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Tauromaquia, Historia, tradición y razón (1651-2017)
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Carlos Rilova | 01-08-2017 | 07:39

Por Carlos Rilova Jericó

goya_-_ligereza_y_atrevimiento_de_juanito_apinani_en_la_de_madridLa verdad, no pensaba meterme este lunes festivo con este tema. Mejor dicho, no pensaba meterme en este tema ni este lunes ni ningún otro. ¿Por qué?. Pues porque “los toros” son algo verdaderamente escabroso en esa España actual que tan bien ha descrito Ian Gibson en su, de momento, último libro del que ya hablamos en otro de estos artículos.

Ciertamente mentar la cuestión de los toros en España es, desde hace ya muchos años, un grave problema para cualquiera que se meta en ese debate. Sin embargo, una vez más, no lo he podido evitar. Esta semana pasada se ha hablado demasiado de esto y, al final, uno acaba sintiéndose comprometido, de algún modo, a escribir alguna cosa sensata sobre algo tan inquietante como la crueldad con un ser vivo.

Esta vez la enésima polémica sobre el tema, ha venido por la decisión del gobierno autonómico de las Islas Baleares de reducir las suertes del toreo en su jurisdicción a tres astados por corrida que, además, sólo estarán en la arena 10 minutos en los que el animal será toreado, pero tratado de modo que sobreviva.

Bien, el miércoles, apenas acabado el superpuente de Santiago, hubo primeras reacciones a esa decisión. El secretario de Estado del Ministerio de Cultura español (en términos coloquiales el número 2 de esa institución) va a querellarse contra esa decisión en el tribunal pertinente, considerando que atenta contra el Arte de la Tauromaquia…

No es que yo quiera enmendar la plana a figura tan poderosa, pero tengo que deducir que el Ministerio está, tal vez, mal informado en estas cuestiones de la Tauromaquia.

Y esto es bastante extraño porque, a poco que se quiera estar informado, es sencillamente inmensa la pila de libros, artículos, etc… que hay sobre la Historia de la Tauromaquia. (Sin contar con el monumental Cossío).

Pues sí, la lista de obras sobre esta cuestión abarcaría prácticamente todo este artículo. Yo sólo mencionaré, brevemente, algunos de esos libros. Por ejemplo tenemos el volumen editado por Paulo César Juárez en el que se recogen testimonios desde el siglo XIII (sí, desde finales de la Edad Media) a favor y en contra de esa llamada “Fiesta Nacional”, convertida hace unos cuatro años en patrimonio cultural.

Se trata de una obra antitaurina. O eso es lo que se deduce de su prólogo, al menos. Paulo César Juárez dice compilar todos esos textos, que van, desde Leyes promulgadas en el siglo XIII por Alfonso X el Sabio hasta la actualidad, para recordar unos cuantos hechos que difícilmente encajarán con la mentalidad conservadora (muchas veces incluso más que ultraconservadora) que hoy defiende esa “Fiesta Nacional”. El primero de esos hechos es que una de las guardianas de ese conservadurismo español, la Iglesia católica, ha prohibido desde el siglo XVI dicha fiesta (aunque luego esa prohibición, de 1567, fue atemperada y limitada),,,

El segundo hecho es que la Monarquía española (o la castellana que fue su raíz) no ha sido tampoco muy favorable, desde la Edad Media, a esa fiesta. Alfonso X en 1265 señala como infames a los que matan toros por dinero y sólo salva de esa pena a los que lo hagan por mostrar, gratuitamente, su valor personal… Carlos III, en 1785, prohibirá en la mayor parte de España las corridas a muerte (un matiz importante, luego lo veremos) y Carlos IV, en 1805, las prohibía sin excepción por ser poco conformes “a la humanidad que caracteriza a los españoles”, por suponer un atraso para la Ganadería, la Agricultura y la Industria y demás etcétera ilustrado…

Junto a esas medidas emanadas de las instituciones, Juárez encuentra muchos otros testimonios de intelectuales españoles que han deplorado la Fiesta. Lo más curioso es que autores que hoy se han identificado por escritores mal documentados con la esencia de “lo español” -como Tirso de Molina, Quevedo o Lope de Vega- abominan de esas primitivas corridas de toros que ni siquiera eran como las de hoy día.

Otro detalle que muchos protaurinos tendrían difícil asimilar es que la fiesta se originó en España (según Mariano José de Larra lo decía en 1828, dos años antes de que se fijasen las corridas-tipo actuales) por imitación a los musulmanes. A “los moros”, que, hacia el siglo XIII, serían los únicos que lidiaban con esas bestias.

Por supuesto en esa extensa bibliografía no faltan defensores de la cosa. E incluso más allá de la España retrograda y primaria con la que se identifica la Tauromaquia. Es el caso de Francis Wolff, profesor de la prestigiosa Escuela Normal Superior francesa. Centro de formación de la élite de ese país de élite. Entre otras obras, ha escrito “50 razones para defender la corrida de toros”. Resulta interesante comparar sus argumentos con los que sustenta -desde el lado contrario- el filósofo español Jesús Mosterín en “La cuestión de los toros”. Para el intelectual francés es absolutamente falso que el toro de lidia no sea un animal bravo y agresivo y que se le torture en la plaza. Para el filósofo español, el toro es un herbívoro pacífico por naturaleza al que sí se tortura con los rejones y picas para incitarlo a embestir…

No faltan incluso prestigiosos historiadores de fama mundial como Bartolomé Bennassar (del que mi generación ha aprendido unas cuantas cosas del “oficio de historiador”) que son fervientes defensores (por razones históricas) de la lidia de toros…

Y eso me lleva, finalmente, a la cuestión de la supuesta tradición que el Ministerio de Cultura estaría defendiendo, ahora mismo, en los Tribunales… Siento tener que decirlo, pero me arriesgaré: desde el punto de vista de la Historia y de la razón dominante en nuestra época desde el siglo XVIII, el gobierno central se equivoca y es el gobierno balear el que acierta defendiendo esta modalidad de toreo.

Así es. La supuesta tradición que ahora querría defender el gobierno central frente al balear no existía, por ejemplo, en el San Sebastián de 1651. Ya di cuenta de esto en un artículo publicado hace 14 años, en 2003, por la revista digital de la Sociedad de Estudios Vascos, “Euskonews”. En él recogía un acta municipal donostiarra -superviviente al incendio de 1813- donde se daba cuenta de la traída de toros de las dehesas navarras, que serían toreados en Donostia en julio de ese año pero que sobrevivirían, en excelentes condiciones, a esos festejos. De hecho, causando notables daños en los campos cercanos a la futura capital guipuzcoana…

La explicación a este curioso dato de archivo ya la daba Bennassar en su “Historia de la Tauromaquia”: sin perjuicio de otras suertes como el rejoneo a caballo, en el que la nobleza española mostraba su valor hasta principios del siglo XVIII, o los encierros, (donde el elevado número de muertos por asta desmiente un tanto el carácter naturalmente pacífico del toro), hay dos clases de corridas en la España de la Edad Moderna. Serían la “corrida torneo” y la “corrida carnicería”. Evidentemente la de San Sebastián de 1651, que parece prototípica de esta ciudad, sería una de esas. En ellas se mostraba valor desafiando al toro, pero sin machacarlo con rejones y picas hasta matarlo. Tras ese desafío, sin más, se devolvía al animal al campo.

La “corrida carnicería” que, al parecer, quiere defender el Ministerio de Cultura actual, sería, en realidad, la que institucionalizó Fernando VII en 1830, a partir de modalidades de toreo tan diversas como las que nos describe la obra de Bennassar.

Así las cosas, ¿cuál sería el problema con la decisión del gobierno balear?. ¿No respetaría, más y mejor, la tradición, la Historia de ese patrimonio cultural, esa recuperación de la “corrida torneo”?. ¿En qué pierden los toros, los toreros y los ganaderos por recuperar (como quiere el gobierno balear) una muy antigua forma de toreo que, al mismo tiempo, evita males mayores al animal y la exhibición sangrienta contra la que claman los antitaurinos?.

Si lo que se quiere mantener como “patrimonio cultural” son las “corridas carnicería”, modalidad propia de los mataderos de Sevilla desde finales del siglo XVI según nos dice Bennassar, ¿no resultan falsos todos esos argumentos protaurinos acerca de que no se quiere torturar al animal y que con la Fiesta se preserva a una raza (la de los uros primigenios) extinta en el resto del Mundo?.

Sobre todas estas cuestiones se debería reflexionar a fondo, antes de proteger por Ley algo o correr a los tribunales a defenderlo. De otro modo, la imagen-país que tanto quieren cultivar los sucesivos gobiernos españoles quedaría bastante tocada, dejándonos a todos -empezando por los protaurinos- como una banda de sádicos enfermizos que, pudiendo elegir entre una tradición más o menos pacífica, festiva, y otra sangrienta y brutal, optaría por la segunda. Convirtiendo en pura hipocresía todo lo que se dice sobre la feliz vida del toro antes de ser masacrado en las plazas. O la inmensa suerte de esos animales de haber sobrevivido a la extinción gracias a esos sacrificios rituales… establecidos por un rey déspota y de tan mala fama como Fernando VII…

¿Realmente es eso lo que quiere defender el actual gobierno español?. ¿Realmente es eso lo que quiere cualquier habitante de la España del siglo XXI, pasando por alto la razón y la Historia, afirmando, de hecho, que nos dejemos de monsergas, que aquí lo único que cuenta no es el Arte, ni la preservación de una especie, sino ver correr sangre a raudales durante unas cuantas horas y con lo que -parece evidente- son refinamientos de crueldad?…

Ustedes dirán.

(Nota: Por razones técnicas, ajenas al autor, esta entrada programada para ayer lunes 31 de julio de 2017, no ha podido ser publicada hasta hoy. Añado esta explicación por los inconvenientes o malentedidos a que pueda haber dado o dar lugar este problema técnico que ha retrasado en un día la habitual publicación de este artículo semanal).

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