Diario Vasco
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Fecha: diciembre, 2017
¿Arruinan las redes sociales nuestras vacaciones?
Jon Mikel Zabala 19-12-2017 | 8:00 | 0

@jonmizabala

Ya estamos en vísperas de Navidad, y con ello, empiezan a aparecer un montón de planes para este período invernal. Algunxs optarán por aprovechar para hacer esas cosas que no llegamos a hacer en nuestro día a día, como ir al banco o a las revisiones de especialidades médicas como el dentista o el oculista (entre otros), otrxs aprovecharán para quedarse en casa y leer libros o ver esas películas o series que tienen pendientes, y lxs más afortunadxs optarán por irse de vacaciones a algún otro pueblo, ciudad o país. Probablemente nuestrxs estudiantes se encuadren dentro de esta última opción, y es que los Millenials, como así se les conoce a aquellas personas que nacieron entre 1982 y 1999, tienen una pasión inherente por viajar.

Esta es una de las conclusiones a la que ha llegado un estudio realizado por la empresa Future Foundation para Expedia Inc., la agencia de viajes online más grande del mundo. El estudio, llevado a cabo en ocho países (Australia, Brasil, China, Alemania, Francia, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos), revela los hábitos y tendencias de viaje de la generación Millennial, entre las cuales caben destacar las siguientes:

Aversión al riesgo: Los Millennials tienen una gran aversión al riesgo. Según el estudio, quieren experiencias de viaje verificadas por sus redes sociales o por una fuente de confianza. En este sentido, el 43% se siente intimidado a viajar solo, no queriendo ser los primeros en probar algo nuevo o de lo que no cuenten con referencias.

Fanáticos del control pero flexibles: Al viajar, más del 60% de los Millennials quieren mantener la situación bajo control, o al menos, aparentar que dominan la situación en todo momento, y esperan que esta sensación de control al viajar venga de la mano del uso de la tecnología. La otra cara de la moneda del control es la flexibilidad, y el deseo de que sean los demás los que se adapten a sus necesidades. Así, el estudio apunta a que un viajero Millennial modifica su itinerario en más de un 20% de las ocasiones.

Generación “Yo Yo”: Los Millennials sienten que la privacidad de datos está sobrevalorada. El 80% espera que las compañías de viaje recomienden experiencias y viajes personalizados en base a los datos que van recolectando acerca de sus preferencias, necesidades y presupuesto. En este sentido, el 40% está preparado para proporcionar datos personales a los agentes de viajes online, si a cambio va a recibir descuentos especiales u ofertas relevantes.

Sin embargo, y por encima de todo, hay dos características que, personalmente, me han llamado la atención sobremanera.

Redefinición constante: Según el estudio, el 30% de los Millennials se entretienen de forma activa mediante la recopilación y el intercambio de imágenes de amigos, marcas y otras fuentes de confianza como los blogs, lo que les lleva a estar continuamente revisando su lista de destinos preferidos. En este sentido, el 42% afirma que las fotos de destinos que ven colgadas en sus redes sociales tienen una fuerte influencia a la hora de escoger el lugar en el que deciden pasar sus vacaciones.

Autenticidad, pero con apreciación social: 2 de cada 3 Millennials declaran que cuando viajan desean experiencias auténticas por encima de todo. Sin embargo, para que una experiencia sea considerada como auténtica por ellos, ésta necesita ser reconocida por sus redes sociales, porque de lo contrario pierde valor.

Las redes sociales constituyen un elemento indispensable para la generación Millenial. Pero también conllevan una serie de consecuencias que no son menores. Y es que como apunta el estudio, el 10% de las personas consultadas afirma tomar al menos 15 fotos en una misma pose hasta obtener una que les guste, a pesar del tiempo que ello les quita de poder disfrutar del destino donde se encuentren. Según los resultados, una persona gasta, en promedio, 9 horas semanales publicando estados y fotografías en redes sociales, a pesar de que el 44% admitió que, una vez de haber terminado sus vacaciones, tuvo la sensación de que Internet y la dependencia del terminal móvil y las redes sociales arruinaron su viaje en gran medida.

Desde mi punto de vista, el estudio mencionado arriba requiere de una importante reflexión no sólo por los propios Millenials, sino por la sociedad en general, ya que a pesar de que en el mismo se hace referencia a este grupo social, dudo mucho que las características apuntadas en él no sean extrapolables a otros grupos sociales. Y es que si la dependencia que la mayoría de las personas tenemos de demostrar a través de nuestras redes sociales lo bien que lo estamos pasando, en lugar de, simplemente, disfrutar del momento conlleva que la experiencia de viaje se empobrezca, tenemos un problema.

PD: Este es el último post de este año 2017. Nos vemos de nuevo en Enero de 2018, ordurarte Gabon zoriontsuak eta urte berri on guztioi!!!

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

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Imágenes en economía que valen más que 1.000 palabras
Iñaki Erauskin 12-12-2017 | 9:05 | 0

@InakiErauskin

 

¿Te imaginas a un “ejército” de trabajadores “armados” con smartphones, tomando fotos, a cambio de un precio por foto (a este fenómeno se le denomina “compensated crowdsourcing”), que puedan tener interés para analizar la evolución de la actividad económica? Las fotos se envían a un servidor y se convierten en datos, que otros trabajadores, a su vez, codifican. Y de ahí se obtienen respuestas casi inmediatas a preguntas tales como: ¿Están los comercios aplicando la ley “sobre los pecados” tales como el tabaco y el alcohol (a este impuesto se le conocía popularmente como “sin tax”)? Esta era la pregunta que se hacía el gobierno de Filipinas en 2012 cuando estableció ese impuesto para financiar una parte de su Sanidad. Sabía que el impuesto no estaba siendo aplicado, pero no sabía en qué tiendas. A partir de esa “armada” de trabajadores, el gobierno tenía información sobre el grado de cumplimiento por semanas, lugares y marcas (pincha aquí para la noticia o aquí para el informe del Banco Mundial).

Esa es una de las posibles aplicaciones de una app, Premise, cuyo éxito ha sido tal que hasta el Banco Mundial está colaborando con dicha firma en algunos proyectos, por su rápida capacidad y fiabilidad para lograr datos que, de otro modo, tardaría mucho tiempo en lograr, si es que se pusiera a ello.

El Gráfico 1 muestra la evolución del porcentaje de cobertura de sellos de impuestos holográficos durante 2015-2016, a través de Premise. Se observa que apenas llegaba a un 30% en marzo de 2015, pero en pocos meses las cifras se hallaban por encima del 80-90%.

 

Gráfico 1. Porcentaje de cobertura de sellos de impuestos holográficos.

2017_taxstamps

Fuente: Banco Mundial

 

El Gráfico 2 muestra los datos que se obtienen a través de la aplicación: fotos, resultados, ubicación geográfica, etc.

 

 

Gráfico 2: Datos sobre precios de cigarrillos recolectados con ubicaciones geográficas

2017_pricedatacollection

Fuente: Banco Mundial

 

Esta app la creó Joseph Reisinger, un doctor en Informática preocupado por la escasez de datos en países en vías de desarrollo. El ejemplo “perfecto” que describe este problema es la “famosa” actualización del PIB de Nigeria en 2013: Su Instituto de Estadística elevó su PIB en 2013 en hasta un 89% (de 270.000 millones de euros a 510.000 millones de euros) tras diversos ajustes metodológicos, el cambio de año base de 1990 a 2013, entre otros (pincha aquí). Por ello, los usos que ha encontrado esta app han sido numerosos: hacer el seguimiento del tratamiento del virus VIH en jóvenes de Kenia, realizar el seguimiento de factores de riesgo medioambientales del virus Zika, obtener índices de precios de bienes en tiempo real, etc. Todo ello con un Smartphone.

Este es un interesante ejemplo que he tomado de una referencia muy provocativa y muy relevante que llegó hace poco a mis manos, de Seth Stephens-Davidowitz, que ha publicado recientemente una obra titulada “Everybody lies. Big data, new data, and what the internet can tell us about who we really are” (pincha aquí). Sobre Big Data ya hemos hablado en este blog (aquí y aquí).

Big Data=Big Brother?

 

@InakiErauskin

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Si quieres ser creativo, muere de pena
Asier Minondo 05-12-2017 | 7:08 | 0

La riqueza de los países crece cuando aumentan sus recursos, cuando son capaces de producir más con los mismos recursos, o cuando descubren nuevos productos y servicios que responden mejor a las necesidades de las personas. Estos descubrimientos son el resultado del esfuerzo y la creatividad de un conjunto de personas que desarrollan su actividad en diferentes ámbitos. Por ello, resulta muy importante entender qué factores promueven la creatividad.

El profesor Karol Jan Borowiecki ha analizado el proceso creativo de tres grandes compositores: Beethoven, Liszt y Mozart. En su trabajo, Borowiecki estudia cómo varió el estado de ánimo de estos compositores a lo largo de su vida, y si esas variaciones estaban correlacionadas con cambios en su creatividad. Para medir el estado de ánimo, Borowiecki utiliza las cartas que escribieron estos compositores. A estas cartas les aplica un software de análisis de texto que identifica el porcentaje de palabras que reflejan un estado de ánimo negativo y el porcentaje de palabras que reflejan un estado de ánimo positivo. Algunos ejemplos de palabras que denotan un estado de ánimo negativo serían dolor, pena o nervios; mientras que algunos ejemplos de palabras que reflejan un estado de ánimo positivo serían amor, alegría o bonito. A continuación, el autor identifica si existe una correlación entre el estado de ánimo y la finalización de alguna de las obras más importantes de estos compositores. La conclusión es que la mayor creatividad se produce cuando más negativo es el estado de ánimo. En concreto, la creatividad de los compositores aumentaba cuando estaban atravesando momentos de gran tristeza, como la muerte repentina de un familiar. Este resultado es similar al de trabajos anteriores que encuentran una correlación positiva entre la creatividad y la depresión.

Este resultado nos lleva a una paradoja. Para ser más creativos tenemos que ser más infelices. Sin embargo, ¿quién va a querer ser más creativo, si para ello tiene que morir de pena?

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