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Alberto Moyano

El jukebox

La noche del contenedor

Alberto Moyano

Aunque ‘Paradero desconocido’ era la obra escogida para la reapertura
del Victoria Eugenia, la consejera de Cultura, Miren Azkarate, se
adelantó por unos minutos con ‘Digna y despechada’, una pieza de calle
en pequeño formato consistente en renunciar a la invitación del
Ayuntamiento y comprar en taquilla su entrada. Una lectura aviesa del
entremés podría resumir los hechos en una sola frase: «El ticket que
compró la consejera con invitación dejó sin entrada a un ciudadano
donostiarra». Sin embargo, no sería ajustado a los hechos ya que
Azkarate aclaró que acudía a la representación «como una donostiarra
más que va los distintos espectáculos que hay en la ciudad», aunque
esta condición de ciudadana no le impidió añadir que «en el Gobierno
Vasco no tenemos costumbre de financiar» teatros municipales.
Ya por la noche, Teledonosti celebró un encuentro para evaluar la
primera toma de contacto con el teatro. En medio de elogios y alabanzas
a la comodidad de las nuevas butacas, surgió la cuestión en torno a si
el nuevo «contenedor cultural» que es el Victoria Eugenia debe aspirar
a algo más que a llenarse de público cada noche para convertirse en un
espacio de referencia o algo así.
La aspiración suena pertinente, aunque oculta quizás las dimensiones
reales del conservadurismo donostiarra, cuyo público, efectivamente,
acude a todo, pero que puesto en una encrucijada, prefiere asistir a
una ópera suntuosamente cochambrosa que a un espectáculo de nuevas
músicas.
Lo que vaya a ser el Victoria Eugenia lo dirá el tiempo –pongamos seis
meses o pongamos un año–, una vez que demos por finiquitada una
programación inaugural conformada en su mayor parte por nombres que ya
han desfilado por Donostia durante los siete últimos años, en los que
no hubo Victoria Eugenia.


marzo 2007
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