Por Carlos Rilova Jericó
La semana pasada publicaba en la sección de “El Diario Vasco” titulada “Historias de Gipuzkoa” un artículo sobre la presencia de los guipuzcoanos en Venezuela, ahora tan aludida por la cuestión de la caída del régimen chavista. Eso me llevó, de nuevo, hasta la vida de un eminente astrónomo guipuzcoano y por ende español y europeo: José Joaquín de Ferrer y Cafranga, involucrado en ese asunto desde muy joven.
Ese artículo despertó reacciones suspicaces en algún lector, que no supo interpretar bien las alusiones al lucrativo comercio guipuzcoano con el cacao venezolano y sus desencuentros con los criollos que, pocos años después, se involucrarán en una serie de desastrosas secesiones. Un debate interesante pero hoy me interesa más la curiosidad que también despertó ese mismo artículo en otros lectores al hilo de un, hasta cierto punto, misterioso viaje de ese eminente astrónomo en uno de los barcos de esa Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.
Ese misterioso asunto relacionado con José Joaquín de Ferrer y Cafranga, giraba en torno a esta cuestión: en el año 1858 una eminencia literaria como Antonio Alcalá-Galiano, escribía, por encargo de Joaquín María de Ferrer y Cafranga, hermano de José Joaquín, una obra titulada “Biografía del astrónomo español Don José Joaquín de Ferrer y Cafranga”. Desde ese momento ese texto se convirtió en el hilo del que ha tirado cualquiera que haya dedicado atención al eminente astrónomo, dando por bueno y verídico todo lo que Antonio Alcalá-Galiano escribió en esa primera biografía de tan importante personaje, que ya ha aparecido, además, varias veces en el correo de la Historia con motivo del bicentenario de su prematuro fallecimiento en 1818.
Así ocurrió, por ejemplo, con el espacio que le dedicaba el libro “Scienta in Vasconia” en el año 2008. O en la conferencia que en el año 2012 pronunciaba Félix Ares en el marco del ciclo anual que organiza la Asociación de Amigos del Museo San Telmo de la que yo era miembro en ese momento. Lo mismo ocurría también, por ejemplo, en la aportación que Loles González-Ripoll (del Instituto de Historia del CSIC) acaba de publicar en el año 2024 ahondando no tanto en la figura de Ferrer y Cafranga como en la de Antonio Alcalá-Galiano y las circunstancias que rodearon la escritura de esa biografía de 1858. Antes de eso, aunque el trabajo de González-Ripoll no lo menciona, había publicado yo, en el año 2018, una extensa biografía del astrónomo con Kutxabank para el bicentenario de su muerte y en ella, así he de reconocerlo, yo también di por bueno todo lo que decía la de Alcalá-Galiano.
Bien, pues ocurrió que esa certeza se tambaleó la semana pasada cuando revisando documentación del Archivo General guipuzcoano para el artículo en “Historias de Gipuzkoa”, apareció un interesante rol de tripulantes de la fragata Santa Teresa perteneciente a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Llevaba más de 200 años guardada esa lista en el documento AGG-GAO JD IM 2/11/96. Concretamente desde 1782. Es decir: un año antes de que acabase la Guerra de Independencia de Estados Unidos en la que estaba involucrada la Compañía como empresa ligada a la corona española que se había alineado con los insurgentes yankees contra Gran Bretaña. Y ahí es donde, en efecto, se tambaleaba esa biografía de José Joaquín de Ferrer y Cafranga escrita por Alcalá-Galiano que tantos hemos tomado como una referencia fidedigna. Según esa obra José Joaquín de Ferrer y Cafranga había caído prisionero de los británicos en 1780, cuando estos asaltaron un convoy de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas en el que él iba como tripulante con apenas 17 años cumplidos y donde recibiría incluso una herida de sable en combate, en el muslo, quedando marcado ahí de por vida.
Alcalá-Galiano también añadía que el joven Ferrer y Cafranga, para evitar morir de fiebres en una prisión inglesa, había sido liberado en Londres como prisionero bajo palabra y aprovecharía esa dieciochesca y civilizada concesión para dedicarse a estudiar allí hasta el año 1786, adquiriendo conocimientos científicos y de lengua inglesa que le serían muy útiles para su posterior carrera como comerciante y astrónomo.
¿Cuál era el problema con ese consistente relato de los comienzos de la vida adulta de José Joaquín de Ferrer y Cafranga con respecto al documento JD IM 2/11/96? Pues sencillamente que esos hechos descritos por Alcalá-Galiano como ocurridos entre el año 1780 y el 1786 no podrían haber tenido nunca lugar ya que según el rol del Santa Teresa, fechado en el año 1782, “Josè Joaquín Ferrer”, de 19 años de edad, estaba en San Sebastián en ese momento (dos años después de su supuesta captura) dispuesto a enrolarse en una fragata de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas…
Hay que suponer, por tanto, que Alcalá-Galiano cometió o fue víctima de alguna clase de error cuando se informó para escribir esa biografía tanto en las conversaciones que tuvo con José Joaquín de Ferrer y Cafranga en 1813, como años después con su hermano Joaquín María.
Según ese rol de tripulantes, José Joaquín de Ferrer y Cafranga no podía haber caído prisionero en 1780. Como mucho habría sido capturado en la fragata Santa Teresa en 1782 y, a partir de ahí, habría sucedido todo lo demás que contaba Alcalá-Galiano: el combate penol a penol, el abordaje británico, la herida en el muslo, la liberación bajo palabra en Londres, el período de estudios allí hasta 1786…
Aunque no me consta -hoy por hoy- por medio de otro documento oficial ni por estudios sobre el tema como el de Ramón Aizpurua Aguirre y David Zapirain Karrika, que la fragata Santa Teresa fuese capturada, no veo otra explicación para el relato de Alcalá-Galiano, que sólo habría fallado por dos años (los que van de 1780 a 1782) en fijar con exactitud esos avatares de la vida de José Joaquín de Ferrer y Cafranga.
La mayor parte del resto de lo que decía Alcalá-Galiano en esa biografía de 1858, curiosamente, sí esta corroborado. Pues hay otros documentos escritos y archivados debidamente donde se confirma que José Joaquín de Ferrer y Cafranga, después de 1780, 1782, 1786… llegó a ser comerciante en Estados Unidos y miembro de la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia, donde desarrolló una importantísima labor como astrónomo que, en 1814, sería recompensada incluso con el reconocimiento por parte de Pierre-Simon Laplace, que pasa por ser el fundador de la Astronomía moderna con su “Mecánica Celeste”. Eso está corroborado, en efecto, por las publicaciones de la Sociedad Filosófica Americana y las del lnstituto de Ciencias francés, que dicen que realmente existió un José Joaquín de Ferrer y Cafranga que fue miembro de esas instituciones científicas y que publicó en ellas interesantes trabajos sobre Astronomía de importancia capital para el desarrollo de esa ciencia.
Incluso hay documentación del Archivo Histórico Nacional español y del Archivo Municipal de Bilbao que corrobora que, en efecto, Jose Joaquín de Ferrer y Cafranga no fue producto de la imaginación novelesca de Antonio Alcalá-Galiano, sino un ser humano real, hijo de un intendente de Marina que lo menciona en su testamento y, a su regreso a Europa después de 1812, diputado del común en Bilbao (el equivalente a concejal de Asuntos Sociales actual) que ejerció dicho cargo aconsejando incluso sobre asuntos de Ciencia y Mecánica a esa corporación hasta que en 1818 un infarto acabó con su vida.
Lo que, de momento, continúa siendo un misterio es cómo aquel joven de 19 años “Josè Joaquín Ferrer” enrolado en la fragata Santa Teresa como marinero en el año 1782 (no en 1780), llegaría a convertirse en un respetado astrónomo, comerciante y vecino de Nueva York, entre 1799 y 1812, que se codeó en la Sociedad Filosófica Americana nada menos que con eminencias como Thomas Jefferson. ¿Fue capturado en un abordaje y quedó prisionero bajo palabra y fue un aplicado estudiante en Inglaterra desde 1782 hasta 1786? ¿O qué es lo que ocurrió realmente que le llevó a convertirse en lo que decía Alcalá-Galiano en su biografía y está plenamente respaldado por documentos y no por recuerdos borrosos o, tal vez, tergiversados?
La Historia como Ciencia, como todas las ciencias, llega a veces a puntos oscuros que muchas veces no se resuelven jamás o tardan siglos en esclarecerse si es que alguna vez ocurre eso. Hoy por hoy, de momento, nada más podemos saber o decir sobre la biografía de aquel eminente astrónomo llamado José Joaquín de Ferrer y Cafranga, enrolado en 1782 en la fragata Santa Teresa, en el cuarto año de la guerra entre España y Gran Bretaña por la independencia de Estados Unidos…