Los Estados Unidos llevan tiempo en el foco de la atención del mundo empresarial por los aranceles y otras medidas políticas que la administración Trump propone implementar. Mientras tanto, al otro lado del mundo, China sigue siendo un gran mercado que mantiene su interés para muchas de las empresas que viven, en parte, del comercio exterior.
Aunque de forma más silenciosa y discreta, China también ha cambiado muchas reglas del juego para las empresas que quieren hacer negocio en su mercado. En el caso de China, sus mandatorios no anuncian de forma bombástica las medidas que van a entrar en vigor, ni las implementan de un día a otro (o de un mes a otro), sino que lanzan planes plurianuales. Estos planes pueden parecerse a banderas o faros en el horizonte – para un futuro a medio plazo – pero típicamente “desbloquean” cambios de tendencia suaves y lentos que igualmente son de gran impacto a la larga. Nota Bene: China es uno de los países con mayor puntuación sobre la dimensión “orientación a largo plazo” del modelo de Hofstede.
Un objetivo muy importante de la política económica actual en China es el desarrollo de la autosuficiencia industrial y tecnológica. En este sentido, las autoridades chinas buscan estimular un despliegue industrial nacional, señalando sectores estratégicos, dentro de los cuales el Estado facilita la creación de “campeones nacionales“. Para ello, el régimen chino recurre a dos herramientas principales: la regulación del acceso al mercado y la política industrial.
Para las empresas extranjeras que pueden contribuir al objetivo de autosuficiencia de China, el acceso esta “garantizado”. No obstante, implica cada vez más que si estas empresas quieren hacer negocios en China, tendrán que producir localmente. Ya no vale introducir su mercancía desde fuera.
Consiguientemente, el plan “Made in China 2025”, el plan “Vision 2035” y el concepto de la “Domestic-International dual circulation” (formalizado en el plan XIV Plan Quinquenal 2021-2025) tienen como objetivo sustituir al suministro extranjero de las tecnologías y componentes claves para los sectores que el régimen chino considera estratégicos, desarrollar una capacidad nacional para auto-abastecerse de inputs críticos, y articular actividades industriales de alto valor añadido para volverse independiente de los suministros tecnológicos extranjeros esenciales en los sectores señalados como estratégicos en un mínimo del 70%. En combinación con los principios de acceso al mercado, esto implica que las empresas extranjeras que se establecen en China se enfrentarán a una fuerte competencia local (a los “campeones nacionales” que el Estado chino intenta levantar en cada sector estratégico).
Ante este contexto, las empresas extranjeras que quieren hacer negocio en China pueden adoptar, en base a diferentes “foreign entry modes” (inversión directa in situ, presencia en el mercado extranjero vía licencias o franquicias, o introduciendo sus mercancías a través de la exportación) y “location choices” (estableciéndose in situ, abriendo sedes en mercados colindantes, u operando desde el país de origen) correspondientes, una postura que puede variar desde “mostrar un compromiso total”, adentrándose en el mercado chino con un desarrollo de insidership , hasta un “distanciamiento” parcial o total (optando por mantenerse fuera, tomando decisiones de backshoring, nearshoring o friendshoring).
Desarrollar “insidership” hace referencia al proceso por el que una empresa establece actividades clave y competencias en la sede que tiene en un mercado extranjero (operaciones en ventas, marketing, logística, fabricación e I+D) para que pueda operar de forma soberana en dicho mercado y aprovechar al máximo las relaciones e interacciones con otros actores en el mercado en cuestión.
El “backshoring” se refiere a la repatriación de actividades productivas a la base central de la empresa matriz. Una variante podría ser el “nearshoring“, que implica llevar la producción a países con mayor proximidad a la sede de la empresa. Además, pueden optar por movimientos de “friendshoring“. El “friendshoring” se refiere a la reubicación de actividades de producción en un país extranjero que está político-ideológicamente más cerca del país de origen de una empresa específica y/o que sigue una política de libre comercio similar.
Como postura alternativa puede haber un comportamiento de diversificación geográfica dentro de Asia oriental. Es decir, ni deslocalizar o repatriar las actividades productivas por completo, sino multi-localizarlas por Asia Oriental para no depender y comprometerse enteramente de/con China. Este comportamiento podemos llamar “China + 1“, y se refiere al desarrollo de actividades de producción en otras economías emergentes a lo largo del borde del Pacífico asiático o en la India (en lugar de, o adicionalmente a, China).
Ante este telón de fondo, surge la siguiente taxonomía en cuanto al posicionamiento actual y la posible trayectoria futura que las empresas pueden desarrollar de cara al mercado chino:
Posición actual en China |
Concentración geográfica |
Diversificación geográfica |
Presente in situ a través de inversión directa, y con la intención de mantener una presencia física |
Desarrollo de insidership |
China + 1 |
Presente in situ a través de inversión directa, pero considerando dejar de tener presencia física |
Repatriar activos y actividades hacia país de origen: backshoring |
Friendshoring o nearshoring |
Sin presencia in situ a través de inversión directa |
Continuar con la exportación desde el país de origen como modo de entrada |
Invertir in situ para disponer de múltiples modos de entrada |
Como se ve; en todos los mercados cuecen habas, y Estados Unidos no es el único frente que las empresas europeas, españolas o vascas tienen abierto y donde tienen que decidir cómo van a mover sus fichas.
Bart Kamp