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Carlos Rilova

El correo de la historia

“España contra Catalunya”. Algunas observaciones sobre el “efecto boomerang” en Historia y Política

Por Carlos Rilova Jericó

Esta semana apenas tuve dudas sobre qué iba a escribir en este nuevo correo de la Historia. Incluso dentro de la vorágine que me supuso preparar, entre otras cosas, mi (modesta) aportación en la presentación del nuevo Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián.

 

Seguramente algún avezado lector, o alguna no menos avezada lectora, ya habrá descubierto que el tema en concreto para esta semana, en este correo de la Historia, iba a ser, de todas todas, la trifulca que se ha organizado con un simposio de Historia titulado “España contra Catalunya”, celebrado en Barcelona entre el 12 de diciembre y este sábado.

Evidentemente algo tendrá que decir un historiador de todo esto en un lunes de resaca tras la ordalía mediática iniciada este jueves con ese congreso, punteada de un intercambio de andanadas verbales acerca de lo feo que está hacer simposios de ese tipo, por una parte y, por la otra, lo justificado que está hacerlos.

Yo no entraré en ese debate. Me limitaré a remachar lo que ya dejé esbozado en un artículo anterior de este correo de la Historia (“¿Por qué muchos catalanes ya no quieren ser españoles?. Algunos apuntes históricos. De Ali Bey a la Diada de la Independencia (1803-2012)”). Es decir, que nadie debería venir ahora a rasgarse las vestiduras porque ese boomerang en forma de simposio y desafío soberanista le golpea en la cara rudamente. Las leyes de la Física son incuestionables en tanto en cuanto la Tierra no sea absorbida por un agujero negro que las invierta o vaya usted a saber qué.

Hasta ese día, sigue vigente el principio de que a una determinada acción sigue una reacción. Siempre.

En el terreno cultural y político de la España de finales de 2013 eso se traduce en que en ese país, durante esos treinta años de Transición tan traídos y llevados desde 1977, no se hizo nada -peor aún: no se dejó hacer nada, además- que acabase con el rancio y rastrero discurso histórico de una dictadura que, en definitiva -por sus hechos los conoceréis, como dice el Evangelio- tragaba con todo con tal de poder seguir ejerciendo como ejército de ocupación de España, hurgando en una Pseudohistoria de esa nación a la búsqueda de argumentos para someterla a aquel largo régimen de excepción.

Es más, una de las claves para obtener éxito mediático en la España de 1978 en adelante parece haber sido la de lanzar, siempre, con apenas muy ligeras variantes, los que podríamos llamar “gritos de rigor” asumidos desde 1939 en adelante. A saber: España ha sido un desastre histórico, un erial dominado por una Inquisición fanática (esta es una de las ligeras variantes con respecto al período 1939-1975), por el atraso económico y cultural, etc… un pueblo incapaz de comerciar, de hidalgos que se echaban migas sobre el pecho para fingir que habían comido, etc…

Esa ha sido la acción a la que han seguido, invariablemente, reacciones como el simposio “España contra Catalunya”. Y no queda más remedio que dar la enhorabuena a los editores, intelectuales (llamémoslos así), autoridades académicas, mecenas, etc, etc… que han promocionado ese discurso decadentista, tan cazurro como falso, durante las últimas tres décadas. Su labor ha sido todo un éxito. Éxito que pueden medir por la reacción a esa acción, manifestada, por ejemplo, en la tormenta política que se ha ido formando en Cataluña manifestada a su vez en síntomas tales como la deriva soberanista de Artur Mas, una vez más el simposio “España contra Catalunya” o, sin agotar la lista, leyendo una novela que se nos vende como “histórica”, que, pase lo que pase en Cataluña en el próximo año, será objeto de estudio -o debería serlo- para comprender el órdago soberanista del señor Mas.

Me refiero a “Victus” de Albert Sánchez Piñol, una obra que anda ya casi por los 200.000 ejemplares vendidos desde el año 2012 hasta hoy y en la que se explica desde un punto de vista bastante discutible la Historia del enfrentamiento entre España y Cataluña, culminado con la toma de Barcelona en 1714, que es el fondo principal de esa novela.

En sus más de 600 páginas se dicen cosas tales como que Cataluña -incluidos en el lote Aragón, País Valenciano…- es el único sitio civilizado de la Península, en el que el comercio, la industria y las artes prosperan ante una Castilla -es decir, el resto de España- que Sánchez Piñol describe por boca de su personaje principal, un apócrifo Martín Zubiria y Olano -catalanizado en la novela como “Martí Zuviría”- como un secarral dominado, durante siglos, por una tiranía, poblado de hidalgos muertos de hambre y ahítos de honor, capaces de batirse por un pisotón, pero incapaces de hacer nada útil salvo mandar por la fuerza de las armas…

Es evidente, a la vista de tan tajantes afirmaciones, que Sánchez Piñol se ha aprendido, de memoria, y para darle la vuelta a favor del Secesionismo catalán -queriendo o sin querer, que esa ya es otra cuestión-, todo lo que en los últimos treinta años se ha repetido, día sí y día también, con muy contadas y honrosas excepciones, en España -y fundamentalmente en Madrid- en novelas “históricas”, series de televisión, tertulias radiofónicas, reseñas literarias, etc…, por supuesto con bastante poco fundamento histórico, como se deduce con sólo leer a este alumno aventajado de ese discurso decadentista español.

Venir a lamentar ahora las consecuencias de ese discurso -que hace nauseabundo siquiera plantearse la idea de ser español- porque es utilizado por los que se quieren separar de España, es tan absurdo como lamentar que alguien se haya metido un balazo en la cabeza jugando a la ruleta rusa. O llorar porque el enemigo nos dispara con la misma munición que le hemos facilitado durante décadas…

No sé exactamente -aunque me lo imagino- dónde irán a parar estas observaciones sobre ese simposio titulado “España contra Catalunya”. A mí me gustaría que sirvieran para sanear, algo al menos, nuestro panorama intelectual, pero lo dudo. Siempre fue más fácil matar al mensajero -o no hacerle el menor caso, que viene a ser casi lo mismo- que reconocer un obvio, pesado, sangrante error de más de treinta años de continuada y sistemática persistencia en reconstruir nuestra Historia que, no lo duden, tiene mucho que ver con que hoy, a finales del año 2013, en el corazón de la civilizada Europa, se organicen simposios de, digamos, “Historia”, con títulos tan aberrantes como “España contra Catalunya”.

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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