Diario Vasco
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El capital, ¿contra el trabajo?
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Iñaki Erauskin | 19-11-2013 | 06:44

Cada año, al principio del semestre, les pregunto a mis alumnos de Macroeconomía en el Grado en Administración y Dirección de Empresas, “¿Qué peso tienen los salarios dentro de la renta nacional?”. Las respuestas varían enormemente, pero la mayoría responde con cifras inferiores al 30%, cuando las cifras reales son bastante más altas. Desde los orígenes de la economía política (David Ricardo, por ejemplo), ha existido un gran interés en analizar cómo se distribuye la renta entre los diferentes agentes económicos. Es un supuesto habitual en los modelos macroeconómicos suponer que la participación de los salarios no varía a lo largo del tiempo, siendo éste uno de los hechos estilizados sugeridos por Nicholas Kaldor en 1957.

Sin embargo, dicho supuesto no es verdad, ya que la participación de las rentas salariales en la renta ha ido disminuyendo desde los años 80 en la mayoría de los países y sectores. Según este trabajo reciente de Loukas Karabarbounis y Brent Neiman, en los últimos 35 años la participación de los salarios en la renta ha disminuido en 5 puntos porcentuales. La participación del trabajo en la renta se calcula como el porcentaje que suponen los sueldos de los asalariados dentro del valor añadido que se ha generado. El valor añadido se refiere a la producción efectiva (todo lo producido) menos el consumo intermedio (materias primas, energía, …) y es “similar” al PIB. Recoge, además de los salarios, el excedente bruto de explotación/renta mixta bruta (que no se refiere sólo a los beneficios de las empresas, sino que incluye también la renta de los trabajadores autónomos, las amortizaciones, los intereses, etc.) y los impuestos netos sobre la producción y las importaciones. La evolución de la participación decreciente de los salarios en la renta viene recogida en el Gráfico 1. La línea continua corresponde a la participación del sector corporativo (se refiere al sector de empresas, y no tiene en cuenta los salarios de los autónomos, que suele implicar problemas para medir la participación del trabajo) y la discontinua a la participación general.

 

Gráfico 1: Participación del trabajo en la renta nacional. Mundo

Fuente: Karabarbounis y Neiman.

 

¿Qué factores pueden explicar esta evolución? La tecnología ocupa el primer lugar según estos autores. La principal causa radica en la disminución de los precios relativos de los bienes de inversión. Las mejoras de eficiencia en los sectores que producen bienes de capital, que tienen su origen en las mejoras en las tecnologías de la información y comunicación, inducen a las empresas a utilizar más capital y menos trabajo, lo que reduce la participación de los salarios en la renta. Ello explicaría, según sus autores, la mitad de la reducción de la participación del trabajo mundial. No obstante, no entran a investigar qué otros factores podrían estar implicados, tales como un menor poder relativo de los sindicatos, mayores márgenes de beneficios de las empresas, cambios en la composición del trabajo (entre cualificados y no cualificados), etc.

Pero hay más. Otro trabajo reciente de Michael W.L. Elsby, Bart Hobijn y Aysegül Sahin muestra la misma tendencia decreciente para los Estados Unidos, pero señalan que los “culpables” de esta tendencia son otros factores. Un tercio de la reducción parece deberse al hecho de que la manera de calcular la remuneración de los trabajadores por cuenta propia infravalora su contribución al proceso productivo. Además, sugieren que la razón principal radica en el proceso de “offshoring” de la parte del proceso productivo que tiene mayor intensidad del trabajo fuera de los Estados Unidos. En cambio, no parece que la disminución de los precios relativos de los bienes de inversión (como señalaban los autores antes citados) o el menor poder de los sindicatos pueda explicar el menor peso de los salarios en la renta.

Y en nuestro entorno, ¿también se cumple esta tendencia? Parece que sí para España (pincha aquí para un post reciente de  Samuel Bentolila sobre este asunto), pero no lo parece para el País Vasco, como muestra el Gráfico 2, que recoge la participación del trabajo en España y en en el País Vasco durante el período 1980-2012.

Fuente: Elaboración propia, basado en INE (España), y Eustat (País Vasco).

 

Desde los años 80, mientras en España la participación del trabajo se ha reducido en torno a 4,5 puntos porcentuales, en el País Vasco la cifra ha sido algo mayor, alrededor de 6 puntos porcentuales. En cambio, durante el período expansivo de 1995-2008, la participación de los salarios en España se redujo 2,5 porcentuales pero en el País Vasco aumentó 0,5 puntos porcentuales, aproximadamente. En el período más cercano de 2009-2012, la participación del trabajo ha caído unos 3 puntos porcentuales en España, pero, un tanto sorprendentemente, se ha mantenido constante en el País Vasco.

Viendo esos datos, uno se pregunta ¿qué se puede hacer? Más y mejor educación, como hemos insistido una y otra vez en este blog… pero no parece que eso sea suficiente para reducir la desigualdad. Thomas Piketty y Gabriel Zucman han publicado recientemente un trabajo (pincha aquí para un post breve de su trabajo) en el que destacan este mismo hecho desde la perspectiva del capital con la expresiva frase de “¡El capital ha vuelto!”. Muestran que la ratio riqueza-renta (la riqueza se refiere a la tierra, máquinas, activos intangibles, edificios, capital humano, etc., y la renta a lo generado durante un año o PIB) ha ido aumentando desde los 70, lo que implica, teniendo en cuenta que la riqueza está muy concentrada, una mayor desigualdad. ¿Por qué? Por la ralentización tanto de la productividad y como del crecimiento de la población. Por ello, sugieren una imposición progresiva sobre el capital y sobre las herencias, junto con una mayor coordinación entre países para evitar los paraísos fiscales. No es mal momento para recorrer este camino.

 

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