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Carlos Rilova

El correo de la historia

Otro centenario para el año 2026: el viaje del “Plus Ultra” (1926-2026)

Por Carlos Rilova Jericó

Esta semana, mañana mismo, tenemos otro de esos centenarios “redondos” de los que hablaba otro correo de la Historia hace pocas fechas. Se trata de los cien años que cumple una gesta científica singular: la del vuelo transatlántico del hidroavión “Plus Ultra” que culminaba el 10 de febrero de 1926 en el momento en el que cuatro expedicionarios españoles llegaban a Buenos Aires con ese famoso hidroavión, culminando así un vuelo de unas sesenta horas sobre el Atlántico -he ahí la hazaña- que unía por primera vez España con Argentina por vía aérea.

Ese centenario, de momento, está pasando casi desapercibido. Han aparecido noticias, algo escuetas, en medios como “El País” o “ABC”. Y en ellas se detalla que el Ejército del Aire español y las autoridades argentinas han realizado exhibiciones aéreas, visitas al museo en el que se exhibe en Argentina el hidroavión y actos similares. Sin embargo, por lo demás, no parece que haya habido mucho eco a un hecho histórico tan notable.

Realmente lo fue. Pero para apreciarlo, en español, hay que situarlo en contexto. La Historia, con mayúscula, del “Plus Ultra” es -o debería de ser- una de esas que interesan a Hollywood y, por tanto, suelen ser conocidas en el mundo entero. Situémonos, pues, en ese contexto que parece estar faltando vista la delgadez de la información que se está ofreciendo sobre ese centenario.

Lo que hacen los cuatro tripulantes del “Plus Utra” -Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Pablo Rada y Juan Manuel Durán González- es algo característico, muy característico, de los famosos “Roaring Twenties”, esos años traducidos -bastante mal- al español como “los locos años veinte”. Es esa una época en la que un mundo que sale de los horrores de su primera guerra mundial, rompe toda clase de barreras. Desde los corsés femeninos hasta marcas de velocidad de barcos, automóviles y, por supuesto, aviones. Son los años en el que las mujeres, cada vez -en efecto- más liberadas, se suman a esas hazañas luciendo incluso vistosos pantalones de montar.

Algunas de ellas, de hecho, se harán un nombre en las hazañas aéreas. Como Amelia Earhart que morirá en el intento en 1937 siguiendo los pasos de otro aviador estadounidense, Charles Lindbergh. El piloto de “El Espíritu de San Luis”, perfectamente conocido gracias, una vez más, a los buenos oficios de Hollywood que le dedicó una película en el año 1957, “El héroe solitario”, en la que tomaron parte nombres sonoros de la aristocracia hollywoodiense: Billy Wilder como director y James Stewart como protagonista.

Evidentemente Hollywood estaba en su derecho de resaltar así la hazaña de un héroe norteamericano. Algo perfectamente lógico. Pero históricamente injusto una vez más teniendo en cuenta que en las Olimpiadas, por ejemplo, se da la medalla de oro, no la de plata, a quien llega por delante de todos los demas en cualquiera de las pruebas. Y ese no fue el caso de Charles Lindbergh…

En efecto, Lindbergh fue el segundo, en 1927, en hacer un vuelo transatlántico sin escalas después de 1919 y los pilotos españoles fueron los primeros en realizar un vuelo transatlántico desde Europa hasta el extremo austral en algo menos de 60 horas. (En datos exactos: 59 horas 39 minutos en el caso del hidro español y 33 horas 32 minutos en el caso del avión norteamericano).

Obviamente la hazaña del norteamericano no fue cosa menor, pero sin duda los pioneros, los primeros que se atrevieron a plantear un largo vuelo transtlántico con éxito, de España al extremo austral, fueron los españoles abriendo, una vez más desde el siglo XVI, una nueva ruta global.

¿Será posible que, aprovechando este centenario, se corrija esta distorsion histórica tan parecida a la que se planteó con la afirmación inglesa de que sir Francis Drake, y no Juan Sebastián Elcano, había sido el primero en dar la vuelta al mundo?

Tengo serias dudas de que eso sea posible aunque necesario. La razón radica en que si ya con la primera vuelta al mundo eso fue difícil, y sólo relativamente eficaz, con la hazaña del “Plus Utra” va a ser más difícil aún porque, como recordaba una breve pero contundente carta al director del periódico “El Debate” firmada por Manuel Sierra Martín, tres de los cuatro tripulantes del hidro, esos pioneros de los vuelos transatlánticos, tuvieron sus vidas marcadas por unas cicunstancias trágicas. En este caso las de la Guerra Civil española. Esa que ahora cumple 90 años y que, como ya se comentaba en otro correo de la Historia, iba a ser piedra de escándalo y de discordia como ha quedado demostrado en las Jornadas Literarias organizadas en Sevilla por la Fundación Cajasol, que se han tenido que retrasar por altisonantes declaraciones de políticos y escritores que ni de lejos vivieron aquellos odios que ensangrentaron España hace nueve décadas. Aunque no por ello renuncian, al parecer, a acercar cerillas a bidones de gasolina que quizás aumenten las cifras de libros vendidos pero, no sin razón, merman muchos resultados electorales.

En tales circunstancias parece, en efecto, difícil exaltar la hazaña del “Plus Ultra”. Para empezar cuando se realizó, España estaba bajo un régimen dictatorial -el de Miguel Primo de Rivera- que, por supuesto, no dudará en apuntarse el tanto de lo realizado por unos pilotos militares españoles que además, por mano de Ramón Franco, habian apelado a él para realizar esa gesta que continuaba las iniciadas en el siglo XVI con la llamada “Era de los Descubrimientos”. Por otra parte, salvo el malogrado teniente Juan Manuel Durán González, que muere poco después del vuelo del “Plus Ultra” en unas maniobras aeronavales, los restantes miembros de la dotación serían arrastrados por la tragedia de la Guerra Civil como señalaba Manuel Sierra en su carta al director de “El Debate”.

Ramón Franco, hermano del general del mismo apellido, abandonará -según todos los indicios- su militancia izquierdista y su lealtad a la República cuando se entere de que su copiloto Ruiz de Alda ha sido “paseado” por milicianos en la matanza de la Cárcel Modelo de Madrid donde estaba preso por su adhesión a la Falange. Finalmente el sargento Pablo Rada fue un fiel republicano hasta su muerte en el año 1969.

La hora de los homenajes se complica así pues bastante: ¿se puede homenajear a Ramón Franco digamos en un 40-50% por su discontinua trayectoria republicana? ¿A Pablo Rada en un 90-100% por lo mismo aunque restándole puntos por haber participado en un evento respaldado por la dictadura primorriverista? ¿Qué hacemos con el teniente Durán González que muere en pleno régimen de esa dictablanda primorriverista muy lejos del ahora famoso “36”? ¿Bajamos sus posibilidades de ser homenajeado por lo del “Plus Ultra” a un 25% por eso y por haber participado en bombardeos aéreos durante la Guerra de Marruecos? ¿Y con Ruiz de Alda? ¿Si dejamos de homenajearle por falangista, homenajeamos así de manera indirecta a los milicianos que lo fusilaron tomándose la Justicia por su mano y fuera de toda legalidad?

Sé que todas esas preguntas tienen una buena respuesta. De hecho me consta que va a haber homenajes en Navarra que van a tirar por la calle de en medio con este tema, yendo directos a la cuestión de la importancia de lo que hicieron esos modernos exploradores del siglo XX. Así va a haber una microexposición sobre el “Plus Ultra”, con entrada libre, en el magnífico Archivo General de Navarra. Y me avisan de que, al menos, hay una conferencia en ciernes para el mes de marzo en Pamplona.

Bien estará todo eso y más, pues en Estados Unidos la figura de Charles Lindbergh ha sido exaltada por su hazaña con el vuelo de “El espíritu de San Luis” dejando aparte sus hoy nada encomiables simpatías por el Nazismo que, desde luego, no han caído en el olvido como se puede deducir de la ucronía de Philip Roth, “La conjura contra América”. Donde un Lindbergh cada vez mas nazificado está a punto de cambiar la Historia de la Segunda Guerra Mundial a favor de aquel Adolf Hitler que lo condecoró en su día.

Debería ser así hoy evidente en España, a 90 años de la Guerra Civil que arrasó con muchas cosas (incluidas las vidas de los héroes del “Plus Ultra”), que si en Estados Unidos se pudo separar la hazaña de Charles “Lucky Lindy” Lindbergh de sus cuestionables andanzas políticas, en nuestro país se puede, y hasta se debe, hacer otro tanto. ¿O habría alguna buena razón para no hacerlo, una más allá de cierto fanatismo político casi tan totalitario como el Nazismo o una ignorancia histórica supina disfrazada de prudencia institucional?

Un paseo por el pasado

Sobre el autor

Carlos Rilova Jericó es licenciado en Filosofía y Letras (rama de Historia) por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Desde el año 1996 hasta la actualidad, ha desarrollado una larga carrera como investigador para distintas entidades -diversos Ayuntamientos, Diputación de Gipuzkoa, Gobierno Vasco, Universidad del País Vasco...- en el campo de la Historia. Ha prestado especial interés a la llamada Historia cultural y social, ahondando en la Historia de los sectores más insignificantes de la sociedad vasca a través de temas como Corso y Piratería, Historia de la Brujería, Historia militar... Ha cultivado también la nueva Historia política y realizado biografías de distintos personajes vascos de cierto relieve, como el mariscal Jauregui, el general Gabriel de Mendizabal, el navegante Manuel de Agote o el astrónomo José Joaquín Ferrer. Es miembro de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza


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