Diario Vasco
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Emprendimiento: ¿cuestión de formación o de sensación?
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Jon Mikel Zabala | 06-02-2017 | 08:59

@jonmizabala

En un post anterior, nos hacíamos eco de una pregunta que muchos de nosotros nos hemos formulado alguna vez (o muchas) a lo largo de nuestras vidas: y yo ¿qué voy a ser de mayor? En él nos preguntábamos cuáles podrían ser las profesiones que más y menos podrían crecer en los próximos años. Naturalmente, las profesiones del futuro dependerán en gran medida del desarrollo tecnológico, pero también de las oportunidades que los emprendedores sean capaces de identificar y de las ideas que éstos sean capaces de generar para poder satisfacer dichas oportunidades (o necesidades creadas). En este sentido, nuestro compañero Iñaki Erauskin se preguntaba en su post de la semana pasada, si la identificación de estas oportunidades resultaba cada vez más dificultosa o no.

El emprendimiento está en auge. Son varios los autores que apuestan por el emprendimiento como una de las soluciones al creciente desempleo que se está observando en la mayoría de las economías (puedes ver un ejemplo aquí, aquí y aquí). Incluso hay autores como Mariana Mazzucato que consideran que el primer actor que debería participar en el emprendimiento como vehículo para la identificación y generación de nuevas oportunidades debería ser el propio estado. En aras de poder dotar a las sociedades con una base de conocimientos que fomente el emprendimiento son numerosas las iniciativas que se han desarrollado en las últimas décadas sobre formación emprendedora. Probablemente, al decir estas palabras al lector se le vengan a la mente programas de emprendimiento como los del Media Lab del MIT, el Arthur Rock Center de la Universidad de Harvard, el Arthur M. Black Center for Entrepreneurship del Babson College, o el Technology Ventures Program de la Universidad de Stanford. Sin embargo, prácticamente la totalidad de las universidades del mundo tienen programas orientados a la formación emprendedora. Incluso la Comisión Europea ha elaborado una guía como ayuda al docente para favorecer la inclusión de elementos emprendedores en el currículum académico.

Uno de los elementos comunes a la práctica totalidad de todos estos programas radica en que además de dotar a los estudiantes universitarios de un aprendizaje sobre la parte técnica, financiera y organizativa asociadas a la actividad emprendedora, se espera que éstos generen una empresa durante su etapa formativa. Los resultados sobre la eficacia de este tipo de cursos muestran una clara dicotomía. Por un lado, los alumnos tienden a valorar de manera muy satisfactoria los contenidos ofrecidos en ellos. Sin embargo, y al mismo tiempo, tras dicha formación los estudiantes comprenden que muchos de ellos no tienen los valores (que no el valor) para seguir una carrera emprendedora. Ello conlleva que a pesar de que los alumnos se vean ‘forzados’ a generar sus empresas en dichos cursos, no sólo no son capaces de mantener la actividad de éstas en el tiempo, sino que además ese aprendizaje que debería fomentar las intenciones emprendedoras se ‘pierde’ en el tiempo.

¿Cuál debería ser entonces el propósito principal de la educación emprendedora? ¿Mejorar las intenciones emprendedoras de los estudiantes o ayudar a los estudiantes a entender qué es una carrera emprendedora? Si nos atenemos a la primera perspectiva, entonces deberíamos ayudar a los estudiantes a generar empresas, aun siendo conscientes de la elevada probabilidad de fracaso tanto organizativo como personal, ya que ni la nueva empresa se mantiene en el tiempo ni el alumno consigue ‘exportar’ su aprendizaje a organizaciones ya existentes. Si por el contrario nos atenemos a la segunda perspectiva, entonces deberíamos hacer más énfasis en los valores (personales y profesionales) y las necesidades (financieras, estructurales, organizativas) que están asociados al emprendimiento.

En nuestro caso, la Universidad de Deusto ha optado por la segunda vía. En el año 2005 la Universidad de Deusto en su campus de San Sebastián se propuso formar a jóvenes universitarios para que sean capaces de identificar y potenciar sus talentos, y generar y aprovechar oportunidades. Pero, sobre todo, que quieran y que se sientan capaces de emprender. iNNoVaNDiS constituye un programa de formación de tres años de duración, en el que han tomado parte más de 330 personas. Sin embargo, la generación de nuevas empresas no es un objetivo del programa, aunque son varias las start-ups que han surgido en el marco de iNNoVaNDiS. Por el contrario, la razón de ser del programa es que ser emprendedor radica en una manera de pensar, una forma de actuar y una identidad personal. El enfoque seguido en iNNoVaNDiS está orientado a la acción, de modo que los estudiantes adopten una voluntad hacia la acción y adquieran una sensación de capacidad para cambiar las cosas allá de donde estén trabajando, bien sea una organización establecida ajena o una nueva iniciativa propia. Por tanto, si surgen start-ups, será una consecuencia de que los alumnos han adquirido los fundamentos para el desarrollo de las intenciones emprendedoras y han identificado una oportunidad viable en el contexto en el que están, no un fin en sí mismo.

El próximo 18 de febrero de 2017, celebraremos el “X Aniversario” de iNNoVaNDiS, en el que juntaremos a estudiantes de diferentes cohortes, a los profesores que han participado en el programa en este tiempo, a los emprendedores que han identificado oportunidades y han lanzado sus ideas empresariales, a socios colaboradores, y demás personas que han apoyado el programa de alguna manera. Esperemos que dentro de 10 años, volvamos a estar aquí para contar que iNNoVaNDiS sigue ‘dejando huella’ y que ‘nuestra sociedad’, sigue beneficiándose de los valores que tratamos de inculcar a ‘sus estudiantes’.

Puedes seguirme en Twitter: @jonmizabala

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