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Carlos Rilova

El correo de la historia

El nacimiento de una nación y la Muerte: cantos en honor al general Wayne (1745-1796)

Por Carlos Rilova Jericó

Hoy, en un Día de Difuntos tan especial a causa del accidente de Urda, resulta difícil elegir un tema para este nuevo correo de la Historia, porque cualquiera que se elija parece (con toda la razón) más allá de poder recoger, ni medianamente bien, las oraciones y las lamentaciones por los que se han ido, habituales en este día según la liturgia cristiana, que, lógicamente, recrecen con lo ocurrido en esas vías.

Sin embargo, dicha y pensada esta, por mi parte, insignificante elegía que de poco servirá, es preciso llenar el resto del espacio en blanco con algún retazo de Historia que hable de algo relacionado con el Día de Difuntos. O “All Souls´ Day”, que es la Fiesta que en el mundo anglosajón sigue al hoy tan celebrado, mundialmente, Halloween y al menos conocido Hallowmass. Porque vamos a hablar precisamente de la actitud ante la Muerte, tan recordada este día, de ciertos personajes de esa cultura.

Como ya está acabando este año 2026 que celebra no la muerte sino el nacimiento de una nación, Estados Unidos, vuelvo así sobre una curiosa canción dedicada a un general que se jugó la vida (y la muerte) en los campos de batalla de lo que, con el tiempo, sería ese extenso país.

El general, en concreto, era Anthony Wayne, alguien muy próximo a otros mucho más conocidos como ese George Washington que aparece en los billetes de un dólar.

Llevo cierto tiempo investigando sobre él, a causa de ese bicentenario, y medio, de la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, y así he encontrado a un personaje bastante singular que dará, justo por ese mismo carácter, origen a una canción exaltando la Muerte.

Su correspondencia de esos años, publicada ya desde hace tiempo, dibuja en efecto a un hombre dotado de una energía singular y de un carácter insistente que hoy algunos llamarían “proactivo”, que es como ahora parece ser se describe a las personas decididas, audaces…

Esas cartas cruzadas entre los responsables del Ejército de Washington y el general Wayne describen perfectamente ese carácter peculiar y, lo más importante, justifican la curiosa canción que se le dedicó en su día exaltando eso que se lamenta hoy en este día: la Muerte.

Tomemos como ejemplo una de las muchas que se reproducen en la biografía que le dedicaba. en 1893 Charles J. Stille el presidente de la Sociedad Histórica de Pensilvania.

Esa carta en concreto, reproducida desde la página 118 de esa biografía, estaba fechada en “Mount Joy”, el 8 de febrero de 1778. Para entonces el Ejército continental de los insurgentes norteamericanos está pasando el terrible invierno de Valley Forge, donde debe sobrevivir en condiciones extremas durante un invierno gélido, con temperaturas bajo cero y abundante nieve y una epidemia de disentería que acabó con la vida de muchos de esos soldados.

Ahí Wayne, que firma como “EL HONORABLE ANTHONY WAYNE, ESQUIRE” añadiendo a eso su rango de general de Brigada, se dirigía al Secretario de la Guerra, señor Peters. El objeto de la misma era el mismo de cartas anteriores en las que Wayne se queja de la falta de suministros y bagaje para sus oficiales y soldados (zapatos, uniformes, camisas…) sufrida tras la retirada posterior a la derrota en la Batalla de Brandywine. Un tema este de los suministros a las tropas en el que Anthony Wayne siempre puso un especial cuidado que, sin embargo, no le impide en esta ocasión lanzarse a una curiosa diatriba acerca de la necesidad de bayonetas para sus hombres. Especialmente para los que usan rifle. Es decir: para las partidas de escaramuceadores que se limitan a disparar y, por falta de esas bayonetas, entran en pánico cuando se enfrentan a las tropas británicas mejor equipadas en ese sentido, transmitiendo ese miedo a la Infantería de línea y acabando así, unos y otros, en precipitadas retiradas.

Las observaciones de Wayne son tajantes. Llega así a decir a Peters que no le gustan los rifles -armas de precisión pero lentas en la carga y recarga aunque se convertirán en todo un icono de esa guerra- y que, por tanto, le mande mosquetes para sus escaramuceadores junto con bayonetas para todos ellos…

Esta carta, como vemos, está curiosamente dedicada a un mero tecnicismo (algo caprichoso, casi maniático se diría) en medio de un invierno en el que los hombres de ese Ejército que manda Wayne caen a decenas cada día. Congelados o afectados por la disentería y otras enfermedades.

Una actitud, la que revela esta sola carta, que evidentemente justificaría -por sí sola también- la canción donde se exalta, y hasta se frivoliza, la cuestión de la Muerte que, en distintas versiones, se le dedicará a Anthony Wayne -desde el cariño, eso sí- titulada “Mad Anthony Wayne”. Es decir: “El loco Anthony Wayne”.

Realmente leyendo la correspondencia que reproduce la biografía de Stille, el hombre que surge de ella es este personaje impulsivo y obsesivo a la vez. Pese a que, como subraya ese historiador, es uno de los diecisiete generales del Ejército continental al que el mucho más comedido George Washington consultaba antes de tomar cualquier decisión.

Algo de lo que dan fe otras cartas del “loco” Anthony Wayne publicadas en el libro de Stille donde, incluso en las dirigidas a su querida esposa (como la reproducida entre las páginas 95 y 97), aparece un hombre impulsivo aunque consciente del sangriento negocio al que se ha dedicado después de haber trabajado como topógrafo y en la curtiduría de la granja familiar. En ella le describe a la señora Wayne -con palabras no exentas de compasión- precisamente el uso de la bayoneta contra los heridos británicos que han caído en el campo de batalla de Germantown.

En definitiva todo esto encaja perfectamente con las estrofas de esa canción, “Mad Anthony Wayne”, donde, con una alegre melodía, se exalta en cambio eso que se lamenta en el Día de Difuntos, o, para los anglosajones, el All Souls´Day: la Muerte.

En conjunto la canción, compuesta según parece por uno de los ayudas de campo del general Wayne en 1779, elogia su valor dando ejemplo, en lo más arriesgado de la acción, a sus tropas. Cosa cierta por otra parte.

Así se canta en esa pieza -a la que pone música definitiva en 1852 Albert G. Emerick- que con su sola terrible mirada el general Wayne, al que no se le puede decepcionar, ordena a sus hombres que apunten y disparen contra el aterrorizado enemigo. Petición a la que, curiosamente, responden en las siguientes estrofas esos rifles que tanto disgustaban, como hemos visto, al general Wayne.

A eso, finalmente, otros versos de la canción añaden que es mejor morir atendiendo la llamada de la patria si es que nuestro destino es dejar esta vida de penalidades.

Aparte de eso el estribillo de la pieza repite, sin cesar, terribles palabras bajo esas órdenes tajantes del general Wayne: “And many a Redcoat here tonight, the Continentals scorning, Shall never meet the blaze of the broad sunlight That shines on the morrow morning”. Lo que traducido de ese inglés de 1779 -tamizado en 1852- viene a decir que “aquí, esta noche, más de un Casaca Roja que desprecia a los Continentales (los soldados norteamericanos) no volverá a ver el destello de la luz del sol Que brilla en la mañana”.

Como podemos ver la audacia del general Wayne en los campos de batalla que dieron nacimiento a una nación hace 250 años, acabaron convirtiéndose en un cántico dedicado, sin duda, a esa Muerte que tanto lamentamos en un día como el de hoy…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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