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Carlos Rilova

El correo de la historia

La “Ciencia”, la Historia, los moriscos y la Leyenda Negra de nuevo

Por Carlos Rilova Jericó

La semana pasada me llegó, vía Internet, un artículo ya antiguo de la revista de divulgación “Muy Interesante”. Su fecha original era 25 de mayo del año pasado. Sin embargo, no sé la razón, ese contenido seguía circulando por Google de manera automática. Como una especie de nave del Holandés Errante, perdida en los vastos mares del éter de la red de redes. En cualquier caso, pese a esa obsolescencia, me ha parecido un tema interesante para un nuevo correo de la Historia.

La principal razón para ese interés es el asombroso contenido de ese artículo con un título tan llamativo, y con algo de aroma a Periodismo de la época heroíca de William Randolph Hearst y similares, como “Estudio de ADN antiguo en España revela una limpieza étnica que borró siglos de historia”.

El contenido del artículo así titulado era, en efecto, llamativo. Según lo que contaban los dos autores que lo publicaban (el físico y divulgador Eugenio M. Fernández Aguilar y Erica Couto, “Historiadora y asirióloga”) un estudio genético realizado sobre doce históricos difuntos de la actual Comunidad Valenciana revelaba que la presencia de genes de origen norteafricano en esa zona de España se había reducido, drásticamente, a partir de los años 1609 y 1613, cuando culminaba la expulsión de los llamados “moriscos” que subsistían allí desde el fin de la Reconquista cristiana de la Península en el año 1492.

Los autores del artículo sacaban en conclusión a partir de ahí que esa expulsión, llevada a cabo en el reinado de Felipe III, había sido, en sus propias palabras, un acto de violencia institucional y algo que calificaban además con el feo nombre de “limpieza étnica”…

Puedo comprender que por parte de Fernández Aguilar, como físico, hubiese un error propio de la “visión en túnel” descrita por el ingeniero Arnold Pacey en uno de sus trabajos. Es decir: la incapacidad de algunos profesionales de esa que llaman “Ciencia dura” (la Física, las Matemáticas, las distintas ingenierías…) de ver más allá de una realidad reducida a cálculos numéricos. Algo más extraño me resulta eso mismo en Erica Couto, que firmaba como historiadora.

Aunque quizás esto no sea tan sorprendente si tenemos en cuenta que en el mundo académico español se vuelve últimamente a hablar de “limpieza étnica” en relación a esa expulsión. Por ejemplo en obras como la dirigida por Mercedes García-Arenal y Gerard Wiegers, “Los moriscos: expulsión y diáspora. Una perspectiva internacional”, que pese a sostener como linea editorial que no debería aplicarse ese romo presentismo a aquellos hechos, sí dejaba espacio en ese libro para que algunos de los participantes usasen esa descripción, totalmente presentista, de los hechos.

Algo que debería estar completamente fuera de lugar, el uso de ese término, propio de regímenes totalitarios del siglo XX como el Estalinismo y el Nazismo, para un caso español de 1609-1613. Y más fuera de lugar debería estar insistir sobre ello enmendando la plana a la Historia por medio de estudios genéticos, que pueden ser útiles como ciencia auxiliar de la Historia pero que, en realidad, lo que vienen a decirnos, en artículos como el publicado en “Muy Interesante”, es que la “Ciencia” de verdad es la que se elabora en laboratorio. Con productos químicos, probetas, viales, matraces y elementos similares como las batas blancas -ese gran complejo de algunos que sin ella no se sienten “científicos”- y que “cosas” como la Historia son simples divertimentos carentes de verdadero carácter científico.

Algo que, al parecer, era el objetivo de ese artículo, ninguneando así a diversos historiadores (algunos de la gran talla de Antonio Domínguez Ortiz) al afirmar tácitamente que el asunto de la expulsión de los moriscos no había sido correctamente explicado hasta que se hicieron esos estudios genéticos sobre restos orgánicos de la época. A lo que además se añadía en ese artículo, tras el escudo de esa “Ciencia” tan “científica”, una chirriante lectura política que está rigurosamente eliminada de la Historia como ciencia social a partir de comienzos del siglo XX.

Quien no sepa de que estoy hablando (sea biólogo, genetista, físico o incluso algún que otro historiador o historiadora…) debería leer un artículo de Lucien Febvre titulado “Contra los jueces suplentes del Valle de Josafat” donde -va para un siglo ya- se establecía la línea metodológica a seguir por los historiadores que saldrían desde entonces de numerosas facultades, señalándoles que, a diferencia de los anteriores, no debían entrar en esa clase de juicios de valor. Tan sólo estudiar el caso, describirlo de la forma más aséptica posible y tratar de hacer entender lo ocurrido cien, doscientos, trescientos… años atrás a su propia época que, evidentemente, aun descendiendo de esas otras sociedades, era el reflejo de un mundo ya muy distinto. Compleja labor que, evidentemente, requería de especialistas que pudieran realizar dicha tarea de estudio, investigación y comprensión de ese pasado con las mismas garantias con las que un ingeniero hace un puente o una bióloga decanta una fórmula para un medicamento de uso humano.

Nada de eso he encontrado en ese artículo divulgativo de “Muy Imteresante”. Nada porque ahí hay juicios póstumos, y muy burdos, hacia la España de Felipe III. Como por ejemplo suponer que hubo en ella un ataque deliberado contra pacificas poblaciones de moriscos que tan sólo querían vivir en paz practicando su antigua religión, rechazando convertirse.

Un simplismo atronador donde se pasa por alto, escudándose en la “Ciencia dura”, “científica”, estudios muy promenorizados sobre el asunto. Como los del ya aludido Antonio Domínguez Ortiz o bien otros más recientes como el firmado por Trevor J. Dadson, titulado “Tolerancia y convivencia en la España de los Austrias”, donde se llama al matiz y a atender a las numerosas lagunas de datos históricos no recuperados sobre la expulsión de esos moriscos que, atención, en principio eran no musulmanes sino cristianos bautizados. Igualmente se ignora en artículos como el de “Muy Interesante” a estudiosos -como Jean Delumeau- de las diferencias entre el Catolicismo actual y el de hace tres o cuatro siglos. O, por no extender una larga lista de ausencias, en artículos como ese nada parece saberse en él de estudios como “Los cristianos de Alá”, de Bartolomé y Lucile Bennassar, sobre las violentas relaciones entre ambas orillas de ese Mediterráno -hace muchos años minuciosamente estudiado por otro gran historiador como Fernand Braudel- donde chocan dos formas de ver y entender el mundo -la cristiana y la musulmana- que serán enemigas irrconciliables, buscando una de ellas hasta la destrucción o sumisión completa de los territorios no sujetos al Islam. Como no se cansará de demostrar el Imperio Otomano, contra el que habrá que derramar mucha sangre y pólvora. Sólo para que el Cristianismo pueda sobrevivir en ese mar nuestro. Y sin siquiera expectativas de proselitismo.

Los moriscos, especialmente los levantinos, no eran ajenos a esa lucha. El resentimiento contra los cristianos viejos entre muchos de ellos parece haber sido enorme, actuando así como quinta columna en territorio español, facilitando las razzias de los berberiscos -muchos de los expulsados se unirán desde 1613 a ellos- contras las costas españolas, que buscaban tanto el exterminio como la esclavización de los cristianos que vivían en esas costas.

Aparte de todo esto, de esa falta de matices en el artículo de “Muy Interesante”, no comprendo cómo se ha podido escribir ignorando hechos tan capitales como la situación de Europa en esas fechas. Por ejemplo la que describe un libro básico de otro historiador capital como Geoffrey Parker titulado “La Europa dividida 1559-1598”, donde se señala que la falta de unanimidad religiosa -y no sólo entre cristianos y musulmanes que luchan por un mismo espacio- era en la época sencillamente catastrófica. Como se verá en Francia a lo largo de unas guerras de religión entre protestantes y católicos, de 1562 a 1598, que prácticamente devastan a ese país y lo ponen al borde de la autodestrucción.

La incomprensión (o desconocimiento) de esas herramientas históricas básicas y, por tanto, de cómo era realmente España, Francia, Europa… hace trescientos, cuatrocientos… años, es la única explicación a un artículo que demuestra que la ignorancia de una ciencia como la Historia sólo puede conducir a pervertir otros estudios científicos como los de la Genética que, evidentemente, por sí solos, sin esa contribución de la Historia, son completamente nulos. Sólo válidos para escribir, y reescribir, nada que sea digno de llamarse “Historia” sino una absurda Leyenda Negra.

Algo que revistas como “Muy Interesante”, que incluso tuvo -o tiene- una línea dedicada a la Historia, deberían tener muy en cuenta. Por pura coherencia con los fines supuestos a los que se dedican esas publicaciones -a veces muy veteranas- que criticando supuestos totalitarismos del pasado se diría que se están rindiendo ahora mismo a otras inquisiciones más reales y actuales…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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