Diario Vasco
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Fecha: noviembre, 2017
Servitizar sin morir en el intento
bkamp 28-11-2017 | 7:40 | 0

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La servitización –entendido como el paso de ofrecer productos y de operar como fabricante hacia la oferta de soluciones y sistemas donde productos y servicios forman un conjunto simbiótico (Product-Service Systems)- sirve de múltiples propósitos.

De lado de los proveedores ofrece las siguientes ventajas:

– ayuda a distinguirse de la competencia;

– evita entrar en una espiral de comoditización y competencia en base a precios;

– contribuye a la fidelización del cliente;

– amplia las posibles fuentes de ingresos; y

– hace potencialmente menos volátil la cifra de facturación en el tiempo.

Por su parte, de lado de los usuarios, las proposiciones de valor servitizadas responden al creciente interés de:

– pagar en función del valor que genera un bien;

– no internalizar y hacerse propietario de todos los activos que uno puede usar; y

– entrar en una relación inter-organizacional con un proveedor que suministra un conjunto amplio de productos y servicios (un “one stop shop”), evitando de esta manera tener que contratar a multiples suministradores de productos y servicios sueltos.

Por mucho que la servitización augure ventajas, ello no conlleva que se vaya a implementar de forma masiva ni de forma instantánea. De hecho, a día de hoy el sector manufacturero vasco obtiene solo el 2% de su facturación a través de ingresos por servicios (cálculo en base a datos de la Encuesta Industrial de Eustat). Esto podría significar que el sector manufacturero no está ofreciendo muchos servicios, pero esto parece dudoso a estas alturas. Sin embargo, resulta más plausible pensar de que sea consecuencia de fallos en cuanto a saber cobrar por servicios, es decir, se “regalan” servicios (están incluidos en la venta del producto subyacente o como actividad pre-venta), los precios que se aplican sobre servicios son deficitarios (los servicios son un “cost center” y no un “profit center”), etc.

En cualquier caso, si se quiere emprender la senda de la servitización de forma sostenible, es imprescindible lograr ingresos adecuados por servicios, ya que de lo contrario, la empresa se topa inevitablemente con la llamada “paradoja del servicio” (se ofrece servicios con el fin de mejorar cuentas, consiguiendo que éstas se empeoren).

Ante el aparente bajo grado de servitización del sector manufacturero vasco es preciso señalar que hay diferentes barreras (mentales) que obstruyen su aceptación.

De lado de los proveedores:

– Reticencia a avanzar/escalar dentro de la cadena de valor. Es típico encontrar a empresas industriales que expresen que ya tienen bastante con sacar un buen producto adelante, como para meterse con todo tipo de servicios y temas de monitorización del uso de sus productos.

– Falta de voluntad para aplicar nuevos modelos de negocio y de cobro (volveré sobre este tema más adelante). Muchas empresas prefieren ingresar una suma alta de entrada en lugar de contar con un cash flow regular y dosificado en el tiempo. Alternativamente, cuando una empresa empieza a considerar la aplicación de fórmulas como pago-por-uso, esto puede “despertar” un choque entre adeptos a la lógica dominante del producto (product-dominant logic) y los que se dejan guiar por la lógica dominante del servicio (service-dominant logic), así como entre el staff comercial y la rama contable de la empresa.

De lado de los usuarios:

– Síndrome de “not-invented-here”: clientes que no están cómodos o recelan con ideas y propuestas que vienen de terceros, las cuales consideran como una intrusión o distracción.

– Miedo a perder control sobre procesos “internos”, así como miedo a fugas de información valiosa: una visión estricta sobre división de roles entre insiders y outsiders y hasta qué punto dichos outsiders deberían de poder seguir procesos en la cocina interna.

– Estar enganchado a la cultura de propiedad: preferencia de ser dueño de un bien en lugar de alquilarlo o de aprovecharlo vía otras modalidades de uso y pago.

Luego existen una serie de circunstancias habilitadoras que –si estas no se dan- pueden frenar el posible uptake de la servitización.

Para empezar, la servitización parece más factible en un entorno smart e inteligente, donde el monitoreo de procesos es más fácil para internos y externos. Consiguientemente se puede postular que prácticas de “esmartización” o de digitalización forman un catalizador para la servitización. Es decir, para que un proveedor pueda aconsejar y asistir de manera útil y eficaz a los usuarios de sus activos, tiene que tener muy buenos “insights” de las operaciones a las que se somete sus dispositivos. Aquí deben comenzar a considerarse la sensórica y demás tecnologías del ámbito de la denominada “Industria 4.0” como catalizadores para prácticas inteligentes de servitización. Estas tecnologías permiten monitorizar el verdadero uso que los clientes dan a los productos o equipos suministrados, y/o el rendimiento que sacan de estos últimos. En base a dicha información, el proveedor gana en capacidad de poder monetizar el valor que tiene su oferta en manos del usuario. Consiguientemente puede utilizar este conocimiento para establecer precios adecuados, tanto para productos o servicios individuales, así como para sistemas que integran a productos y servicios de manera conjunta. Además, dicho conocimiento proporciona una mejor base para introducir fórmulas de pago inteligentes (estilo pago por uso o pago en función de rendimiento).

Luego hay que tener en cuenta que una servitización al estilo smart (con prácticas de pay-per-use) implica que los proveedores de productos o equipos acaban de facto pre-financiando los bienes en juego. Es decir, mientras que en una relación tradicional el proveedor vende un activo y el cliente le paga dentro de un plazo acordado, en una relación servitizada el proveedor obtiene compensaciones en función del uso que el cliente dé a los activos que tiene a su disposición (o en función del valor que extrae de esos activos). Esto implica que el proveedor necesita mayor músculo financiero, por lo que genera barreras de entrada principalmente para el conjunto de PYMEs.

Por lo tanto, la servitización se beneficia también de lo que se puede denominar ‘tecnología  financiera’ alrededor de los activos y de las relaciones que unen a proveedor y usuario. En este ámbito se puede pensar, por un lado, en contratos inteligentes que se sirven de conceptos como blockchain para automatizar los pagos entre un usuario y un proveedor de servicios en función del cumplimiento de dichos contratos. En el contexto de la servitización, ese cumplimiento puede referir al grado de ejecución de un contrato (por ejemplo: el valor u output obtenido de una máquina – pago en función de rendimiento; o el número de horas que una maquina ha estado funcionando – pago por uso). Por otro lado, cabría pensar en soluciones por parte de agentes crediticios que entienden la servitización como un nuevo modelo de negocio que se va a rentabilizar de forma diferente al tradicional modelo transaccional de compra-venta; soluciones que sirven de ayuda para pre-financiar bienes que requieren un largo periodo de pay-back.

Por todo ello; para que las empresas que quieren implementar prácticas de smart servitization puedan llevarlas a cabo y obtener un mayor porcentaje y rendimiento de su facturación de servicios, hace falta también una sensibilización del sector financiero para lidiar con el “yugo” de la pre-financiación que dichas prácticas implican.

 

Bart Kamp

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¿Y tú qué eres, zorro o erizo?
Jon Mikel Zabala 21-11-2017 | 8:30 | 0

@jonmizabala

El pasado lunes 13 de noviembre, aún con las agujetas de la 53 Behobia-San Sebastián, se celebró la final de la Donostia Innovation League en la sección de Universidades. La Donostia Innovation League, organizada por Fomento San Sebastián, aspira a lograr que los jóvenes se impliquen en el desarrollo de la ciudad, proponiendo ideas innovadoras para dotar a la misma de un mayor dinamismo, y hacerla más atractiva. Para ello, se les propuso un reto a los alumnos de las Universidades de Deusto, EHU y Tecnun: dinamizar el río Urumea, generando una mayor actividad económica, consiguiendo una mayor movilización de la ciudadanía en dicha zona, y atrayendo nuevos eventos y actividades, valiéndose para ello de las soluciones tecnológicas aportadas por Ikusi.

En dicha sesión, además de representantes de las Universidades participantes en el reto, también estuvo Euken Sesé, Gerente de Fomento de San Sebastián, quien nos habló acerca del informe Davos sobre el futuro del trabajo, y las características que ellos han observado en las competencias más demandadas por las empresas, sobre lo cual ya hemos debatido con anterioridad en este blog (por ejemplo, aquí). Al escuchar a Euken me vino a la cabeza los debates que en más de una ocasión hemos tenido en nuestro departamento de Economía, sobre la veracidad que tienen las predicciones que a menudo se realizan sobre temas como el futuro del trabajo. Sin duda alguna dichos estudios de prospectiva tienen un elevado impacto mediático. Prácticamente la totalidad de nuestrxs lectorxs habrá leído o escuchando alguna vez afirmaciones como “las 10 profesiones que aún no existen y que marcarán el mercado laboral del futuro”, “el empleo del futuro aún no existe”, o que “el 85% de los empleos que habrá en 2030 no existen en la actualidad”. Pero, en qué medida se cumplen dichos augurios?

Jeffrey Funk, en su libro “Technology Change and the Rise of New Industries” plantea esta misma pregunta. Para responderla, Funk se centra en estudiar los informes publicados por MIT Technology Review, en los años 2001, 2003, 2004 y 2005, en los que se apuntaban a las 10 tecnologías más disruptivas con las que íbamos a convivir en el futuro. Tras observar la evolución que dichas tecnologías han tenido en términos de las ventas asociadas a las mismas en el año 2015 (productos que incluyen dichas tecnologías), el autor llega a las siguientes conclusiones:

  1. De las 40 tecnologías disruptivas identificadas (10 por año), sólo 1 (big data) supera a día de hoy los 100 billones de dólares en ventas.
  2. 3 de las tecnologías identificadas (smart grid, biometría, y almacenamiento de energía distribuido) superan los 10 billones de dólares en ventas.
  3. 1 tecnología (cristales fotónicos) tiene unas ventas de entre 5-10 billones de dólares.

 

¿En qué medida entonces los estudios del MIT Technology Review han sido efectivos a la hora de identificar aquellos nuevos mercados de tecnologías emergentes para el siglo XXI? La siguiente tabla identifica aquellas tecnologías que no fueron identificadas en las predicciones realizadas por el MIT, y que sin embargo, sí han dado lugar a mercados de un tamaño considerablemente significativo.

Tecnología Ventas mundiales en el año 2015 (en billones de dólares)
Smart phones $400
Computación en la nube $175
Internet de las cosas $130
Comercio electrónico para la ropa $ 65
Tabletas $ 60
Redes sociales $ 24
Ebooks $ 15 (sólo en el mercado de EEUU)
Wearables $ 14

El autor argumenta que muchos emprendedores, Universidades, fondos de inversión, empresas y gobiernos definen sus actuaciones en función de los mensajes que se incluyen en informes de prospectiva como el MIT Technology Review, a pesar de su escaso poder de vaticinio. ¿Cómo es posible que el MIT, una de las mejores Universidades del mundo, realice unas predicciones tan deficientes, y no sea capaz de redefinir la metodología seguida para poder tener una mayor probabilidad de acierto?

En su libro, el autor apunta a varias posibles explicaciones del por qué de las pobres predicciones tecnológicas realizadas por el MIT, y de entre todas ellas, considera que la fundamental es la del sesgo cognitivo. El autor argumenta cómo el MIT, una Universidad con un carácter principalmente tecnológico, para realizar sus predicciones se fundamenta en opiniones de ingenieros y científicos, excluyendo las opiniones de otros agentes sociales, que también tienen sus propias preferencias sobre el uso de las tecnologías, a pesar de que no estén directamente implicados en su desarrollo ni resulten tan cercanos al público al que se dirige el MIT. El sesgo cognitivo de los ingenieros y científicos radica en que sus pronósticos vienen exclusivamente determinados por el conocimiento (de carácter meramente científico) que tienen sobre la capacidad de generar nuevas tecnologías, pero sin considerar si dichas tecnologías van a tener una traslación potencial en forma de nuevos productos. Es decir, si la generación de nuevas tecnologías también va a conllevar la generación de nuevos mercados.

Philip Tetlock y Dan Gardner, en su libro “Superforecasting: the art and science of prediction” introducen la metáfora de los zorros y los erizos para explicar este sesgo. Los perfiles erizo tienen un amplio y profundo conocimiento sobre una disciplina o materia, mientras que los perfiles zorro cubren una amplia variedad de áreas, aunque sin tal nivel de profundidad. Según Tetlock y Gardner, los científicos e ingenieros a menudo nos comportamos como erizos, ya que nos limitamos a escuchar (leer) lo que dicen nuestros pares en revistas científicas, al contrario que los zorros que son capaces de relacionarse con una mayor variedad de actores y conocer sus necesidades y preferencias, para posteriormente poder darles una respuesta.

Tetlock y Gardner concluyen que los ingenieros y científicos carecen a menudo de perspectivas sistémicas que les ayuden a interpretar la realidad en la que estamos inmersos, más allá de nuestros laboratorios. Y esto es precisamente lo que los alumnos de la Universidad de Deusto mostraron en la final de la Donostia Innovation League. La capacidad de aportar una visión sistémica a un reto que nos afecta a todos. Enhorabuena a las premiadas!!!

Y tú qué eres, zorro o erizo?

PD: puedes conocer más acerca de la idea ganadora aquí.

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

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¿Cuánto PIB suponen las empresas que “se van” de Cataluña?
Iñaki Erauskin 14-11-2017 | 8:52 | 0

@InakiErauskin

 

Últimamente he leído noticias tales como “El PIB de Cataluña es de 223.629 millones de euros. Las 40 empresas más importantes que se han marchado totalizan una facturación de 64.917 millones de euros, lo que equivale al 30% del PIB de Cataluña”, de Fernando Trías de Bes, escritor y economista catalán (pincha aquí), o que “Las empresas cotizadas que han dejado Cataluña tienen un valor equivalente al 40% del PIB regional” (pincha aquí). Y hay más (aquí o aquí). Ha sido especialmente mediático el artículo de Trías de Bes (pincha aquí), la respuesta del economista de Columbia University, Xavier Sala i Martín (abajo su comentario en Twitter), y la respuesta final de Trías de Bes (pincha aquí).

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Por un lado, está el hecho de si las empresas “se van” o no. Por ahora, son generalmente traslados de sede social y/o fiscal, pero no se traslada la actividad económica principal. Sin embargo, está claro que este movimiento puede tener un impacto mayor a medio y largo plazo, que es muy difícil cuantificar en este momento.

Por otro lado, está el hecho de comparar cifras de facturación (ventas) con PIB. No tiene sentido esta comparación. Peor aún, induce a confusión. Utilizar la facturación y compararla con el PIB magnifica y sobrevalora el impacto de aquello que queremos valorar. La facturación es directamente la cifra de ventas de la empresa. Sin embargo, el PIB recoge el valor añadido generado por la actividad económica. Por ejemplo, si se produce un pan, el PIB recoge el valor del pan. Sin embargo, la facturación de un pan recoge el valor del trigo, el de la harina, … y el del pan, esto es, el valor de todas las transacciones que han tenido lugar en torno a la producción del pan. Con el valor de la facturación del pan tiene lugar lo que se conoce como “doble contabilización”, que el PIB tiene mucho cuidado en evitar. Si queremos medir la actividad económica rigurosamente no tiene sentido contabilizar el trigo y la harina si ya se ha contabilizado el pan. Dicho así, puede parecer que la diferencia entre el valor de la facturación y el PIB es pequeña. Pero no lo es.

Paul De Grauwe y Philip Camerman publicaron un interesante trabajo sobre “¿Cuán grandes son las multinacionales?” hace años (pincha aquí). En la Tabla 1 presentan los datos de facturación y de valor añadido (o PIB, aproximadamente) para 5 de las 10 mayores corporaciones en el año 2000. El valor añadido generado es, aproximadamente, el 25% de la cifra de ventas de las empresas (en el sector servicios la cifra suele ser mayor, pero es más difícil de cuantificar).

 

Tabla 1. Ventas y valor añadido en 5 de las 10 mayores corporaciones en el año 2000.

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Fuente: De Grauwe y Camerman

 

En la Tabla 2 se ordenan los países y las corporaciones de acuerdo con su PIB o valor añadido. Se observa que de las 100 mayores economías del mundo en el años 2000, 63 son países y 37 son corporaciones. En las “Top 50” sólo hay 2 corporaciones, Walmart y Exxon. Además, las economías más grandes son mucho más grandes que las grandes corporaciones. Estados Unidos es 150 veces más grande que la corporación más grande. Incluso un país pequeño como Bélgica es más de 3 veces más grande que la multinacional más grande. Incluso Grecia y Portugal son más del 50% más grandes que la multinacional más grande. Resumiendo, las 50 corporaciones más grandes representan sólo el 4,5% del valor añadido producido por los 50 países más grandes. Las multinacionales son, por tanto, más pequeñas de lo que se suele creer.

 

Tabla 2. Clasificación de países y corporaciones según PIB o valor añadido.

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Fuente: De Grauwe y Camerman

 

Por último, hay que cuantificar correctamente el valor de la facturación de las empresas que “se van”. Según Ceprede, “Estas 62 empresas suponen una facturación conjunta de más de 27.700 millones de euros” (pincha aquí para la noticia en Expansión). Lo primero que llama la atención es la enorme diferencia en las cifras de facturación respecto a las de Trías de Bes, que, reconozco, no sé a qué se debe (Ceprede, señala, además, más empresas y menos facturación que la cifra de Trías de Bes, lo que sorprende mucho). Por ejemplo, si tomamos, “a lo bestia”, la media de las dos cifras de facturación, ésta es equivalente aproximadamente a un 20% del PIB catalán.

A partir de ahí se debe convertir a PIB, que sería un 25-30% de la cifra anterior. En suma, nos situaríamos en el 5-6% del PIB catalán. Curiosamente, Ceprede, en la misma noticia de arriba, señala que esas empresas representan el 5,4% del PIB catalán.

¿Qué te parece ahora?

Por cierto, como sé que es un tema que da para mucho, os remito a este post del blog “Nada es gratis” para referencias diversas muy interesantes sobre tema tan actual y relevante.

 

@InakiErauskin

 

 

 

 

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El comercio internacional y la desigualdad
Asier Minondo 07-11-2017 | 7:25 | 0

En un post anterior, mostraba que la renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008 (Iñaki Erauskin analizaba en este post la evolución de la desigualdad en el País Vasco).

Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

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