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Alberto Moyano

El jukebox

Tanatorio somos todos

Alberto Moyano

Hay dos presencias que las comunidades de vecinos rechazan unánimemente
en sus inmediaciones: Eros y Tánatos, es decir, puticlubes y
funerarias. Las razones son obvias, y están vinculadas a cuestiones
económicas y de prestigio social, pero en caso de apuro es mejor
esgrimir el que se ha demostrado último pero más eficaz argumento: la
protección de la infancia. «Son cosas que los niños no deben ver».
Los vecinos de un edificio de Bidebieta-Trintxerpe –en realidad, más
Trintxerpe que Bidebieta–, han perdido en los tribunales la causa que
les enfrentaba a una empresa de finados para instalar un tanatorio en
los bajos de la casa. En apariencia, la derrota cabría apuntársela al
Ayuntamiento donostiarra, quien tras conceder la licencia, trató
después –y bajo la presión vecinal– de retirarla. Sin embargo, el hecho
de que el fallo judicial se produzca una vez celebradas las elecciones
ayuda a relativizar el disgusto municipal.
La empresa funeraria anuncia que pedirá una indemnización directamente
proporcional al beneficio que el tuneado y tratamiento integral de
cadáveres le hubiera reportado durante el tiempo perdido en los
tribunales, a la vez que promete alguna querella por prevaricación. Por
su parte, los vecinos, que verán cómo en su local el tanatorio
sustituye al taller de coches, perderán en caché pero el que no se
consuela es porque no quiere y es que al menos el nuevo negocio
–intrínsecamente silencioso– hará descender varios enteros la
contaminación acústica en la zona.
No hay que hacerse mala sangre, hombre, que al fin y al cabo, los
tanatorios son necesarios porque muertos se nos generan a todos. Así
las cosas,  ¿qué querían? ¿Que lo hubieran puesto en el centro o
qué?
 


agosto 2007
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