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Carlos Rilova

El correo de la historia

Los franceses y su (buen) manejo de la Historia: notas sobre Thierry la Fronde (1359-1963)

Por Carlos Rilova Jericó

Se suele caer, a menudo, en la descripción tópica de los países del mundo diciendo que son “el país de…” (rellénese ahí la línea de puntos con lo que mejor parezca). En algunos casos la broma, o la liviandad, se suele llevar lejos. Por ejemplo hay un célebre corte de un episodio de la veterana serie de humor “Los Simpson” en el que se describe a los alemanes como la gente de “el país del chocolate”.

Pero en algunas ocasiones esta forma tan típico-tópica de discurrir podría resultar acertada. Por ejemplo si dijéramos que Francia es “el país de la Historia”.

Sí, es imposible no reconocer que, dentro de Europa, la Francia de los últimos cien años, ha sido el país de la Historia. Donde se consolidó como auténtica ciencia social gracias a Lucien Febvre y Marc Bloch en esas fechas y donde ha florecido a unos niveles que no se han alcanzado en otros países.

Y eso podemos verlo, aparte de en mucho otros detalles, sin salirnos de ese medio, la Televisión, con el que, por alusiones a “Los Simpson”, comenzaba este nuevo correo de la Historia.

Viajemos en el tiempo hasta el año 1963. En esa fecha la ORTF (el equivalente, más o menos, de la RTVE española) estrena la que, como dice el DVD del que soy feliz poseedor, será una serie mítica de la Televisión francesa.

La serie en cuestión, “Thierry la Fronde”, ya la conocía yo de vista porque desde 1963 sembró Francia de productos promocionales -libros para niños y jóvenes sobre todo- que todavía miran desafiantes desde las estanterías de los avezados brocantes franceses y las no menos avezadas “bouquineries” o librerías de ocasión de ese mismo país.

La primera impresión que se saca de esos restos venerables, es que “Thierry la Fronde” era una serie que tenía como protagonista a un Robin Hood francés. Desde las portadas de esos libros, en efecto, un joven caballero -interpretado por Jean-Claude Drouot- vestido a la última moda de diario de mediados del siglo XIV, nos mira con una sonrisa desafiante, rodeado de una tropa de compañeros variopintos (incluida una adorable equivalente a la Marian de Robin Hood, Isabelle, interpretada por Céline Léger) como retándonos a pasar por la parte de la floresta medieval francesa que ellos controlan.

Pero vayamos más allá en la historia del personaje. Este Thierry la Fronde no era un salteador de caminos más de los muchos que infestaban la Europa medieval, aún cubierta de bosques de lo más apropiado para esos menesteres. Ni siquiera un Robin Hood o un rebelde primitivo de los que nos hablaba un magnífico libro del historiador Eric J. Hobsbawm. Ni mucho menos. Thierry la Fronde es una emanación televisiva de esa Francia que, como decía, bien podríamos llamar el país de la Historia. La ORTF del pleno Gaullismo no podía conformarse con nada menos que con las aventuras de un pequeño noble francés que, traicionado por su propio administrador, debe convertirse en proscrito para luchar contra la ocupación inglesa de Francia en los comienzos de la que luego se llamará Guerra de los Cien Años. Esa que los franceses consideran -con razón- una de sus gestas históricas fundacionales.

Así, durante 52 episodios, entre 1963 y 1966, Thierry de Janville, reconvertido en el proscrito Thierry la Fronde, lucha contra esa ocupación inglesa y por lograr que Francia sea restaurada en su totalidad. Por supuesto con el Bien y la Justicia de su lado, aunque los ingleses lo consideran como poco más que un despreciable fuera de la ley que debe ser ajusticiado así se le ponga la mano encima.

Con esta serie, por supuesto, lo que consiguió la sociedad francesa -liderada ahí por la ORTF- es crear nuevamente un relato histórico en el que todo se cuenta desde el punto de vista francés.

De ese modo el príncipe Eduardo de Inglaterra, conocido como el Príncipe Negro, deviene en la serie el supervillano al que deben enfrentarse Thierry y su banda de pequeños héroes. Y los ingleses en general -su soldadesca dada a insultar a los buenos franceses tirándoles por tierra la mercancía, cometiendo contra ellos toda clase de atropellos a golpe de mano cubierta de guantelete de malla- son, en “Thierry la Fronde”, el equivalente a las habituales tropas de malvados que los héroes primigenios derrotan en numerosas ficciones. Ya sean escritas, televisadas, para el Cine…

Así, sobre ese telón de fondo que no es más que la enésima reinterpretación del viejo tema del llamado -en el Motif Index- “el viaje del héroe”, la ORTF, el ente de radio-televisión de la prospera Francia de la segunda mitad del siglo XX, continuó instruyendo al público francés sobre su propia Historia, sobre la fundación de la nación en los tiempos medievales y, por tanto, heroicos de la Guerra de los Cien Años.

Y no sólo al joven e impresionable público francés, sino, hazaña entre las hazañas, al coriáceo público anglosajón, que compró la serie y la emitió por toda la Commonwealth. De hecho, hasta Polonia compró esta historia de un antiguo noble francés devenido guerrillero anti-inglés.

La serie parece haber estado a la altura del tiempo en el que se hizo (pese a ser rodada en un blanco y negro que las producciones norteamericanas de más éxito, como  “Bonanza”, ya habían desechado). Recordemos que en 1963 ya han empezado las guerras de descolonización, que en Inglaterra especialmente ha surgido una juventud de posguerra opulenta y de mente revisionista que no ve con simpatía el imperialismo y las ocupaciones militares y que parece encontrar atractivas las historias de rebeldes y “outsiders”. Como este Thierry que elige un arma plebeya para identificarse. La honda (“fronde”) que, sin embargo, tiene un significado político ambiguo en la Historia política francesa, pues durante la regencia del cardenal Mazarino y Ana de Austria, a mediados del siglo XVII, era también el arma que identificaba a la nobleza levantada, por enésima vez, contra la autoridad del rey, quedando así identificada la palabra “fronde” con la idea de rebelión. O casi revolución.

Tal planteamiento de la Historia medieval francesa a través de Thierry la Fronde (él sin embargo, por lógica, cerradamente leal a los monarcas franceses por los que sufre persecución) es, una vez más, una admirable prueba de cómo los franceses, sin histerismos, ni chocarrerías de ninguna clase, saben manejar su Historia como una Historia de triunfo en general, de éxito. En la que, finalmente, todo queda bien asimilado y ensamblado. Incluso la juventud rampante “frondeuse” -o “frondista”- que en Francia acabará tomándose la Justicia por su mano, ya fuera de las pantallas de Televisión, en el famoso Mayo de 1968.

Si a esto añadimos que en “Thierry la Fronde” uno de los peores villanos -aparte del Príncipe Negro- es nada menos que el rey Carlos II de Navarra, conocido como “el malo”, muerto en Pamplona el 1 de enero de 1387, quizás a este lado de los Pirineos deberíamos empezar a preguntarnos qué hemos estado haciendo mal con la investigación, asimilación, narración y difusión de nuestra propia Historia. Desde 1963. Por lo menos…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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