Por Carlos Rilova Jericó
Diego García es un nombre bastante común, sin duda. No es como aquel Obediah Polkinghorn del que hablaba Arthur C. Clarke en sus magistrales “Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco”. Sin embargo la guerra en curso contra el régimen de los ayatolás iraníes ha llamado la atención sobre él.
La razón es sencilla: una isla del Océano Índico se llama así, “Isla de Diego García”. Y eso, naturalmente, ha atraído esa atención sobre ese nombre más bien discreto. Y asi surge la pregunta o más bien las preguntas: ¿quién era Diego García? ¿Y qué hizo para dar su nombre a esa lejana isla si es que realmente se llama así por esa razón, cosa que algunos dudan?
Las noticias sobre Diego García para responder preguntas como esas son más bien escasas. Pero sustanciales. Así si repasamos un reciente libro de Historia de América coordinado por Silvia Tieffemberg, “Pensar América desde sus colonias. Textos e imágenes de América colonial”, nos menciona algunos datos sobre los viajes de Diego García, que fueron interesantes y notables.
Nos dice ese libro que su nombre completo era Diego García de Moguer y que se trataba de un avezado aventurero y navegante de los muchos que produjo la expanión europea más allá de España.
Así es como Diego García se cruzará en el camino de un personaje un poco más célebre que él en esos listados de navegantes famosos: Sebastián Caboto. O Sebastian Cabot en los períodos en los que estuvo en servicio de la Inglaterra de los Tudor.
El libro indica así que Diego García acusó a Caboto o Cabot de habérsele adelantado en la exploración del Río de la Plata entrando allí con una comisión duplicada otorgada por el rey de España que él, Diego García, consideraba sin ningún valor frente a la autoridad que le otorgaba la que él enarbolaba.
Los sucesos de ese encontronazo más que encuentro entre los dos navegantes fueron en torno al año 1528, cuando uno y otro exploraban esa zona y entraron en contacto con los nativos locales. Otro encuentro poco amigable ya que, como nos dice ese mismo libro, el lugarteniente de Caboto dijo a Diego García que se habían enfrentado con esos “indios” y matado a más de 400.
Turbios asuntos que terminarían con el secuestro, por parte del navegante veneciano, de rehenes tomados entre la familia de los jefes de los “indios” y una posterior masacre de españoles en el fuerte de Sancti Spiritus por parte de los nativos que descubrirán consternados García y Caboto.
Aparte de eso el libro coordinado por Silvia Tieffemberg contiene una relación acerca de ese viaje de Diego Garía que parte de La Coruña en 15 de enero de 1526 para acabar en el río Paraná en 1527. Documento que, naturalmente, cuenta lo ocurrido con Caboto en el Río de la Plata.
Esa relación, fechada en el año 1530, cuenta eso en efecto: esa serie de desafortunados encuentros entre el explorador español y el navegante italiano que en ese momento, como Diego García, estaba al servicio de España explorando el Cono Sur en busca de otro codiciado paso al Pacífico y las islas de las Especias.
Un asunto que, se supone, Diego García conocía muy bien pues algunos de sus biógrafos, como Fernando Rodríguez de la Torre, aseguran que estuvo presente en la expedición de Magallanes-Elcano que había descubierto el paso al Pacífico y la Especiería por el Cabo de Hornos en esa circunnavegación inicada en 1519 y culminada en 1522.
Un extremo que, sin embargo, no parece corroborado y que pone de hecho en duda que la actual isla de Diego García recibiera su nombre por este navegante andaluz pues, por edad, no habría tenido un gran ascendiente en aquella expedición que, al parecer, dio con esa isla hoy llamada “de Diego García”, siendo tan sólo un joven grumete o sirviente sin más relieve en aquellas tripulaciones.
De hecho se especula con la posibilidad de que el nombre de Isla de Diego García sea, en realidad, una transliteración o corrupción del nombre de otro navegante con posibilidades más certeras de haber sido su descubridor. Y es que sobre la vida de navegante de Diego García lo único comprobado de manera fehaciente es que destacará a finales de la década de los años 20 del siglo XVI rivalizando con Sebastián Caboto en la exploración del estuario del Plata tratando de encontrar un nuevo paso hacia el Pacífico menos peligroso que el del estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos.
Tras ese episodio acaecido entre 1528 y 1530, tanto Sebastián Caboto como Diego García regresarán a España trayendo valiosos informes cartográficos de la costa que iba de Brasil a Argentina, pero ninguna ganancia material salvo leyendas de perdurable aliento que persistirán hasta el siglo XVIII. Manteniendo un espejismo similar al de El Dorado, al asegurar ambos navegantes que en esa zona, independientemente de que se pudiera encontrar el codiciado paso, existía una ciudad llamada de los Césares repleta de riquezas provenientes de ricas minas de plata.
Poco mas hubo en la vida de Diego García que, supuestamente, da nombre a esa pequeña isla que ahora va a demostrar su alto valor estratégico.
Uno que Gran Bretaña ya conocía desde el año 1884, cuando su Departamento de Hidrografia Naval comentaba en la págima 33 de su prontuario titulado “Sailing directions for Mauritius and the islands included in his government” las cualidades de ese atolón para los buques de Su Majestad Británica que recorrieran esa ruta. Unas perspectivas que llevaron a esa potencia a ocupar ese atolón de coral desde 1965 para desarrollar en él operaciones militares estratégicas, tras separarse ese territorio de la soberanía de Isla Mauricio.
Fue así, según nos dice la Enciclopedia Britanica, como el atolón quedó desierto al ordenarse la evacuación de toda la población civil para que la isla estuviese exclusivamente en manos militares.
Situación en la que hoy se encuentra, convertido así el atolón, como también nos dice la actualizada Enciclopedia Britanica, en objetivo de los misiles del régimen de los ayatolás iraníes que, en buena lógica, espera un ataque desde ahí que tal vez sea inminente habida cuenta de la concentración en ese pequeño territorio de tropas de élite norteamericanas. Como la de paracaidistas de la 82 Aerotransportada, la misma lanzada sobre Normandía el Día-D…