Diario Vasco
img
Guerras pringosas
img
Alberto Moyano | 04-02-2006 | 17:59

Alberto Moyano


Entras en la sala de un multicines donostiarra para ver ‘Munich’, la última película de Spielberg. Es la última sesión del día y mientras avanzas por el pasillo, cada vez te cuesta levantar el pie del suelo y caminar hasta la butaca. Crish, crosh, crish, crosh. Es el ruido que hacen las suelas de tus zapatos al quedarse adheridas en la capa de ¿suciedad? que impregna el suelo de la sala. Piensas: claro, la película aborda un episodio de la ‘guerra sucia’ israelo-palstina y los exhibidores han querido que la sala estuviera a la altura. Lo cierto es que se encuentra a medio camino entre una exitosa cabina de sex shop y una chozna el día de Santo Tomás: botellas de plástico por el suelo, bolsas de –supongo– patatas fritas por las butacas y esa indefinible sustancia que te succiona la suela del zapato. Te entran ganas de saltar contra la pared para ver si te quedas pegado en las alturas. La película está bien y las críticas que hasta ahora se han escuchado insisten en señalar la desfachatez de Spielberg por (re)tratar a los israelíes igual que a los terroristas y a estos últimos, como si fueran humanos. Curiosamente, la misma crítca que ya se lanzó contra ‘El hundimiento’ por mostrar también a un Adolf Hitler humano. En tu candidez, pensabas que tanto los unos como el otro eran humanos, pero se ve que no. La realidad imita al arte y todo esto te empieza a parecer ya una novela de Philip K. Dick en la que el protagonista no sabe si es sólo un hombre o todo un replicante. Curiosamente, a escasos metros del cine ruedan estos días la película ‘GAL’, de Miguel Courtois, otro episodio de ‘guerra sucia’, pero un poco más cercano. Y te da por jugar con los pensamientos e incluso llegas a preguntarte si el conflicto vasco es al conflicto israelí lo que el tal Courtois es a Spielberg.

Otros Blogs de Autor