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Hace 80 años. La república española, Checoslovaquia y la II Guerra Mundial

Por  Carlos Rilova Jericó

chamberlain-departiendo-con-hitler-y-otros-jerarcas-nazisHace una semana y dos días exactamente se cumplían 80 años del inicio de la II Guerra Mundial. Algo que, por supuesto, no ha pasado desapercibido. Ni en la prensa escrita, ni en la digital y menos aún en las redes sociales.

Todo esto, en cualquier caso, convierte a este lunes en un momento muy oportuno para hablar de un asunto curioso, que relaciona, una vez más, la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial.

Es ya casi un tópico decir que la civil española fue una especie de ensayo general para la segunda mundial. Lo cierto es que esa afirmación, aunque lo parezca, es más que un lugar común.

Y podemos corroborar esto fácilmente. Mirando en otro lugar menos común, quizás incluso un tanto insospechado. Ese lugar en concreto es la república checoslovaca que existió en el centro del mapa de Europa entre 1918 y 1992.

Checoslovaquia había heredado, por así decir, uno de los mejores trozos del pastel del divorcio de países en el que acabó el Imperio austrohúngaro al final de la I Guerra Mundial.

Ese pedazo del pastel austrohúngaro que se llevaba la república checoslovaca, era la mayor parte de la industria del vasto imperio. Y con ella, además, las principales fábricas de armamento. De hecho, Checoslovaquia era una de las más destacadas potencias proveedoras de armas en el momento en el que estalla la Guerra Civil española.

Por lo tanto, esa recién creada república checoslovaca era también, obviamente, el lugar indicado para que un gobierno, como el español, con sus fuerzas divididas por una guerra civil, acudiera para obtener armamento de última generación y la munición correspondiente.

Eso es lo que hizo el gobierno de Madrid por medio de su embajador en Praga, Luis Jiménez de Asúa. Pero esa gestión no era precisamente fácil de llevar a cabo en aquella Europa de los “oscuros treinta”.

En efecto, es lo que podemos descubrir en el libro “Al servicio de la República. Diplomáticos y guerra civil”. En él, compilado bajo la dirección de Ángel Viñas, Matilde Eiroa nos da toda una lección de Historia sobre ese aspecto de la Guerra Civil española como antesala de la segunda mundial. Y lo hace con abundante documentación inédita en mano.

Así, nos cuenta esta historiadora, en detalle, las desesperadas gestiones de Jiménez de Asúa para comprar armamento checoslovaco con el que sofocar la sublevación y ganar la guerra.

Una misión casi imposible, pues en Praga, tal y como ocurría en otras capitales europeas, los agentes nazis y fascistas, con el apoyo de sus adláteres españoles, estaban haciendo lo imposible por evitar que eso ocurriera.

Esto llevó a Jiménez de Asúa a recurrir a subterfugios para sacar ese armamento checoslovaco por puertos polacos o incluso alemanes, como el de Hamburgo. Lo consiguió de un modo que puede parecer inverosímil en un país como la España actual, donde la visión de la Historia propia tiende a un simplismo a veces atroz. Uno que se vuelve todavía más atroz y maniqueo cuando se trata de cuestiones como la Guerra Civil.

En efecto, Jiménez de Asúa consiguió pasar cargamentos de excelente armamento checoslovaco por puertos como Hamburgo (una ciudad que había sido sede del Partido Nazi, principal aliado de los sublevados españoles) diciendo que, en realidad, eran armas de propiedad soviética, compradas por ese gobierno…

Ese tráfico de armas -supuestamente para la URSS- a través de puertos nazis nos puede parecer chocante. O bien un claro indicio de que la propaganda franquista sobre el peligro de sovietización de España en 1936 era cierto… Aunque eso último sólo es posible si se aborda la Historia de la Guerra Civil española desde la visceralidad política y desde relatos semilegendarios como el que el régimen franquista alimentó para poder sobrevivir a la derrota nazi de 1945. Como, por ejemplo, la historia del famoso “Oro de Moscú”. Episodio que, según esa propaganda franquista, demostraría que el gobierno español de 1936, en efecto, no era más que un títere de Stalin, al que, además, contentó vaciando las arcas del estado para comprarle material bélico no demasiado bueno.

La realidad, como es habitual, siempre es más compleja que esa o que cualquier otra propaganda. Tal y como nos lo demuestra Matilde Eiroa en su excelente trabajo. La compra de armas a Rusia por parte de la república española, fue, en general, más que una compra directa por motivos ideológicos, un subterfugio para que los nazis no encontrasen modo de estorbar la compra y envío de armas a España por parte de países tan poco sospechosos de pertenecer a una conspiración soviética por el dominio mundial como la frágil república checoslovaca…

A ese respecto, Jiménez de Asúa había actuado en Praga con verdadera astucia, sabiendo manipular el miedo generalizado que era quien realmente mandaba en la Europa de aquellos “oscuros treinta”.

Gran Bretaña, por ejemplo, con un claudicante Neville Chamberlain al frente, temía a la Italia fascista y a la Alemania nazi. Francia, a su vez, como se demuestra en otro magnífico ensayo histórico ya aludido en otro correo de la Historia, “La Galia dividida”, tenía miedo de las amenazas del temeroso Chamberlain, que avisó al gobierno francés de que no apoyase con armas a la república española. Pues, en tal caso, Gran Bretaña desampararía a Francia en la guerra que todos temían iba a estallar de un momento a otro. Finalmente Hitler, a su vez, temía a Stalin.

Tanto que sus agentes en Praga tuvieron que hacerse los despistados sobre a qué manos -españolas- iban por fin esas armas checoslovacas. Y eso a pesar de que Hitler estaba bien al tanto, como nos dice Matilde Eiroa, de que la república checoslovaca, a pesar de sus grandes simpatías por la república hermana española, le temía cervalmente y sus gobernantes sabían que Checoslovaquia sería la siguiente de la lista. Incluso antes de que el gobierno de Madrid fuera liquidado por los franquistas con ayuda alemana…

Es así, pues, como lo que parece un pequeño detalle de la Historia de la Guerra Civil española -el suministro de armas checoslovacas al gobierno de Madrid- nos ofrece hoy, ochenta años, una semana y dos días después del estallido de la II Guerra Mundial, nueva luz sobre cómo se llegó a aquel conflicto que devastó Europa y en el que, las cosas como son, España se llevó la peor parte. Desde 1936 hasta 1975. Tanto que aún hoy ese país parece no ser capaz de asimilar de un modo sereno y constructivo aquellos hechos.

Sin duda algo en lo que pensar cada vez que, en los próximos días, los medios sigan asaltándonos con información sobre este aniversario de la II Guerra Mundial…

 

 

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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