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Las diferencias de renta entre las comunidades autónomas y la velocidad de la Reconquista
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Asier Minondo | 07-03-2017 | 06:35

El mapa que aparece abajo muestra el PIB per cápita de las comunidades autónomas españolas en 2015. Un color más intenso significa un mayor PIB per cápita y un color menos intenso un menor PIB per cápita. Es interesante observar que a medida que bajamos de norte a sur, a excepción de Madrid que fue la comunidad autónoma con mayor PIB per cápita en 2015, el color se va haciendo menos intenso. De hecho, las comunidades con un menor PIB per cápita en 2015 son las que se sitúan al sur: Extremadura, Andalucía, Castilla – La Mancha y Murcia.



¿Por qué las comunidades del sur de España tienen una menor renta per cápita? La renta per cápita se puede descomponer en dos ratios: 1) el número de ocupados entre la población total y 2) el PIB por ocupado. Las comunidades autónomas del sur de España tienen una menor tasa de ocupación, lo cual contribuye a su menor PIB per cápita. Sin embargo, las diferencias más importantes se producen en el PIB por ocupado, o productividad de los trabajadores. Estas diferencias se explican por la composición sectorial de la economía (por ejemplo, los trabajadores en la industria son mucho más productivos que en la agricultura), la formación de los trabajadores, la infraestructura y el espíritu empresarial.

Un estudio reciente, realizado por los profesores Daniel Oto Peralías y Diego Romero Ávila, sostiene que las diferencias en renta entre las comunidades autónomas pudieron nacer de un proceso histórico que concluyó hace más de 500 años: la Reconquista. Los autores muestran que en un primer periodo, de 711 a 1062, el proceso de Reconquista fue lento. En este primer periodo, las zonas liberadas se fueran repoblando de forma ordenada, con pequeños propietarios, y con una distribución de la tierra relativamente equitativa. Las zonas que se reconquistaron en este primer periodo se encuentran entre el río Duero y Tajo. Sin embargo, en un segundo periodo, de 1062 a 1266, y especialmente después de la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, el proceso de reconquista fue mucho más acelerado. Como el territorio liberado era mucho más amplio, la Corona no podía repoblarlo con pequeños colonos. Por ello, otorgó estas tierras a la nobleza, generando una gran desigualdad en la distribución de la propiedad. En definitiva, un proceso de reconquista lento generó una distribución de la tierra más igualitaria y una mayor capacidad de participar en el proceso político en algunas regiones; por el contrario, un proceso más acelerado generó una gran concentración del poder económico y político en otras regiones.

Los autores argumentan que estas diferencias en la concentración del poder político y de la riqueza perjudicaron a las regiones de reconquista rápida cuando llegó el proceso de industrialización. Los grandes terratenientes de estas zonas se opusieron al proceso de industrialización porque podía aupar al poder económico y social a nuevas clases, poniendo en cuestión el status quo. Además, para que se produjese un proceso de industrialización se requería de la participación de emprendedores y de una clase media con acceso a medios económicos y formación de las que carecían las regiones en las que la Reconquista fue rápida.

Mediante estimaciones econométricas los autores confirman que las regiones en las que la Reconquista fue más rápida tienen un PIB per cápita menor en la actualidad que el resto de regiones españolas. Los autores muestran, además, que este menor PIB per cápita se pudo deber a las peores condiciones de partida de las regiones donde la Reconquista fue más rápida cuando llegó el proceso de industrialización. En concreto, estas regiones tenían peores índices de formación, de salud, y una peor distribución de la riqueza.

A pesar de que el ritmo de Reconquista pudo frenar el proceso de industrialización en las zonas del sur de España, ¿no deberían de haber desaparecido ya las diferencias en PIB per cápita entre las regiones gracias a la mejora en la sanidad y en la educación en todas las regiones españolas durante el último siglo? ¿realmente puede perdurar tanto el efecto económico de un acontecimiento histórico? Los autores creen que sí. Un argumento poderoso es que la propia actividad industrial genera fuerzas que la conducen a seguir localizada en el mismo lugar. Así, una región que cuente con una ventaja de partida para industrializarse tenderá a mantener dicha industrialización en el tiempo. Además, la industrialización conlleva una mejora de las infraestructuras, la formación y la innovación que favorece a las regiones que contaban con una ventaja de partida.

El ritmo de la Reconquista es otro ejemplo de procesos históricos que tienen efectos económicos perdurables en el tiempo. En post anteriores analizamos los efectos de la esclavitud y de las misiones jesuitas. Para que luego digan que la historia no importa.

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