‘Vivir deprisa, amar despacio’ sirve como una brillante metáfora de los amores breves e intensos. ‘Vivir deprisa, amar despacio’ reivindica pequeños momentos, los chispazos y los momentos de claros en días nubosos

'Vivir deprisa, amar despacio': amor con fecha de caducidad | El fotograma

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Asier Manrique

El fotograma

‘Vivir deprisa, amar despacio’: amor con fecha de caducidad

Vivir deprisa, amar despacioVIVIR DEPRISA, AMAR DESPACIO

Título original: Plaire, aimer et courir vite (Sorry Angel)

Año: 2018

Duración: 132 minutos

País: Francia

Dirección: Christophe Honoré

Guion: Christophe Honoré

Fotografía: Rémy Chevrin

Reparto: Vincent Lacoste, Pierre Deladonchamps, Denis Podalydès, Rio Vega, Willemijn Kressenhof, Adèle Wismes, Clément Métayer, Sophie Letourneur, Marlene Saldana, Teddy Bogaert y Adèle Csech

Productora: Les Films Pelléas / arte France Cinéma / Canal+ / Ciné+

Género: Drama

Sinopsis: Jacques es un escritor que vive en París. Todavía no ha cumplido 40 años pero cree que lo mejor de la vida está por llegar. Arthur es un estudiante que vive en la Bretaña francesa. Lee, sonríe mucho y se niega a aceptar que hay algo imposible en la vida. Jacques y Arthur se gustan y viven como si estuvieran en un sueño romántico o en una historia triste. (FilmAffinity)

Francia ha producido en estos dos últimos años dos de las mejores películas que jamás se han rodado con el sida como tema central. La brillante 120 pulsaciones por minuto nos trasladaba a las asambleas y lucha de Act-Up por conseguir tratamientos, ayuda, cura, medidas y prevención para las personas afectadas por el VIH y el sida. En ‘Vivir deprisa, amar despacio’ nos encontramos una película más íntima, más recogida, donde el drama del sida se vive entre cuatro paredes, pero con la misma intensidad y dolor que en aquella.

La comunidad LGTBI, principalmente, vivió el final de los 80 y principio de los 90 dentro de una lógica neurosis por el drama del sida. En esa situación extrema donde amigos, vecinos, familiares, conocidos y parejas estaban cayendo como moscas la opción de establecer una relación sentimental se complicaba enormemente. ‘Vivir deprisa, amar despacio’ nos cuenta una de esas historias, la de un hombre de mediana edad enfermo de sida y un joven de 20 años que se conocen y entablan una relación dentro de este ambiente dominado por el miedo. Un amor con fecha de caducidad.

Vivir deprisa, amar despacio

Christophe Honoré nos transporta con brillantez a ese escenario donde lo que debería ser eterno, inagotable y para siempre termina de bruces, antes de lo esperado y con dolor. La posibilidad de amar no era algo que se pudieran permitir los enfermos de sida de la época y ahí el personaje de Pierre Deladonchamps despliega todo su potencial. Un personaje enormemente atormentado, con miedo de sí mismo, convencido de que no merece ser amado y que antepone a todos los demás a sí mismo. Él es el drama de muchas personas LGTBI de la época que tuvieron que imponerse un armario extra, una capa más tras la que esconder sus últimos días.

Frente a él encontramos la otra cara de la moneda. Vincent Lacoste es una nueva generación de homosexuales sin el bagaje de la generación de Deladonchamps. Él, por inconsciencia o por juventud, es el trampolín que necesita Jacques para saltar al vacío y disfrutar de sus últimos días plenamente. Un trampolín de emociones que aporta los momentos de luz de la película. Es brillante la manera en la que ‘Vivir deprisa, amar despacio’ gana en luz cuando aparece Arthur, el personaje de Lacoste, y se oscurece cuando no está presente.

‘Vivir deprisa, amar despacio’, como buena película francesa, no es amable con sus personajes, ni condescendiente. Una cinta que además de presentar la situación de la comunidad LGTBI de la época sirve como una brillante metáfora de los amores breves e intensos. Reivindica los pequeños momentos, los chispazos y los momentos de claros en días nubosos. Unos pequeños flashes que aclaren el horizonte tenebroso. Principio y finales brillantes que encogerán el corazón del espectador.

Lo mejor: El franco retrato que hace de la situación que vivía la comunidad LGTBI a principios de los años 90 de puertas adentro.

Lo peor: La parte central de la película podría recortarse 10-15 minutos.

Vivir deprisa, amar despacio

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