Diario Vasco
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Autor: miradasdeunpeaton_4057
La muerte del duque de Mandas (1917).
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Ion Urrestarazu | hace 17 horas| 0

Cristina Enea en la actualidad.

Cristina-Enea en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.

LA MUERTE DEL DUQUE DE MANDAS

El miércoles 19 de diciembre de 1917, con dos horas y media de retraso, llegó a San Sebastián el cadáver de Fermín de Lasala y Collado, duque de Mandas. Dos días antes, a los 85 años de edad, había fallecido en la villa y corte de Madrid.

En la estación esperaban los albaceas testamentarios, Lojendio y Machimbarrena, y el párroco de San Ignacio, Uranga. Pese a no ser un acto oficial, acudieron muchos próceres locales a rendir un último homenaje al duque. Entre ellos se hallaban los marqueses de Riscal y Camarasa y el alcalde Zuaznávar.

El pesado ataúd de ébano con herrajes de plata oxidada fue colocado en un coche fúnebre y conducido a “Cristina-enea”, donde fue preparada la capilla ardiente.

EL FUNERAL

A las diez y media de la mañana del día 21, la Diputación, presidida por el gobernador civil conde de Pinofiel, el Ayuntamiento en corporación y numerosas personalidades acudieron a la iglesia de San Ignacio.

En el centro del templo había sido colocado un catafalco rodeado de hachones encendidos y todos los altares estaban iluminados. La misa, oficiada por Ángel Zalacain, fue de canto gregoriano. Al final, el obispo de la diócesis, Eijo, revestido con capa pluvial y mitra, rezó un responso ante el catafalco. Acto seguido, los asistentes se trasladaron a “Cristina-Enea” para la conducción del cadáver.

El cortejo fúnebre se organizó de la siguiente manera:

Asilados de la Beneficencia, portando hachones encendidos, abrían la marcha. Les seguía la cruz parroquial de San Ignacio, con todo el clero donostiarra vestido de sobrepelliz. Tras estos iba el ataúd, a hombros de familiares del duque. El féretro iba escoltado por ocho miqueletes y un cabo, sin armas. La presidencia del duelo estaba formada por el duque de Arcos, el obispo de la diócesis, los marqueses de Riscal y Tenorio, los testamentarios Machimbarrena y Lojendio y el párroco de San Ignacio. Les seguían la Diputación, presidida por el gobernador civil, y el Ayuntamiento, precedido de maceros y presidido por el alcalde Zuaznávar. Por último, la Banda Municipal interpretaba una marcha fúnebre.

La comitiva, que fue seguida por el numeroso público pese a lo desapacible del tiempo, tuvo que hacer un descanso en el cruce de Alcolea, dejando el féretro sobre una mesa, momento que se aprovechó para rezar un responso. La comitiva reemprendería la marcha al cementerio de Polloe, y tras un breve acto en la capilla, el cadáver del duque de Mandas fue enterrado en el panteón familiar, donde todavía yace.

El sábado 22, a petición de la Diputación, se celebraría en la Iglesia de Santa María una misa de réquiem por el alma del finado. Asistieron los diputados, una comisión del Ayuntamiento y demás autoridades civiles y militares de San Sebastián. Tras la misa, el Orfeón Donostiarra cantaría el “Réquiem” de Brahms.

LA HERENCIA

El duque de Mandas no tuvo descendencia y por esta misma razón decidió legar el grueso de sus bienes a la Diputación de Guipúzcoa, como único y universal heredero. No sería el único heredero, también recibieron su parte el Ayuntamiento de San Sebastián y algunas iglesias locales. Veamos cómo se distribuyó.

La Diputación se llevó una gran suma de dinero, con unas cláusulas muy claras sobre cómo administrarla—entre ellas destaca la de fundar una “Escuela-Obrador”, en la que se enseñaría lo que hoy llamamos Formación Profesional—. El ayuntamiento donostiarra se quedó con la archiconocida finca de “Cristina-Enea”, la biblioteca ducal y varias condecoraciones—entre ellas el Toisón de Oro, actualmente en paradero desconocido—. En cuanto a las iglesias, cabe destacar que lo recibido sirvió para la realización de los ventanales de San Vicente, la torre de San Ignacio y el órgano del Buen Pastor.

ION URRESTARAZU PARADA

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La fiesta de la Infantería (1917).
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Ion Urrestarazu | 08-12-2017 | 10:00| 0

Patio del cuartel de San Telmo durante la fiesta. ABC

LA FIESTA DE LA INFANTERÍA (1917)

EL PROGRAMA DE FIESTAS
Como cada año, el regimiento donostiarra “Sicilia” nº 7 se dispuso a celebrar las fiestas de su Patrona, “la Purísima”. Para la ocasión, prepararon un programa muy completito:

Día 7.—A las doce de la mañana:

El disparo de cohetes y chupinazos anunciará el principio de las grandes fiestas.

La Música y Banda del Regimiento, después de tocar alegre diana en el patio del cuartel, recorrerá las calles de las inmediaciones, repitiéndola.

A las dos de la tarde:

1.º Inauguración de la feria.

Grandes atracciones: Churrería, Tiro mecánico, Blanco viviente, Cocina infernal, Pim-Pam-Pum, etc., etc.

Gran Tómbola en la que se sortearán diferentes objetos, regalo de los jefes y oficiales del regimiento.

A las tres de la tarde: Concurso de Comparsas a las que se les otorgarán diferentes premios en metálico, por el Jurado constituido al efecto.

PREMIOS.—Primero 20 pesetas; segundo 15; tercero 10; cuarto 5.

2.º Elevación de Globos Grotescos.

3.º Gran aurresku. Se bailará un típico aurresku a la usanza del país.

4.º Se celebrará una Gran Verbena amenizada por varias bandas de música y terminada ésta se quemará una vistosa colección de fuegos artificiales de la afamada pirotecnia “Casa Espinós”.

A las ocho de la noche retreta por la Banda y música.

Día 8.—A las siete de la mañana: Gran Diana lo mismo que el día anterior.

A las once y media de la mañana, misa en honor de la Excelsa Patrona en la Iglesia de Santa María, estando el sermón a cargo del notable orador sagrado D. Juan Lapeira, párroco de la Iglesia del Antiguo.

A la una de la tarde: comida extraordinaria.

Día 10.—A las diez de la mañana: misa en la iglesia de Santa María, por el alma de los fallecidos del Arma, durante el año.

A las doce de la mañana: Concurso de tracción de cuerda, por equipos de compañía.

PREMIOS.—1.º Una copa para la compañía, y dos pesetas para cada uno de los que forman los equipos.

NOTAS.—1.ª Para ganar la Copa en propiedad, es necesario haber obtenido el triunfo dos años. (La Copa está actualmente en poder de la 3.ª del 1.º, que ganó el año pasado.)

2.ª Todos estos actos estarán amenizados por la brillante banda de música del regimiento.

3.ª Durante los tres días la fachada del cuartel y patios inferiores, lucirán espléndida iluminación eléctrica y de farolillos a la veneciana.

“Comparsa de soldados que obtuvo el primer premio en el concurso celebrado ayer en el cuartel de San Telmo”. Fot. Información.
VIERNES 7, FIESTAS EN EL CUARTEL DE SAN TELMO
A las doce del mediodía, los cohetes y chupinazos anunciaron el comienzo de las fiestas en el cuartel de San Telmo. Fiestas organizadas, por cierto, por el capitán Enrique de los Santos.
Tras tocar diana en el patio del cuartel, la Banda del regimiento Sicilia mandada por el maestro Aroca, y acompaña de tambores y cornetas, recorrió las calles de la parte vieja de San Sebastián, ejecutando el “koshkero” pasodoble “Donostiyako-kalean”, obra de Cándido Soraluce. La banda haría una paradita en la plaza de la Constitución, ante la entonces Casa Consistorial, pasando luego al Boulevard y la plaza de la Brecha, ejecutando la diana “Cucurrucú”. Según “La Voz de Guipúzcoa”, los músicos fueron seguidos por numeroso público.
El cuartel de San Telmo estaba “vestido” para la ocasión. A la entrada, un arco con follaje, combinado con los colores nacionales, lucía la inscripción “El regimiento de Sicilia a su Excelsa Patrona”. La fachada y los patios inferiores estaban iluminados con farolillos a la veneciana y luces eléctricas.
Pronto comenzaron a recorrer de mano en mano unos pasquines, titulados al igual que el arco “El regimiento de Sicilia a su Excelsa Patrona”. Llevaban escrita una diana, supuestamente compuesta por Juan García, alias “el Cebollino”, o Luis Lozano, alias “el Congrio”; ambos, presuntos soldados de la unidad. He aquí los primeros versos:

Saludamos a todos
los de este cuartel,
(Chim-pon. Se repite.)
desde el primer soldado
hasta el coronel.
Hasta el coronel…

A las dos de la tarde se inauguraría en el patio la feria, con la churrería—que, según “La Información”, pese a la escasez y carestía de la harina, tuvo un “éxito loco”—y el resto de atracciones anunciadas en el programa: el Tiro Mecánico, el Blanco Viviente, la Cocina Infernal y el Pim-Pam-Púm… Durante la “gran tómbola”, se sortearon los objetos regalados por los jefes y oficiales del Regimiento. Desde el comienzo la concurrencia de público fue numerosa y hubo gran animación.
A las tres, se efectuaría el concurso de comparsas. Sólo hay noticia de uno de los disfraces, el de un general disfrazado mitad Napoleón I y chino mandarín. El primer premio—20 pesetas—se lo llevó la comparsa dirigida por el corneta Juan García.
Lo siguiente fue la elevación de los globos grotescos, de la cual solo se conserva la imagen que encabeza el artículo.
Soldados de Sicilia, vestidos a la usanza tradicional—con el traje blanco y la respectiva faja colorada—, y acompañados respectivamente de “neskas”, bailaron el aurresku, destacándose entre todos ellos el soldado Claudio Tapia. Los aurreskularis fueron obsequiados con elegantes estuches de bombones.
Al aurresku le siguió la clásica verbena, en la que participaron el maestro Aroca y algunas bandas de música, ajenas a la del regimiento.
Se quemaron los fuegos artificiales de la pirotécnica Casa Espinós y también hubo una sesión de cine no programada, a cargo del soldado de cuota Julián López Echeniquia.
A las ocho de la noche la Banda y Música tocó la retreta, dándose por terminada la jornada festiva.
Todo esto ocurrió bajo la atenta mirada de un buen número de damas y señoritas, invitadas para la ocasión, que contemplaron los festejos desde el Cuarto de Banderas, donde fueron obsequiadas con un “lunch”. En la fiesta también estuvieron presentes gentes de todas clases sociales, además de periodistas.
“Las autoridades militares y civiles presenciando el paso del Regimiento de Sicilia”. Fot. Información.
SÁBADO 8, MISA EN SANTA MARÍA
El día era algo fresco, pero con sol. Las campanas volteaban avisando de la festividad del día. Temprano, la banda del regimiento, con cornetas y tambores, recorrió nuevamente las calles de la parte vieja, tocando composiciones populares.
A las once y media, se celebró en la iglesia de Santa María la solemne función religiosa en honor a la Patrona del Arma de Infantería, organizada por la Asociación de Señoras de la Inmaculada y el capitán Gil Arévalo. El templo estaba completamente iluminado. Al lado izquierdo del Presbiterio se había alzado un altar decorado con flores, luces y armas; en el centro la Virgen, coronada por luces eléctricas.
El público donostiarra, entre el fervor y la curiosidad, acudió en masa al templo y sus alrededores. Según “El Pueblo Vasco” “sus naves eran insuficientes para albergar á los numerosísimos fieles que acudieron”.
Ocuparon los asientos reservados personalidades como el gobernador militar, general Martínez Anido; el gobernador civil, conde de Pinofiel; el Comandante de Marina, Arnáiz; el vicepresidente de la Diputación, Urgoiti, y el alcalde Zuaznabar, además de comisiones de militares pertenecientes a los diferentes cuerpos de la guarnición. También las señoras de la Asociación tenían sitio reservado en el templo, a la derecha del altar.
El coronel Carlos Tuero O’Donnell, a la cabeza del regimiento Sicilia y portando la bandera regimental, entró en el templo seguido por dos batallones de “sicilianos”. En ese preciso instante, el órgano comenzó a tocar la “Marcha Real”. La tropa se situó en la nave central y la bandera fue entregada al oficial abanderado, que se colocó frente al altar de la Vírgen.
La cátedra del templo fue ocupada por párroco del Antiguo, Juan Lapeira, que hizo un panegírico dedicado a la Purísima Concepción, además de plática patriótica y militar acorde con la festividad. Terminado el sermón, el regimiento entonó su particular himno, acompañado por la banda de música.
Tras la misa se organizó el desfile militar. En el atrio de Santa María se colocaron las autoridades y, ante ellas desfilaron una sección de ciclistas, los dos batallones de Sicilia con bandera, con su escuadra de gastadores, banda y música. Al frente de los batallones marchaba el coronel Tuero, junto a varios jefes y oficiales retirados que vestían de paisano. Según También participaron en el desfile los reclutas excedentes de cupo, pertenecientes al reemplazo de 1916.
El desfile por la parte vieja debió ser dificultoso, a juzgar por lo que comenta “La Voz de Guipúzcoa”: “la calle Mayor era un hormiguero, tanto que el numeroso público impedía materialmente el libre movimiento de las fuerzas”. Otro diario, “El Liberal Guipuzcoano” lo comparaba con la “Semana Grande”.
Los batallones desfilaron por la calle Mayor, siguieron por el Boulevard—en el que también la concurrencia fue grande—, las calles de Hernani y Peñaflorida y volvieron al cuartel de San Telmo por las calles Legazpi y San Juan.
Hacia las doce y media, tras la llegada de las tropas al cuartel se sirvió el rancho extraordinario y, por la tarde, los soldados tuvieron asueto y siguieron disfrutando de los festejos.
Por desgracia, todo no fue perfecto aquel día. Durante la noche, en la calle “31 de agosto” hubo un lamentable incidente que tuvo como protagonistas un cabo, algún soldado de Sicilia y dos guardias municipales. Al parecer todo empezó en la calle Autonomía. El único periódico que se hace eco de esto—La Voz de Guipúzcoa—, no informa sobre el origen de la cuestión ni da más detalles.
“El coronel señor Tuero al frente de su regimiento al pasar por delante de las autoridades”. Fot. Información.
LUNES 10, MISA POR LOS CAÍDOS DE LA INFANTERÍA
Sobre el último día de fiesta no tenemos más información que la ofrecida por el programa y los vagos anuncios de la prensa sobre el acontecimiento.
Era de esperar que se celebrase de la siguiente manera: a las diez de la mañana, en la iglesia de Santa María la misa de Réquiem por los caídos del Arma de Infantería durante el año, organizada por la Asociación de Señoras de la Inmaculada Concepción y, como otros años, acudiría todo el regimiento de Sicilia.
A las doce, se supone, se celebraría un concurso de “tracción de cuerda”—es decir, la “sokatira” de toda la vida—, en el que se batirían las compañías por una copa. Los integrantes de los equipos serían recompensados con dos pesetas. En aquel momento, la 3ª compañía del primer batallón era portadora del trofeo, ya que el año anterior había sido la ganadora.
ION URRESTARAZU PARADA

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Visita del presidente de Portugal Bernardino Machado (1917).
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Ion Urrestarazu | 25-10-2017 | 10:00| 0

VISITA DEL PRESIDENTE PORTUGAL

BERNARDINO MACHADO

Hace 100 años de la visita del presidente de Portugal Bernardino Machado. A las 10 de la mañana, del 10 de octubre de 1917, llegó en tren especial a San Sebastián el presidente de la República de Portugal, Bernardino Machado, acompañado de su séquito.
“El presidente de Portugal en España don Bernardino Machado (1), jefe del estado portugués, al llegar a San Sebastián, en cuya estación fue recibido por nuestro monarca Alfonso XIII (2) y las autoridades”. Foto Ramón Alba. ABC.

LA LLEGADA 
A partir de las nueve y media de la mañana, comenzaron a llegar a la estación del Norte los coches y automóviles que conducían a las autoridades y personalidades invitadas al recibimiento del presidente Machado. Entre los presentes, se hallaban el ministro de Estado, marqués de Lema; el vicepresidente de la Diputación, Laffitte; el diputado provincial, Zulaica; el gobernador civil, conde de Artaza; el gobernador militar, Martínez Anido; el presidente de la Audiencia; el alcalde de San Sebastián Laffitte; el secretario de la delegación portuguesa; el director general de Seguridad, general La Barrera; el agregado militar de la embajada rusa; Paulino Caballero; Marqueze; el hijo del cónsul de Portugal—en representación de su padre—; el secretario del gobierno civil, Pastrana; el introductor de embajadores, Heredia; el ministro de Jornada, Palacios, varios agregados de las embajadas aliadas, muchas personalidades civiles y militares. También la prensa estuvo presente en el acto.
Se habían adoptado grandes medidas de seguridad—seguramente en prevención de sucesos como el intento de Huelga Revolucionaria ocurrido durante ese mismo verano—. En el interior de la estación había fuerzas de la Guardia civil y una compañía del regimiento de Sicilia, en traje de media gala, con bandera y música. No eran las únicas medidas de seguridad: en los extremos del puente María Cristina guardias civiles a caballo hacían guardia; mientras que en los alrededores de la estación fuerzas del Cuerpo de Seguridad acordonaban la zona.
A las diez menos cuarto, llegaría el capitán general de la región, marqués de Valtierra que, en seguida, revistó a las tropas allí presentes. Pocos minutos más tarde, también llegaría la comitiva de la Casa Real. El rey Alfonso XIII—vestido de capitán general, con casco—, venía acompañado del marqués de la Torrecilla, el marqués de Viana, el general Huertas y el coronel Querol. Una vez en el interior de la estación, el rey saludó a los allí presentes y revistó a la compañía del Regimiento de Sicilia. Alfonso XIII felicitó al capitán Saldaña, que mandaba la compañía, y al teniente coronel Enrique Masdeu Juliá, que mandaba dicho regimiento, “por el brillante estado en que se había presentado el piquete”. Hasta la llegada del tren, el monarca se entretuvo charlando con diferentes personalidades, en especial con el agregado militar ruso, vestido con el uniforme de capitán del ejército del Zar, y en advertir a las autoridades que les presentaría al presidente Machado, por lo que debían colocarse de acuerdo a su jerarquía.
A las diez, justo como se esperaba, llegó en tren especial del presidente de la República de Portugal, Bernardino Machado, acompañado de su séquito. Cuando entró en agujas, las fuerzas de Sicilia le rindieron honores y la banda interpretó el himno de Portugal. El presidente asomó la cara por una ventanilla y todas las personalidades presentes en el andén se descubrieron.
El presidente Machado descendió del vagón, sombrero en mano, y fue saludado efusivamente por el rey Alfonso. Luego, ambos pasaron a revistar la compañía del regimiento de Sicilia. Posteriormente, el presidente saludó a las autoridades españolas y a presentar a su séquito, entre los que destacaban: el presidente del consejo de ministros, Alfonso Costa; el ministro de Negocios Extranjeros, Soárez; el secretario general de la Presidencia, Barreto; el ministro de Portugal en España, Vasconcellos; el marqués de Gonzalvo, puesto a las órdenes del presidente para acompañarle durante su permanencia en España; el agregado militar español en Portugal, Almeida; el secretario particular de Alfonso Costa, Santos Taboada; Arturo Costa, hijo del Presidente del Consejo; D’Angelo Voz; el agregado militar español en Lisboa, el marqués de Camarena y varios periodistas y fotógrafos que les acompañaban. Tras las presentaciones, la compañía de Sicilia desfiló ante ellos, y, al pasar frente al presidente la bandera, Machado, que se hallaba descubierto, elevó su sombrero a modo de saludo.
Organizada en varios coches, la comitiva se trasladó al hotel María Cristina. Muchos curiosos presenciaron la escena. Una vez en el hotel, los portugueses se retiraron a sus habitaciones para cambiarse de ropa y descansar un poco. Mientras, el rey Alfonso, marchó al palacio de Miramar.
“El presidente Machado en San Sebastián. D. Bernardino Machado (1) con el presidente del consejo de ministros de Portugal, Alfonso Costa (2) y acompañamiento, ante el monumento de la reina doña María Cristina”. Foto Ramón Alba. ABC.

DE PASEO POR SAN SEBASTIÁN 
Hacia las once, el presidente Machado salió del hotel para darse un paseo por la ciudad—. Mientras salía, en la terraza, se encontró con un grupo de periodistas a los que saludó, y dijo: “He aquí al cuarto poder. Ustedes querrán que yo les diga alguna cosa. Pues deseo decirles que estoy sumamente complacido por las demostraciones afectuosas que he recibido desde que entré en España”. Confirmó que estaba satisfecho del viaje, pese a su brevedad, y que le agradaba que la entrevista con el rey Alfonso se hubiera realizado en San Sebastián, población que ya conocía y que le gustaba.
Tras charlar con los periodistas, montó en un coche de la Casa Real y se dispuso a dar una vuelta por la ciudad. En varios vehículos marchó la comitiva portuguesa, acompañada por el gobernador civil Artaza y el alcalde Laffitte. El primer lugar visitaron el parque de Alderdi-Eder, donde contemplaron el mar desde el voladizo y el ya desaparecido monumento del centenario. Según el diario “La Información”, elogiaron el monumento, en especial la también desaparecida estatua de la reina María Cristina. Luego se dirigieron al Paseo Nuevo, todavía en construcción, que también fue alabado y, luego, marcharon al monte Igueldo.
Mientras ascendían a Igueldo, se encontraron en la carretera con el rey Alfonso, que subía a pie acompañado de su secretario particular, Emilio de Torres. No le llegaron a saludar porque no le reconocieron.
Ya en Igueldo, Machado visitó las dependencias del Casino y admiró las vistas. En el restaurante, el alcalde Laffitte obsequió a todos los presentes con un lunch. Cabe destacar que, en el tema de la bebida, lo hicieron de la siguiente manera: los españoles tomaron Oporto y los portugueses bebieron Jerez. En el brindis, Machado levantó su copa haciendo votos por la prosperidad de ambas naciones y, cómo no, de la ciudad de San Sebastián, “su ciudad ideal”. El alcalde Laffitte, agradeció lo dicho y brindó, recíprocamente, por Portugal. Machado se despediría de Laffitte cordialmente, asegurándole que, cuando le fuese posible, a la vuelta de su viaje a Francia, volvería a San Sebastián a pasar “dos o tres días”.
Cuando la comitiva portuguesa iba a abandonar el monte, el introductor de embajadores Heredia les presentó a la marquesa de Lema, que estaba casualmente de paseo por la zona.
De Igueldo bajaron otra vez a San Sebastián, pasearon por la parte vieja, el boulevard, el paseo del árbol de Guernica y los alrededores de la Diputación. A eso de las doce regresaron al María Cristina, para volver a salir en automóvil a almorzar en el palacio de Miramar.
El presidente Machado en el monte Igueldo. Museu da Presidencia da República.
ALMUERZO EN MIRAMAR 
A la una del mediodía, el rey Alfonso obsequió a Machado con un almuerzo íntimo en el palacio de Miramar. No estuvieron solos, también estuvieron las reinas Victoria Eugenia y María Cristina; el presidente del Consejo, Alfonso Costa; ministro de Estado, marqués de Lema; ministro de Negocios Extranjeros, señor Soárez; secretario general de la Presidencia, Barreto. ministro de Portugal en España, señor Vasconcellos; el diplomático marqués de González, á las órdenes del Presidente, mientras su permanencia en España; introductor de embajadores, Emilio de Heredia; marqués de Viana; príncipe Pío de Saboya; ministro de Jornada, Palacios; marqués de la Torrecilla; jefe superior de Palacio, general Huertas; teniente coronel, marqués de Camarena, agregado militar de la Embajada en Lisboa; el secretario del rey, Emilio María Torres; coronel Querol; duquesa de San Carlos; la marquesa de Salamanca; el marqués de Castel-Rodrigo; los generales Huerta y Carranza, y otros invitados.
Hacia las tres, una vez terminado el almuerzo, que discurrió con cordialidad, la comitiva portuguesa se despidió de la familia real y marchó al hotel María Cristina, acompañados de los marqueses de González y Camarena y el introductor de embajadores Heredia, para prepararse para reanudar el viaje a Francia.
“El viaje del presidente Machado el jefe del estado portugués (1) y el presidente de su consejo de ministros (2), acompañados del ministro del estado español, Marqués de Lema (3), y el instructor de embajada, Marqués de Heredia (4), al salir del Hotel, en San Sebastián, para seguir su viaje a Francia”. Foto: Ramón Alba. ABC.
VIAJE A FRANCIA 
A las 15:30, tras cambiar de traje, se dispuso a partir para Francia la comitiva portuguesa. Machado se entretuvo algunos minutos en conversar con el marqués de Lema, mostrándole el agradecimiento por las atenciones recibidas durante la corta estancia en San Sebastián. En la terraza del hotel se despidió de los periodistas con una amable sonrisa y una inclinación de cabeza. En los alrededores del hotel se congregaron bastantes personas para despedirse del presidente. Tras esto, y en tres autos pertenecientes al palacio de Miramar, la comitiva marchó a Hendaya. Con ellos iba el gobernador civil, conde de Artaza, y el agregado militar de España en Lisboa, teniente coronel, marqués de Camarena.
Llegaron a Irún a eso de las cuatro menos cuarto, entraron por la entonces nueva Avenida de Francia, al final de la cual y a la entrada del puente sobre el Bidasoa, les esperaban para saludarles el alcalde de Irún, León Iruretagoyena; el primer teniente de alcalde, don Blas Echegoyen; el jefe de la Sección de Vigilancia gubernativa (policía), el capitán de la Guardia Civil y algunas personalidades más. El coche del presidente paró en medio del puente y de él se apeó el gobernador civil, el marqués de González y personal diplomático, que regresaron á San Sebastián. Tras esto, los vehículos cruzaron la frontera.
Una vez llegados a Hendaya, fueron recibidos por el general Debas, miembro del cuarto militar del presidente de Francia, Poincaré; un oficial de Marina; el prefecto y el subprefecto de Pau; el subprefecto de Bayona; el alcalde y el jefe de policía de Hendaya; el agregado militar de la embajada francesa en Lisboa, el embajador de Francia en Portugal, que vino desde París para acompañar al presidente; un hijo de Alfonso Costa, que era oficial del ejército expedicionario portugués; el cónsul general de Portugal en Bayona; el agente consular de Francia en Irún, Mr. Ramillon, y distintas personalidades, así como numeroso gentío. Una compañía de infantería del 49º regimiento de línea, con música, rindió honores al presidente Machado.
Tras los saludos, el presidente portugués se subió al tren presidencial, compuesto de cinco coches y enviado exprofeso por el presidente Poincaré. En el coche-salón, el presidente conversó con las autoridades francesas, mientras se disponía la salida del tren, el cual salió con 25 minutos de retraso, a causa del retraso del tren español que traía el equipaje. A las cuatro y media, el presidente de Portugal partió en tren especial hacia París, siendo ovacionado por los ciudadanos de Hendaya. El presidente Machado viajaría directamente hasta Verdún, donde se esperaba que llegase al día siguiente hacia las ocho de la mañana, y recorrería el frente de batalla acompañado de Alfonso Costa. El periplo por Francia iba a durar una media de quince días.
ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES:
  • Diario Vasco 1916-1919. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 2.
  • La Información: diario independiente. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • ABC. Miércoles 10 de octubre de 1917. Págs. 11 y 12.

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Las hazañas de “Kiki”, “Benitin” y Brujalada (1927).
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Ion Urrestarazu | 14-10-2017 | 10:00| 0

Fotos policiales de Kiki, Benitín y Brujalada

Fotos policiales de Kiki, Benitín y Brujalada

Las hazañas de “Kiki”, “Benitin” y Brujalada  (1927).

UNA CARRERA METEÓRICA

Durante la noche del 21 al 22 de agosto de 1927, la fonda de la Estación del Norte de Irún fue robada. Unos ladrones entraron por una ventana, llevándose 1.000 pesetas en billetes y monedas de plata. Durante el resto del mes, los ladrones decidieron visitar Hendaya, cometiendo en la villa fronteriza dos robos. Uno fue realizado en el comercio llamado “Palacio de Cristal”, donde, con toda tranquilidad, se llevaron objetos por un valor estimado en 8.000 francos. Dos días más tarde, mediante el método de la palanca, harían lo propio en “Villa Merkiena”, en cuya planta baja, ocupada por dos comercios de importancia, robarían objetos de valor—entre ellos relojes y cadenas— por un valor que rondaba los 10.000 francos.

En la noche del 15 al 16 de septiembre, darían su mayor golpe. Nuevamente en Hendaya, asaltaron el comercio “L’Elegance”, sito en la plaza del mercado de Hendaya. Tras saltar la cerradura de la puerta con la palanca, con pasmosa tranquilidad, arramblaron, como suele decirse, con todo lo que no estaba sujeto al suelo. Se hicieron con un botín muy completito: Unos 2.000 francos en metálico y gran cantidad de objetos, entre los que destacaban alhajas diversas de oro de ley, estilográficas, gemelos de teatro, relojes y, además, varias prendas entre las que había camisas de seda, chalecos de punto, tres trincheras, un abrigo, pañuelos, etc. Según confesión del dueño del local, el valor de los objetos sustraídos rondarían entre los 36.000 y 50.000 francos.

Los ladrones cargaron el copioso botín en tres maletas que hallaron en “L’Elegance” y, con la misma tranquilidad con que robaron, pasaron la frontera subidos a un tren de mercancías con dirección a San Sebastián. De allí, en un automóvil de alquiler, marcharon a Bilbao. Llegados a la Villa, visitarían a un perista del barrio de Solokoetxe, que, a sabiendas de que lo que le ofrecían eran materiales robados, adquirió toda la mercancía a cambio de unas escasas 556 pesetas. Los ladrones, posiblemente descontentos por la escasa ganancia, volverían pronto a las andadas.

En la noche del 24 al 25 de septiembre, volvieron a actuar en Irún. En esta ocasión, colándose por una ventana, entraron en “Villa Larrañaga”, propiedad del entonces alcalde de Irún, Luis Larrañaga. De allí sólo pudieron sacar una estilográfica “Fiat”, cien sellos de correo de 25 céntimos y varios de otros valores, una navaja con cachas de nácar y algunos objetos más de escaso valor. Seguramente, viendo el escaso resultado obtenido, durante la misma noche decidieron improvisar otro golpe en la ciudad fronteriza.

La nueva víctima elegida fue el “Bar de la Frontera”, propiedad de Bautista Bergés. Tras el palanquetazo y asalto a la caja normativos, consiguieron 40 ptas. en calderilla y 15 en plata. Visto que el botín les pareció insuficiente, con total descaro se dieron un banquete con los géneros del local. Tras alegrarse el espíritu a base de pan y queso, rehogando todo ello con vino, dejaron como recuerdo de su “visita” una nota en la que afirmaban, con total recochineo, que “habían tenido mucho gusto en probar géneros tan excelentes”. Ahí no acabó la cosa.

Dice un dicho que con pan y vino se anda el camino, y nuestros protagonistas lo cumplieron. Esa misma madrugada, decidieron darse un paseo y visitar el “Stadium Gal”. Allí, en la caseta de jugadores, decidieron despachar dos botellitas de vino que se habían traído del bar junto con las tan necesarias copas. Tras agarrarse una buena melopea, y encontrar un balón, se pusieron a jugar al fútbol bajo la lluvia. Después de unos cuantos chutes, se retiraron a la tribuna de prensa a seguir bebiendo, donde quedarían para la posteridad, simétricamente alineadas sobre una mesa, las botellas y las copas.

Tras su última aventura, nuestros protagonistas desaparecen por un tiempo. Al parecer, se refugiaron en Bilbao, dedicándose, entre otras cosas a la juerga y a realizar algunos menesteres de su oficio. Pero, como suele decirse, la avaricia rompe el saco. Pronto tuvieron que salir de Bilbao y la cosa se torció aún más cuando volvieron a Guipúzcoa. En Rentería intentaron penetrar en el depósito de gasolina de la viuda de Londáiz, situado en la bifurcación de la carretera de Oyarzun. Allí, los serenos los sorprendieron infraganti y, tras echarles el alto y viendo que se resistían, los rechazaron a tiros. Huyendo por el campo como iban, uno de los ladrones acabó cayéndose por un barranco, resultando herido de escasa gravedad.

LOS CACOS: KIKI, BENITÍN Y BRUJALADA

Hagamos un alto para presentar a los, hasta ahora, desconocidos protagonistas de esta historia. Veamos quienes eran:

Serafín Vázquez González, alias “Kiki”, de 20 años de edad, natural de Celanova (Orense). Excorneta del regimiento de Sicilia, fue expulsado del mismo por conducta “depravada”. Dos años antes había sido detenido por un robo en el establecimiento “El Rey de los Impermeables” de Hendaya, siendo detenido en unión de otro delincuente llamado Azpiri. Cuando se hallaba preso en el cuartel de San Telmo, se evadió por el retrete., tras lo cual sería detenido como desertor. Le sirvió de abono para la menor responsabilidad de los delitos cometidos, el no haber cumplido diez y ocho años de edad.

Benito Fernández Michelena, alias “Benitín”, de 19 años —20, según otras fuentes—, era natural de Irún y de oficio mecánico.

Fernando Brujalada Ruiz, de 31 años —24, otras fuentes—, era natural de Jaca.

Los tres eran expertos en la materia del robo, y viejos conocidos de la policía.

LA INVESTIGACIÓN

Al principio, la policía estaba desconcertada a causa del número de robos. Tres agentes serían los encargados de la investigación: Mateo, Olave y Reales. A estos se les unirían dos policías procedentes de Bilbao—uno de ellos el inspector Vela—, que también buscaban a nuestros protagonistas por un robo sucedido en la Villa. Pero no sería hasta octubre, cuando obtendrían la primera pista fiable. En los partes de viajeros que llegaban al Gobierno civil, vieron que en un casa de huéspedes de Chominenea, propiedad de Agapito Díez —mezcla de bar, estanco y hospedería—, aparecían los nombres de tres individuos fichados: nuestros protagonistas. A partir de aquí, la cosa fue rodada.

El día 5 de octubre, con las debidas precauciones, los agentes se presentaron en Chominenea con la intención de darles caza; pero los “pájaros” habían volado. Sólo pudieron averiguar que la banda llevaba allí hospedada desde el día anterior. Al día siguiente, muy temprano, volverían a intentar nuevamente su captura, ya que tenían miedo de perderles la pista. Comprobaron que los delincuentes no habían pasado la noche en la casa de huéspedes; pero que sí habían estado en el bar-estanco hacía un momento. Los agentes consiguieron averiguar que la banda estaba reunida en el monte Ametsagaña, en un montículo cercano al camino del ya desaparecido Sanatorio, a unos 600 metros de la casa de huéspedes. Desde aquella posición, los ladrones podían ver todo lo que sucedía en torno al valle de Loyola. Así que a los policías no les quedó más remedio que intentar una nueva estrategia.

LA CAPTURA

En los cercanos Cuarteles de Loyola, los agentes se entrevistaron con el coronel Mateo, del regimiento de Sicilia, para pedirle que les prestasen algunos soldados. El coronel accedió, seguramente entusiasmado por lo curioso de la situación. Fueron tres los soldados escogidos para la misión: Tirso Aguado Alonso, Luis del Teso Gutiérrez y José Larrañaga Aspiazu.  La estrategia a seguir por éstos era sencilla: subir al monte, como dando un paseo, entrar en contacto con los ladrones y entretenerles hasta que la policía tomase posiciones para poder sorprenderlos y capturarlos. Así se hizo.

Los soldados se acercaron a los ladrones, que tendidos en la hierba, estaban a la expectativa. Los soldados se sentaron en el suelo, a cierta distancia, como ajenos a la presencia de la banda. Pasados unos minutos, los soldados saludaron a los ladrones, y trabaron conversación, empezando con una temática tan típica como “el tiempo”, para proseguir con otros temas, como los bailes de Loyola y Rentería o la vida militar. La conversación se fue animando, llegando a hablarse de mujeres y a fanfarronear sobre conquistas. Mientras, los agentes comenzaron a tomar posiciones.

Tras percatarse de la presencia de los policías, y que el encuentro con los soldados era una trampa, los cacos tomaron, cada uno por su lado, las de Villadiego. “Benitín” huyó monte arriba, siendo perseguido por el agente Reales y un soldado, dándole caza tras una larga persecución. Brujalada hizo lo propio, pero monte abajo, perseguido por el agente Mateo, los policías bilbaínos y otro soldado; terminaría siendo detenido en una bocacalle, tras haber conseguido cruzar el puente de Loyola. “Kiki” también huyó monte abajo y, justo cuando el agente Olave y el tercer soldado restante lo iban a capturar, se tiró, vestido como estaba, al Urumea; intentó cruzarlo a nado, pero no lo conseguiría, porque el agente Olave le amenazó con dispararle, consiguiendo así amedrentarlo y que deshiciera lo nadado. La pintoresca persecución llamó la atención de los loiolatarras, que desde las ventanas de sus casas admiraron el singular espectáculo, que debió resultar bastante cómico.

EL FINAL

Una vez detenidos y esposados, “Kiki”, “Benitín” y Brujalada fueron llevados en tranvía al Gobierno civil. Allí, los cacos confesaron con total tranquilidad todos los robos —incluido el realizado en Bilbao—, dando detalles que confirmaban su implicación. También se comprobó que los detenidos llevaban chalecos de punto robados en “L’Elegance”. El 7 de octubre, serían fotografiados para la ficha en el gabinete atropométrico, a cargo del agente Castellar; fotos que serían facilitadas a la prensa—y que acompañan al artículo—. Y, como era de esperar, nuestros protagonistas terminaron con sus huesos en la donostiarra  cárcel de Ondarreta.

Mientras, en Bilbao, el agente Vela detendría al perista de Solokoetxe, pudiendo recuperar varios objetos robados en “L’Elegance”, averiguando, además, que algunos objetos ya habían sido vendidos a algunos comerciantes de la villa.

ION URRESTARAZU PARADA

 

Almacenes "A L'Elegance", de Hendaya

Almacenes “A L’Elegance”, de Hendaya

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Batalla campal en Loyola (1922).
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Ion Urrestarazu | 12-10-2017 | 10:07| 0

Barrio de Loyola, a principios del siglo XX. Guregipuzkoa.

Batalla campal entre gallegos y navarros

en los Cuarteles de Loyola

En la tarde del 11 de octubre de 1922, en las obras de construcción de los Cuarteles de Loyola, comenzó una agria disputa entre los obreros allí presentes. Al principio, discutieron por cuestiones del oficio, pero pronto pasaron a mayores y saltaron a rivalidades étnicas.

Viendo lo que iba a ocurrir, los encargados de la obra corrieron en busca de la guardia rural, en un intento desesperado para poner orden en la escabechina que iba a suceder.

Los obreros, gallegos y navarros principalmente —parece que hubo también riojanos de por medio—, formaron bandos según patria y, para empeorar aún más las cosas, echaron mano de las herramientas de la obra para atizarse mutuamente. Azadas, palas y picos pasaron a convertirse en armas de guerra, y, así, la pelea comenzó.

Aquello habría terminado aún peor si los guardias no hubieran llegado a aparecer. Estos, no sin dificultades, pudieron poner orden entre la belicosa turba.

El resultado de la reyerta, por suerte, no llegó a ser tan grave como cabría esperar. Al parecer, sólo hubo dos heridos de consideración. Uno, Manuel Fernández, terminó con una fractura abierta en el tercio medio del cubito izquierdo—es decir, el antebrazo izquierdo—; el otro, Marino Goicoechea, acabó con una contusión con erosión en la región costal izquierda.

Pese a que en la pelea intervinieron más obreros, los agresores detenidos fueron: un navarro de Artajona, llamado Aniceto Guembre, el ya mentado Goicoechea y un gallego de Pontevedra, llamado Bernardino Camiña. Todos ellos fueron detenidos y conducidos al Gobierno Civil, en la calle Oquendo.

ION URRESTARAZU PARADA

(Donostiando)

FUENTES:

  • La Voz de Guipúzcoa. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • La Tierra. Jueves 12 de Octubre de 1922.

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento