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Carlos Rilova

El correo de la historia

Historia de un pintor singular: Joseph Wright de Derby (1734-1797)

Por Carlos Rilova Jericó

Los grandes nombres de los grandes pintores en la Historia del Arte hace tiempo que están establecidos. Son conocidos incluso hasta por quienes no frecuentan mucho los museos ni los libros de Historia ni menos aún los de Historia del Arte. Diego Velázquez, Rembrandt…

Son nombres que “suenan” en efecto. Pero la Historia del Arte, de la Pintura, abarca mucho más espacio, muchos más nombres que pasan desapercibidos hasta que, en algún momento, el gusto cambia, sus obras se revalorizan, saltan a la palestra de los medios de comunicación asociados a cifras millonarias o se descubre alguna curiosidad relacionada con ellos.

Sin embargo, del mismo modo que la Historia en general no debería hacerse a golpe de efemérides o de centenarios “redondos” (aunque así la escribimos los historiadores a menudo), la Historia del Arte también debería estar para recordar a maestros menos conocidos que Rembrandt o Velázquez o Vermeer…

Uno de esos pintores sería Joseph Wright, conocido con el regio nombre de Wright de Derby. Este maestro nació, vivió y murió en la Inglaterra del siglo XVIII. Es decir: en la de pintores tan conocidos hoy como Joshua Reynolds, William Hogarth o Gainsborough. Él, sin embargo, pese a no ser un mal pintor, apenas “suena” entre esos nombres ya consagrados.

Afrontaba en su día Joseph Wright, Wright de Derby, nacido en 1734, una carrera que, años después, algunos interpretarían como incierta. Hay una escena de una película, “Paso al Noroeste”, del Hollywood que llaman de la Edad de Oro, que lo reflejaba muy bien cuando el protagonista, un estudiante de Harvard expulsado de esa universidad por sus mal aplicados talentos como caricaturista, debe defender su proyecto de convertirse en pintor señalando que incluso alguno de ellos, como Joshua Reynolds, triunfan con su Arte y son reconocidos por el mismo rey Jorge.

Evidentemente una película “de aventuras” de los años cuarenta del siglo pasado no podía decir menos cuando era un tópico popular la figura del artista bohemio, viviendo pobre y en buhardillas. Como un tal Salvador Dalí tratando de triunfar en el París de entreguerras. Una visión un tanto errónea, desde la Historia del Arte, pues en la Inglaterra dieciochesca triunfaban pintores dotados de fama póstuma, como sir Joshua Reynolds, pero también muchos otros.

Entre esos muchos otros, precisamente, estaba Joseph Wright, Wright de Derby al que, al menos en su Inglaterra natal se le ha dedicado, desde hace años, una merecida atención en retrospectivas como la celebrada en el bicentenario de su nacimiento en 1934 y por historiadores del Arte como Benedict Nicolson, Amina Wright o, más recientemente, Andrew Graciano o Matthew Craske. Wright, nacido, como decía, en 1734, vivirá hasta 1797 y tendrá una carrera llamativa. Para empezar su padre, pese a pertenecer a la burguesía de Irongate en Derby (era un notable abogado local), no tuvo el mínimo reparo en enviarle a Londres a estudiar para hacerse pintor. Precisamente con el maestro de Joshua Reynolds que, por cierto, no era mucho mayor que Wright, pues habia nacido en el año 1723. Es decir: que cuando nace Joseph Wright, Reynolds, el pintor que será ennoblecido por Jorge III, fundador de la Royal Academy…, era tan sólo un adolescente de 11 a 12 años de edad.

No es eso lo único llamativo en la vida y carrera de Wright de Derby. A pesar de tener un punto de partida muy similar al de sir Joshua Reynolds, por edad y maestros, no hará carrera en Londres, volviendo a su Derby natal (lo que le ganará su apodo de “Wright of Derby”) y alli desarrollará una notable carrera como retratista y paisajista.

¿Se había convertido así en un pintor provinciano, en una notabilidad local con cierta buena mano y oficio para cubrir las expectativas de otros provincianos sin medios para contratar a grandes artistas de la capital? Aunque algo de eso podría deducirse de la biografía que le dedicó Amina Wright, la respuesta a esa pregunta es que en absoluto ese fue el destino y la carrera de Joseph Wright.

Para empezar Wright de Derby tenía algo más que buena mano para ser un pintor provinciano algo mejor que mediocre. Por estilo se le ha considerado un pintor neoclásico. Ciertamente, pese a lo que opinan algunos críticos sobre la falta de definición del dibujo de sus pinturas, encaja muy bien en ese estilo. Por época y por trazo. Basta con ver su autorretrato de hacia 1780, hoy en el Centro de Arte Británico de Yale, que resume, por color, manejo de luz y sombra (algo muy característico en este pintor) y el tono del mismo personaje, esa fidelidad a lo que se ha llamado “Neoclasicismo” y una gran maestría en esa clase de Pintura de moda en su época.

También se ha considerado a Joseph Wright como pintor de la Revolución Industrial que se va a dar en la Gran Bretaña donde  ejerció sus buenos oficios. Quizás ese título es más exagerado. Aunque trabajará para magnates industriales como Josiah Wedgwood o el más celebre Richard Arkwright. Sin embargo Joseph Wright, Wright de Derby, apenas tiene cuadros dedicados a estas cuestiones más allá de su serie acerca del taller de un herrero que, más que evocar esa época industrial y sus comienzos, recuerda a maestros antiguos (para la época de Wright) como Velázquez y su pintura titulada “La fragua de Vulcano”. Unas conexiones con el Barroco español que también podrían establecerse a través de su impresionante “El viejo y la muerte” que recuerda mucho al célebre cuadro de Valdés Leal, “In ictu oculi”

Por otra parte la temática de Joseph Wright, en ocasiones se podría asociar más bien a pintores románticos (corriente con la que también se le ha relacionado) como Caspar David Friedrich. Algo que se muestra en algunos de los paisajes que pintará tras su estancia en Italia a finales del año 1773 en la que, además, retratará algo tan alejado del Neoclasicismo como una erupción del Vesubio.

Pero aparte de lo dicho hasta aquí, Wright plasmará en sus cuadros aspectos que hacen de él un pintor digno de atención no tanto como artista en sí, sino como testigo y relator de una época, la suya, en la que se están operando cambios en la mentalidad colectiva realmente llamativos.

Así pintará en 1771 un “Alquimista en busca de la Piedra Filosofal”. Una temática que choca frontalmente con otros cuadros suyos anteriores como “El Planetario”, donde lo que hoy llamaríamos un “científico” (con un aspecto que recuerda mucho a Isaac Newton) instruye a varias personas sobre el movimiento de los planetas del Sistema Solar. Wright, en tanto que miembro de la curiosa Sociedad Lunar (que pasa hoy por ser una de las primeras sociedades científicas europeas) evidentemente debía tener respeto y aprecio por eso que hoy consideramos “Ciencia”. Sin embargo como lo demuestra su “Alquimista en busca de la Piedra Filosofal” parece que todavía, como muchos de sus contemporáneos, pugnaba -desde el siglo anterior- por descubrir si la que hoy llamamos “Magia” tenía algún efecto tan real como el movimiento planetario o las industrias de patrones suyos como Arkwright.

Así, tal y como ya han constatado manuales de Historia del Arte como “El Arte del siglo XIX” de Robert Rosenblum y H. W. Janson, con esta variedad de temas Joseph Wright, Wright de Derby, se erigía en relator, en efecto, de esa Gran Bretaña (y vale también decir Europa) que describía magníficamente John Redwood en “Reason, Ridicule and Religion”, atrapada en un mundo que aún se debate por separar lo tangible, lo práctico, de lo espiritual y lo mágico.

No estaba nada mal para un pintor de talento (no hay duda al respecto) que prefirió retirarse a su provincia natal en lugar de tratar de escalar posiciones en la Corte de Londres y mantuvo una curiosa distancia con aquella Royal Academy que marcaba la pauta del fracaso o el éxito de un artista en la Inglaterra de la época…

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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