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Carlos Rilova

El correo de la historia

Un silbido que hizo Historia. Ennio Morricone en la España del Desarrollismo

Por Carlos Rilova Jericó

clint-eastwod-en-la-trilogia-del-dolarObviamente hoy, este nuevo lunes, no quedaba más remedio que rendir homenaje a Ennio Morricone en el correo de la Historia.

La noticia ya ha dado la vuelta al Mundo. El genial compositor italiano, de 90 años de edad y en activo hasta ahora, ha decidido dar por zanjada una larga carrera que ha producido horas y más horas de bandas sonoras memorables.

Yo me fijaré aquí solamente en la que sirvió de acompañamiento a la famosa “Trilogía del dólar”.

Es decir, la Música que, con distintas variantes, dotó de una personalidad arrolladora a “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y acaso la más célebre -con razón- de las tres: “El bueno, el feo y el malo”.

Todas esas películas fueron rodadas principalmente en Almería y en una época de la Historia de España realmente peculiar. La llamada del Desarrollismo, que viene a coincidir, teóricamente, con la década de los años sesenta del siglo pasado.

Hasta el llamado Plan de Estabilización, la España de la posguerra civil había vivido en un aislamiento nada espléndido que se fue mitigando sólo poco a poco. Así, en los años cincuenta los vencedores del Fascismo, antiguo aliado esencial del general Franco -encarnación y eje de aquel régimen digamos que peculiar- permitieron que aquella España que no era una democracia -pero ya había dejado de ser una dictadura netamente fascista- fuese admitida a las Naciones Unidas que habían nacido, precisamente, para combatir al Nazismo y sus aliados.

A esa paradoja siguió toda una serie de actos lógicos. Por ejemplo, la entrada de España por la puerta de atrás en lo que sería la OTAN, modernizándose relativamente el depauperado Ejército español por medio de los llamados Pactos de Madrid, que establecían una relación privilegiada entre el régimen franquista y la mayor democracia del Mundo -los Estados Unidos del también general Eisenhower, artífice de la derrota del Nazismo- que se tradujo en la cesión de bases militares en territorio español a cambio de material de guerra no demasiado obsoleto. Uno con el que armar mejor a un Ejército que, después de todo, podría resultar utilísima carne de cañón para primera línea, en caso de que estallase la tan temida Tercera Guerra Mundial con los antiguos aliados soviéticos.

La situación económica de España, sin embargo, era insostenible. Quienes hayan leído el ensayo de Ignacio Martínez de Pisón, “Filek”, ya sabrán, sin mayores conocimientos de Historia económica de la España del siglo XX, la escasa pericia del dictador en cuestiones de esa índole. Algo que lo convertirá en víctima propiciatoria de un estafador centroeuropeo que aseguraba poder fabricar gasolina sintética compuesta en un 75%… de agua de río… Una estafa que el llamado Albrecht von Filek había estado endosando a diferentes pardillos desde el tiempo de la Segunda República y también colocó al general Franco…

Así, con esos endebles cimientos económicos, fue como el régimen anduvo tirando hasta 1959, fecha en la que el sistema estuvo a punto de colapsar por pura ineficacia económica y que requirió la entrada en los gabinetes franquistas de algún que otro exiliado republicano y de los denominados “tecnócratas”. Esos que con una equívoca relación con la Política -el régimen y su naturaleza eran secundarios, lo importante era tener una economía realmente productiva- empezaron a aplicar -hasta donde un régimen como aquel lo permitía- medidas económicas más eficientes. Además, sobre todo, de abrir la Economía española a los flujos de capital y mercancías internacionales. Especialmente a los del llamado “Mundo libre” al que, mal que bien, se había adherido una España donde la libertad no era precisamente moneda corriente para un elevado porcentaje de su población, capturada como botín de guerra por el Ejército sublevado en 1936.

Así comenzó el llamado Desarrollismo que, no hay que engañarse al respecto, fue el que creó la famosa clase media que dio estabilidad al régimen y después permitió su reciclado democrático a través de la hoy denostada Transición.

Como parte de ese aperturismo a la modernidad occidental, llegaron los bikinis a las playas del Levante español -no sin suscitar una nueva cruzada por parte de los seguidores más recalcitrantes del régimen, de la que aún hay constancia monumental en Benidorm-, grupos musicales “yeyés”, como los Beatles, y, también, productores de cine, estimulados por las ventajas otorgadas por el régimen, el sol, los grandiosos espacios naturales y, sobre todo, la mano de obra barata y convenientemente sometida por un régimen ya no claramente fascista, pero si de gatillo muy flojo por lo que respectaba a detenciones sin ninguna garantía jurídica. Unas que podían acabar en pleno centro de Madrid, en los sótanos de la DGS. En los que algunos activistas de izquierdas entraron, pero jamás salieron. No vivos al menos…

Samuel Bronston fue uno de los más destacados de ese grupo de cineastas, con producciones como “El Cid” o “55 días en Pekín”. Aparte de él llegaron masas de productores y directores italianos que rodaron en la provincia de Almería decenas de los llamados, por razones obvias, “spaghetti-western”.

La mayor parte de ellos son hoy piezas casi cómicas de una calidad deleznable. Pero entre ellos destacan algunos. Sobre todo los que Sergio Leone rodó con la ayuda inestimable de actores de la talla de Lee van Cleef, Clint Eastwood, Eli Wallach o Rod Steiger y, naturalmente, con el signor Ennio Morricone al cargo de la Música.

Esa combinación de director-actores-músico consiguió crear tres títulos míticos -los ya mencionados “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”- que han pasado a la Historia del Cine como la esencia propia del “Western”.

Puede que esas películas fueran rodadas entre Almería y Burgos, en una España que carecía de libertades políticas pese a que ya empezaba a degustar las mieles de la bonanza económica mundial y el confort del desarrollo económico, pero -cosa rara en algo producido en España y más en aquella España- no por eso dejaron de convertirse en hitos de la Historia del Cine.

Las pruebas son patentes, la imagen de la “Trilogía del dólar” fue, y sigue siendo, todo un ícono de referencia en la cultura popular mundial cuando se alude a situaciones tópicas, como el consabido duelo de pistoleros en la calle principal de una polvorienta ciudad del Oeste. El aspecto del personaje interpretado por Clint Eastwood en esa trilogía ha sido, por ejemplo, replicado hasta la saciedad con guiños en otras series cinematográficas de éxito como “Regreso al futuro”.

Y en todos esos recuerdos, en esos homenajes, sobrevuela siempre, liminal o subliminalmente, cierto silbido irrepetible compuesto por ese maestro, Ennio Morricone, que ahora se retira.

Sin duda era preciso rendirle un homenaje por haber conseguido todo esto teniendo, como base y punto de partida, tan sólo una España que apenas había superado el trauma de su guerra civil y la oprobiosa y anómala situación en la que había quedado a partir de 1945.

Lograr eso muestra la gran capacidad artística de Leone, sus actores y, claro está, su músico, que con aquellas escenas ya míticas del “Western” -o con aquel inefable silbido que punteaba muchas de ellas- consiguieron sacar, en parte, a ese país -España- del ninguneo y la oscuridad en la que lo había precipitado su guerra civil y, sobre todo, el régimen que esa convulsión sangrienta engendró y mantuvo hasta 1975. Ese mismo que, a decir verdad, no se merecía la suerte y el honor de haber servido de escenario para tres auténticas joyas del género como “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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