Diario Vasco

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‘¿Por qué te vas?’ – El Evangelio según Jeanette
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Alberto Moyano | 12-02-2013 | 08:15

Equis: la X representa aquí la gran incógnita a despejar. El argumento de que “ya no tengo fuerzas” apela directamente al criterio de quienes, iluminados por el Espíritu Santo, procedieron a su designación hace tan sólo lustro y medio, y a la infalibilidad pontificia del propio Ratzinger que, en contra de lo que ayer se decía, aceptó el cargo con entusiasmo. Me pregunto cómo conjugan los católicos practicantes la irrupción de la santa fatiga con un quitarse de en medio que cuestiona abiertamente la voluntad divina, expresada a golpe de fumatas. A la luz de la historia del Vaticano, sorprende que nadie baraje la hipótesis de una renuncia forzada bajo chantaje. En cualquier caso, la insistencia en resaltar la enorme altura intelectual de Ratzinger pone en evidencia el escaso peso de esta facultad en un mundo en el que priman los conocimientos técnicos, un área en la que el Santo Padre hace aguas, como demostró el tortuoso envío de su primer tuit. ¿Estamos ante un nuevo capítulo de la batalla entre Tecnología y Humanidades? O dicho con música: Benedicto, ¿por qué te vas?

Uve: Thomas Pynchon dedicó una novela a esta letra, en la que “el libertino ve unos muslos abiertos, el ornitólogo, el vuelo de los pájaros migratorios y el ajustador, unas tenazas”. Construida de forma digital, la ‘uve’ es una letra cuanto menos ambigua: con la palma de la mano hacia fuera, significa ‘victoria’; con la palma de la mano hacia dentro, ‘que os den’. Repasen el periplo de Benedicto a lo largo de su pontificado y luego apuesten por una de las dos opciones.

Palito: De los dos miembros del clan de los Palito que los españoles soportamos, ya nos hemos desembarazado de uno. Nos queda el otro, Juan Carlos Palito. Con su renuncia, Ratzinger le ha mostrado al monarca el camino. Todo apunta a que el gesto será estéril. Sometido al frenético masajeo de Jesús Hermida, el monarca reiteraba su plenitud de facultades, así como su incombustible ilusión, bien es cierto que con mirada bovina y expresión abotargada que restaban credibilidad a sus afirmaciones. De cualquier forma, no son casos equiparables: dicen que la renuncia del Papa obedece a la asunción de su impotencia frente a los escándalos que acechan a El Vaticano, mientras que la permanencia del rey respondería a la constatación de que es perfectamente posible convivir con los que salpican a La Zarzuela.

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