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Cecilia Casado

A partir de los 50

Mi salud pende de un hilo… o no

Lo que voy a contar lo he experimentado “personalmente en primera persona” –como decía uno de mis personajes literarios favoritos, el Catarella de Camilleri-, y si hago este énfasis es porque lo he sufrido en mi propia PIEL.

Porque de piel va la cosa, de esa envoltura protectora de todo lo demás del cuerpo que tanto maltratamos dejando que se queme al sol o se deteriore con diversos productos químicos que la van descomponiendo de a poquitos, y no me refiero únicamente al tabaco que la deja como los surcos de un plantío de patatas…

Ya he contado muchas veces que tengo el ADN desestructurado desde hace veinticinco años por culpa de una exagerada exposición al sol durante mi juventud; también he contado que he pasado por quirófano por aquello de sacar muestras -biopsias- y al final salí vencedora de un tratamiento contra una queratosis actínica anunciadora a bombo y platillo de un cáncer de piel. Así que sé de lo que hablo.

Hace unos meses me vi en el espejo una mancha rugosa y muy fea en el “kolko”, lo que en español se llama “canalillo”. Acudí escopeteada al médico de cabecera, quien nada más verme sacó el móvil, me tomó una foto del asunto y antes de que me diera tiempo a pensar que iba a sacarme desnuda en algún sitio “online”, me informó de que le mandaría la foto al dermatólogo para que él hiciera un diagnóstico.

¿Una foto enviada por whatsapp? ¡Toma ya, nuestra Sanidad de Vanguardia! Y mientras me recomponía los refajos pensé que el mundo se había vuelto loco y que yo me había quedado atascada en un siglo anterior, como en la serie esa que tanto éxito tiene.

La cosa es que AL DÍA SIGUIENTE, me llamó el médico de cabecera para decirme que “el dermatólogo ha dicho que puede ser cancerígeno y que tengo que hacer un tratamiento con una crema abrasiva”. Que me la ponían en la receta electrónica, que fuera a la farmacia YA.

Y yo como pollo sin cabeza, aturdida y atolondrada, me fui a la farmacia donde me dieron una pomada llamada Tolak que, según el prospecto: “destruye las células cancerosas y precancerosas de la piel, pero tiene un efecto menor sobre las células normales.”

Como ya se me había arruinado el día me fui a casa a leer un libro, ver una serie y comer cacahuetes y me puse yo toda en “modo avión”.

De madrugada, como siempre, se hizo la luz en mi mente y decidí cuestionar un diagnóstico fotográfico y negarme a un tratamiento agresivo sin que me hubiera echado el ojo encima un especialista del gremio.

Dos meses más tarde, esta misma semana, he conseguido que me atendiera una Dermatóloga de la Seguridad Social, quien amable y contundentemente me ha dicho que no tengo nada de nada, que no se me ha reproducido la queratosis sino que son pequeñas manchitas que salen en la piel con la edad. Que me quede tranquila. Que no haga el tratamiento. Que cierre la puerta al salir.

Aquí lo cuento para aviso a navegantes y por si sirve de ayuda o ejemplo a alguien. Y que se metan donde les quepan los nuevos protocolos de atención y diagnóstico al paciente.

Felices los felices.

LaAlquimista

 

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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