Diario Vasco
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¿Pensamiento crítico o pensamiento en estado crítico?
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Jon Mikel Zabala | 12-12-2016 | 09:49

@jonmizabala

Como los lectores conocerán, desde la Declaración de Bolonia, en las Universidades, además de las competencias específicas asociadas a las diferentes asignaturas, también hay una serie de competencias generales que el alumnado debe adquirir. En este primer cuatrimestre, la competencia genérica que hemos tenido que trabajar con los alumnos de primero del grado en Administración y Dirección de Empresas es la de pensamiento crítico, entendiendo por ello aquel comportamiento mental que cuestiona las cosas y se interesa por los fundamentos en los que se asientan las ideas, acciones y juicios, tanto propios como ajenos.

Una de las actividades que los alumnos deben realizar para poder desarrollar esta competencia consiste en indicarnos tres páginas web (wikis, sites especializados, periódicos, revistas, sites de estudiantes, etc.) que hayan utilizado durante este semestre, en relación a los contenidos de la asignatura, y ordenarlas de mejor a peor, especificando y razonando los criterios utilizados para establecer ese orden. En nuestro caso, y en relación con la asignatura de microeconomía, hemos realizado esta actividad conjuntamente entre mi grupo y los grupos de Iñaki Erauskin. De entre los posibles criterios que se les proporcionan, los alumnos pueden elegir por ejemplo entre el orden en el que aparece el enlace en los motores de búsqueda, el prestigio de los autores, si los autores son famosos (aparecen en los medios de comunicación de masas), la sencillez con la que se explican los conceptos, etc. Naturalmente, los alumnos pueden incluir cualquier otro criterio que ellos consideren relevante.

De entre las respuestas que nos han dado los alumnos, ahora que este primer cuatrimestre toca su fin, destaca por una amplia mayoría YouTube, debido a la accesibilidad de dicha plataforma, tanto para el uso en ordenador como en cualquier otro dispositivo móvil, además de a la amplia variedad de idiomas en la que se encuentran los contenidos disponibles en ella. Además, los alumnos destacan que es posible “medir” el prestigio del autor de un vídeo por sus suscripciones, visitas y comentarios (likes y dislikes). La segunda fuente más consultada es la Wikipedia, aunque en menor medida que YouTube, ya que aunque aparezca normalmente entre los primeros resultados de los motores de búsqueda, la información que aparece publicada en la misma puede ser modificada por cualquier persona, por lo que su rigor es menor, a tenor de los alumnos, que YouTube. Finalmente, la tercera opción que destacan los alumnos es la de aquellas plataformas en las que se puede interactuar entre la persona que lanza una pregunta y aquellas que quieren darle una respuesta, así como otros materiales complementarios a los empleados en clase como otros libros o plataformas como Investopedia o Khan Academy.

Una de las cosas que llaman la atención al escuchar las opiniones de los alumnos es que sus búsquedas se limitan a los primeros resultados (primera pantalla como máximo) de los motores de búsqueda. Es decir, a pesar de que a menudo demos por sentado que los “millenials” son nativos digitales, en realidad no se comportan como tal, y como cantaría Amaral, “sin Google no soy nada”. En segundo lugar, destaca que a pesar de que no sean capaces de identificar la fidelidad o precisión de las webs que consultan, siguen empleándolas. Así, para poder contrastar la veracidad de las fuentes que han consultado, la solución que plantean los alumnos es la de consultar todavía más fuentes (p.e. vídeos), lo que nos llevaría a una espiral sin fin.

Este problema acerca de la capacidad para poder valorar de manera crítica la utilidad de ciertas fuentes de información no es exclusivo de mis alumnos. Un reciente estudio de la Universidad de Stanford, en el que se ha contado con una población de 7.804 estudiantes de secundaria, ha concluido que el 82% de éstos no era capaz de distinguir entre noticias falsas y noticias reales. Se trata del mayor estudio científico que ha estudiado la forma en la que los adolescentes evalúan la información que encuentran en línea, y sus resultados son sorprendentes… y desconsoladores. Por ejemplo, la mayoría de los estudiantes otorgaban una mayor credibilidad a los tweets en función de la cantidad de detalles, tales como fotos, en lugar de basarse en si se citaban o no fuentes. Así, casi cuatro de cada diez estudiantes creyeron, basándose en el titular, que una foto de margaritas deformadas constituía una fuerte evidencia de las condiciones tóxicas existentes cerca de la planta nuclear de Fukushima en Japón, a pesar de que en realidad no se ofreciera ninguna fuente acerca de la autoría ni del lugar en el que se había tomado la foto. Igualmente, más de dos tercios de los estudiantes no vieron ninguna razón por la que desconfiar de un supuesto escrito de un ejecutivo del sector bancario, escrito que venían esponsorizado por un determinado canal, en el que se argumentaba que los adultos que se acababan de independizar requerían de ciertos productos financieros.

Como delibera Enrique Dans, “en plena era Internet, seguimos educando… con el erróneo concepto de que “la verdad es lo que dice el libro”, en lugar de aprovechar la oportunidad para desarrollar el escepticismo y el pensamiento crítico” que otorgan las herramientas digitales. Estamos frente a un importante problema social, ya que la cantidad de información disponible crece a un ritmo muy superior al que somos capaces de asimilar. Como educadores, debemos dar tanta importancia al desarrollo de la capacidad crítica, también conocida como alfabetización mediática, como a las competencias específicas de cada una de nuestras asignaturas. Así pues, y de vez en cuando, seguiré haciendo mal los ejercicios en clase de manera voluntaria para tratar de despertar (en ocasiones literalmente) en los alumnos ese anhelado y necesario sentido crítico. Y es que ya lo decía Spiderman, “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

  • anonymousexpatriate

    Un articulo bastante superficial, la verdad.

    Pregunta al autor asi como a los alumnos, y si las fuentes estan todas manipuladas? O es que Google, Facebook y companyia no manipulan las cosas?

    Los periodicos eran en su momento objeto de propaganda y guerra psicologica. Altos cargos de la CIA han reconocido abiertamente que se se manipulaban las noticias y habia periodistas a sueldo de la CIA para publicar cosas de modo que se manipulara la opinion. La influencia de los servicios de inteligencia va mucho mas, puesto que llegaron a publicar decenas de libros para que fueran usados en circulos academicos. Los libros a los que no se queria dar importancia, la CIA compraba las tiradas completas de manera que nadie pudiera comprar esos libros. Esto lo han descrito personas como John Perkins, Robert David Steele y muchos otros. El KGB uso tacticas similares, y si no, me remito a una excelente entrevista de G Edward Griffin a Yuri Bezmenov en 1984. Incluso hace bien poco Google ha admitido que ha manipulado los algoritmos de busqueda para favorecer a Clinton en las ultimas elecciones, y Facebook ha hecho experimentos patrocinados por el departamento de defensa para manipular la opinion de las personas.

    Sobre el prestigio de los autores, como se evalua eso? En base a las citas? Lo digo porque cierto premio Nobel en economia, Paul Krugman, ha dicho abiertamente que el mundo tiene que inventarse una invasion planetaria para poder aumentar el gasto de los paises y asi sacar al planeta de la recesion. Y esto no lo dijo en broma, lo dijo en serio. Asi que mucho prestigio, pero sentido comun absolutamente ninguno.

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