Aunque parezca una frase hueca digna de un “vendedor de humo”, se está convirtiendo últimamente en un mantra que necesito repetirme una docena de veces al cabo del día por lo menos. Y esta necesidad viene originada por el enfrentamiento durísimo que llevo a cuestas entre lo que quiere mi mente y lo que hay al otro lado: la realidad.
Son demasiados años empezando las frases, apuntalando afirmaciones con un: “yo quiero” esto, “yo quiero” lo otro y lo de más allá. Como si bastara con expresar un deseo para que el Universo y su entropía se pongan a comer de nuestra mano. Como si alguien nos hubiera prestado la lámpara mágica haciéndose pasar por un Aladino de cabecera. “Tú quieres, tú puedes”. Menuda engañifa.
Pensándolo bien –que significa darle mil vueltas a las cosas- me he dado cuenta de que: Realidad = Verdad, siendo ambos conceptos hermanos de sangre y de leche. El problema, -el problema generalizado y el mío personalizado- estriba en definir ambos conceptos por separado y buscar, no las siete diferencias, sino las siete similitudes.
Mi realidad, la que me ha tocado al repartir las cartas, está bien definida por las circunstancias y las variables del entorno. La verdad, es exactamente lo mismo. Lo que pasa es que nos distorsionan la primera para que no sepamos dónde se oculta la segunda.
Soy una mujer con hijos, divorciada, heterosexual, diplomada universitaria, votante de izquierdas y feminista. A partir de ahí, entran en juego las variables. Los hijos que tienen su realidad y su propia verdad, el divorcio que me ha alejado por dos veces de la confianza en el amor de pareja, mi sesgo sexual que me ha cuestionado otras posibilidades, lo que he estudiado y lo poco que he aprendido, la tendencia política como consecuencia de la sinrazón cerril y dictatorial que mamé en casa y, finalmente, la perspectiva filosófica a la que me adherí hace ya cuarenta años y que ahora mismo tengo en el zurrón de los objetivos no cumplidos.
Lo que ES lo quiero aceptar y descartar de una vez lo que “yo quiero que sea”. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible porque no estoy sola en el mundo y, sobre todo, porque mi ombligo está lleno de pelusas.
En fin. Vaya día llevo.
Felices los felices.
LaAlquimista
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