Hace unos días leía un artículo de este mismo periódico en el que aparecía esta palabra, y sobre la que se realizaba una reflexión, que a mi parecer es muy acertada. La palabra en cuestión es “bilocación”: “el término utilizado para describir un fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, según el cual una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares diferentes al mismo tiempo”. En esta crónica se hace referencia a este término por la capacidad que tenemos las personas de ser incongruentes y pensar una cosa y hacer otra, es decir, por ejemplo acudir a una manifestación contra el cambio climático a la vez que llevamos bolsas de plástico con nosotros. En este caso, el término bilocación no hace referencia a ningún fenómeno paranormal, sino todo lo contrario, al hábito mucho más normal del que queremos reconocer, y que habla de la incoherencia e hipocresía con la que actuamos las personas.
Congruencia es el término que define cuando una persona piensa, dice, hace y siente lo mismo, algo que no siempre nos resulta fácil.
COHERENCIA = PENSAR = DECIR = SENTIR = HACER
Si fuéramos totalmente coherentes, por ejemplo, no utilizaríamos el aire acondicionado en verano o nos iríamos de vacaciones en avión estando preocupados por el medio ambiente, o incluso no nos quejaríamos de los turistas que llegan a nuestra ciudad para luego irnos nosotros de visita a otra ciudad. Muchas veces nos excusamos en múltiples pretextos como la falta de tiempo, nuestra actitud que consideramos mejor frente a la de los demás o lo difícil que nos resulta adoptar nuevos hábitos, pero el caso es que en muchas ocasiones nos comportamos de forma incoherente.
Casi siempre, actuar de esta forma se debe a que nos resulta más fácil ser incoherentes que esforzarnos por hacer las cosas tal y como las pensamos, o hacer lo que sentimos. El problema radica cuando esta incoherencia se cronifica en temas que van en contra de nuestros principios, ya que con el tiempo nuestro comportamiento se vuelve en nuestra contra y en lugar de hacernos la vida más fácil, comenzamos a sentirnos mal. Cuando tratamos de temas menores, o a los que les concedemos menos importancia, situarnos en dos posturas diferentes, no nos representa nada, mientras que si se trata de temas que nos afectan, sobre todo emocionalmente, ser bilocuentes, nos lleva a estar mal. Por lo tanto, tengamos cuidado lo que pensamos, no vaya a ser que no lo podamos verbalizar o llevar a cabo y terminemos sintiéndonos mal.