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Sir Richard Burton, los victorianos, el Sexo y otras cuestiones históricas
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Carlos Rilova | 04-09-2017 | 09:31

Por Carlos Rilova Jericó

portada-de-una-d-elas-numerosas-biografias-de-sir-richard-francis-burtonRepasando la cantidad de artículos publicados hasta hoy en este correo de la Historia, he descubierto, sin ninguna sorpresa, que una inmensa mayoría están dedicados a esa actividad por la cual una parte concreta de la Humanidad trata de destruir a otra. Es decir, a la Guerra.

En cambio apenas ha habido aquí artículos dedicados a la Historia del Sexo (ni siquiera al Amor que hoy llamamos “romántico”). Esa otra actividad que ha permitido a la Humanidad sobrevivir (pese a esa afición suya, generalizada en el Tiempo y el Espacio, a la Guerra).

Un inquietante balance que esta semana (al menos esta semana) voy a tratar de equilibrar un poco.

Como suele ser habitual, la idea me vino al pasar por las estanterías de novedades de la Biblioteca de la Diputación guipuzcoana Koldo Mitxelena Kulturunea. Allí vi esta semana pasada un libro que era difícil pasar por alto. Por su volumen, por su descarado color naranja y por su aún más descarado título: “The Pop-Up Kama Sutra”.

El texto en sí es una edición actual de ese vetusto manual hindú para practicar la actividad sexual. En general de maneras bastante imaginativas y que llevan a pensar que en el subcontinente indio sus numerosos rajás, maharajás, príncipes, reyezuelos y nobleza cortesana anexa tenían mucho tiempo libre para dejar volar la imaginación con estas cosas. Al menos cuando no estaban dedicados a hacerse la Guerra mutuamente o aliados a los británicos. Esos mismos que vieron (en el siglo XVIII) su oportunidad de oro para conquistar aquel rico (y estratégico) territorio que, políticamente hablando, funcionaba como un auténtico manicomio.

Aparte de eso, esta nueva edición del famoso tratado contiene (como su título en inglés indica) una serie de figuras animadas que permiten hacerse una idea más dinámica de las explicaciones del tratado.

Por lo demás, como señala el editor de esta versión animada del “Kama Sutra” (Stewart, Tabori y Chang, de Nueva York) el texto es el que tradujeron al inglés sir Richard Burton y F. F. Arbuthnot en 1883. Y esto es lo que lo hace tan interesante.

De sir Richard Francis Burton ya hemos hablado por aquí en alguna que otra ocasión. Por ejemplo para hacer una comparación (odiosa, desde luego) entre él y su precursor español. El explorador, espía, aventurero…, catalán de origen vasco, Domingo Badía, conocido por el sobrenombre de Alí Bey.

Esta nueva edición de una de las más polémicas aventuras de sir Richard Burton (editar el pornográfico “Kama Sutra” en plena época victoriana) es una gran ocasión para volver sobre el tema.

Con seguridad, Domingo Badía sigue hoy tan olvidado y desconocido de la mayoría de españoles e hispanoparlantes como lo estaba la primera vez que hablé de él en este correo de la Historia. Hace ya nada menos que cinco años.

No es por falta de información. Desde luego. Las bibliotecas tienen su obra escrita. Hay también escritas sobre él biografías más que solventes, para niños tanto como para adultos. El problema es que la divulgación de su figura no alcanza, ni de lejos, la que ha gozado el audaz editor (entre otras cosas) del “Kama Sutra”, sir Richard Francis Burton.

En efecto, sir Richard, como nos recuerda esta nueva edición de ese tratado, no era muy popular en la era victoriana. Por razones obvias desde luego. El propio carácter que le llevó a emular a Domingo Badía corriendo arriesgadas aventuras en África, Asia y varios continentes más, le hacía muy difícil adaptarse a una tan (literalmente) encorsetada sociedad como la victoriana.

Sin embargo, como no podía ser de otro modo, sir Richard encontró después de todo el reconocimiento y, sobre todo, el eco que Domingo Badía no encontró y sigue sin encontrar en un país como la España actual. Ese donde, todavía, se considera a cualquiera un gran “historiador” si se pone en una esquina a contar cuentos sobre reyes tarados por la endogamia como Carlos II o afectados de macrosomía genital (algo mucho más obsceno que el “Kama Sutra” desde luego). Como era el caso del desdichado (en más de un sentido) Fernando VII.

Así es. De sir Richard hay varias serias biografías, obras monumentales, verdaderos ejemplos de cómo escribir ese género histórico. Como la de Edward Rice, a la que se pueden añadir multitud de libros que exploran la vida de este explorador entrando en algún detalle de la misma, como los firmados por Fawn M. Brodie, Peter Hopkirk, Byron Farwell…

Naturalmente la cosa no ha quedado ahí. De las páginas de biógrafos así, sir Richard pasó a las de novelistas mundialmente conocidos como Philip Joseph Farmer, que en su saga del Mundo del Río resucitaba al famoso aventurero para que siguiera con lo que había acabado en la Tierra el año 1890, tras resucitar (joven y sano) en un curioso paraíso tecnológico (es decir: en el Mundo del Río).

Sir Richard pasó también al Cine. En 1990 lo hizo famoso, entre quienes no leen libros habitualmente, la película “Las montañas de la Luna” en la que se narraba su exploración de las fuentes del Nilo a mediados del siglo XIX…

Y ahora, en 2017, como descubrí sorprendido esta semana pasada, tampoco hay reparo en recordar su hazaña de publicar, en plena época victoriana, un completo manual sobre como perpetuar la especie humana o, más bien, cómo disfrutar del proceso necesario para ese objetivo.

En efecto, incluso ese crimen imperdonable contra la férrea moral victoriana (esa que perdura agazapada en nuestras mentes todavía) es aprovechable en el mundo anglosajón para hablar, una vez más, de sir Richard Francis Burton, para hacerlo más famoso.

Envidiable, sin duda, esta capacidad de ese mundo anglosajón para describir, y divulgar, la vida de uno de los suyos. Por más que el personaje fuera lo que en una conversación callejera española se definiría (probablemente con risotadas salaces) como un “guarro”. Uno que llegó a tener una colección apabullante de pornografía en su bien nutrida biblioteca y que, según dicen, fue un auténtico atleta sexual al que, quizás, un libro como el “Kama Sutra” que tradujo le podía parecer poco más que un manual de esos que ahora llaman “de autoayuda”.

Sin duda, este pequeño detalle (la recuperación de la vida de sir Richard Francis Burton incluso en una reedición anglosajona del “Kama Sutra” ) es toda una lección sobre cómo manejar la propia Historia y convertirla en un verdadero éxito.

Cosa que, por desgracia (con o sin edición de manuales como el “Kama Sutra”), la España de Ulloa, de Malaspina, de Bonechea, de Domingo Badía, de Manuel de Iradier… parece estar muy lejos, verdaderamente lejos, de conseguir.

O incluso peor: pues ese país parece incapaz siquiera de plantearse hacer algo así, cubierta como ésta esa sociedad de una espesa capa del peor provincianismo. La misma que sigue cubriendo a otra gran masa social española que pugna, desde hace décadas, por superar ese espantoso casticismo carpetovetónico. El mismo que, como diría ese gran filósofo que fue Groucho Marx, ha hundido a ese país -España, la España que vio nacer a Domingo Badía, el inspirador de sir Richard Francis Burton- en las más altas cotas de la miseria (tanto intelectual como material) durante, como mínimo, los últimos ochenta años.

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