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Cecilia Casado

A partir de los 50

Nuevo curso, igual rutina

 

Nos acercamos al final de la temporada veraniega y a la agonía inexcusable de las vacaciones. Con el mismo mes de Septiembre de todos los años, comienza el nuevo curso en lo lectivo –que ha tenido vacaciones- y en lo político –que sigue haciendo pellas. Pocas cosas cambiarán y muchas seguirán siendo lo mismo, pero hay que hacerse la ilusión de que se estrena algo; aunque sea una página en blanco en el calendario vital.

Esta mañana me he despertado muy pronto, como siempre, con el trino de los pájaros junto a mi ventana. Los árboles del jardín se enseñorean de mis sueños y doy gracias de que son seres vivos y no ladrillos los que los entretejen.

No tengo televisión a mano –ni falta que me hace- y me llegan las noticias (tristes o desafortunadas todas) al ritmo que le marco al buscador de mi smartphone, que es más bien lento y moroso. No es que no quiera saber, es que no necesito saber…tanto y tan poco a la vez. Lo que es y su contrario, el discurso surrealista de quienes mueven los hilos en una maraña parkinsoniana, ya hay futbol cada día y los ciclistas siguen pedaleando mientras se decide que, como ha empezado el nuevo curso, hay que comprar “equipo” nuevo. Es decir, a gastar para que no se diga. Vamos a las tiendas por la “new collection” de lo que nos quieran vender convencidos de que no queda otro remedio, que lo del año pasado ya no vale, está obsoleto socialmente, de que todo puede seguir igual excepto la ropa del armario.

En mi tierra siguen las fiestas. Las regatas y los festivales. Todo es gloria y jolgorio y me alegro de que la gente dé rienda suelta a su alegría, si es que ésta es sincera y no impuesta. En “mi otro mar” tampoco andan a la zaga aunque aquí el festejo tiene otro ritmo, menos bullanguero, más sosegado, iba a decir que igual es porque se bebe menos, aquí no hay tantos bares ni la cultura sempiterna de que no hay fiesta sin borrachera o eso parece al menos en las calles. Se siguen bailando sardanas, comiendo sardinas y montando castellets; igual que en casa pero con “esteladas” en los balcones.

Vivimos bien, más que bien, aunque haya agoreras voces que se empeñen en decir que esto se acaba, que viene Paco con la rebaja. Se sigue publicando en portada los millones de euros de beneficio que obtienen “los unos”, mientras “los otros” pelean por el penúltimo recorte empresarial, sanitario, educacional o de cualquier institución que ha dejado libre de toda sospecha la partida presupuestaria para las fiestas mientras se cargó de un plumazo algunas ayudas de primera necesidad.

No sé, estoy un poco rara esta mañana y creo que necesito tomar el aire para reubicar mis pensamientos. Pero el aire es africano, hace mucho calor incluso antes de las ocho de la mañana y noto que no estoy “católica”. (Vaya expresión poco afortunada, deberíamos revisarla)

Septiembre es un poco como Enero, mes de ilusiones y proyectos. Se abre la inscripción en cursos que en muchos casos no sirven para mucho más que para llenar espacios de la gente que se ha quedado aburrida en su proyecto de vida. También se llenarán los gimnasios, que los excesos veraniegos pasan factura y hay que volver a ponerse en forma. Los amores de verano también fenecerán, esos que venían ya con la obsolescencia programada como los faros halógenos.

Pensaba ir con Elur hasta la playa para que huela el salitre de las algas que adornan la arena, pero me temo que no pasaremos del jardín. Intentaré explicarle que, a veces, no debemos luchar contra los elementos sino adaptarnos a ellos y saber aceptar que las cosas no son siempre como nos gustaría que fueran, que aunque digan que se inaugura un nuevo curso, es falacia repetida tanto que casi casi se ha convertido en verdad, pero es la misma rutina de siempre, no nos engañemos. Seguramente él no lo entenderá y sentiré que en eso somos iguales: yo tampoco entiendo muchas cosas.

En fin.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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