Mientras Stéphane Hessel nos dejaba hace un par de días en el único cumplimiento conocido de las profecías levemente formuladas en las dieciséis páginas de sus magnum opus, ‘¡Indignaos!’ -“el fin no está lejos”, escribía con enorme perspicacia hace dos años, a los 94-, Julian Assange continúa viendo pasar la vida desde la embajada ecuatoriana en Londres. Es probable que el fundador de Wikileaks pase más tiempo en la legación diplomática del que el incansable exhortador de acampadas penó en los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau, salvando todas las distancias en cuanto a condiciones de vida. En cuanto al soldado Bradley Manning, mejor ni hablamos.
Hessel puso la vacuidad al alcance de todos mediante un lenguaje directo, tan repleto de signos de admiración como ayuno de interrogantes. Frente a otros panfletos cuyo carácter prolijo desemboca en la frustración lectora, tipo el ‘Manifiesto comunista’, ‘¡Indignaos!’ traslada el género de la autoayuda al terreno de lo colectivo, de ahí su éxito entre los clientes de la Planta Revoltosa de esos grandes almacenes en los que siempre es primavera. Hessel fue una suerte de Coelho para muchedumbres y turbamultas. En cuanto a Assange, languidede en el olvido, como tantos otros sumarios instruidos por su actual abogado lo hicieron antes. La publicación de los papeles de Wikileaks fue saludada por los más entusiastas como el fin del periodismo y el advenimiento de uno nuevo. Lo cierto es que hasta del enclaustramiento de su difusor se continúa informando bajo la rigurosa aplicación del esquema de las cinco ‘W’ y en formato de pirámide invertida.
Andy Warhol dictaminó que cualquiera tiene derecho a sus cinco minutos de fama, pero quién quiere ser famoso pudiendo ser popular. Si hay más hondura en ‘¡Indignaos’! que en el discurso que las misses rematan con “…y la paz en el mundo”, confieso que fui incapaz de descubrirla. En su descargo, reconozco que al menos conseguí leerlo entero, cosa que ni los periodistas que se encargaron de traducir los Wikileaks a un lenguaje humano pueden decir de los papeles de Assange.