En mi búsqueda de más (visualización de) datos sobre el medio ambiente, me encuentro con civio.org. Busco y rebusco en esta visualización de “¿Dónde van mis impuestos?” y… !ta, tan! encuentro la bolita minúscula que representa el presupuesto medioambiental (567 millones de euros de un total de 319 billones). ¿Poco? ¿mucho? Retrocedamos. ¿Cómo era en 2008?
La visualización te permite viajar en el tiempo. Pasamos a otro panorama distinto: 1.04 billones de euros destinados al medio ambiente con un presupuesto total algo menor, 314 billones de euros. Por ejemplo, en el capítulo “actuaciones para la prevención de la contaminación y el cambio climático”, pasamos de 164 millones de euros a 49,1 millones. Normal, el cambio climático puede esperar. Os recomiendo que entréis y lo veáis. Hay otras cosas igualmente interesantes, y verlas en colores y tamaños cuenta su propia historia.
Si se vieran las noticias en colores y por tamaño, ¿qué color predominaría? Clico entusiasta en Actualiza(t), una “visualización” de las noticias de El Mundo que combina diseño y datos para ofrecernos el paisaje noticioso del día, de la semana o del mes.
El color que parece predomina es el naranja que le otorgan las noticias de “España”. Abundan también los matices azules de “Mundo” y “Economía”, cómo no. El rojo de “Deportes” está cerca. Y así hasta… ¡falta algo! Falta el medioambiente, claro. Vale, no existe como categoría, pero las noticias sobre el ambiente se encuentran en “Ciencia”.
El verde botella de “Ciencia”, en la opción “Noticias del mes”, aparece en dos noticias: “Los riesgos para la intimidad de los ‘Me gusta’ de Facebook“ y “Los animales salen del armario”. Qué pena.
Estoy de regreso de Holanda de dar clases en un máster en Periodismo de Datos –una nueva tendencia que está insuflando un renovado vigor al periodismo. Al final de mi estancia en la Universidad de Tilburg tuve que valorar las propuestas de trabajo de fin de máster. Una de ellas me sorprendió: “mapear” y visualizar datos sobre el fracking en Holanda para informar y movilizar.
Y es que el medioambiente, especialmente los abusos a los que es sometido, puede ser un gran tema de investigación para el periodismo de datos, pero también para el… ¿cómo llamarlo? ¿activismo de datos?
Greenpeace, por ejemplo, ha explorado este filón con ExxonSecrets, un intento de visualizar la influencia de una organización como ExxonMobil en el debate público a través de la financiación de una maraña de instituciones que se podrían catalogar como “climate sceptics” (escépticos e incluso negadores de la existencia de un cambio climático generado por la actividad humana).
Sin salir de la industria extractiva, buscando información para poder guiar a estos alumnos de la universidad de Tilburg, me encuentro con un blog en el Washington Post titulado How long before fracking spreads to Europe? A decade, at least. Dejando de lado la perspectiva del autor (parece que lamenta el retraso europeo en abrazar esta agresiva técnica de extracción de gas y petróleo no convencionales), el blog recoge un resumen de otro artículo de The Economist, Frack to the Future, que, a su vez, incluye este mapa (¿puede haber una visualización más sencilla?).
Por el momento, el medio que ha ido más lejos en el periodismo de datos es The Guardian, con su Open Platform, que permite, no sólo observar algunas de las visualizaciones de datos más interesantes desde el punto de vista periodístico, sino también el acceso a los datos detrás de las visualizaciones para poder manipularlos y usarlos como se quiera. Y no es ninguna casualidad que The Guardian dedique una importante parte de su periodismo de datos al medioambiente: tiene secciones dedicadas a las emisiones de CO2, el cambio climático, la ciencia del cambio climático, la energía, los alimentos, el reciclado, el transporte, y flora y fauna.
Como el autor del comentario sobre el fracking se preguntaba cuánto falta para que Europa se lance de cabeza, yo me pregunto cuánto falta para que las organizaciones no gubernamentales –especialmente las ecologistas— se lancen utilizar la visualización de datos como arma de campaña a lo grande. Espero que pronto.
Se acaba de publicar el informe 2011 sobre residuos marinos del proyecto International Costal Cleanup de Ocean Conservancy, que por primera vez se hace en España de la mano de la Asociación Ambiente Europeo, coordinadora local. Esta que sigue es una entrevista con el responsable de la asociación, Daniel Rolleri:
¿Cómo se comparan las playas de Euskadi con las demás?
El proyecto no está diseñado para que se puedan hacer comparaciones. Hay playas sucias por todos lados. Una cosa es lo que puede hacer tal o cual ayuntamiento para que las playas se vean bien especialmente en época turística, pero el tema de los residuos marinos va más allá de eso porque, por más que se limpie una playa, los residuos siguen acumulándose en la playa vecina, o en las zonas costeras de difícil acceso para la gente (y por supuesto debajo del agua).
¿Qué se puede deducir de la clasificación de los residuos (de Euskadi o/y España en general)? ¿Más filtros de cigarrillo en un lugar que en otro? ¿Menos esqueletos de bicicletas?
La información obtenida por los voluntarios utilizando la metodología de Ocean Conservancy constituye una herramienta muy útil para:
1) Demostrar con números que tenemos un problema.
2) Dar una idea de la dimensión del mismo. No es lo mismo decir la playa esta sucia, o muy sucia, que decir que en 70 metros de tal o cual playa se encontraron 458 bolsas de plásticos, 186 latas, etc.
3) La información nos permite saber de qué tipo de residuos se trata además de la cantidad.
4) La tarjeta de datos utilizada nos permite determinar, tener una idea, de las posibles fuentes de residuos, asociando ciertos objetos con actividades recreativas, o con actividades en el mar (transporte marítimo, pesca), etc.
¿Y por que la clasificación? ¿Qué se pretendía aprender de semejante enorme esfuerzo?
Para intentar revertir un problema primero hay que conocerlo. Uno de los datos más curiosos es que el Top 10 representa el 80% (en España 2011 el 73%) de los residuos inventariados y recogidos por cientos de miles de voluntarios en el mundo. Y lo curioso es ver como esos 10 residuos más encontrados son objetos de nuestro uso cotidiano. Conclusión: la educación y la concienciación sobre este tema ayudaría a cambiar nuestros hábitos y el problema se reduciría en un porcentaje enorme. Eso no se puede decir de otros problemas como el cambio climático que son mucho más complejos.
¿Qué se hizo con los residuos después?
Generalmente los voluntarios los llevan a los contenedores de basura. En algunos pocos casos se ha llegado a separar plásticos para depositarlos en los contenedores de reciclaje. Hay que tener en cuenta que algunas zonas de limpieza quedan apartadas y que exigirles a los voluntarios un esfuerzo de reciclaje luego de 3 o más horas recogiendo e inventariando residuos es demasiado pedir.
¿Cuáles son las tres conclusiones más importantes?
Que el problema sigue en aumento, especialmente el problema de los microplásticos, que tienen un impacto en nuestra salud ya que causan toxicidad en los peces que los ingieren. Nosotros somos los consumidores finales. Reitero lo dicho: analizando el problema podemos sacar conclusiones como las de la respuesta anterior.
A pesar de estar siendo devastadora (y patéticamente gestionada), la crisis económica ha tenido algún efecto positivo en el medioambiente. Parece que reusamos más, reciclamos más y cogemos menos el coche (los y las que lo tienen).
Sin embargo, un artículo de The Guardian apunta a un demoledor resultado en Grecia: para combatir las bajas temperaturas del peor invierno desde que comenzó la crisis, ¡la gente está cortando árboles en masa!
Tras diversas olas de medidas de austeridad y subidas de impuestos, la capacidad de compra los griegos ha caído en un 50% mientras que el combustible para calefacción ha sufrido un aumento de precio del 40%. Grecia esta por enfrentar si sexto año de recesión, con niveles de pobreza y desempleo no vistos desde la segunda guerra mundial.
Tomemos nota.
A algunos les ha dado por hablar del “nacionalismo del puerta a puerta”. Y digo yo ¿qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?
Antonio Basagoiti decía hace poco el PP debe “convencer a los vascos de que hay alternativa a la receta vieja de ruptura y división” del nacionalismo “de la basura puerta a puerta”, en referencia a EH Bildu y también “al nacionalismo que se disfraza de moderado”.
O sea, “de la basura puerta a puerta” especifica de qué tipo de nacionalismo estamos hablando, tal y como lo hace “moderado”. ¿Quizás quería sugerir que “moderado” está en un extremo y “de la basura puerta a puerta” en el otro extremo?
Me temo que no es así, Sr. Basagoiti. No hay un nacionalismo “moderado” (se supone, el conservador) y otro “de la basura puerta a puerta” (el de izquierdas), y en el medio quizás otros “de comedido contenedor”. Eso es confundir el tocino con la velocidad.
La opción de la recogida de basura puerta a puerta (PaP) no tiene nada que ver con ideologías. Tiene que ver con la búsqueda de opciones coherentes con el medio ambiente. El PaP va después de otras, como la reutilización de los productos de consumo, primero, y el reciclado, después.
Como decía en otro post, hay bastante consenso en que ya no cabe tanta basura. Bolsa a bolsa, en todo el estado se producen unos 25 millones de toneladas de residuos cada año (kilo y medio por persona y día).
Muchos dicen que habrá que meter todos esos desechos en algún lugar. Con un porcentaje de reciclaje “limitado”, la solución hasta ahora han sido los pestilentes y tóxicos vertederos. Pero muchos dicen que las incineradoras se perfilan como la solución final, porque, además de ser una inversión en un mercado deprimido, se obtiene energía al quemar los desechos…
El Plan de Residuos de Gipuzkoa prevé que, en 2016, el 57% de la basura se recicle o composte (ahora estamos en el 43%, de acuerdo con información publicada por el Diario Vasco). El 43% restante se incineraría en la todavía inexistente planta de Zubieta, generando energía eléctrica. Los vertederos se cerrarían.
Sin embargo, mucho antes habría que valorar la reutilización de los bienes de consumo. No comprendo por qué hay que aceptar sin más el “usar y tirar”, los envases mini dosis, las bolsas, los paquetes, cada loncha en uno, cada hoja de lechuga “convenientemente” fajada en su corsé de plástico. Primero debería venir el reutilizar, el evitar la bolsa de plástico, el comprar a granel, si es posible en el mercado local de productos locales. Es decir, no resignarse a producir tantos residuos. Después viene el reciclar y compostar.
Y el PaP es una posible solución.
Conlleva la retirada de los contenedores de la calle y su sustitución por postes en los que colgar la basura. En los ayuntamientos en los que se ha puesto en marcha –Hernani, Usurbil, Oiartzun y Antzuola—, se ha aumentado enormemente la recogida y reciclaje de residuos. Los que lo apoyan dicen que podría hacer factible alcanzar el 89% de recogida selectiva, mientras que el 11% restante se almacenaría en un vertedero de inertes.
Sus detractores tachan de “delirio” estos objetivos y aducen que, aunque el PaP pueda ser viable en zonas de baja densidad de población, su generalización a todos los municipios con más densidad, sin tener en cuenta las distintas realidades urbanas, es una locura.
A lo que se alega que ciudades europeas con densidades parecidas a la de Donostia, como Aarhaus (Dinamarca), con 250.000 habitantes, Niort (Francia), con 64.000 habitantes, y Monza (Italia), con 123.000 habitantes, han implementado este sistema con éxito.
El alcalde de Aarhaus es Jacob Bundsgaard, de los Socialdemócratas; Niort es feudo del Partido Socialista Francés; y Marco Mariani, de la conservadora nacionalista Liga del Norte, ha gobernado como alcalde Monza hasta las elecciones municipales de septiembre, en las que ha ganado el representante de una coalición progresista.
¿Extremistas? No creo.
Lo que pediría a los políticos y políticas de este país es que pongan los debates en sus contextos, y no confundan a la gente con licencias retóricas equívocas.
Hablemos en serio de la basura, sin ideologías.
De nuevo sale un sol apocalíptico en este verano sin fin. Con la ola de calor, además, crece la probabilidad de que cualquier chispa provoque otra nueva catástrofe. Entre el 1 de enero y el 29 de julio han ardido ya más de 130.800 hectáreas forestales en España, en los que han muerto seis personas.
Grandes áreas en Canarias, Valencia, Girona, Guadalajara… los puntos calientes se extienden por toda la península. Este año es, dicen los expertos, el peor desde 2002. Y del verano queda mucho. También es el peor de los últimos diez en número de grandes incendios, aquellos que abrasan más de 500 hectáreas. En los siete primeros meses del año hubo 20, frente a una media de nueve.
Las altas temperaturas son uno de los factores que actúan como combustible, a lo que se une una fuerte sequía. Entre octubre y junio llovió un 35% por debajo de la media de los últimos 30 años, según la Agencia Estatal de Meteorología. Y en julio las precipitaciones se redujeron a la mitad de lo habitual.
La península es la región europea más vulnerable al fenómeno de desertificación.
Pero también influyen los recortes en los planes antiincendios. Las administraciones responsables de dichos programas justifican los medios con los que cuentan, pero expertos, ecologistas, sindicatos y oposición insisten en que hay menos medios.
Finalmente está la mala gestión forestal. La biomasa ha venido creciendo pero desordenada, dicen los expertos.
Otro problema es la falta de información real sobre las consecuencias para el medio ambiente y para la salud de las subidas extremas de temperaturas. Un artículo de Rogelio Fernández Reyes, publicado por Ecologistas en Acción, señala que olas de calor como la que arrasó Europa en 2003 no se han vinculado adecuadamente sus consecuencias reales en España, y que muchas de las muertes sucedidas en aquel periodo se atribuyeron erróneamente a una crisis de salud.
Y sin embargo, “como nunca los medios de comunicación están reflejando los efectos de los desastres naturales –dice Rogelio Fernández—. Sequías, inundaciones, ciclones y huracanes con mayor frecuencia y virulencia son algunos de los capítulos de la factura que está pasando el planeta al desequilibrio que los humanos estamos provocando con la excesiva emisión de CO2. Cada vez son más las instituciones y expertos que relacionan el calentamiento global con desastres actuales. Rita, Katrina, Wilma, Delta, Vince, mares y océanos más calientes, subida del nivel del mar, glaciares que se derriten, olas de frío, olas de calor se relacionan, por su dimensión, con las consecuencias del cambio climático”.
De hecho, un reciente estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), al que se refiere un artículo reciente de El País, avala que el planeta se está calentando. Según el estudio citado por este diario, las temperaturas medias de los veranos de los últimos 30 años han subido medio grado centígrado respecto a las tres décadas anteriores (1951 y 1980).
El cambio “más importante”—dice el informe— es que el calor extremo en verano es cada vez más frecuente y se produce en más sitios. Mientras que en el primer periodo analizado este fenómeno afectó apenas al 1% de la superficie terrestre, en las tres décadas sucesivas se ha extendido a un 10%.
¿A qué esperamos para pasar a un sistema energético basado en energías limpias?
Me asombra la manera tan ligera con la que algunos medios hablan del sector petrolero y de sus altamente cuestionables prácticas. Esta vez me refiero a un articulo en la ultima edición del Economist, que trata de cómo las empresas del sector llamado “oilfield services” (OFS, literalmente servicios para campos petrolíferos) están conquistando nuevas fronteras, por ejemplo en el Artico o Brasil, empujadas por los altos precios del barril y el temor de que el petróleo se acabe (cosa que ocurrirá, sin duda, algún día).
Las firmas que se dedican a los servicios OFS son menos conocidas que los grandes nombres del sector que las contratan, pero hacen “el trabajo duro” de encontrar el petróleo y extraerlo, además de ser enormemente lucrativas, explica la revista. Durante cuatro páginas (de ipad), The Economist explica las conquistas y los retos a los que se enfrentan, pero no dice ni una sola palabra sobre los riesgos en que incurren (véase lo que sucedió en el Golfo de México con BP), las muchas objeciones que existen para seguir apostando por un sector condenado a morir o el poco sentido que tiene seguir contribuyendo así al cambio climático. Cuando, además, existen alternativas que tienen sentido desde el punto de vista económico y medioambiental, como las energías renovables.
Me llama mucho la atención la cobertura incompleta que se hace muchas veces de éste y otros sectores relacionados. Es como si viviéramos en mundos diferentes, uno real y otro virtual, al margen de los recursos, de los daños colaterales, de los riesgos. A esta nota del Economist, aunque larga, le falta precisamente realidad.
He tropezado hace poco con este vídeo y me he muerto de la risa. Un pequeño antídoto para aligerar un poco la atmósfera pesada y pesimista. !Que viva Mauricio!
El pasado 22 de junio era destituido el presidente paraguayo Fernando Lugo, en lo que la mayor parte de gobiernos de América Latina ha calificado como “golpe de estado encubierto”. Ahora surgen las voces que indican que multinacionales de la agroindustria de los transgénicos y de la industria extractiva están detrás del golpe.
De acuerdo con el diario ea, una de las primeras cosas que ha hecho Federico Franco, el sucesor de Lago, es reunirse con representantes de agroexportadores y ganaderos brasileños en Palacio de Gobierno. Al término de la reunión, Marilene Sguarizi, una abogada representante del grupo, afirmó a los medios de comunicación que “el nuevo presidente nos prometió que apoyará al sector agroindustrial, protegerá la propiedad privada e impedirá las invasiones de tierras en el país” (algo que fue el detonante de la crisis).
Franco se reunió después con los representantes de la firma Crescent Global Oil-Pirity Hidrocarburos, trasnacional norteamericana de prospección, exploración y explotación de petróleo. Richard González, representante de la firma, dijo al término de la reunión, según el diario, que “(Franco) nos brindó su apoyo en la misión de búsqueda del combustible, y nos pidió celeridad en los trabajos”.
Por último, el ministro de Agricultura Enzo Cardozo anunció que Franco lo instruyó para acelerar la autorización del uso de la semilla de algodón transgénica marca Bollgard BT, producida por Monsanto. Cardozo dijo que trasmitiría al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Vegetal y de Semillas (Senave) la decisión de inscribir dicha semilla en el Registro Nacional de Semillas, a lo que el anterior presidente del Senave, Miguel Lovera, se negaba porque no tenía el dictamen técnico del Ministerio de Salud y de la Secretaría de Medio Ambiente, algo necesario por ley.
Según las organizaciones ecologistas, el cultivo extendido de OGM en Paraguay ha tenido como resultado:
- La desintegración de muchas organizaciones campesinas.
- La migración y el desarraigo de las poblaciones campesinas e indígenas y su paso a engrosar los cinturones de pobreza de los centros urbanos.
- El cierre de las escuelas en los periodos de fumigación de cultivos extensivos cercanos.
- Varios casos de intoxicación y muerte por plaguicidas, que ha denunciado por ejemplo Vía Campesina Paraguay.
- La canalización de ingresos por la exportación hacia un reducido círculo relacionado con la agroindustria.
- La destrucción masiva de bosques y la pérdida de biodiversidad.
- La fragmentación de hábitats importantes para especies animales y de plantas.
- La contaminación con agroquímicos de suelos y agua.
El presidente Fernando Lugo ganó las elecciones de 2008 con el apoyo de los sectores populares, entre ellos una buena parte del movimiento campesino del país. Fue el fin de 60 años de poder del Partido Colorado.
En junio, la muerte de 17 campesinos sin tierra y policías en un enfrentamiento en el noreste de Paraguay puso en evidencia una red de intereses políticos y económicos, la existencia de un conflicto muy enquistado y la vuelta a la mano dura en materia de seguridad, informa por su lado IPS. Éstos murieron durante un operativo de desalojo, en un episodio de violencia vinculada a la tenencia de la tierra en Paraguay, uno de los mayores problemas sociales de este país, y que puso en jaque al presidente Fernando Lugo.
Lugo, un gobernante considerado de izquierda moderada, respondió a la matanza con la destitución del ministro del Interior, Carlos Filizzola, y su sustitución por Rubén Candia Amarilla, vinculado al Partido Colorado, principal fuerza opositora. El nuevo ministro suspendió el protocolo para los desalojos de tierras ocupadas por campesinos establecido por su predecesor. Ese procedimiento obligaba a los efectivos policiales a agotar las instancias de diálogo con los ocupantes, antes de comenzar un desalojo.
El sociólogo Ramón Fogel dijo a IPS que el origen de lo ocurrido es la tenencia irregular de al menos ocho millones de hectáreas de tierras en Paraguay. Recordó que en enero, se produjo otro conflicto, esta vez en Ñacunday, en la frontera con Brasil, en el que murieron ocho campesinos. Para Fogel, la matanza de Curuguaty tiene detrás desigualdades seculares, cada vez más pronunciadas, que marginan a los campesinos del desarrollo.
En marzo de 2008, la periodista francesa Marie-Monique Robin publicó los resultados de tres años de investigación en todo el mundo sobre Monsanto, y de ahí surgió un documental Le Monde selon Monsanto (El mundo según Monsanto). En éste se pone de manifiesto numerosas controversias sobre Monsanto. Marie-Monique Robin viajó por el mundo para hablar con científicos y figuras políticas con el fin de investigar las consecuencias de varios productos de Monsanto. Según la periodista, la mayoría de los científicos que han hablado en contra de los OGM han perdido sus empleos.
Robin viaja a la India, México, Argentina y Paraguay para ver cómo los OGM de Monsanto han afectado a los agricultores locales a usarlo para sus cultivos. De acuerdo con la periodista, Paraguay se vio obligado a aceptar los transgénicos, ya que estaban siendo importados y se estaban cultivando en masa de manera anónima, por lo que no permitir su exportación tendría un impacto negativo en la economía.
El último censo agropecuario en Paraguay, de 2008, da cuenta de que 85,5% de las tierras están en manos del 2,06% de la población de Paraguay. La Comisión de la Verdad y Justicia (CVJ), que funcionó entre 2003 y 2008 para investigar los casos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89) fijó en 6,75 millones las hectáreas adjudicadas ilegalmente durante el régimen y un millón adicional en los siguientes 15 años. Eso supone que 64% de las tierras adjudicadas entre 1954 y 2008 lo fueron irregularmente. En total, las llamadas tierras “mal habidas” suman 33% de la superficie agrícola paraguaya y 19% del territorio nacional, dictaminó la CVJ.
Según el Portal Paraguayo de Noticias (PPN.com.py), en los últimos 50 años Paraguay perdió el 90% de sus bosques, que equivale a la extinción de casi la totalidad de los recursos forestales a causa de la deforestación. De las ocho millones de hectáreas que corresponden al Bosque Atlántico de Alto Paraná, en la Región Oriental, solo quedan cerca de 1.100.000, las cuales se aprecian como pequeñas manchas captadas por satélite.









