“Rising”. Bollywood cuenta el Motín de los cipayos (1857-2005) | El correo de la historia

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Carlos Rilova

El correo de la historia

“Rising”. Bollywood cuenta el Motín de los cipayos (1857-2005)

Por Carlos Rilova Jericó

La película a la que voy a dedicar este nuevo correo de la Historia se presenta como la más ambiciosa producción de Bollywood. Y lo es. Pero es muy Bollywood. Me explico por si hay alguien, todavía, al otro lado de esta pantalla que no tenga noticias muy exactas de qué es Bollywood y su Cine.

La cosa empezó en 1970 pero saltó a la fama mundial, por así decir, allá a comienzos del año 2000, cuando antes de la enésima recesión económica mundial, India se mostraba como una economía emergente de las más pujantes. Tanto que formaba parte del acrónimo BRIC. Juego de palabras entre “ladrillo” en inglés y las iniciales de varias de esas economías emergentes: Brasil, Rusia, China… y, claro está, la de la India.

Como esa joven república, fundada en 1950, empezaba a ser un país rico -o al menos con más recursos económicos- este maná financiero se empezó a verter en algo en lo que los estados fuertes -o con pretensiones de serlo- suelen invertir rápidamente. Es decir, en ofrecer una imagen muy medida de su pasado, de los hechos históricos en los que se ha fundado esa nación o estado.

Fenómeno que se ha visto con mucha intensidad en la Rusia de las dos últimas décadas -como ya comentaba aquí mismo hace dos semanas- y algo menos en la India, donde el dinero para el Séptimo Arte se invirtió, sobre todo, en un peculiar género de Cine musical que, sin embargo, ha conquistado el Mundo.

Eso, básicamente, es lo que se entiende por “Bollywood”. Palabra formada por Bombay y Hollywood. Otro juego de palabras que quería dar a entender que Bombay se había convertido en el Hollywood indio.

Todas las películas que han salido de dicha factoría tienen, sin embargo, una narrativa muy especial. Similar a los cánones del Cine occidental, pero con una serie de tópicos propios de la cultura tradicional india.

Así, por ejemplo, los besos entre actores y actrices están absolutamente prohibidos. Desde luego se insinúan posturas sexuales muy explícitas, incluso el contacto boca a boca, pero nunca realizado como el que podríamos ver en el Cine occidental desde casi sus comienzos. Incluso a despecho del famoso “Código Hays”.

Otra de las características de Bollywood, la más conocida desde luego, es la de incluir números de canto y danza con complejas coreografías.

Todo eso podemos encontrarlo en “Rising”, la película de la que quería hablar hoy. Sin embargo, esa cinta tiene otros contenidos que, en efecto, van más allá de lo que suelen ser las habituales producciones bollywoodienses.

Para empezar, se trata de un relato ambientado en el pasado y no, por cierto, en uno semimítico de cuento oriental. “Rising” describe uno de los momentos más crudos de la Historia de la India: el del llamado Motín de los cipayos, que tiene lugar en 1857. Justo cien años después de que el aventurero Robert Clive conquistase para la Compañía de las Indias Orientales británica el subcontinente, arrebatándoselo al reino de Francia que ya había tomado posiciones allí.

Entre número musical y número musical, “Rising” explica, además, el proceso histórico que llevará, finalmente, a la insurrección de los soldados cipayos que servían a esa misma compañía de las Indias Orientales.

El encargado de hacerlo es uno de los capitanes -europeo, por supuesto- que manda una de esas compañías cipayas: William Gordon, más que solventemente interpretado por uno de los actores occidentales que forman parte del reparto de esa película.

Esa es, quizás, desde el punto de vista del historiador, la mejor parte de “Rising”. William Gordon, en efecto, da una magistral lección de Historia económica, explicando en apenas dos minutos qué es lo que realmente hace la Compañía de las Indias Orientales en el subcontinente indio: fundamentalmente controlar un rico territorio estratégicamente situado que, además, permite cultivar cantidades ingentes de amapolas, de las cuales se saca el pan de opio que, como Gordon señala, es llevado a China para, con el tráfico de esa droga, poder comprar allí el té y otras mercancías orientales, como dice el propio capitán británico, que tanto ansían en Europa.

Todo el discurso, además, se realiza en una muy civilizada y encorsetada reunión de nababs y sahibs blancos que en nada puede envidiar a las celebradas en esa misma época en el Londres de la reina Victoria.

La película desata en ese mismo momento un nudo gordiano esencial para comprender aquellos hechos históricos. A saber: el de la compleja sociedad nativa y el de la no menos compleja sociedad británica que se ha impuesto sobre ella desde 1757.

En efecto, uno de los más altos dignatarios de la Compañía presente en la reunión, afea a William Gordon su actitud y empieza a indagar en su historia personal, sacando a relucir que Gordon es un paria dentro de la sociedad privilegiada formada por los blancos destinados a la India: es católico y eso explicaría su descreimiento, su cierto cinismo a la hora de describir tan crudamente la supuestamente alta misión británica en la India que, en realidad, fue tan cínica como Gordon la describe.

A ese respecto “Rising” nada deja que desear y ahonda donde el amable cine de entretenimiento de Bollywood no suele atreverse a indagar. Así muestra una India en la que se sigue practicando el “Satí”. Es decir, la cremación de la viuda junto con su difunto marido. Ritual prohibido por los británicos y que Gordon, ayudado por Mangal Pandey -cipayo a sus órdenes y futuro líder del Motín- llega a interrumpir. Encontrando de paso a la mujer de la que se acaba enamorando. Justamente a la que salva de las llamas.

No oculta la película que los blancos, los nababs, los sahibs, han impuesto esa prohibición que, naturalmente la India actual -al menos la más desarrollada, urbanizada, industrializada…- encuentra abominable. Aunque, como se ve en “Rising”, esa India actual no tiene inconveniente en reflejarlo en esta película como parte de su Historia, en un gesto de madurez intelectual que honra a ese país.

Tampoco oculta “Rising” la incultura y superstición de muchos indios de la época que creen, por ejemplo, que el telégrafo que se está tendiendo en esos momentos en la India por los británicos, está hecho con “pelos de bruja”. O, igualmente, tampoco niega “Rising” el desprecio de la casta brahmán frente a los parias y las demás castas inferiores, claramente distinguidas por su color de piel más oscuro. Aunque para los blancos todos los indios sean simples “negros”. Tal y como queda explicitado por alguno de los personajes más negativos de la película. Uno que, sin embargo, no tiene impedimento en practicar el adulterio con mujeres casadas británicas y, al mismo tiempo, tener abundantes aventuras con prostitutas indias en los burdeles que la Compañía organiza para uso y disfrute de sus oficiales…

Como vemos “Rising”, pese a sus ribetes bollywoodienses -¿tal vez inevitables?-, ofrece una muestra bastante exacta de aquellos hechos del año 1857.

También establece, eso hay que decirlo, todo un relato histórico que nos revela cómo se ve a sí misma la India actual hoy día.

Se trata, a juzgar por esta película, de un país que asume su pasado con todas sus luces y sombras y considera que el motín fracasó por una serie de complejas causas. Incluida la actitud de la clase nobiliar nativa, que va a lo suyo en ese levantamiento, abominando de las tendencias democráticas detectadas entre los cipayos. Sin embargo, la trama de “Rising” no se queda en esa abstracción pesimista, sino que explora qué ocurrió después. Así el relato que hace la película es históricamente cierto en lo sustancial: el motín cipayo acabará con el poder omnímodo de la Compañía de las Indias Orientales sobre la India, que pasa a control directo de la Corona, de la que, sin embargo también se librará -no se ahorran imágenes de la represión del movimiento nacionalista indio en los años 20 y 30- para convertirse en la nación independiente que es hoy día.

En suma “Rising” es una interesante lección de cómo se puede narrar el pasado de una nación de la que, sin duda, deberíamos tomar nota en un país que, según parece, vive todavía obsesionado con episodios como la derrota de Cuba y Filipinas en 1898 e incapaz de poner en orden sus ideas sobre cómo debe interpretar históricamente una democracia episodios como la Guerra Civil de 1936-1939 y la larga dictadura que la siguió…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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