Diario Vasco
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Medición y eficiencia del sistema de innovación vasco
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Mikel Navarro | 11-12-2012 | 11:14

En nuestro post del 20 de noviembre  tratamos de la posición que el País Vasco presentaba en el recientemente publicado Regional Innovation Scoreboard 2012 y advertimos de lo problemático que resulta comparar datos de territorios que, en términos económicos, cabría considerarlos como regiones, con datos de territorios que poseen un estado propio. En este post vamos a profundizar en otros problemas que plantean los indicadores de innovación para su comparación y lo desacertado de la primacía que se asigna al objetivo del gasto en I+D como porcentaje del PIB, no sólo en la Unión Europea sino también en nuestra propia comunidad.

A pesar de la gran importancia que hoy se atribuye a la innovación para la competitividad y el crecimiento económico, o incluso para afrontar lo que se denominan grandes retos sociales (envejecimiento, cambio climático y demás), uno de los problemas más importante existente en torno a la innovación es su medición. En el trabajo Indicadores de innovación y benchmarking tratamos en detalle de esta cuestión, mostrando que todos los indicadores tradicionales de innovación (gasto en I+D, patentes, balanzas tecnológicas, porcentajes de ventas correspondientes a productos nuevos, etc.) presentan carencias o problemas; y expusimos las dos principales vías por las que los economistas tratan de superar los inconvenientes de los indicadores individuales.

Por un lado, una serie de economistas, siguiendo la senda iniciada por Solow, tratan de medir la innovación mediante la contabilidad del crecimiento. En particular, tradicionalmente los economistas medían la innovación como la variación de la productividad total de los factores (PTF), y hoy día los estudios más avanzados en esa línea miden la innovación como la contribución que al crecimiento de la productividad efectúan los activos intangibles. Es decir, no  sólo las actividades de I+D, sino también las inversiones realizadas en mejoras organizativas, formación de los trabajadores, diseño, software, marketing, etc.  En el informe Measuring innovation de la OECD (2010) se ofrecen los resultados de estas mediciones para algunos países. No obstante, la referencia internacional  a la que suele prestarse más atención es la publicación de la NESTA, referida al Reino Unido. En el País Vasco un equipo de investigadores de la UPV está actualmente tratando de estimar los activos intangibles de la economía de mercado y su contribución al crecimiento de la productividad, como vía de medir la innovación, respondiendo a un encargo de Innobasque y contando para ciertas cuestiones con el asesoramiento de la propia NESTA.

La otra vía consiste, básicamente, en la idea de que, siendo la innovación un fenómeno multidimensional y presentando todos los indicadores individuales de innovación ciertas ventajas e inconvenientes, el modo más equilibrado de acercarse a la medición de la innovación es mediante la creación de un indicador compuesto a partir de la combinación de una serie de indicadores individuales (véase sobre la metodología para ello, el trabajo Handbook  on Constructing  Composite Indicators de la OCDE). Esa es la vía seguida por la Unión Europea en sus indicadores denominados Innovation Union Scoreboard (IUS) y Regional Innovation Scoreboard (RIS), a los cuales nos referimos en nuestro citado post de 20 de noviembre.

Uno de los mayores problemas que, en mi opinión, resulta criticable en el IUS y en el RIS es que para el cálculo del indicador compuesto de innovación se mezclan indicadores de input innovador (esto es, de recursos, capacidades o actividades que se necesitan para llevar a cabo la innovación) y de output o resultado innovador (esto es, de innovaciones realmente llevadas a cabo). Cuando uno actúa así se oculta la eficiencia del sistema de innovación. Una empresa que despilfarra o usa ineficientemente los recursos innovadores (por ejemplo, la I+D) sin que de las mismas se deriven apenas resultados innovadores que impacten en la competitividad del territorio (por ejemplo, en ventas de productos que son nuevos para el mercado) podría estar en el ranking en el mismo lugar que una región muy austera en el uso de los recursos, pero que hace un uso excelente del mismo de modo que de ellos se derivan productos o procesos productivos radicalmente nuevos para el mercado. Lo anterior es relevante porque el País Vasco presenta una mejor posición en los indicadores de input (por ejemplo, en gasto en I+D en porcentaje del PIB ha alcanzado a la media comunitaria: 2,04% en el País Vasco frente al 2,03% en la UE-27) que de output (en patentes PCT con relación al PIB, en cambio, no llega al 50% de las comunitarias).

A pesar de sus limitaciones, al recoger dentro de sí tanto indicadores de input como de output, el IUS y el RIS permiten apreciar que el principal problema del sistema de innovación vasco no es tanto el de los recursos que se destinan a innovación, como el de cuán eficientemente estos se usan. A semejanza de lo que sucedía con el gasto en educación universitaria, que analizamos en nuestro post de 16 de octubre, la prioridad no debería estar tanto en el aumento de los recursos, como en la mejora de la eficiencia del sistema. Siguiendo la vía iniciada por la Estrategia de Lisboa y continuada con la Estrategia Europa 2020, en el Plan de Ciencia y Tecnología 2015 se propone como principal objetivo que el País Vasco pase a gastar en I+D el 3% del PIB. Ello es indicador de que, a diferencia de la reacción que durante la crisis ha tenido el gobierno de Rajoy, en el País Vasco se considera fundamental seguir apostando por la mejora de la competitividad basada en el conocimiento. Y eso hay que valorarlo positivamente. Pero hubiera sido preferible que como principal objetivo cuantificado se hubiera fijado la mejora en el uso de los recursos, más que su ampliación, aun aceptando que el mero hecho de que no se plantee su reducción, sino que incluso se persiga aumentarlos, resulta positivo. A eso habría que añadir que, careciendo el País Vasco de sectores de alta tecnología y de empresas grandes (que son en los que se concentra la mayor parte del gasto en I+D), resulta poco creíble que dicho objetivo pueda alcanzarse. De hecho, según la estadística de Eustat, en 2011 el gasto en I+D, en porcentaje de I+D, del País Vasco ha interrumpido la tendencia al alza que mostraba desde finales de los 90 y ha disminuido ligeramente.

Por último, tanto el indicador IUS como el RIS tienen una composición algo sesgada hacia los indicadores de innovación más basados en la ciencia, y se olvidan un tanto de los indicadores de innovación más basados en la experiencia. Esto es, el IUS y el RIS apenas incluyen indicadores de la innovación que surge del aprender haciendo, usando o interactuando (llamada innovación DUI por la literatura; véase al respecto la publicación Innovación y aprendizaje). Tal como sucede con el conocido chiste del borracho que estaba buscando cerca de una farola la llave para entrar en casa porque en ese lugar había luz, aunque no se le había caído allí la llave, los diseñadores del IUS y del RIS han tratado de medir la innovación a través de cuestiones en las que hay luz (datos fácilmente disponibles), aunque la llave o cuestiones más ligadas con la innovación puedan radicar en otros lugares (para los que no hay datos fácilmente disponibles).

La realidad es que, junto a la anteriormente señalada relativa ineficiencia del sistema vasco de innovación, los estudios existentes sobre el sistema vasco han puesto de manifiesto una cierta “paradoja de innovación”, es decir, que el País Vasco presenta unos valores mucho mejores en indicadores de desempeño económico (PIB per cápita, por ejemplo) que en desempeño innovador (el propio indicador IUS antes señalado) (véase figura 1). Esto es, que tenemos un nivel de desempeño económico que no se justifica o resulta sostenible, a la vista de los indicadores de innovación tradicionalmente manejados. Habrá que ver si, a semejanza de lo sucedido en el Reino Unido, aproximaciones a la medición basadas en la contabilidad del crecimiento, que actualmente se están desarrollando, en las que se intenta estimar factores que inciden en el desempeño económico y que hasta ahora no eran considerados por falta de datos estadísticos, permiten esclarecer esa aparente paradoja de la innovación.

Figura 1: Valores del PIB per cápita y del Union Innovation Scoreboard

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