Por Carlos Rilova Jericó
Últimamente están cayendo en eso que llaman “los Medios”, noticias bastante inquietantes sobre una cosa llamada “ITE”. Es decir, la Inspección Técnica de Edificios. Un equivalente, así lo presentan al menos, a la famosa ITV que tienen que pasar todos los vehículos que circulan por carretera cuando cumplen un determinado número de años en servicio.
Leí en algunas páginas de prensa hace como una semana que en el País Vasco la cosa se pondría en marcha desde este mes de mayo. Más que nada porque el PNV, hoy al frente del gobierno de esa comunidad autónoma, había luchado denodadamente para conseguir que… que fuera el Gobierno Autónomo que él preside el que gestionase todo ese asunto de las ITE en Euzkadi…
El viernes, en “Los desayunos de TVE”, se entrevistaba a Jordi Sebastiá, cabeza de lista de una plataforma electoral, “Primavera Europea”. Según el señor Sebastiá -que se presenta como candidato de una coalición en la que militan gente como Equo, un partido que hace bandera del Ecologismo y otros valores que podemos llamar progresistas-, habría que hacer una especie de “New Deal ecológico”, en el que la industria de la construcción se orientase a hacer reformas de casas, revestimientos de fachadas…
Ya sabrán que el “New Deal” fue la aplicación en los años 30, por parte del presidente Franklin D. Roosevelt, de una serie de recetas económicas llamadas keynesianas, por aquello de que su creador fue el economista John Maynard Keynes.
Básicamente consistía en llevar a hechos una abrupta máxima que decía “si es necesario dar trabajo a los hombres poniéndolos a cavar agujeros que luego volverán a tapar, hagámoslo”. Y al final, con algo muy parecido, y una segunda guerra mundial también, se consiguió salir del agujero creado por el “Crack” del 29, poniendo así dinero en circulación que aumentó la capacidad de consumo, alimentando esa demanda, a su vez, la creación de nuevos puestos de trabajo.
Tanto por lo que yo he leído, como por lo que decía el señor Sebastiá este viernes pasado, parece ser que la ITE va a ser toda una medida keynesiana, destinada, en este caso, a revivir a todos aquellos que se dedicaban a la construcción y han quedado más o menos tocados por el estallido de la burbuja inmobiliaria en el año 2007.
Parece ser que el mecanismo será el siguiente: todos los edificios con más de 50 años deberán pasar una revisión. Hecha ésta el “revisor” -no queda claro quién, ¿un contratista de obras, constructor o similar, erigido así en juez y parte del asunto?- dirá qué reformas se deben hacer en el edificio. Acto seguido la comunidad deberá ejecutarlas. Si dispone de fondos deberá gastarlos, sino, es de suponer, deberá endeudarse para cumplir con esas exigencias. Después parece que el Estado, las distintas instituciones públicas que lo representan (los Ayuntamientos, principalmente), darán una subvención a los afectados para que hagan frente a ese gasto. Subvención de la que, sin embargo, no se sabe exactamente en qué plazos se abonará, ni si cubrirá el 100% de ese endeudamiento, morosidad, por otra parte, en la que los Ayuntamientos españoles tienen una larga, triste y bien conocida práctica.
No me malinterpreten, me parece estupendo que se dé trabajo a la gente y se busquen medidas para que la Economía se reactive. Seguramente, teniendo en cuenta que la ITE es un invento de la Unión Europea, vendrá precedida por las mejores intenciones. Ahora bien, ¿puede un ciudadano medio con algo de sentido común y capacidad de reflexión estar tranquilo ante la aplicación de la versión española -administrada por el PNV o no- de esa medida?.
Sinceramente creo que no. Para empezar declaraciones como la del señor Sebastiá este último viernes daban a entender que esa política de reactivación keynesiana que se va a aplicar en España será parcial y destinada, por tanto, a crear una sociedad desestructurada -por no decir aborregada- a la que se transmite un mensaje muy claro: “dedíquese a la construcción, conviértase en constructor, aparejador, arquitecto, albañil… que es donde se va a mover el dinero”.
Un mensaje que quedaría aún más claro, por ejemplo, en el modo infame en el que, al mismo tiempo que se va a aplicar la ITE, se está liquidando al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (el señor Sebastiá, por ejemplo, ni lo mencionó, coincidiendo en esto con los partidos de los “recortes”).
Parece pues obvio, por signos como esos que, en España al menos, lo que se va a aplicar con la ITE es una receta keynesiana parcial, destinada a volver a inflar justo el mismo ciclo infernal que hizo depender toda la economía del país de un sector que sólo una mente de inteligencia escasa podría creer crecería indefinidamente, sumando valor añadido a la economía española cada año.
En efecto, la receta keynesiana que se aplicó en Estados Unidos en los años 30 se aplicó tanto para fomentar el sector de la construcción, como para recuperar y mantener el patrimonio histórico y cultural. Por ejemplo reuniendo archivos sonoros -grabaciones con los relatos de viva voz de los últimos esclavos vivos liberados tras la Guerra de Secesión- o escritos como las memorias de soldados que lucharon en la llamada “Guerra Franco-India” de 1754 a 1761 (la de “El último mohicano” para entendernos)…
Yo estaría mucho más tranquilo si ahora junto con la ITE se crease, de inmediato, una ITC. Es decir, una Inspección Técnica Cultural que obligase a los mismos Ayuntamientos que tan alegremente van a aplicar la ITE a responder, trimestralmente, a una sencilla encuesta: “¿Cuántos licenciados y doctores en activo están actualmente empadronados en su municipio?. ¿Qué cantidades de dinero ha dedicado para que estas personas puedan desarrollar proyectos de investigación, desarrollo cultural…, bien individualmente o en el marco de diversas instituciones académicas?”.
Caso de que las respuestas fueran insatisfactorias, el Estado, último árbitro en última instancia, debería multar a dichos municipios y destinar el importe de dichas multas a alimentar a los beneficiarios de esa ITC. Más que nada porque, como hemos visto en los últimos años, una Economía basada únicamente en el ladrillo es, sencillamente, una carrera de cabeza al abismo económico. ¿O creen que las medidas keynesianas para reactivar el sector cultural se adoptaron en los años 30 en Estados Unidos por casualidad, para hacer bonito?. No, se hicieron para crear una potencia de primer orden, un país respetado en el marco internacional. Justo lo que medidas como la ITE, “a palo seco”, jamás conseguirán.
¿Es eso lo que queremos?. ¿Es eso lo que la Izquierda como la representada por la plataforma “Primavera Europea” quiere defender en Bruselas?. ¿Que nos convirtamos en la caricatura de la sociedad de pesadilla reflejada por Fritz Lang en “Metrópolis”, puesta en imágenes por Javier Fesser en “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, en la que un dictador paleto y trincón tenía como plan de gobierno hacer de la Economía una continua serie de reformas urbanas a aplicar incluso a las Pirámides?.
¿Cuántas casas del siglo XVII se van a cargar a partir de mayo, por ejemplo, en el casco antiguo de, digamos, Fuenterrabía porque es imposible meterles un ascensor o porque los entramados de vigas de madera -algunos del año 1665- estorban al revestimiento impuesto por los inspectores de la ITE?. Piensen en todo esto cuando asistan a un pleno municipal, como es su derecho, cuando se vaya a tratar de asuntos como esos. Piénsenlo antes de ir a las urnas para obtener una digna representación.