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Etiqueta: monte
Ensayado el "Yepa, eyyyyy"
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Amaia Michelena | 26-01-2015 | 11:45 |0

En Donostia  somos muy de monte. Ayer sin ir más lejos me manché de barro hasta las orejas en Ulia. Al mal tiempo buena cara, y doblete de calcetín. Me lo dijo un buen amigo cenando el sábado, y ha supuesto todo un descubrimiento. Ni medias de compresión, ni patucos, ni leotardos, ¡la clave está en el “doblete”!

Como buena vasquita mendizale, ayer madrugué. Sobre las diez o diez y media, puse el despertador para aprovechar el día al aire libre. Buena hora siendo día del Señor. Desayuné potentísimo para la excursión. Tortilla, café, fruta, y bien de hidratos de carbono. Y en menos que canta un gallo, me hice a las calles, ¡bien cómoda, sin miramientos! Mochila impecable, botas “Merrell” sucias, de la anterior vez que me animé a surcar el Amazonas (eso se lleva mucho, tener botas de “trekking” reservadas, por si algún invierno nieva en la Kontxa). Mallas, sí, pero con el pandero bien tapado, por un jersey de lana ovejero del mismísimo “Loreak Mendian”, y gafas de sol último modelo.

De esta guisa, y con mi caniche de pedigrí y cuatro kilos en el cuerpo, me encontré con una buena amiga y su mascota. Ponte bien, estate quieta y qué bonitos pendientes,

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Evolucionando progresivamente
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Amaia Michelena | 17-02-2014 | 07:47 |0

He vivido toda mi vida perdida en el monte. Para que os hagáis una idea, el camión de “congelados” venía expresamente a domicilio, como el de la tintorería. Y hasta, por lo menos mis quince años, “Telepizza” no subía la cuesta de casa. Crecí con el culo más duro de los alrededores, aunque también mis gemelos se fueron fortaleciendo tipo Martina Navratilova, y hoy es el día, que aún tengo problemas, para meterlos en unas botas de señorita decentes.

Llevaré unos cinco o seis años a pie de calle, soportando tamborradas, iñudes y caldereros. Y a pesar de qué protesto más que hablo, ¡en el fondo estoy encantada! Lo que más ilusión me hizo, desde el primer momento, fue el tema de los recados. ¡Qué no hay pan, pues bajo! Se acabó el coger el coche para acercarse a la gasolinera más cercana, a tres o cuatro kilómetros. Ya no hay que ir al frigorífico del trastero a por cervezas frías. ¡Se va al “Badulaque” y se compran!

Mi carro es naranja, gigantesco.  Lo mío en el mundo de la maruja mañanera, ha sido un progreso paulatino y apenas apreciable. Pasé de la bolsa con ruedines plegable, al carrito armado talla “s” en poco tiempo.  En nada, me agencié

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