la que las tecnologías han evolucionado, dicha evolución también haya llevado un cambio paralelo en la duración de las canciones. Efectivamente, ha habido grupos que han escrito canciones de más de tres minutos, incluso antes de que se introdujera el CD. Jimi Hendrix por ejemplo grabó canciones de 20 minutos de duración, y otras bandas clásicas como Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple y Bob Dylan también tienen canciones de 10 minutos.

Duración cancionesFuente: https://plot.ly/~RhettAllain/131/average-song-length/

Como se puede observar en la figura anterior, la duración de las canciones tuvo su mayor incremento entre las décadas de los 1960s y los 1980s. Sin embargo, desde mediados de los 1980s la duración de las canciones se ha mantenido muy estable y alrededor de los 230-340 segundos, a pesar de los enormes cambios que han ocurrido desde entonces en la industria musical. En la economía este fenómeno se conoce por el concepto de “path-dependence”, o trayectoria histórica. Un fenómeno análogo es el conocido como QWERTY, el cual explica por qué a pesar de que la distribución de las teclas de los ordenadores no es la óptima, ésta se sigue manteniendo constante desde 1868.

Naturalmente, en la actualidad la longitud de las canciones depende de las prioridades de los músicos y los fans de dichos grupos (que deciden si los compran o no). Sin embargo, la industria radiofónica sigue requiriendo que las canciones tengan una cierta duración para facilitar la gestión de su programación. No sé si los lectores preferirán las canciones cortas, las largas o las muy largas, lo que sí sé, es que como bien dijo Nietzsche, “sin música, la vida sería un error”.

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

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Los diamantes y la duración del matrimonio
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Asier Minondo | 03-02-2015 | 06:32| 3

“Un diamante es para siempre”, frase acuñada por la empresa De Beers a finales de la década de 1930, está considerada como uno de los eslóganes publicitarios más exitosos de la historia. Al regalar un anillo de compromiso con un diamante queremos expresar nuestro deseo de que el matrimonio sea tan duradero como el diamante. Y parece que esta asociación ha calado, ya que durante el siglo XX hubo un notable crecimiento en la venta de anillos de compromiso que incorporaban un diamante.

Algún lector fiel de este blog se habrá dado cuenta ya a estas alturas que a los economistas nos encanta utilizar las herramientas del análisis económico para explicar casi todos, si no todos, los comportamientos humanos. Y los anillos de compromiso no son una excepción. Desde el punto de visto económico, un anillo de compromiso con un coste elevado es una señal que envía un agente económico a otro de que está invirtiendo muchos recursos en una relación, ya que espera obtener frutos de la misma durante mucho tiempo. Ya sé que no suena muy romántico, pero ya sabéis que a la economía se le califica como la ciencia lúgubre. Este tipo de señales son importantes en aquellas situaciones en las que un agente no tiene información completa sobre otro agente económico y necesita alguna “señal” para orientar su decisión. Las señales también son importantes en otros ámbitos económicos. Por ejemplo, el obtener un título universitario tiene un importante componente de señal para los empleadores. El título ofrece información de que la persona que se va a contratar ha adquirido los conocimientos necesarios para el puesto de trabajo, pero también señala que la persona es lo suficientemente inteligente para superar un reto de largo plazo, plagado de numerosas y difíciles pruebas.

En un estudio reciente, los profesores Frances y Mialon de la Universidad de Emory, han analizado si las parejas que realizaron un mayor gasto en el anillo de compromiso, y en la boda, tienen una menor probabilidad de divorciarse que las parejas que gastaron menos en el anillo de compromiso y en la boda. Los datos para el estudio se recogieron entre los meses de julio y agosto de 2014, y corresponden a una muestra de 3.151 personas residentes en los Estados Unidos. Sorprendentemente los autores concluyen que las parejas que realizaron un mayor gasto en el anillo de compromiso y en la boda tienen una mayor probabilidad de divorciarse que las parejas que gastaron menos. Es importante señalar que esta conclusión se obtiene una vez que se han controlado por otros factores, como si la pareja tiene hijos, la edad, la situación laboral y los ingresos familiares, que también influyen sobre la probabilidad de que una pareja se divorcie.

Los autores solamente indagan sobre un posible mecanismo que podría explicar esta relación negativa entre los gastos de la boda y la duración del matrimonio: el agobio financiero que supone para la pareja la compra del anillo de compromiso y los gastos ligados a la boda, como el banquete o la luna de miel. Si estos gastos suponen un agobio financiero para las parejas, este agobio financiero puede generar un malestar en la pareja que lleve finalmente al divorcio.

Por tanto, aunque gastarse mucho en la boda puede parecer una señal de la apuesta a largo plazo por una relación, si esos gastos no se pueden financiar, se produce un agobio financiero que puede llevar al traste la apuesta a largo plazo. Por tanto, asegúrese de que su señal sea financieramente viable. Ya ven, pura economía.

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