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Ainhoa Cilveti

El trampolín de tu vida

Ya estamos en Febrero

Ya estamos en Febrero, nos ha dado tiempo de habernos retado a nosotros mismos con nuevos objetivos para este año y habernos cansado de estos objetivos. Enero es un mes muy largo, para algunos larguísimo, que no ayuda a la realización de nuevos retos: empezamos con resaca, continuamos con las compras de reyes, pasamos por las rebajas, hacemos piruetas con los números para poder terminar el mes, y encima algunos tenemos la fiesta mayor sin tiempo de recuperarnos físicamente y económicamente. Por esto, Febrero es el mes ideal para valorar cómo queremos que sea nuestro próximo año, desde la tranquilidad y la recuperación física y monetaria.

 

Ahora tenemos once maravillosos meses para valorar cómo queremos que sea nuestra vida y qué queremos obtener de ella, sabiendo los impedimentos que hemos tenido en el primer mes y con la experiencia de lo vivido motivándonos para lograrlo en el futuro. Lo que haya pasado en el último mes no importa, aunque sí debemos tener en cuenta los errores cometidos para aprender de ellos y enderezar la forma de hacerlo. Quizá debemos cambiar el objetivo, no pasa nada, y desde luego no debemos verlo como un fracaso. Tendemos a empeñarnos en terminar algo que nos hemos propuesto, pensando que no hacerlo significa fracasar, pero tenemos que aprender también de nosotros y saber utilizar la flexibilidad. No siempre lo que pensamos en un primer momento es lo acertado, y muchas veces es mejor rectificar que obcecarnos en algo que no nos va a dar el resultado deseado, o la satisfacción buscada o que no mantiene el equilibrio adecuado entre esfuerzo y resultado. Importante recordar que cuando trabajamos un objetivo no debe poner en peligro los demás aspectos de nuestra vida ni desbaratar esta.

Por lo tanto, tras la primera prueba en cambiar nuestra vida o en querer mejorarla, si no nos ha funcionado no debemos desesperarnos y tirar la toalla, sino tomar nota de lo ocurrido y mejorar la forma de hacerlo o cambiar de objetivo hacia alguno más realista. Recordemos que querer mejorar es algo muy loable, y que su fin último es sentirnos mejor, por lo tanto, no debemos dejarnos llevar por la frustración de no haberlo conseguido a la primera y motivarnos para conseguirlo a la segunda, o si es necesario, tercera, cuarta… Lo importante es estar bien y sentirnos vivos con nuevos retos.

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