Diario Vasco

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La letra escarlata
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Lourdes Pérez | 17-04-2015 | 11:55| 0

Rato, detenido. O cómo tan solo dos palabras pueden representar tanto para la sostenibilidad política e institucional de un país que está soportando una aluminosis tan corrosiva como para llevar a comisaría al símbolo del aznarismo aupado a la peana del éxito económico; al símbolo de toda una época mitificada por el PP que se va derrumbando al pegajoso calor de los escándalos por la trama Gürtel, del los desmanes consentidos de Bárcenas, del cuestionamiento del modelo de crecimiento sin complejos aplicado en Madrid o en Valencia. La imagen del Rato más derrotado abandonando su domicilio en un coche policial supone una nueva convulsión para una ciudadanía que, probablemente ya anestesiada ante la sucesión de corruptelas de alto copete, contempla con satisfacción -cuando no con abierto gozo- el escarnio público de quienes han tenido todo el poder y ahora cargan con el estigma de la sospecha y la culpa como cualquier vulgar delincuente, por mucha cuenta en Suiza que se haya atesorado. Sopla un inevitable aire de regodeo social en un país extenuado por las estrecheces económicas y que pide sangre, sea a través del despedazamiento de personajes de segunda en ‘Sálvame’ o a través de la caída de los ídolos con pies de barro y bolsillos oscuros en el Telediario. Es posible que el Gobierno perciba ese nuevo aire, que galvaniza la indignación ciudadana hacia el gusto por el escarmiento a plena luz del día y bajo las cámaras de televisión de los presuntos defraudadores que antes estaban en la cumbre. Parece obvio que Rato podía haber sido citado en comisaría sin necesidad de hacer ese paseíllo vengonzante entre el portal de su casa y las dependencias policiales. Que haya sido sometido a semejante humillación, agravada por la dimensión internacional que adquiere el arresto de quien fue director gerente del Fondo Monetario Internacional, trata de demostrar ante la opinión pública que todos somos iguales ante la ley, que al Gobierno no le va a temblarle ya el pulso en la lucha contra la corrupción, que el Estado de Derecho funciona. Pero algo sigue sin carburar como debe cuando ha sido una muy discutible amnistía fiscal la que ha sacado a relucir el posible blanqueo de capitales y otras irregularidades por parte de Rato. Cuando la Justicia llega tarde ante el quebranto producido no solo en el erario común, sino en la credibilidad del conjunto del sistema. Cuando, en definitiva, se opta por exhibiciones de ejemplaridad pública más propias de los tiempos en los que se castigaba en las calles al presunto delincuente que por regenerar en profundidad el entramado democrático, de modo que no sería preciso ver detenido bajo los focos a todo un exvicepresidente del Gobierno para que la ciudadanía sepa que no cabe impunidad y que los jueces y tribunales trabajan con todos medios y la independencia exigibles para perseguir la corrupción que todo lo pervierte.

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Díaz condena al bipartidismo
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Lourdes Pérez | 23-03-2015 | 12:13| 0

La noche electoral ha dejado en Andalucía un vencedor sin edulcorantes -Ciudadanos- y un derrotado sin paliativos -el PP-, con el agravante que suponen el desgaste de Mariano Rajoy, omnipresente en la campaña de su candidato, y la constatación de que Albert Rivera y los suyos pescan sin complejos en los caladeros más moderados de los populares. A partir de ahí, el escrutinio permite lecturas más matizadas, incluida la holgada victoria de Susana Díaz, aunque ésta haya sido recibida por la familia socialista -también por el PSE- con la alegría que da cualquier buena nueva en la casa del pobre. La presidenta andaluza ha salido airosa del desafío que se autoimpuso al adelantar las autonómicas y, con ello, el incierto ciclo electoral español: ha arrumbado al PP, ha resistido a Podemos y ha salvado al PSOE de la quema de los ERE. Pero su victoria, que es indiscutible por comparación con quienes eran sus dos rivales, no lo es tanto si se mide de acuerdo a las ambiciosas expectativas que se había fijado la propia Díaz. No ha mejorado el resultado de 2012 -los 24 escaños que pierden en conjunto el PP e IU son los mismos que suman Podemos y Ciudadanos-. Y se ha quedado a distancia de la mayoría que le habría facultado para gobernar sin ataduras y contraponer su carisma al liderazgo a prueba de Pedro Sánchez.
Así pues, el triunfo de la ‘casta’ que representa el PSOE en Andalucía -la única autonomía sin alternancia en 38 años de democracia- y el hecho de que el PP sea segunda fuerza pese a la debacle permitirían al bipartidismo, sobre el papel, aguantar el tipo frente a la ‘contracasta’; sobre todo frente a un Podemos cuya potente irrupción no ha llegado a ser arrolladora. Y, sin embargo, la paradoja es que Díaz ha venido a condenar al bipartidismo. El electorado ha premiado a la presidenta, sí, pero no ha comprado su suficiencia; y ha fustigado sin contemplaciones al PP. Junto a ello, los socialistas -pero también Rajoy, en estado de necesidad- pueden empezar a mirar a Ciudadanos con los ojos propios del cortejo por el poder. Y la derrota de los populares ha sido tan rotunda que perfila unas municipales a cara de perro entre los dos ‘grandes’, difuminando la hipótesis de la gran coalición.

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No es Susana, es Díaz
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Lourdes Pérez | 28-01-2015 | 17:51| 2

El primer Gobierno de ultraizquierda en la Europa del euro y de la crisis no tiene ni una sola mujer entre sus miembros. El Ejecutivo de ‘machos alfa’ de Alexis Tsipras ha provocado aquí una oleada de críticas, en la que se mezclan el reproche evidente -¿puede un Gabinete que se declara transformador excluir de su representación a la mitad de su ciudadanía, además históricamente castigada?- con las ganas de parte del arco parlamentario español de colocar bajo sospecha a Syriza por su asociación con Podemos. La cuestión de fondo no es tanto si un partido aparentemente rompedor y que hace bandera de que los griegos -todos, hombres y mujeres- recuperen su “dignidad” frente a la troika puede permitirse gobernar sin ninguna ministra: es si esa alternativa puede permitírsela cualquier país moderno, que es lo mismo que preguntarse si cabría la opción de un equipo gubernamental exclusivamente femenino en cualquier lugar avanzado del mundo. Pero la casualidad ha querido que la controversia griega por este asunto se haya cruzado con la notoriedad que ha alcanzado estos días Susana Díaz con su decisión de adelantar las elecciones andaluzas al 22 de marzo, lo que se ha combinado, a su vez, con la confirmación pública de que la presidenta de la Junta está embarazada; una circunstancia inédita en los casi 40 años de democracia española, porque, entre otras cosas, apenas ha habido -y va ya para cuatro décadas- lideresas autonómicas. En el camino, es este país tan airado porque Tsipras solo se rodea de hombres, Susana Díaz ha perdido el apellido, como les acaba pasando a casi todas las políticas, que son identificadas por su nombre de pila como si  quien habla o escribe de ellas las conociera de toda la vida y pudiera utilizar un tratamiento tan confianzudo. Continúa ocurriéndole a alguien con tanto poder como Soraya Sáenz de Santamaría, que será Soraya para los restos aunque llegue a ser presidenciable: ahí está el ejemplo de Roussef, que sigue siendo Dilma en no pocos titulares de Prensa. Es probable que la política ‘masculinice’ a las mujeres que aspiran a gobernar. Pero por ahora es más evidente que la política aún mayoritariamente territorio de los hombres no sabe muy bien cómo lidiar con las mujeres que quieren mandar; y además mucho, en pie de igualdad con ellos. Lo que no obsta para que el maniobrero adelanto electoral de Díaz no merezca censuras más allá de achacarle una ambición por medrar que siempre ha sido, por otra parte, típicamente masculina. Pero hay más contradicciones que demuestran lo fácil que es ver la -notoria- paja en el ojo de Tsipras antes que la viga en el propio. El todavía líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, ha despachado la polémica sobre el Gobierno unisex griego sugiriendo que eso no ocurriría si su partido gobernara España. Por de pronto, y como la mayoría del resto de formaciones, ninguna mujer ha encabezado IU -al propio Lara lo va a relevar en breve Alberto Garzón-, lo cual es llamativo en la sigla heredera del Partido Comunista que tuvo a Dolores Ibarruri como referente cuando la presencia de la mujer en política era poco menos que una quimera. Y qué decir de Podemos, con una visibilidad pública en la que predomina la testosterona y cuyos candidatos a dirigir las organizaciones territoriales son también mayoritariamente hombres. Viene un largo e intenso ciclo electoral del que se espera cambio, aunque no se sepa muy bien hacia dónde y para qué. Pero cambio que, en todo caso, no parece que vaya ampliar, viendo los cabezas de lista -también en Euskadi- la presencia de las mujeres allí donde se toman las decisiones. Esto no es Grecia, pero habría que ver dónde estaríamos sin cuotas y sin leyes que obligan a aplicar la igualdad.

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Urkullu echa un (inesperado) capote a Mas
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Lourdes Pérez | 29-12-2014 | 13:11| 6

El lehendakari Urkullu y el president Mas acaban de celebrar su segunda ‘cumbre’ en Ajuria Enea en apenas siete meses sin que la efervescencia soberanista catalana haya arraigado en Euskadi y sin que ambos mandatarios hayan trazado una hoja de ruta compartida en sus reclamaciones ante el Estado español. Antes al contrario: a cada día que pasa, y con Cataluña paralizada por el tira y afloja de Convergencia y Esquerra sobre el anticipo -o no- de las autonómicas plebiscitarias, el PNV que acaba de pactar los Presupuestos vascos con el PSE y que afronta el ciclo electoral de 2015 a cara de perro con la izquierda abertzale parece muy poco dispuesto a dejarse enredar en estrategias que no son las suyas. O que, directamente, contravienen sus intereses en un tiempo tan convulso e incierto, en el que cualquier advenedizo pertrechado con coleta, camisa blanca y una hábil retórica puede darle un serio mordisco a tu espacio socio-electoral. Pero pese a la vaguedad, en lo que a compromisos concretos se refiere, de la nota pactada entre los jefes de Gobierno vasco y catalán, su cita dominical no fue inocua. Especialmente porque representa un inesperado capote de Urkullu a una Convergencia que se está dejando en el camino hacia la independencia su hegemonía de décadas en Cataluña, que no termina de persuadir a ERC -ni por las buenas ni por las malas- de la conveniencia de una lista única hacia la secesión que difumine las diferencias programáticas y que va a afrontar un muy incómodo examen de su dilatado liderazgo al frente de la Generalitat con las investigaciones del ‘caso Pujol’. El lehendakari ha ofrecido a Mas un espaldarazo imprevisto al suscribir con él una declaración oficial en la que no solo se soslaya la evidencia -que CDC está directamente interpelada por el dedo acusador de la corrupción, sean los negocios del clan Pujol-Ferrusola, el saqueo del Palau o las supuestas comisiones del 3% denunciadas por Pascual Maragall y otros dirigentes del tripartito de izquierdas-; sino que afea la utilización perversa que estarían haciendo “algunos partidos políticos” de las presunta mala praxis en la gestión de lo público. Resulta cuando menos llamativo que el lehendakari y los suyos, aferrados al discurso de que Euskadi tampoco es España en lo que a prácticas corruptas se refiere, haya optado por una redacción común con Convergencia en un asunto tan delicado y en el que Cataluña ha dejado de ser -también en esto- un espejo en el que poder mirarse. El resultado es que el nacionalismo institucional vasco se está mostrando bastante más deferente con sus ‘pares’ catalanes que lo que éstos fueron durante la tormentosa tramitación del plan Ibarretxe. O durante cualquier negociación que pudiera comprometer la privilegiada interlocución de CiU en el pasado con los distintos inquilinos de La Moncloa. Todavía resuenan en las hemerotecas las desabridas palabras de Mas cuando se negó a defender la consulta catalana en el Congreso para no sufrir una “nueva humillación” como Ibarretxe. Un Ibarretxe que, a diferencia del president de la Generalitat, sí asumió la responsabilidad de reivindicar en primera persona desde el estrado de la Cámara Baja el proyecto autodeterminista que llevaba su nombre.

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Paradojas catalanas
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Lourdes Pérez | 13-11-2014 | 13:02| 0

1.- El presidente del Gobierno compareció ayer en La Moncloa para negar que “el proceso participativo” del 9-N en Cataluña sea el referéndum pactado  por Artur Mas con el conjunto de las fuerzas pro-consulta: se trata, zanjó, de una pseudovotación sin garantía democrática alguna. A renglón seguido, Mariano Rajoy se apoyó en el ‘escrutinio’ para congratularse de que dos de cada tres catalanes dieran la espalda a la convocatoria legalmente inexistente quedándose en casa, y que el voto independentista represente menos de un tercio del censo que tampoco fue oficial. Junto a ello, el jefe del Ejecutivo español negó estar al corriente de si los fiscales van a actuar contra Mas, apenas 24 horas más tarde de que el anticipo de que sí lo van a hacer lo realizara la líder del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho.

2.- El domingo por la noche, Artur Mas volvió a colocarse a la cabeza de la manifestación  después de retar al Estado a perseguirle penalmente si busca responsabilidades por la celebración del plebiscito/no plebiscito. Parece complicado a estas horas que la Fiscalía pueda encontrar cualquier documento vinculado a la organización del ‘proceso participativo’ firmado por el president de su puño y letra. Durante días, el Govern renegó de que el 9-N tuviera consecuencias legales que justificaran la suspensión por parte del Tribunal Constitucional. Vistos los dos millones de ciudadanos en la calle, Mas interpreta ahora que la consulta que fue, pero no fue, le habilita para tratar de consumar el “referéndum definitivo”.

3.- En Cataluña, aunque por momentos no lo parezca, hay vida más allá del ‘procés’ , hasta el punto de que sobre el Govern pesa ahora la carga de tener que aprobar los Presupuestos para 2015, obligadamente restrictivos porque los estragos de la crisis no se han evaporado. CiU ya ha comenzado a sondear al PSC, según cuenta hoy ‘El Periódico’. La política tiene mucha retranca a veces: Mas tienta para sacar adelante las Cuentas -el eje de la acción política de cualquier gobierno- a un partido que se ha opuesto a lo que el Govern considera irrenunciable, la consulta/no consulta del 9-N; mientras, el PSC acepta negociar con un president que no le ha hecho ascos a los recortes, aun a riesgo de dejar su flanco izquierdista más al descubierto ante la irrupción de Podemos en el escenario catalán.

4.- Oriol Junqueras se ha reunido hoy con Artur Mas por primera vez desde el 9-N. Es aventurado asegurar que la legitimidad que ha ganado Mas entre el soberanismo militante, reconvirtiendo la consulta en una convocatoria tolerada tácitamente por Madrid, vaya a poder sostenerse en el tiempo. El president sabe que los vientos electorales siguen sin soplar a su favor. Pero el liderazgo de Junqueras del proceso soberanista se ha ido decolorando desde que el pasado 17 de octubre su voz se quebrara al borde del sollozo en una entrevista radiofónica, en la que llegó a implorar al jefe del Govern que adelantara las autonómicas para declarar ya la independencia. Mas, político de cálculo al fin, empezó ese día a sacar cabeza en medio del oleaje que Esquerra y la ANC de Forcadell batían a su alrededor.

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¿Es el fraude fiscal un delito contra todos?
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Lourdes Pérez | 07-11-2014 | 20:37| 0

La pregunta que titula este post es a la que se enfrenta, en el fondo, el juez Castro después de que la Audiencia de Palma le haya dado parcialmente la razón al confirmar la imputación contra Cristina de Borbón por dos delitos fiscales. No hay duda -al menos los magistrados de la causa no la tienen- de que concurren indicios de peso para que la todavía infanta de España sea sentada en el banquillo de los acusados por haber cooperado en las conductas irregulares protagonizadas por su marido, Iñaki Urdangarin, a través de la sociedad Aizoon que ambos compartían. Pero aunque la situación procesal de la imputada acaba de empeorar notablemente, pese a desembarazarse del señalamiento por blanqueo de capitales, la gran incógnita es si finalmente terminará juzgada o no. El problema es sencillo: contra la infanta solo actúa una acusación, popular en este caso, ejercida por el sindicato de orientación ultraderechista Manos Limpias, porque no lo hacen ni la Fiscalía, que viene defendiendo a ultranza la inocencia de la infanta, ni la Agencia Tributaria, que sería la principal víctima del fraude supuestamente cometido. Y es aquí donde entra en juego la doctrina -más bien doble doctrina- del Tribunal Supremo para aquellos sumarios en los que no se persona el Ministerio Público ni hay acusación particular. En 2007, el Supremo alumbró lo que se conoce como la ‘doctrina Botín’. El presidente del Banco Santander recientemente fallecido pudo esquivar el procesamiento por unas cesiones de crédito al interpretar los magistrados, en línea con lo que ya había dictaminado la Audiencia Nacional, que se trataba de un delito de ámbito ‘privado’ por decirlo así y que en consecuencia no bastaba para seguir adelante con que acusara solo la Asociación para la Defensa del Inversor y los Clientes. Pero poco después, el Supremo corrigió su propia posición en el ‘caso Atutxa’ avalando el proceso contra el expresidente del Parlamento Vasco y sus compañeros Gorka Knörr y Kontxi Bilbao por negarse a disolver el grupo de la ilegalizada Batasuna pese a que únicamente le acusaba Manos Limpias, una vez que la Fiscalía se descolgó de la causa tras pasar el Gobierno de manos del PP al PSOE. En este procedimiento, el Alto Tribunal entendió que lo que estaba en juego -un delito de presunta desobediencia- repercutía en el interés general y por eso amparó la solitaria personación de Manos Limpias.

¿Botín o Atutxa para la infanta? La decisión corresponde en principio al juez Castro, que habrá de resolver si sienta en el banquillo o no a Cristina de Borbón en el auto de apertura del juicio oral contra los imputados por los manejos de Nóos. En su auto de hoy, la Audiencia de Palma constata, sin citarla por su nombre, que la ‘doctrina Botín’ constituye un escollo para sentar en el banquillo a la primera integrante de la Familia Real que se vería en semejante trance. Pero también introduce un matiz, al recordar que a diferencia de lo que ocurría en la causa contra el banquero, la Fiscalía sí cree aquí que existen ilícitos fiscales aunque no se los impute a la infanta. “Hacienda somos todos”, constata una fuente del Supremo, que aventura que Castro hará valer el interés general que habría sido vulnerado para que se acabe juzgando a Cristina de Borbón. Ese “Hacienda somos todos” es el mismo argumento al que se aferra Manos Limpias para reivindicar que el instructor llegue hasta el final.

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Pulso de ruptura
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Lourdes Pérez | 04-11-2014 | 19:29| 0

El estado de la cuestión catalana parece bascular a estas horas entre el ansioso ‘venga, que pase ya’ de los defensores de la consulta y el resignado ‘ya pasará’ de los que se oponen a su celebración. En consecuencia, la sensación que lleva instalada desde hace semanas en el ambiente político viene a resumirse en la tesis de que después del 9-N vendrá el 10-N, cuando presumiblemente empezará otro ‘proceso’ aunque nadie se atreva a definir ni en qué consistirá, ni cómo va a interferir en las hoy vacías relaciones entre la Generalitat y el Gobierno de Rajoy el presumible adelanto de las elecciones autonómicas. Así las cosas, los dirigentes del soberanismo, cada uno con sus matices, confían en que sean los voluntarios los que hagan la ola imparable y poder bordear de este modo las consecuencias personales más espinosas de promover la pseudoconsulta -el Constitucional la ha paralizado evitando conminar a nada a Artur Mas, que convoca pero sin que en realidad parezca que convoca y sin mancharse las manos firmando un nuevo decreto que sería más comprometedor que el ya suspendido-. Por su parte, los contrarios al 9-N, cada uno también con lo suyo, aguardan a que pase el Domingo de Gloria y minimizar en lo posible su impacto más polarizador sobre un electorado ya muy recalentado y a la espera de la irrupción de Podemos. Pero ocurra lo que ocurra el 9-N, el pulso escenificado no es inocuo, ni seguramente reversible de manera inmediata en sus efectos más nocivos. Porque aunque el 10-N pueda arrancar otra película, ese pulso no corre a favor de una futura convivencia renovada, sino hacia una ruptura cada vez más difícil de suturar porque es sentimental, visceral. Y porque no tiene que ver solo ya con lo que piensan y sienten los catalanes, sino también con la animadversión que suscita el argumento recurrente del agravio -resumido en el ‘España nos roba’- fuera de Cataluña y entre los catalanes que también quieren preservar su identidad española. El pulso por el 9-N va dejando inquietantes jirones en el camino. Entre ellos, que el soberanismo haya identificado como bien superior la unidad en torno a la consulta, sea ésta como sea, sin reparar en lo devaluada que queda. Por la estética de las urnas de cartón y porque ya no tenga quien la firme en un decreto. Y porque sus preparativos han evidenciado un notable desprecio hacia las garantías legales, sin censo homologable y con vocación de que el domingo solo salgan a la calle a expresar su voluntad los soberanistas convencidos.

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El lastre de Mato
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Lourdes Pérez | 08-10-2014 | 19:16| 1

Ana Mato no es una dirigente cualquiera en el PP. No solo es de los contados miembros del ‘aznarismo’ que continúa ocupando una posición relevante junto a Mariano Rajoy, sino que no es extraño encontrar voces internas entre los que son más críticos con la corrupción que ponen la metafórica mano en el fuego por que la ministra ha sido una víctima más -ella de su marido, Jesús Sepúlveda- de la turbia trama Gürtel. La cobertura del presidente del Gobierno ha sido tan poderosa como para que la titular de Sanidad se haya mantenido en el Gabinete, en un plano muy secundario, es verdad, pero todavía en el cogollo del poder en que se toman las decisiones de Estado. Es posible que Mato logre sobrevivir también a la inédita crisis desatada por la ‘importación’ del ébola a España, después de que la la auxiliar Teresa Romero haya admitido que pudo rozarse la cara con un guante contaminado por el virus y que el Ejecutivo acabe interpretando que eso indulta la improvisación y el descontrol que asoman en la gestión de las repatriaciones por ébola y el desgraciado contagio posterior. Pero la titubeante comparecencia de urgencia de Mato el lunes por la tarde escenificó el lastre, casi insuperable, con que carga su dirección en un asunto tan delicado como el manejo público de una pandemia. La manera de salvar a la ministra de la quema del caso Gürtel ha sido presentarla, poco menos, que como una mujer vulnerable e ingenua sometida a las supuestas tropelías de su hoy exmarido. La parte de la sociedad que desconfía de esta versión y que sigue preguntándose cómo la esposa pudo no preguntar a su cónyuge por la procedencia del Jaguar aparcado un buen día en el garaje de casa niega por sistema cualquier credibilidad a la palabra de la ministra. Y la ciudadanía que está dispuesta a ser más condescendiente con los deslices ajenos se cuestiona si puede fiarse del liderazgo de una responsable institucional que no se percató durante años de lo que estaba ocurriendo con sus gastos domésticos. En uno y otro supuesto, Mato estaba condenada antes incluso de ofrecer una rueda de prensa que constituye seguramente un buen resumen de todo lo que un gobierno no debe hacer cuando se enfrenta a un desafío de estas dimensiones. Porque la cabeza de ningún ministerio puede trasmitir la sensación de estar más temblorosa que la paciente indefensa que ve cómo peligra su propia vida.

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La vacuna que preserva la ley
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Lourdes Pérez | 23-09-2014 | 17:26| 1

Es posible que haya un cúmulo de razones, no todas confesables, que expliquen la fulminante dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón y su retirada de la vida pública en la que lleva tres décadas justo después de que el presidente del Gobierno en persona, sin intermediarios ni plasmas de por medio, confirmara el secreto a voces: que el Ejecutivo retirará definitivamente la ley del aborto de su programa legislativo, lo que desautorizaba de facto al titular de Justicia y volvía a cortocircuitar -en esta ocasión para siempre- su nunca del todo satisfechas ambiciones políticas. Es también posible que, una vez más, Rajoy haya dado cuerda a “la convicción” de uno los suyos -nadie puede creer que se mueva una hoja en un Consejo de Ministros sin la anuencia del jefe-, permitiendo que Gallardón llegara al borde del precipicio al que la falta de consenso partidario, la contestación interna en el Gobierno y en el PP y la desafección social constatada en las encuestas empujaban desde que decidió poner en el punto de mira de su proyecto reformista la muy sensible normativa sobre la interrupción del embarazo. El ministro dimisonario no solo ha soliviantado bajo su mandato a muchas mujeres -a la izquierda y también a la derecha-: es difícil encontrar un solo juez que no albergue alguna cuita profesional hacia el titular de Justicia, responsable, entre otras medidas impopulares, de la imposición de las tasas que han apartado de los juzgados a los ciudadanos más vulnerables que no tienen recursos para pagarlas. Así que es probable que hayan operado factores variopintos en la renuncia, que incluyen la defensa de su honorabilidad personal y política por parte del afectado y las duraderas heridas que fue abriendo en su carrera el pulso con Esperanza Aguirre, que ahí sigue pese a haber anunciado solemnemente hace meses que se marchaba. Pero hay una cosa indiscutible que deja sobre el tapete el abandono de Gallardón: el hecho de que el detonante haya sido su voluntad de cambiar la ley del aborto, en su caso endureciendo las condiciones para las mujeres y quebrando el pacto partidario y social no ya sobre la reforma promovida por el Gobierno Zapatero en 2010, sino sobre la normativa original de 1985. Es previsible que la dimisión de alguien con un peso tan notable como Gallardón vacune contra futuros intentos de tocar una legislación que apela a la conciencia de cada uno y que no pocas mujeres, más allá de hasta dónde llegue su reivindicacion, continúan contemplando como una conquista. Como el reconocimiento por la sociedad de que un aborto supone un desgarro tan íntimo que necesita seguridad jurídica, certidumbre sanitaria y la suficiente tolerancia para que quien opte por interrupir su embarazo no se vea señalada por ningún dedo acusador.

 

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Cuando el corrupto es mío
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Lourdes Pérez | 02-09-2014 | 17:46| 0

La comparecencia del ministro Montoro sobre el caso Pujol y las reacciones a que ha dado lugar evidencian dos cosas: una, que la corrupción iguala, porque los partidos siguen actuando de muy distinta forma según el corrupto sea propio o ajeno; y en segundo lugar, que no cabe afrontar ninguna “regeneración democrática” con garantías de serlo sin acabar antes con esa perniciosa costumbre, que implica tolerancia cero pero solo si quien ha cometido la trapacería es el adversario político. El Congreso asistía hoy a un acontecimiento insólito: un ministro de Hacienda dando cuentas, hasta donde la ley y la confidencialidad de los datos fiscales permiten, del presunto fraude de quien lo fue casi todo, dentro y también fuera de Cataluña, como presidente de la Generalitat durante un cuarto de siglo. Semejante circunstancia exigía de Montoro, en tanto que alto funcionario del Gobierno que rastrea los dineros escamoteados por Jordi Pujol y sus hijos, más mesura que la demostrada con la inoportunidad de traer a colación la reconversión independentista del expresident. También dar menos sensación de que el Ejecutivo del PP ha recibido poco menos que como un regalo del cielo el inesperado e insuperable descrédito en que ha caído Pujol. Y más contención, aunque fuera en el tono, dado que la obligada crudeza exhibida con el ministro en este caso dista de la tibieza, comprensión, ambigüedad y medias verdades que ha venido desplegando el PP con respecto a los manejos de la red Gürtel y de su extesorero Bárcenas. Aunque el Gobierno ha hecho algo de mucho mayor calado político que agudizar al límite el desprestigio de su antiguo aliado en los pactos del Majestic. Ha dado carpetazo a toda esa época en la que Madrid miraba a Pujol con una mezcla de respeto, confianza y también temor. El mito también se ha derrumbado en la capital del Reino y el Ejecutivo de Rajoy está dispuesto a darle la puntilla en los tribunales.

El Govern y otros han reaccionado airadamente ante lo que interpretan como una utilización obscena por parte de Montoro de las herramientas de que dispone con el objetivo inconfesado de perseguir al adversario político. Como la corrupción, ya se ha dicho, lo iguala todo, esas críticas vienen a ser un calco de las que lanzó el PP contra el Gobierno de Zapatero y la Fiscalía General del Estado cuando estallaron las sospechas sobre Gürtel. Y qué decir de la campaña de reproches con la que los socialistas andaluces saludan los autos de la juez Alaya sobre el fraude en los EREs. Los remilgos sobre la gravedad de lo que ha hecho Jordi Pujol -y confesado al ser descubierto- orillan que es un presunto corrupto que no solo encabezó el Gobierno de una comunidad autónoma durante 23 años, sino que se aprovechó de su privilegiada posición para que su familia se enriqueciera, que lo ocultó todo y que, no conforme con ello, ejerció un híper- liderazgo en el que la reivindicación de la moralidad se erigía como factor distintivo de su persona y del conjunto de Cataluña como él la concebía. No hay disculpa posible para Pujol, salvo que, remedando a Henry Kissinger, su defensa continúe parapetada en eso tan extendido de  ‘es un corrupto, pero es mi corrupto’. Especialmente cuando el expresident, lejos de purgar su culpa como insinuó que pensaba hacer en el escrito de confesión de hace un mes, está tratando de evitar que la Justicia actúe denunciando revelación de secreto fiscal en Andorra y ha condicionado el modo y la fecha en que dará explicaciones ante el Parlament empujado no por su propia voluntad, sino por todos los grupos de la Cámara. Al final, Cataluña no estaba por encima de todo. Lo estaba, y lo está, la familia. Y en eso, la corrupción también iguala.

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